JORGE SUÁREZ-VÉLEZ

REFORMA

 

 

El presidente López Obrador nos quiere convencer de que su gobierno es una «transformación» y su partido un «movimiento». Es posible que, lejos de eso, la historia no vea al primero más que como el error que confirmó por qué este camino era, es y siempre será el equivocado, y al segundo como una deforme amalgama de inconformes y reprobados cuyo único talento es destruir, pero que crecientemente se mostrarán incapaces no sólo de articular políticas coherentes, sino incluso de alcanzar acuerdos medianamente sostenibles entre ellos.

AMLO nos quiere convencer de que la aberración histórica que su gobierno probará haber sido era un capítulo ineludible, un destino expreso. Pero, cómo le dijo Peter O’Toole a Omar Sharif en La inolvidable película Lawrence of Arabia: «no hay nada escrito».

La grave pandemia que vivimos es como un gran espejo en el que vemos reflejado todo lo que preferiríamos ignorar. En las condiciones de México hoy es imposible contener el descomunal daño que provocó una crisis que ocurre quizá cada cien años. ¿Cómo pedirle a quien vive al día que se quede en casa? ¿Cómo evitar contagio entre familias que viven en hacinamiento extremo? (Con desafortunada frecuencia se encuentra a todos los miembros de algunas muertos por contagio) ¿Cómo implementar programas efectivos de apoyo con niveles tan altos de informalidad en la economía? ¿Cómo convencer a los más pobres de que acudan al hospital cuando presentan síntomas si creen que «en los hospitales los matan»? Hace mucho se dejó de hablar del Insabi.

La pandemia no sólo no está «domada», está en franco ascenso. Dado el paupérrimo manejo sanitario absurdamente politizado, y la irresponsable comunicación social, está se prolongará mucho más allá de lo esperado, y provocará muchas más muertes de las que eran inevitables. La falta de medidas económicas paliativas no sólo incrementará en diez millones el número de pobres, sino que hará que mucho del daño que esta crisis provocará se vuelva permanente.

Morena se desintegrará conforme crezca el enfrentamiento entre tribus que serán incapaces de nominar en forma civilizada y pacífica a los candidatos para tres mil puestos de elección popular por los que votaremos el próximo año. Veremos defecciones de aquellos que no resulten seleccionados, y por mucho buscarán acomodo bajo los colores de otros partidos. La brutal ineptitud en el manejo de la economía no sólo provocará la caída más pronunciada en nuestro PIB en casi un siglo, sino que dejará sin recursos a un gobierno que, en su obsesión por la austeridad está incrementando los niveles de endeudamiento del país como nunca antes pero, paradójicamente, lo hará sin que entre un centavo nuevo a las arcas públicas.

Ante la inminente pérdida de mayoría en la Cámara de Diputados en 2021, el creciente autoritarismo de un gobierno desesperado le quitará a ésta el control presupuestal, para que el Ejecutivo lo retenga, pero aun así carecerán de recursos para sus caprichos y elefantes blancos porque la recaudación colapsará a tal nivel que los recursos discrecionales que quedarán serán una miseria.

A López Obrador se le está yendo el poder entre los dedos. Él lo sabe. Su risa en las mañaneras no refleja su estado emocional, sino su desesperado deseo de ocultar el miedo. Ante lo que viene, sabe que reprimir será quizá su única salida, y por eso hizo lo que siempre criticó: le dio carta blanca al Ejército.

Hoy es importante que empresarios, oposición, medios y todos quienes nos hemos opuesto las barbaridades del gobierno, nos demos cuenta de que escribiremos en las urnas el capítulo que viene, podremos tomar nuestro país de regreso, preparémonos para hacerlo.

México es mucho más que este gobierno de mediocres balbuciendo ante la brutal pandemia. Hay muchos mexicanos comprometidos, trabajadores y talentosos. En la pandemia también hay héroes anónimos que nos recuerdan lo que podemos ser. Y, por eso, no hay que olvidar que hoy, más que nunca, no hay nada escrito.

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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