Tres días antes de que los estadounidenses celebren el día nacional de independencia, los mexicanos participarán en una de las elecciones más importantes en la historia de su nación. Será la elección más grande de la historia del país, con más de 3,400 cargos a elegir, incluido el presidente y los miembros del Congreso. Se espera que los resultados reestructuren el panorama político de México y determinen el futuro de su modelo económico, sistema educativo y relación con los Estados Unidos.

Soy un orgulloso ciudadano de estadounidense que también está orgulloso de su herencia mexicana. Mi interés en esta elección es profunda y amplia. En lo particular, mi historia está entrelazada con mis raíces en el estado de Coahuila donde nací y crecí, y donde aún viven miembros de mi familia inmediata. Amplia, porque abarca el largo viaje personal que emprendí en busca de una educación y de oportunidades en el sector de la tecnología que simplemente no estaban disponibles para mí en el México de los años 60’s y 70’s.

Me fui de México, pero he permanecido conectado con el país y nunca he perdido mi amor por su cultura y mi deseo de que a su gente le vaya bien. Es por eso que estoy siguiendo las elecciones actuales muy de cerca, leyendo fuentes estadounidenses y mexicanas, y hablando a menudo con familiares y amigos en ambos países para escuchar sus opiniones sobre los temas y los candidatos. Frecuentemente me preguntan cómo veo las elecciones presidenciales desde lejos y si tengo alguna información basada en mis años ayudando a construir y guiar a las compañías tecnológicas más importantes del mundo.

He pensado mucho en estas preguntas. Es evidente que los votantes se enfrentan a una dura elección entre los dos principales candidatos, ya que ofrecen visiones muy diferentes para el país. En mi opinión, la mejor opción para México es Ricardo Anaya, candidato de la coalición «Por México al Frente».

Anaya promete mantener a México en desarrollo al continuar abriendo la economía, mejorando los acuerdos comerciales estratégicos del país e implementando reformas vitales en los sectores de educación y energía que mejorarán aún más la competitividad y estimularán el crecimiento económico y la creación de empleos. También creo que Anaya y su coalición están mejor preparados para gobernar eficazmente en un entorno global desafiante y que estarán en mejores condiciones para reducir la corrupción y asumir los intereses especiales que por mucho tiempo han retenido a México.

Contrasta la visión internacional más moderna de Anaya con la retórica nacionalista de Andrés Manuel López Obrador (conocido como AMLO), candidato por tercera vez a la presidencia. La campaña de AMLO ha despertado mis recuerdos del estridente nacionalismo del pasado de México. Sus propuestas, sobre todo frenar las importaciones y hacer que el país sea autosuficiente en alimentos y energía, me recuerdan los años 70’s y las políticas que produjeron una economía que rebotó durante décadas entre auge y crisis.

México hoy no es el México de mi infancia. Millones de los que votarán el 1 de julio no tienen idea de las realidades enfrentadas por mi generación. Cuando llegué a los Estados Unidos a mediados de la década de 1960, muy pocas personas en México tenían acceso a las comodidades modernas, como lavadoras y secadoras, sin importar las oportunidades reales de educación y desarrollo laboral. Las opciones del mercado de consumo, para todo, desde comida hasta ropa y vehículos, fueron como opciones políticas, extremadamente limitadas y que no valían realmente el precio elevado. Las opciones para la educación o el trabajo dependían de las conexiones entre partidos, y por lo tanto no existían para la mayoría. Si bien es cierto que hoy en día los jóvenes votantes en México enfrentan perspectivas inciertas y empleos con salarios muy bajos, lo cierto es que hay mercado laboral que está cambiando en todas partes, y les iría peor en un contexto de hiperinflación, devaluaciones frecuentes, mercados cerrados y oportunidades limitadas como las que existieron durante mi juventud.

Es por eso que no me convencen los absurdos planes de AMLO y su retórica infundida de nostalgia. También soy escéptico de que pueda cumplir su promesa de cambiar a México para mejor, dado que la coalición que encabeza incluye a políticos y líderes sindicales considerados desde hace tiempo como la cara de la corrupción en México. Además, la cultura del Derecho que parece promover, ha acumulado un récord de fracaso en otros países de América Latina.

No creo que los mexicanos quieran dejar de mirar hacia el futuro, prefiriendo retirarse de las reformas económicas, sociales e institucionales que tanto les costó ganar para volver a ser como eran hace décadas. A pesar de los enormes desafíos que enfrenta México, las frustraciones y la ira justificables, el país necesita seguir mirando hacia adelante y hacia afuera, no hacia atrás ni hacia adentro. El camino a seguir para México, el camino hacia un futuro mejor, es con Ricardo Anaya como presidente.

 

Texto completo en Dallas Morning News

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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