CARLOS ELIZONDO MAYER-SERRA

EXCELSIOR

 

 

Los políticos mienten. Imposible ganar una elección sin hacerlo. Tampoco es fácil gobernar con la verdad. En casi toda decisión hay perdedores. Lo más que puede hacer un político es evitar los temas en los que la verdad es demasiado incómoda.

Los políticos conocen lo complicado de su tarea. Pocos se atreven a decir que no mienten. AMLO es uno de ellos. “Yo jamás le voy a mentir al pueblo mexicano”.

AMLO ha logrado construir una impresionante imagen de honestidad y sinceridad. Sin embargo, su comportamiento es inusualmente flexible con la realidad. Cuando ésta no se somete a sus deseos, tiene una respuesta perfecta: “yo tengo otros datos”.

Hay temas en los cuales los datos podrían ser debatibles. Cuando el 7 de junio Bank of America dijo por primera vez que la economía mexicana crecería este año menos de uno por ciento, AMLO replicó “‘a ver, uno por ciento’, yo digo ‘más de dos’, o sea, digo el doble, y está grabado”. En ese entonces podía haber alegado que “sabía” de otros datos; podría, por ejemplo, haber decidido ya la reanudación del aeropuerto de Texcoco, con lo cual la inversión pública se reanimaría, la confianza empresarial regresaría y con ello la inversión privada se reactivaría.

Sin embargo, cuando la semana pasada varias instituciones financieras estimaron un crecimiento cercano a cero para el primer semestre del 2019, como ya lo vimos con el dato publicado ayer, sólo ligeramente mejor a lo esperado, y Bank of America proyectó un crecimiento de 0.5 por ciento para todo el año, AMLO volvió a decir que creceríamos al 2 por ciento. No hay forma que en el segundo semestre crezcamos al 4 por ciento como para compensar el raquítico 0.3 del crecimiento del primero y al promediar lograr el dos prometido por AMLO. En el ínterin descalificó cualquier proyección. En sus palabras: “Es que antes de que se tengan datos se pronostica”, bueno… de eso se trata un pronóstico.

También le pidió al FMI, que igual ajustó sus pronósticos a la baja, que pidiera disculpas por haber causado “un grave daño a los mexicanos” con su defensa del neoliberalismo. Ésta es la estrategia típica de un político. Si no le gusta un dato, mejor hablar de otra cosa.

Cuando AMLO afirma nuevamente que alcanzaremos un crecimiento de 2 por ciento este año, ¿está mal informado o sabe que es una mentira? Lo primero hablaría de un Presidente cercado en un mundo de aduladores, donde saliendo de la mañanera le aplauden para reforzarle la idea de que sí alcanzaremos el crecimiento prometido. Lo segundo, si sabiendo, miente sin recato alguno, hace de sus promesas en otros temas frases sin credibilidad.

AMLO hace con frecuencia afirmaciones fáciles de refutar. Acusó al recién cesado director del Coneval, Gonzalo Hernández Licona, de ganar 220 mil pesos mensuales. Éste le contestó mostrando su recibo de nómina. Su ingreso neto era de 92 mil pesos. Supongo que Hernández Licona no falsificó su recibo. ¿A AMLO le dieron ese dato sobre el supuesto salario de Hernández Licona o simplemente afirmó lo que le dio la gana?

Hoy en día, el problema para un político que va contradiciéndose por la vida es el registro digital de todo lo dicho. Como dice AMLO: “está grabado”. La semana pasada circuló un tuit con un video (http://bit.ly/2KdaTM8) en el que primero se veían sus promesas como Presidente electo de crecer al 4 por ciento, luego, su justificación de que lo que importa no es tanto el crecimiento, sino el desarrollo, para rematar diciendo que “si se tratara de crecer por crecer, podríamos decir, ‘vamos a seguir con las rondas petroleras, porque lo que nos importa es crecer, crecer’, entonces, pues podríamos crecer al 6 por ciento anual, pero, destruimos el territorio, y qué les dejamos a las nuevas generaciones.”

¿Podríamos crecer más, pero no quiere afectar el medio ambiente? Es el mismo Presidente que pretende hacer una refinería en Dos Bocas, un tren en la selva y cancelar las rondas de energía eléctrica sustentable. Difícil de creer. Pero con qué seguridad lo dice.

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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