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Donald Trump, que busca la reelección en las elecciones presidenciales de noviembre, atacó cada vez más en redes sociales al exalcalde de Nueva York, un magnate como él, y quien busca enfrentarle en las próximas elecciones presidencial, a quien se dirige como «Mini Mike», debido a su talla.

«Mini Mike Bloomberg es un PERDEDOR con dinero, pero no sabe debatir, no tiene presencia ninguna, ya verán», escribió en Twitter Trump este jueves.

«Mini Mike es un peso muerto de 1.63 m que no quiere debatir con políticos profesionales», agregó.

 

Trump ya había acusado a Bloomberg de racismo al retuitear el martes el extracto de una grabación de 2015 en la que el exaclalde de Nueva York justificaba una controvertida política de control policial sobre las minorías; política de la que se disculpó en noviembre antes de lanzarse a la carrera por la nominación presidencial demócrata.

Bloomberg, uno de los hombres más ricos del mundo, no dejó pasar por alto el mensaje del republicano, y respondió este en la misma red social.

«@realDonaldTrump, conocemos a muchas personas en común en Nueva York. Se ríen de ti a tus espaldas y te llaman un payaso de feria», escribió el aspirante a la nominación demócrata.

«Saben que heredaste tu fortuna y la arruinaste con tus estúpidos planes y tu incompetencia. Tengo la experiencia y los recursos para vencerte. Y te venceré», sentenció Bloomberg.

Este intercambio se produce luego de que Bloomberg, que ha batido todos los récords en gastos publicitarios para su campaña presidencial con más de 260 millones de dólares hasta el momento, subió en las encuestas.

El promedio de los sondeos a nivel nacional lo ubican en tercer lugar, detrás del senador Bernie Sanders y el exvicepresidente Joe Biden.

Asimismo, Bloomberg es cada vez más blanco de críticas de sus rivales partidarios, que lo acusan de querer «comprar la elección».

El magnate decidió no participar en las cuatro primeras etapas de la carrera demócrata para obtener delegados en la comvención de julio que decidirá quién será el contrincante de Trump en noviembre próximo.

Por el momento se concentra en los 14 estados que celebrarán primarias en el llamado «Súpermartes», el 3 de marzo, entre ellos Texas y California, que aportan un gran número de delegados.

 

De acuerdo a reportes de la agencia Bloomberg, el gobierno federal, encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), contempla llevar a cabo un recorte fiscal de 138 mil millones de pesos para Pemex en 2020 y 2021.

La agencia estadounidense reporta que dicho plan fue revelado por el actual director de Petróleos Mexicanos, Octavio Romero.

Según el reporte, el gobierno contemplaría cambios a la Ley de Ingresos de Hidrocarburos, que repercutirían directamente en el arancel de Pemex, DUC (Derecho por la Utilidad Compartida), que representa más del 85% de los impuestos directos sobre su producción del petróleo.

La propuesta reduciría el impuesto actual que es del 65%, al 58% para 2020 y al 54% en 2021. Dichas modificaciones representarían un ahorro cercano a los 47 mil millones de pesos y 91 mil millones de pesos cada año respectivamente.

Dicha propuesta reemplazaría la idea de transferir 7 mil millones de dólares del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros (FEIP) a Pemex.

«Pemex enfrenta una alta carga fiscal, por lo que el Gobierno de México ha decidido modificar el régimen fiscal para aligerarlo (…) esta modificación se hará gradualmente en los siguientes años, de tal forma que no genere desequilibrios fiscales para el Gobierno», indicó Romero en entrevista con Bloomberg.

La idea ya había sido anunciada por AMLO, pues el pasado 21 de mayo, durante su visita Ixachi, Tierra Blanca, en Veracruz, dijo que ya se estaba trabajando en una estrategia para seguir apoyando a Pemex.

Explicó que consistiría en invertir recursos del presupuesto y bajándole los impuestos a Pemex, «que ya Hacienda no siga exprimiendo a Pemex, para que tenga Pemex manera de financiarse en tres años, ya lo estamos haciendo en 2019, lo vamos hacer en el 20 y lo vamos hacer en el 21».

El empresario y exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, anunció que no se postulará para la presidencia en 2020, con lo que se borra un nombre prominente de un campo ya lleno de candidatos que buscan desafiar a Donald Trump.

Bloomberg, de 77 años, dijo que pondría sus recursos en muchas de las iniciativas en las que ya está involucrado, entre ellas apoyar en la transición del país hacia la energía renovable.

«Es esencial que nominemos al demócrata que cuente con la posición más fuerte para derrotar a Donald Trump y poder así reconstruir nuestro país», dijo Bloomberg en una entrevista para una columna publicada por Bloomberg Opinion. «No podemos permitir que el proceso primario arrastre al partido a un extremo que disminuya nuestras posibilidades en las elecciones generales y se traduzca en ‘cuatro años más’», señaló.

Bloomberg es el fundador y propietario mayoritario de Bloomberg LP, la compañía matriz de Bloomberg News.

El exalcalde de tres mandatos, había dicho que estaba considerando seriamente una candidatura para la nominación demócrata después de optar por no postularse como independiente en 2016. Señaló que los factores clave en su decisión eran si podía ganar y si podría continuar teniendo un impacto con sus actividades filantrópicas.

Bloomberg ha argumentado que el país necesita un director competente y pragmático con su tipo de experiencia empresarial y gubernamental que pueda hacer grandes cosas, estableciendo un contraste explícito con Trump.

Por segundo año consecutivo, la firma del multimillonario Michael Bloomberg presentó su ranking ‘Bloomberg 50’, un listado de las personalidades más influyentes del mundo de los negocios, entretenimiento, finanzas, política, ciencia y tecnología, cuyos logros de 2018 fueron particularmente notables.

La lista es tan variada que incluye a figuras como la actriz y productora, Reese Witherspoon; el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; y hasta el nuevo presidente de México Andrés Manuel López Obrador.

Estos últimos, incluidos en un apartado denominado ‘los nuevos populistas’. De acuerdo con la publicación, la agitación que sacudió a la política en toda Europa en 2017, ahora está visitando mercados emergentes desde México hasta Malasia, y la ola de sorpresas en las urnas no muestra señales de disminuir.

«Los partidos políticos dominantes fueron sacudidos, si no desechados, por el disgusto popular ante su fracaso en generar una prosperidad de base amplia», destaca Bloomberg.

De acuerdo con la publicación, la tendencia se ejemplificó más recientemente el 29 de octubre, cuando el excapitán populista del ejército, Jair Bolsonaro, ganó las elecciones presidenciales de Brasil. «Nostálgico por la dictadura de Brasil y expresando desdén hacia las minorías, las mujeres y las sutilezas democráticas, Bolsonaro se unirá a un creciente grupo de populistas cuando asuma el cargo el 1 de enero, incluidos los líderes de Etiopía, México, Malasia y Sudáfrica».

Sobre Andrés Manuel López Obrador, Bloomberg destaca que es el tercer presidente de México emanado de un partido diferente al Partido Revolucionario Institucional desde la época de la Revolución. Además, subraya el hecho de que hizo campaña contra la corrupción gubernamental y la «mafia del poder» en los negocios. Según Bloomberg, no está claro si la marca izquierdista de AMLO ajustará la política de modernización de México del último cuarto de siglo o tomará un camino estatista de renacionalización y subsidios.

Puedes consultar la lista completa Aquí

Michael R. Bloomberg

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Quien dijo que no hay malas ideas nunca pasó tiempo en Washington. Muchas nunca prosperan, afortunadamente, pero una de los peores que puedo recordar haber escuchado está siendo considerada seriamente por el Departamento de Seguridad Nacional: separar a los niños de sus padres cuando las familias son atrapadas cruzando la frontera de Estados Unidos.

En una palabra: No. Eso no es lo que somos como nación. El que autoridades gubernamentales separen a niños pequeños de sus madres y padres y los coloquen en hogares grupales o casas de acogida es una política que no podemos aceptar. Este acto vergonzoso se vería agravado por los inevitables incidentes de malos tratos, abusos y negligencia que se producirían cuando los niños queden atrapados en las grietas del sistema.

Imponer este tipo de crueldad a los niños va en contra de todo lo que representamos como una nación moral, compasiva y amante de la libertad. El gobierno federal no debe separar familias, ya sean inmigrantes detenidos en la frontera, o padres que viven aquí ilegalmente con sus hijos nacidos en Estados Unidos.

Cualquier política de este tipo impondría costos terribles tanto a los padres como a los hijos, así como a Estados Unidos en su conjunto, dañando gravemente nuestra imagen en el mundo y nuestras relaciones con nuestros vecinos. ¿Y para qué?

 

La razón de la propuesta es disuadir a la gente de venir aquí ilegalmente. Pero vamos a ponernos serios: los padres que buscan una mejor vida para sí mismos y sus hijos están dispuestos a asumir riesgos extraordinarios. No intentan cruzar la frontera ilegalmente – a menudo sacrificando sus ahorros de vida para pagar a un contrabandista miles de dólares y soportar condiciones que amenazan su vida – creyendo que serán atrapados. La perspectiva de vivir el sueño americano – la oportunidad de trabajar y dar a sus hijos oportunidades que nunca tuvieron – es más poderosa que cualquier amenaza de Washington, incluida una separación familiar.

 

Esta no debería ser una cuestión de partidos. De hecho, los republicanos deberían encabezar la campaña en contra de esta iniciativa, dada la energía que dedican a defender los «valores familiares». No hay valor familiar más importante que permitir que los niños vivan con padres que los aman, y nuestro gobierno debe respetar ese valor en cada centímetro de territorio estadounidense.

 

Es cierto que encaramos un problema humanitario intratable en la frontera con México. Alrededor de 54.000 menores indocumentados y sus acompañantes adultos fueron detenidos entre el 1 de octubre de 2016 y el 31 de enero de 2017, más del doble que en el mismo período del año anterior. Relativamente pocos son mexicanos; la mayoría son centroamericanos. Aunque los niveles de violencia en Centroamérica han disminuido, las solicitudes de asilo han aumentado, impulsadas por perspectivas sombrías en sus países de origen y la atracción de los lazos familiares en Estados Unidos.

 

El aumento de los casos de asilo ha generado atrasos en el sistema judicial, y sin centros de detención adecuados, muchos solicitantes de asilo son puestos en libertad hasta que tienen lugar sus audiencias, algo que puede tomar años. Ese lapso de tiempo ha alimentado la percepción, alentada por los contrabandistas, de que cruzar la frontera equivale a obtener un estatus legal permanente.

 

No se puede negar que se trata de un problema grave, pero hay maneras mucho mejores de abordarlo. La reciente orden ejecutiva del Presidente Donald Trump sobre seguridad fronteriza reclama con razón que haya más funcionarios que procesen solicitudes de asilo y jueces de inmigración. El manejo más rápido de los casos también debe prever una representación legal adecuada, que los jueces han solicitado. Una mayor cooperación con México ayudaría a asegurar su frontera sur con Guatemala y Belice. La inversión a largo plazo en la gobernabilidad y el desarrollo de Centroamérica no es menos importante, y es algo que el General John Kelly, ahora Secretario de Seguridad Nacional, defendió como jefe del Comando Sur de Estados Unidos.

 

Al final, sin embargo, todas estas medidas son insuficientes si el Congreso no aprueba un proyecto de reforma migratoria que llegue a la raíz del problema: la demanda de más mano de obra por parte de la economía estadounidense. Los inmigrantes vienen aquí a trabajar – y seguirán llegando por el medio que sea, sin importar lo horribles que sean los potenciales disuasivos – siempre que las empresas y los agricultores padezcan escasez de mano de obra, y si se pueden comprar documentos de trabajo falsos de manera fácil y barata.

 

Las soluciones no son complicadas: sí, hacer más para asegurar la frontera, donde sea posible y racional. Pero también aumentar el número de visas y reestructurarlas en torno a nuestras necesidades económicas, ofrecer una vía para obtener la residencia permanente a quienes están en Estados Unidos ilegalmente y dispuestos a pagar multas y aprender inglés, y crear una identificación biométrica para todos los trabajadores legales de Estados Unidos.

 

El problema es que los políticos han vendido al público la idea de que todo lo que necesitamos son soluciones simples, como un muro gigante o una fuerza de deportación masiva. Sin embargo la solución propuesta más recientemente es la peor hasta ahora. Debemos construir un muro fronterizo de más de 1.000 kilómetros de altura antes de pensar en convertir a niños inocentes en huérfanos.

 

Separar familias y sacrificar a los niños no es salomónico. Y ciertamente no representa los valores de Estados Unidos.

 

 

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