Para ser un viajero cuyo vuelo se demoró por cinco horas, Andrés Manuel López Obrador lucía sorprendentemente alegre. Un video publicado en las redes sociales el 19 de septiembre, muestra al presidente electo de México quien se prepara para desembarcar de un vuelo comercial de Huatulco a la Ciudad de México. Un reportero le preguntó si el retraso, causado por la lluvia, lo había llevado a reconsiderar su promesa de campaña de vender el avión presidencial, un Boeing Dreamliner, que costó 219 millones de dólares y se entregó en 2014.

«En absoluto», respondió el Sr. López Obrador, quién asumirá el cargo el 1 de diciembre. «Me avergonzaría subirme a un lujoso avión en un país con tanta pobreza».

El señor López Obrador es el campeón del consumo no conspicuo entre los líderes latinoamericanos. Su chófer conduce un Volkswagen Jetta. Él planea recortar el salario del presidente en un 60% a 108,000 pesos, o $ 5,700 dólares al mes (y recortar los salarios de otros altos funcionarios). Pero cuando se trata de usar aviones presidenciales como plataforma para la austeridad ostentosa, López Obrador tiene rivales.

 

Artículo completo en The Economist

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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