JORGE SUÁREZ-VÉLEZ

REFORMA

 

 

El éxito de los líderes populistas que han llegado al poder en todo el mundo ha sido posible por otros políticos y gobernantes tradicionales que les allanaran el camino. Tal fue el caso de Enrique Peña Nieto.

Peña pasará a la historia como el Presidente que nos dejó a López Obrador de herencia. La corrupción en su administración ensombreció logros reales que merecen reconocimiento. En mi opinión, las reformas energética y de telecomunicaciones serán las de mayor calado. Su sucesor nos dejará sin éstas y, peor aún, pone en duda el paradigma entero. Satanizará a la economía de mercado, culpándola por la falta de probidad elemental que Peña y algunos miembros de su equipo mostraron. Como si los escrúpulos o la integridad fuesen atributos exclusivos de izquierda o derecha.

Así como Trump fue el anti-Obama, después de Peña Nieto y su Casa Blanca los mexicanos eligieron a alguien palpablemente austero. Nadie puede cuestionar que AMLO lo sea. Mientras tanto, Peña sigue sin entender lo que no entendía, y posa en la revista ¡Hola! con su novia Tania Ruiz, obsequiándonos un irritante recordatorio de su frivolidad y falta de sensibilidad a la realidad del México que nos dejó.

Peña hizo más por López Obrador. Su deshonesto ataque a Ricardo Anaya, recurriendo a la fuerza del Estado para desacreditar a quien iba en segundo lugar, probablemente abonó a que Morena alcanzara amplia mayoría en ambas Cámaras, e hizo tan amplio el margen de victoria del tabasqueño que muchos gobernadores del propio PRI operaron a favor de Morena en sus estados, en una «cargada» inusual.

Peña está jugando con fuego. Se dice que hubo un acuerdo de impunidad entre él y AMLO. Imposible saberlo. Sí creo, sin embargo, que las fotos y portadas de revistas de sociedad donde el ex Presidente celebra, pasándola en grande, lo hacen vulnerable. Pocas cosas le darían más capital político a López Obrador que aplastarlo. Cuando este gobierno tenga una crisis suficientemente grande, Peña proveerá una distracción oportuna. Al paso al que va López Obrador, eso ocurrirá antes de lo que muchos imaginan. Al final del día, México es el gran perdedor. Peña facilitó la llegada de un gobierno plagado de ineptitud, y de paso devastó a la oposición, dejándonos sin los contrapesos que tanta falta están haciendo.

Es importante no confundirnos. Es posible ser un político de derecha honesto, y no hay que confundir la austeridad de López Obrador con honradez. Sufrirán una decepción quienes creen que este atributo del Presidente garantiza menos corrupción. Este gobierno ha mostrado nulo interés en empoderar instituciones autónomas, o en desplegar un intento estructural serio de combatir corrupción. Seguirán eviscerando estructuras que empezaban a dar fruto en materia de transparencia, como el INAI, otros entes público autónomos con importantes funciones reguladoras -CRE, CNH, Cofere, IFT- y otros que proveen información vital para evaluar políticas públicas, como el Conveal e INEE. Ya intenta tomar control del INE, lo cual debilitaría seriamente nuestra democracia, y es sólo cuestión de tiempo para que pelee con el INEGI, conforme éste reporte en forma fehaciente, como siempre lo ha hecho, el serio deterioro que empieza a sufrir nuestra economía.

El reciente «Plan de Negocios» (así, entre comillas) de Pemex reitera lo que sabíamos. Este gobierno cree que puede sepultar miles de millones de dólares en una obra absurda -Dos Bocas- mientras cancela rondas, y cree que, impulsados sólo por su inquebrantable voluntad, llegarán en cinco años a la plataforma de producción que se tenían en 2012. En el mejor de los casos, inyectarán menos de la quinta parte de los recursos que la Agencia Internacional de Energía estima necesarios para recuperar producción. La producción seguirá cayendo.

El voluntarismo del Presidente está alcanzando niveles de fantasía patológicos. Que no nos quepa duda, cuando fracase, y fracasará, se lanzará en la búsqueda de culpables y chivos expiatorios. En una de esas, el mayor logro de López Obrador será hacer que Peña, finalmente, entienda.

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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