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Han estado circulando en estos días algunas encuestas que muestran que Andrés Manuel López Obrador pierde aceptación. En el mes de marzo dos de sus acciones generaron amplio rechazo. La primera fue el retiro de recursos a las Estancias Infantiles y la segunda fue la carta que envió al Rey Felipe VI pidiendo que ofrezca una disculpa histórica a los mexicanos por la conquista de hace 500 años.

En ambas, menos del 30 por ciento de los encuestados por Alejandro Moreno (El Financiero) apoyaron al presidente. Un presidente que, en otras acciones, sobre todo en las que tienen que ver con austeridad, genera aprobación cercana a un 90 por ciento.

Hay quienes han celebrado estas bajas en la aprobación de las acciones del presidente. Se merece el rechazo. Ya comienzan a arrepentirse quienes votaron por AMLO. La ineptitud del presidente le comienza a costar. Ésta y otras líneas celebratorias abundan en las “benditas redes sociales”.

Sin embargo, el escenario de un López Obrador que actualmente goza de legitimidad y aceptación, pero carece de institucionalidad puede volverse un desastre de acentuarse esta baja en la aceptación al presidente.

La apuesta para que la presidencia de López Obrador sea un éxito para México está en que él sea más institucional. Su problema es que desde hace décadas ha caminado en el límite entre lo que es institucional y lo que no es. Ahí ha estado cuando ha perdido elecciones, principalmente en el 2006, cuando tomó Avenida Reforma y se auto nombró presidente legítimo. Denostó a las instituciones electorales y se dedicó todo el sexenio a buscar sabotear las acciones del presidente que le ganó, Felipe Calderón.

Ahora que es presidente, cuando alguna ley, norma o institución le impide hacer lo que él quiere, actúa igual –en la línea delgada entre legalidad y la ilegalidad. Para muestra, dos ejemplos. El senado aprobó un dictamen para la creación de una Guardia Nacional con mando civil. López Obrador quiere que éste tenga mando militar. Y como parece confundir autoridad con autoritarismo, ya anunció que mañana nombrará a un militar en activo para encabezar a la Guardia Nacional. Esto claramente viola la Constitución, pero a AMLO no le importa. Los senadores de oposición confían en que se presentará una acción de inconstitucionalidad para revertir esta decisión del presidente. Veremos si Martí Batres, que es el encargado de enviar esta acción al ser el presidente del senado, lo hace.

Segundo ejemplo: el proceso para nombrar a los nuevos integrantes de la Comisión Reguladora de Energía. El artículo 6 de la Ley de Órganos Reguladores Coordinados en Materia Energética estipula que la selección de los comisionados la hace el senado de una terna que envía el ejecutivo. Si el senado no aprueba a ninguno de la terna, el ejecutivo debe enviar una NUEVA terna. Si en la segunda ronda tampoco es aprobado ninguno, entonces el presidente nombra directamente al comisionado. López Obrador envió unas ternas que no convencieron a los senadores, más que de ser sus alfiles. Por ello se los rechazaron una primera vez. Cuando en lugar de cumplir con la ley y enviar NUEVAS ternas, AMLO reenvió 11 de los 12 nombres iguales, las ternas fueron rechazadas una segunda vez. Es decir, no envió NUEVAS ternas. La ley le importó poco. Ahora serán comisionados cuatro de esas personas que no cumplieron con el proceso legal para su nombramiento.

Son dos ejemplos claros de que AMLO no es un presidente institucional, aun cuando sí tiene legitimidad y es popular. La apuesta para quienes queremos que México logre crecer, avanzar y desarrollarse no puede ser a que AMLO pierda legitimidad y popularidad. Es a que sea más institucional.

 

Columna completa en El Universal

La Jefa de Gobierno electa de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, anunció la desaparición del actual logotipo institucional ‘CDMX’ del gobierno capitalino.

En conferencia de prensa precisó que el logotipo ‘CDMX’ está también establecido como una marca turística, por lo que hasta el momento únicamente desaparecerá como como logotipo institucional.

Adelantó que una vez que asuma el poder, se definirá si ‘CDMX’ se mantendrá como marca turística, aunque dijo que lo más seguro es que se abra un concurso para su modificación o bien para un cambio completo.

Precisó que pese a los posibles cambios que pueda haber, el gobierno mantendrá el registro de la marca ‘CDMX’ que hasta hoy se tiene.

Adelantó que «Innovación y Esperanza» será el slogan de su administración, pues son dos conceptos que se impulsaron desde su campaña.

 

Luego de un encuentro con sus respectivos equipos, y que duró cerca de hora y medio, el Presidente Enrique Peña Nieto y el Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ofrecieron un mensaje conjunto a los medios de comunicación.

El presidente Enrique Peña Nieto reconoció que la reunión de este lunes representó algo inédito, pues “no había ocurrido en el pasado reciente tener a estas alturas de la transición ya definidos quiénes serán los titulares de las dependencias gubernamentales de la Administración Pública Federal».

Indicó que la charla que sostuvo con López Obrador se dio en un clima de respeto y cordialidad, lo cual garantiza la marcha del proceso de entrega-recepción. Agradeció la apertura, disposición y el interés que el tabasqueño ha mostrado desde el primer encuentro que sostuvieron luego de la jornada electoral.

El mandatario aseguró que serán respetuosos de las definiciones y decisiones que se tomen a partir del 1 de diciembre por parte del nuevo equipo que encabezará Andrés Manuel López Obrador.

“Los encuentros que hemos han sido muy productivos (…) buscando que sea para bien de México, buscando tener un proceso de transición armonioso y eficiente”, concluyó Peña Nieto.

Al tomar la palabra, López Obrador “celebró” que se lleve a cabo una transición institucional con respecto y en coordinación plena. Destacó que la transición se ha dado de manera institucional, pues es resultado de un proceso electoral democrático. “Se está cumpliendo el mandato de nuestro pueblo (…) el que manda en México”.

Reconoció que ha recibido un “apoyo sin condición” de la actual administración, y reiteró que él y su equipo respetarán al actual gobierno hasta el último día de su mandato. Agradeció la cooperación que han dado los miembros del gabinete, pues sostuvo que con ese apoyo sus colaboradores tendrán el tiempo suficiente para hacerse de toda la información necesaria para poder comenzar a trabajar una vez que asuma el poder.

“Estamos muy satisfechos y de manera sincera le agradecemos al Presidente y a su equipo, al gabinete actual, por este gesto institucional de respeto y de colaboración conjunta”, remató el tabasqueño.

 

El Sindicato Petrolero, dirigido por Carlos Romero Deschamps, aseguró que asumen con absoluto compromiso la decisión expresada por los mexicanos en las urnas el pasado 1 de julio, por lo que reiteraron su respaldo y respeto institucional al virtual ganador, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Calificaron la jornada electoral como el proceso más concurrido, amplio y vigilado de la vida electoral, “una votación sin duda inédita”. Indicaron que durante la campaña, el Sindicato Petrolero participó representando a los trabajadores del sector de todo el país, aunque dijo que ellos en las urnas votaron en absoluta libertad.

A través de un comunicado, Deschamps aseguró que el Sindicato ha estado lejos de tener una sola visión de hacia dónde ir. “La diversidad de estrategias y políticas para la conducción de la industria petrolera de México han sido tan variadas como sus diferentes administraciones han decidido”.

Reiteraron que el respeto a la figura presidencial seguirá tal como se ha venido manejando. Sostuvieron que tal como sucede en la consolidación de una empresa fuerte, la construcción de un país próspero y generoso solo se puede lograr con el trabajo de todos los mexicanos.

 

A principios de noviembre pasado, justo antes del día de las elecciones, Barack Obama fue trasladado a través de la noche a las afueras de Charlotte, Carolina del Norte llamado por Hillary Clinton. No era algo traqnuilo ni seguro. Las encuestas, las «analíticas», permanecieron a favor de Clinton, pero Obama, con el único punto de vista de ser el primer presidente afroamericano, había visto como, noche tras noche, inmensas multitudes aplaudían y gritaban por un demagogo que había lanzado una carrera de negocios contra los negros y sus necesidades, además de una carrera política con una teoría racista de la conspiración conocida como birtherism. Durante su discurso en Charlotte esa noche, Obama advirtió que nadie cambia realmente en la Presidencia; más bien, la oficina «magnifica» quién eres tú. Así que si «acepta el apoyo de los simpatizantes del KKK antes de ser presidente, o si se es un poco lento en negarlo, entonces así serás como presidente».

El ascenso de Donald Trump no fue la primera señal de que los estadounidenses no habían considerado uniformemente la elección de Obama como un capítulo inspirador en el progreso hacia la igualdad del país. Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, lo había calificado como el «Presidente marcado por los alimentos». En los medios de comunicación de derecha y blanco nacionalistas, Obama era socialista, musulmán, anticristo, fascista liberal , «Quien estaba reuniendo a su propia Juventud Hitlerista. Un tren de alta velocidad desde Las Vegas a Anaheim que formaba parte del paquete de estímulos económicos, y que fue pieza clave para conectar los burdeles de Nevada a los inocentes lugares  de Disneyland. Por naturaleza, era sospechoso. «Simplemente mira el lenguaje corporal, y hay algo que está pasando», dijo Trump el verano pasado. Mientras tanto, a partir del día de la primera toma de posesión de Obama, el Servicio Secreto presentó una cantidad sin precedentes de amenazas contra el Presidente.

Y así, acelerando hacia otro aeropuerto el pasado noviembre, Obama parecía un hombre cansado que albergaba una semilla ardiente de aprensión. «Hemos visto venir esto», dijo. «Donald Trump no es un atípico; Es una culminación, una conclusión lógica de la retórica y las tácticas del Partido Republicano durante los últimos diez, quince o veinte años. Lo que me sorprendió fue el grado en que esas tácticas y retórica salieron de control».

 

Durante medio siglo, de hecho, los líderes de la GOP han alimentado las llamas del resentimiento racial en los Estados Unidos. A través de un cálculo político y una retórica astuta, desde la «estrategia del sur» de Richard Nixon hasta las últimas acusaciones de fraude electoral en los distritos mayoritarios afroamericanos, hacerlo ha valido la pena en las urnas. «No había principios rectores», dijo Obama. «No había nadie que dijera: ‘No, esto va demasiado lejos, esto no es lo que defendemos'».

La semana pasada, el mundo observó al sucesor de Obama en la Casa Blanca, sin consolidar y desquiciado, actuando más o menos como Obama había predicho. En 2015, una semana después de que Trump declarara su candidatura, habló a favor de retirar la bandera confederada de la capital de Carolina del Sur: «Pónganla en un museo y déjenla ahí». Pero la semana pasada, el presidente Trump hizo patente su indulgente simpatía por los neonazis, los miembros de KKK y los supremacistas blancos no afiliados, que marchaban con antorchas, rifles de asalto, clubes y consignas racistas y antisemitas por las calles de Charlottesville, Virginia. Un participante incluso adoptó una táctica de terror parecida a la de ISIS, dirigiendose directamente a una multitud de gente que se manifestaba pacíficamente contra los racistas. Trump había declarado una guerra de la cultura «America First» en su discurso inaugural, y ahora, como sus números en la encuesta cayeron, como perdió una y otra vez en los tribunales y en el Congreso, la investigación de Mueller, profundizó en su miserable historia de negocios.

¿Quién lo habría predicho? Cualquiera, en serio. Hace dos años, el Daily Stormer, el principal sitio de noticias neonazis del país, llamó a los hombres blancos a «votar por primera vez en nuestras vidas por el único hombre que realmente representa nuestros intereses». Trump nunca rechazó el apoyo de esta corriente. Los invitó, los explotó. Con Stephen Bannon, el nacionalismo blanco ganó bienes raíces de primera clase en el ala oeste de la Casa Blanca. Bannon escribió mucho del discurso inaugural, y fue calificado como «El Gran Manipulador» en una historia de la portada del TIME que golpeó el ego presidencial. Pero Bannon ha estado marginado por meses. El viernes pasado, en la estela de Charlottesville, Trump finalmente lo despidió. Se dirige de nuevo a Breitbart News. Pero él era personal; Su partida no es decisiva. La cultura de esta Casa Blanca era, y sigue siendo, la de Trump.

Cuando Trump fue elegido, hubo quienes consideraron su historia e insistieron en que se trataba de una especie de emergencia nacional, y que normalizar esta Presidencia era una peligrosa ilusión. Al mismo tiempo, hubo quienes, con espíritu de paciencia y cortesía nacional, sostuvieron que Trump era «nuestro Presidente», y que «se le debe dar una oportunidad». ¿Ha tenido bastantes oportunidades? Después de su conferencia de prensa en el vestíbulo de Trump Tower el pasado martes, cuando ignoró los intentos escritos de regular sus impulsos y reveló sus verdaderas alianzas, no puede haber duda de quién es. Este es el hecho ineludible: el 9 de noviembre, Estados Unidos eligió a un ser humano deshonesto, inepto, desequilibrado e inmoral como Presidente y Comandante en Jefe. Trump ha demostrado ser inflexible a las apelaciones de decencia, unidad, moderación o hechos. Está dispuesto a poner en peligro la paz civil y el tejido social de su país simplemente para satisfacer su narcisismo y excitar las peores inclinaciones de sus seguidores principales.

 

Esta última indignación ha desalentado un poco al círculo de Trump; los directores de negocios, generales y funcionarios de seguridad, asesores e incluso miembros de la familia han descubierto su desesperación privada. Una de las imágenes más duraderas de la apariencia esquálida de Trump el martes fue la de su jefe de gabinete, John Kelly, que estaba escuchando a él con una mirada de vergüenza. Pero Trump todavía conserva el apoyo de aproximadamente una tercera parte del país, y de la mayoría del electorado republicano. La figura política que Obama consideró como una «conclusión lógica de la retórica y las tácticas del Partido Republicano» aún no ha desaparecido de la base del Partido.

La resistencia más importante a Trump tiene que provenir de la sociedad civil, de instituciones y de individuos que, a pesar de sus diferencias, creen en normas constitucionales y tienen un respeto fundamental por los valores de honestidad, igualdad y justicia. El imperativo es encontrar formas de contrarrestar y disminuir su influencia maligna no sólo en el ámbito abiertamente político, sino también en el social y cultural.

 

 

 

Texto publicado en The New Yorker por David Remnick

Foto: Archivo APO