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A 10 días de la jornada electoral del próximo 2 de junio, el dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, afirmó que la elección se disputará entre la vieja política de Morena y los candidatos de Acción Nacional.

“Les pedimos que salgan a votar, porque sólo así podemos defender nuestra nación, defender nuestra democracia, salir a votar y denunciar toda irregularidad, toda compra de votos y uso de programas sociales”, dijo el panista.

Cortés expuso que todos deben estar atentos para combatir las viejas prácticas de la política de Morena. Señaló que México debe avanzar en unidad, “sin fifís ni chairos, ni neoliberales ni conservadores”.

El dirigente del PAN solicitó al gobierno federal respetar la democracia y a los mexicanos, pues afirmó que han recibido denuncias de uso y abuso de la maquinaria pública y de los programas sociales para influir en la decisión de las personas con más escasos recursos.

Acusó que la Cuarta Transformación es “retroceder a las más viejas prácticas priistas de la política mexicana”, pues Morena ha demostrado volver al pasado recurriendo al clientelismo y al México donde se vale todo.

Hizo un llamado a la legalidad y al respeto a la libertad democrática, y le exigió al gobierno federal dejar de intervenir en las elecciones de las seis entidades federativas.

Tras comunicar a la Mesa Directiva del Senado de la República su deseo de recincorporarse como legislador, la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, informó que Germán Martínez sigue comprometido con la ya famosa Cuarta Transformación (4T).

Fue a través de sus redes sociales que Polevnsky informó que se reunió este miércoles con el ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), de quien desde que anunció su renuncia al Instituto se ha especulado si podría incorporarse a otra bancada que no fuera la de Morena.

«Fue un gusto conversar esta mañana con Germán Martínez y escuchar su compromiso, pasión y entrega con el proyecto de Morena», dijo Polevnsky, con lo que echó por tierra cualquier especulación de que el legislador con licencia pudiera unirse a la bancada del PAN.

Y es que diversos liderazgos del PAN invitaron a Martínez a adherirse a su bancada, al considerar su renuncia al gobierno federal como un quiebre con el presidente de la República y con el partido que lo llevó al poder, Morena.

Polevnsky agregó que Martínez Cázares está comprometido a continuar con la Cuarta Transformación que encabeza el presidente.

Perdió la gubernatura, pero salió ganando. Ese es el caso de Carlos Lomelí, quien se enfrentó en julio del 2018 a Enrique Alfaro por la gubernatura de Jalisco bajo el emblema de Morena y perdió. Pero después Andrés Manuel López Obrador lo nombró súper delegado de Jalisco, con lo que no tiene la silla de gobernador, pero tiene la cartera federal bajo su control.

El argumento de AMLO fue que desaparecían los puestos de delegados para cada secretaría federal en los estados para dejarlo en manos de un solo individuo como medida de austeridad y combate a la corrupción. Pero Carlos Lomelí es la prueba de que los súper delegados son en realidad una figura que creo el nuevo gobierno para ser el poder dentro de las entidades no gobernadas por Morena.

Carlos Lomelí es además una muestra de que el cambio que promete AMLO de que en su gobierno no habrá empresarios favoritos, es una promesa que no se cumplirá. Es una muestra de que las fichas del juego se revuelven y caerán en manos distintas, pero seguirán existiendo los empresarios consentidos del gobierno.

Y es que cuando el presidente anunció en su conferencia matutina que tres empresas quedaban fuera de las licitaciones del gobierno en materia de medicamentos, Carlos Lomelí debió haber sonreído al saber que su propia empresa, Grupo Lomedic, sería la gran beneficiada. Él sería el ganón de que Fármacos Especializados, Dimesa y Maypo quedaran vetadas de las compras gubernamentales.

Grupo Lomedic es la mayor de las empresas de Carlos Lomelí dedicadas a la distribución de medicamentos. Ésta nació y creció cuando López Obrador fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Ahora podrá participar en licitaciones del gobierno sin la competencia de las tres empresas vetadas.

El IMSS es el tercer adquiriente público más grande de bienes y servicios en el país. Sólo Pemex y la CFE hacen compras mayores. A ello hay que sumar las compras de medicamentos del ISSSTE. Compras por las que el gobierno tiene fuertes adeudos, como lo ha reportado la ANDIS, Asociación Nacional de Distribuidores de Insumos para la Salud. En el caso del IMSS, tan solo para 2015 y 2016, hay adeudos por 5 mil millones de pesos. En el caso del ISSSTE, la deuda del 2018 es de 2 mil 600 millones de pesos.

 

Columna completa en El Universal

AMLO anunció que existen tres empresas farmacéuticas que han estado abusando del gobierno, que son inmorales, y por ello las ha mencionado en su tribunal mañanero en Palacio Nacional. Las señaladas con el dedo flamígero son Grupo Fármacos Especializados S.A de C.V, de la familia Pérez Fayad; DIMESA de Carlos Álvarez Bermejillo; y MAYPO de Carlos Arenas.

Éstas tres farmacéuticas han tenido, en efecto, grandes rebanadas del pastel presupuestal en la compra de medicinas por décadas. Son los líderes de la industria, pues. Pero ¿por qué se quiere ir AMLO en contra de ellos?

Platicando con gente del sector, hay tres razones para que AMLO haya tomado la decisión de que ninguna de estas empresas pueda participar en licitaciones: 1) para que entren a México medicinas más baratas, aun si no cumplen con las reglas y estándares de seguridad; 2) para que el gobierno federal tenga el control del abasto y 3) para favorecer a un empresario consentido de AMLO en el mercado de las medicinas.

López Obrador quiere abrir las licitaciones de medicamentos a todo el mundo para lograr que entren medicamentos a precios más competitivos a México. Hasta ahí, la intención parece buena. El problema viene cuando esta nueva apertura implica una relajación en la regulación de medicamentos. Relajación que le abriría la puerta a empresas de China e India, que pueden vender medicinas baratas, aunque no siempre cumplan con los requisitos de seguridad de la Cofepris.

Es bien sabido que AMLO no confía en la Cofepris como instancia reguladora. A pesar de tener prestigio internacional y estar considerada como una de las cinco mejores agencias de regulación de medicamentos en el mundo, López Obrador siente que durante los gobiernos del pasado neoliberal la Cofepris llevó a cabo acciones cuestionables. Por ello la quiere hacer a un lado y así permitir que entren a México medicamentos baratos.

Dos empresas ya están haciendo contacto con el gobierno federal: Emcure Pharmaceuticals y Cipla Ltd. La primera ha eludido repetidamente las pruebas de registro de su planta situada en India y sus productos no pueden entrar a Estados Unidos por la cantidad de irregularidades que le encontró la FDA, el equivalente a la Cofepris, pero en EUA. La segunda, Cipla, también de India, tiene tan mal historial en la farmacéutica que la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) recomendó la suspensión del registro sanitario de algunos de sus medicamentos por los elevados riesgos que encontraron.

AMLO quiere que ambas empresas suministren medicamentos a México porque ofrecen precios más baratos. Y quiere que la Cofepris relaje sus mediciones de eficiencia farmacológica para que los reconozca como buenos a pesar de que han demostrado ser riesgosos para la salud.

Además, AMLO tiene el plan de federalizar el reparto de medicinas como herramienta de control político. Quiere crear una red de distribución nacional en donde deje a un lado a las 3 empresas vetadas y todo lo haga únicamente la estatal Birmex. Suena bien y suena fácil, pero abastecer los más de 4 mil puntos del país es una tarea compleja que hasta ahora, en México, se ha basado en las directrices sobre prácticas correctas de distribución de medicamentos para uso humano elaborado por la Comisión Europea.

Si AMLO controla la distribución de medicamentos, el gobierno federal tendrá una herramienta más para fortalecer o debilitar a gobernadores. Evidentemente a los estados de los gobernadores “amigos” les llegarán medicamentos antes que a los de gobernadores “adversarios”.

 

 

Columna completa en El Universal

Guillermo Zúñiga, quien se desmepeñaba como comisionado Regulador de Energía, presentó su renuncia al cargo el día de ayer, así lo anunció a través de su cuenta de Twitter.

Sin ofrecer detalles sobre los motivos de su separación de la CRE, Zuñiga dijo que este 16 de abril era su último día en la Comisión Reguladora de Energía (CRE) con lo que se convierte en la tercera persona en dejar el cargo en ese organismo dentro de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Zuñiga se desempeñaba en el cargo desde 2013 cuando fue nombrado como funcionario por el ahora expresidente Enrique Peña Nieto y ratificado en su cargo por el Senado de la República para un periodo de cinco años.

Zúñiga es licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y maestro en regulación económica por la London School of Economics, así como en Leyes por la University of Chicago Law School.

La salida se suma a la de los excomisionados Marcelino Madrigal y Montserrat Ramiro, quienes dejaron el puesto tras el inicio de la actual administración federal.

El presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), Guillermo García Alcocer, confirmó la salida de Zúñiga, a quien reconoció como un “gran impulsor” de las energías renovables.

El exvocero de las autodefensas de Michoacán, José Manuel Mireles, se dijo “decepcionado” de la administración de Andrés Manuel López Obrador, a quien le brindó su “voto razonado”.

En una breve entrevista concedida a un medio local en Michoacán, Mireles Valverde, aseveró que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) “es lo mismo y peor tantito”, luego de que le preguntaran si “Morena es lo mismo, nomás revolcado” (sic).

“Estoy decepcionado”, afirmó.

Mireles, quien ha hecho pública su intención de contender por la gubernatura de Michoacán, dijo que esperaba que con la convocatoria hecha por López Obrador a actores políticos de diferentes partidos se concretara la unidad nacional, sin embargo, eso no sucedió. “Estoy viendo que estos nomás regresaron por sus fueros”, dijo.

José Manuel Mireles explicó el sentido de su crítica tras la difusión de un video donde cuestiona al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a través de Twitter.

“La crítica no fue contra López Obrador, es el sentir del pueblo contra aquellos actores políticos que se sumaron a la 4T para continuar las mismas prácticas”, acotó el michoacano

Si queremos que todo siga como está es preciso que todo cambie. Esa es la frase que resume la novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, El Gatopardo, y que muchos de los grandes empresarios de México han decidido leer. ¿Será para poder sobrevivir la 4T?

La frase la dice Tancredi, sobrino del Príncipe Fabrizio de Salina, a su tío cuando le avisa que sale del palacio familiar para unirse a las tropas rebeldes lideradas por Giuseppe Garibaldi que quieren acabar con el reino de los Borbones. La idea es unificar a Italia, que en 1860 se encontraba dividida en varios estados. Entre ellos, el Reino de las Dos Sicilias, que es en donde se lleva a cabo la novela.

Garibaldi fue el líder carismático que prometió llevar a cabo una reforma agraria que ilusionó a los pueblos del sur de Italia. Por ello lo apoyaron unos jóvenes conocidos como los camisas rojas, entre los que se encontraba Tancredi, personaje central de la novela. Garibaldi nunca cumplió esta promesa porque acaba entregando sus victorias a la monarquía saboyana encabezada por el Rey Víctor Manuel II. Pero esa es la historia de la unificación de Italia, del Risorgimento.

Regresando a El Gatopardo, tanto Tancredi como su tío, el Príncipe Fabrizio de Salina, saben que el mundo está cambiando, y que para sobrevivir es necesario adaptarse. Es necesario a veces simular una modernización para retener el poder y los privilegios. Es por ello por lo que Tancredi y el Príncipe aceptan a los nuevos líderes, entre ellos al alcalde del pueblo en donde está su mansión de verano, Donnafugata, Don Calogero.

Don Calogero es un hombre sin prestigio, pero con dinero y poder. Es padre de una hija muy guapa, Angélica, que, sin ser parte de la aristocracia, acaba siendo la prometida de Tancredi. Y lo logra incluso con el consentimiento del Príncipe, a pesar de que una de sus hijas estaba perdidamente enamorada de Tancredi.

Como alcalde, Don Calogero es el encargado de organizar un referéndum para que los habitantes de Donnafugata voten si están en favor de la unificación de Italia o en contra. Los ciudadanos estaban en contra de la unificación en su mayoría, pero, aun así, Don Calogero fue enfático al leer los resultados del referéndum: de 515 electores inscritos votaron 512 y todos votaron por el SÍ. Cero votos para el NO a la unificación.

Y es que en El Gatopardo queda claro que el poder corrompe, no importando quién está arriba. Cambian las caras, los nombres, los uniformes y quizás las ideologías, pero la corrupción y el abuso de poder permanece.

 

Columna completa en El Universal

Carlos Bravo Regidor

REFORMA

El relato con el que ganó Andrés Manuel López Obrador le pondrá la vara muy alta a su gobierno. No me refiero a lo amplio de su ventaja, a lo abultado de su coalición legislativa, ni al arrastre de su candidatura a nivel local. Me refiero a que sus rivales no tuvieron con qué competirle. A que no pudieron formular una alternativa que oponerle. A que el relato lopezobradorista fue el que dotó de sentido a la contienda.

López Obrador ejercerá el poder midiéndose no contra las quejas de sus detractores, que serán casi irrelevantes. Tampoco contra las herencias de sexenios previos, pues ya avisó que no emprenderá ajustes de cuentas. Y menos contra las expectativas de sus incondicionales, que seguro serán flexibles e indulgentes. López Obrador se medirá en sus propios términos, contra la dimensión histórica del relato que lo llevó a la Presidencia.

Según ese relato, lo mejor del pasado mexicano se concentra en tres momentos: la Independencia, la Reforma y la Revolución. La primera encarna en el cura Hidalgo, la segunda en Benito Juárez y la tercera en la dupla Madero-Cárdenas. Esa es la órbita en la que López Obrador proyecta su mandato, el lugar simbólico en el que busca ubicarse, cuando confiesa que tiene la aspiración de pasar a la historia como el Presidente que encabezó la cuarta transformación de México.

Hay algo emocionante, hasta conmovedor, en un líder político que se imagina a sí mismo no como gestor de conflictos o administrador de contingencias sino como agente de cambio. Que llega al poder reconociendo lo crítico de la situación que enfrenta su país, la necesidad de hacer algo verdaderamente distinto para atenderla, e imponiéndose la exigencia de dar el ancho no tanto frente a las demandas de la coyuntura sino, más bien, frente al juicio del porvenir.

Pero también hay algo insensato, incluso inquietante, en las premisas de ese relato respecto a los alcances del poder presidencial, a la dificultad de los problemas que se propone resolver y a la relación entre política e historia.

Primero, porque el poder presidencial ya no es lo que era (de hecho debería decir que nunca ha sido lo que aprendimos a creer que era, pero eso ya es harina de otro costal). López Obrador pone mucho énfasis en su compromiso y su perseverancia, pero una transformación como la que ha prometido requiere, además, de un minucioso fortalecimiento de las capacidades institucionales del Estado mexicano; de una profunda reconstrucción de los mecanismos de participación, de representación, de redistribución, de control ciudadano sobre los poderes públicos; en fin, de una inmensa multitud de apuestas y esfuerzos que van más allá de las virtudes o las convicciones personales del Presidente.

Segundo, porque tener un diagnóstico atinado respecto a la gravedad de un problema no significa tener una solución que se haga cargo de su complejidad. Y en varios de los temas prioritarios de su agenda (dispendio, violencia o pobreza, por ejemplo) las políticas que plantea López Obrador suenan ingenuas, incompletas, improvisadas. Despedir burócratas no implica que el dinero se gastará mejor; que las víctimas perdonen no acaba con la violencia; más gasto social no tiene por qué traducirse en que haya menos pobres; etcétera.

Y tercero, porque nadie es prócer por decisión propia. Los caminos al panteón patrio son inciertos y retorcidos. Bien decía el modesto Marx que los hombres hacen su propia historia, pero no conforme a su libre voluntad ni en circunstancias que ellos controlen. Quizás tendría que haber añadido que tampoco les está dado a los hombres elegir, ya no digamos entender, su sitio en la posteridad.

El relato de la cuarta transformación dio para ganar el 1o. de julio e inspirar esperanza en una sociedad muy ávida de ella. Pero la eficacia de dicho relato topará con un límite. Gobernar no es sólo convocar a un mañana compartido sino producir resultados tangibles, hacer diferencia en la vida de las personas hoy. Bienvenida la ilusión. Cuidado con el ilusionismo.