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Con la decisión de Andrés Manuel López Obrador de seguir adelante con la termoeléctrica de la Huexca, es claro que el presidente recapacita, a veces, en sus decisiones. En mayo del 2014, AMLO estuvo en Yecapixtla, Morelos, en donde prometió a los habitantes que los protegería de la degradación al medio ambiente y los peligros que ocasionaría la conclusión de la termoeléctrica de la Huexca.

Y, sin embargo, este fin de semana se llevó a cabo una consulta de esas que le gustan al presidente, que carecen de todo rigor metodológico y legal, en donde el resultado de la votación fue que sí se concluya con esta obra.

¿Por qué recapacitó AMLO, quien pocas veces lo hace?

Personas involucradas en las reuniones que sostuvo el gobernador dan cuenta de la obsesión del presidente por conocer hasta los últimos detalles de la termoeléctrica. Los temas que le preocuparon fueron, primero, saber si esta obra era necesaria.

La zona centro de México es deficitaria en materia de energía eléctrica. Es decir, se consume más de lo que se genera de electricidad. Pero en el caso de Morelos, hay cero generación de energía y por ello le cuesta mucho dinero a la CFE llevar luz al estado. Aproximadamente 7 mil millones de pesos anuales.

Una de las razones por la que pobladores de la zona se oponen a la obra y la mantienen parada es que la obra afecta el cause del río Cuautla. Por un lado, argumentan que le restará agua al cauce del río en perjuicio de los agricultores, y la otra es que se contaminará el agua porque se le verterán aguas negras. Esa fue la segunda preocupación de López Obrador.

Se le demostró que el agua que utilizará la termoeléctrica serán aguas negras de Cuautla, que serán tratadas en una nueva planta de tratamiento que limpia una cantidad tres veces superior a las requeridas (900 litros por segundo, cuando la planta solo necesita 245 litros por segundo). El agua excedente será tratada una segunda vez y así ya regresará al río. Lejos de quitarle agua al río, le llegará más agua.

Por último, Andrés Manuel López Obrador estaba preocupado de que la construcción fuese un peligro para la población por estar construida en una zona sísmica, cerca del volcán Popocatépetl. Los pobladores de la zona han circulado un documento que supuestamente fue elaborado por el Centro Sismológico de la UNAM en el que dan cuenta de la inviabilidad técnica de la planta. Hay un pequeño detalle: la UNAM no acredita dicho documento.

Además, le preocupaban posibles daños ambientales. Se le demostró que la tecnología a utilizarse hará que la energía generada sea muy limpia, más del 80 por ciento por debajo de lo que establece la Norma Oficial Mexicana (NOM). Al utilizar gas natural, se dejarán de consumir 2.13 millones de barriles de combustóleo al año o 2.31 millones de barriles de diésel al año, en comparación con otras centrales termoeléctricas convencionales.

Una vez que AMLO estuvo convencido de que no habría impacto ambiental y que la termoeléctrica no supone un riesgo por la zona en la que está construida, el presidente decidió utilizar el camino de la consulta popular para justificar la decisión que tomó. Como cuando en octubre pasado hizo la consulta del aeropuerto de Texcoco. Sin embargo, en esta ocasión, el pueblo bueno votó por seguir adelante con la obra.

 

Columna completa en El Universal