JORGE SUÁREZ-VÉLEZ

REFORMA

 

El proyecto de López Obrador es ideológico, no económico. Pero es su extrema ineptitud en el manejo de la economía lo que hará que su proyecto naufrague. A quienes nos oponemos a éste nos toca, además de poner el reflector sobre los graves errores cotidianos, impedir que el daño estructural sea tal que provoque una situación de retroceso irreversible, aun cuando alguien apto tome después la rienda de este gobierno.

AMLO llega tarde. Si hubiera ganado hace doce años, con Cantarell a toda capacidad y con Hugo Chávez en ascenso, hubiera tenido los recursos y el apoyo para implantar el modelo que sueña. La realidad hoy es muy distinta y hace imprescindible tanto un manejo apto de las finanzas públicas, como la colaboración con el sector privado cuya inversión es vital.

Este gobierno no entiende que para sobrevivir necesita generar condiciones de certidumbre para las empresas privadas, y que debería aplicar los escasos recursos que tiene a la mano para invertir en infraestructura real y gasto social eficiente, no clientelar. En vez de eso, tirarán una millonada en su Tren Maya, con la refinería de Dos Bocas, cancelando la obra de un aeropuerto indispensable y repartiendo dinero sin ton ni son.

Tampoco entiende que en el sector energético está condenado a un fracaso rotundo si no asume como propia la reforma energética que heredó. No lo hará. Pemex no tiene ni recursos ni tecnología para recuperar niveles de producción, antes de que su pesado endeudamiento reviente a la empresa. Desafortunadamente para AMLO, dentro del concurso de improvisados que componen su equipo, Rocío Nahle, Octavio Romero y Alberto Velázquez se llevan las palmas, son incompetentes de clase mundial. Los inversionistas ya se dieron cuenta, y las empresas calificadoras de riesgo están despertando. En cuestión de meses, Pemex perderá su Grado de Inversión y empezará la pesadilla. Recordemos que no llevan ni dos meses en el timón.

Urge que los empresarios reaccionen. Muchos encontrarán acomodo en esta nueva realidad nacionalista que sesgará regulaciones a favor de empresas locales, ahuyentando inversión extranjera. Ésta es más necesaria que nunca por la transferencia tecnológica indispensable, cuando el mundo está inmerso en esta «Cuarta Revolución Industrial», y para crecer (ya no al 4% prometido, sino al menos al nivel del sexenio pasado). Los grandes perdedores serán los consumidores mexicanos que se acostumbraron rápidamente a las ventajas que provienen de fomentar competencia y abrir mercados.

Urge exigir apoyo a entidades públicas autónomas (INE, Cofece, CRE, INAI, INEGI, IFT, TFJA, CNH) que tanto trabajo costó empoderar y cuyo presupuesto está siendo recortado con el objetivo expreso de quitárselas de encima. Estas fueron creadas para proteger derechos esenciales y para fomentar esa transparencia que están obstinados en terminar.

Los empresarios deben resistirse al Caballo de Troya que están por recibir, donde el Instituto de Formación Política de Morena les impondrá a miles de jóvenes, disfrazados de inocentes aprendices, para que incidan ideológicamente en sus plantas laborales. El objetivo es desarrollar mecanismos para presionar y extorsionar a quienes no colaboren con el «proyecto».

La implementación del capítulo laboral del nuevo T-MEC también dolerá. Fue ideado por las centrales obreras estadounidenses para fomentar relaciones obrero patronales menos amigables en México, y complicar el traslado de plantas industriales a nuestro país.

Seguimos deslumbrados por el arrollador triunfo de López Obrador. Muchos se dieron por vencidos antes de tiempo. La popularidad del tabasqueño irá haciendo agua porque decidió ser el único pararrayos de una administración incompetente. Errores como el de Tlahuelilpan, que ya costó 118 vidas, serán cotidianos.

México tiene un problema de pobreza y desigualdad, y nos urge construir Estado de derecho. Pero no podemos ser testigos pasivos de la destrucción de lo mucho que sí se ha logrado.

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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