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La Fiscalía General de Brasil denunció formalmente este lunes ante la Corte Suprema de Justicia a 39 personas vinculadas con los ataques a las sedes de los tres poderes, ocurridos el pasado 8 de enero, cuando seguidores del expresidente Jair Bolsonaro intentaron derrocar el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

Los denunciados, acusados de invadir la sede del Senado, tendrán que responder por seis delitos, entre los cuales están golpe de Estado, asociación criminal y daños al patrimonio, según un comunicado divulgado por el Ministerio Público.

La denuncia, firmada por el vicefiscal general, Carlos Frederico Santos, coordinador del Grupo Estratégico de Combate a los Actos Antidemocráticos, respondió a una petición enviada el viernes por el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco.

Además de la condena de los implicados, el alto funcionario pidió la prisión preventiva de los denunciados «para evitar que se cometan nuevos delitos violentos contra el Estado Democrático de Derecho».

Asimismo solicitó el bloqueo de bienes por un total de 40 millones de reales (unos 7.7 millones de dólares) para reparar el daño «tanto material a la propiedad pública como a la moral colectiva», y la suspensión del cargo o de las pérdidas de cargos o funciones públicas en los casos correspondientes.

Recordemos que por los hechos hay abiertas 7 investigaciones y más de 1,800 personas han sido detenidas, aunque una tercera parte de ellas fue liberada por «razones humanitarias» y responderá a un eventual proceso judicial en libertad.

Sobre estos hechos, el expresidente Bolsonaro conversó con seguidores en Estados Unidos, a quienes les dijo que cometió «algunos deslices» durante su gobierno, según un video divulgado este lunes.

«En cuatro años, todos los días eran lunes. ¿Hubo agujeros?, sí, es lógico. Cometimos algunos deslices en casa, quién dirá en el gobierno», dijo Bolsonaro a los seguidores, según se ve en un video publicado por el portal de noticias Metropoles.

El exmandatario de extrema derecha, que fue derrotado en las urnas por el izquierdista Lula da Silva en octubre, abandonó Brasil el 30 de diciembre, dos días antes de terminar su mandato.

Sus simpatizantes, en las afueras de un condominio, le aconsejan en el video no regresar a Brasil, donde es investigado por las autoridades bajo sospecha de autoría intelectual del asalto a las sedes de los poderes públicos en Brasilia el pasado 8 de enero.

«Lamento lo que aconteció el día 8, algo increíble», dijo Bolsonaro sin ahondar en mayores detalles.

Sin embargo, el exmandatario, que se mantuvo aislado y prácticamente en silencio las últimas semanas de su presidencia, ya había condenado los «saqueos» y negado cualquier relación con el asalto.

En ese sentido, el gobernador de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, un aliado del exmandatario, dijo este lunes que Bolsonaro «no estimuló» los ataques de sus partidarios contra las instituciones del Estado, como se le ha acusado.

En el marco del Foro Económico Mundial (WEF), a donde asiste, Freitas resaltó que Bolsonaro «condenó inmediatamente» los ataques contra las sedes de la Presidencia, el Parlamento y el Tribunal Supremo.

«Bolsonaro nunca estimuló este tipo de conducta, siempre condenó la violencia, siempre condenó los actos antidemocráticos y la depredación de propiedad pública o privada. De forma alguna se puede atribuir a él», dijo De Freitas, quien expondrá en Davos sus planes económicos para Sao Paulo.

Y es que la Corte Suprema de Brasil incluyó a Bolsonaro en la lista de investigados por los sucesos violentos, por su presunta participación como autor intelectual de la intentona golpista.

Finalmente, el encargado de la seguridad de Brasilia tras los ataques a las instituciones, Ricardo Cappelli, señaló que las fuerzas del orden tuvieron que lidiar con profesionales «entrenados» entre los bolsonaristas que atacaron.

«Se enfrentaron a hombres profesionales entre los manifestantes. Gente entrenada y preparada. Gente que tenía nociones tácticas de choque, gente que tenía sus propios equipos para devolver granadas y gente que por poco mata a un policía», dijo Cappelli.

Un video que se hizo viral en YouTube destruyó la vida de Tatiana Lionço, una psicóloga que en 2012 habló en un panel acerca de homofobia y como combatirla en las escuelas. En su presentación dijo que era normal, y por ello no debiera asustar, cuando los niños de primaria expresen curiosidad sobre sus cuerpos y los de sus [email protected], ni sobre la ropa que usan.

El video fue editado por un hombre de la extrema derecha muy poco conocido en ese momento. Las palabras de Lionço fueron reacomodadas de tal forma que parecía que ella había empujado e incentivado la homosexualidad y el sexo entre niñ@s.

El video le cambió la vida a Tatiana. Y es que ese hombre de extrema derecha era un completo desconocido en la política. Era más bien visto como un raro empujando teorías locas en su canal de YouTube. Ahí, en YouTube, sí tenía sus buenos seguidores, los cuales repostearon ese video hasta hacerlo viral. Muy pronto la historia se tornó en que Lionço representaba a una comunidad global comunista-homosexual que empujaba la pedofilia. De YouTube, la historia pasó a Facebook y a Twitter. De ahí llegaron los comentarios que pedían asesinar a Tatiana.

Lionço perdió su trabajo y a sus amigos. Desde entonces, las amenazas en su contra no han parado. Su vida nunca ha sido igual. El hombre que empujó esta mentira en YouTube es hoy muy conocido. Se llama Jair Bolsonaro, quien en 2018 decidió lanzarse por la presidencia de Brasil.

En un primer momento nadie creía que Bolsonaro tendría oportunidad alguna de ganar. Se equivocaron. Más que ganar, arrasó. Obtuvo 10 puntos más en esas elecciones que su contrincante, Fernando Haddad. Su ascenso meteórico en la política de Brasil se ha pintado como la historia del hartazgo en contra de la corrupción, pero de acuerdo con el más reciente libro del periodista del New York Times, Max Fisher, Bolsonaro logró su éxito tan rápido gracias a las redes sociales, en especial a YouTube.

En La máquina del caos, Fisher – que se ha dedicado a estudiar el efecto que las redes sociales tienen en las democracias – recuenta esta historia de Tatiana Lionço y el ascenso de Bolsonaro gracias a canales de YouTube que lograron transmitir de forma masiva noticias falsas alineadas con la extrema derecha. Además del triunfo presidencial de Bolsonaro, otros YouTubers lograron puestos en el legislativo federal y en oficinas estatales.

El libro tiene un capítulo que cuenta de forma clarísima el auge de la extrema derecha en Brasil que, de vivir exclusivamente en las redes, llegó al poder. “En Brasil tomaron el poder las redes sociales”, escribe Fischer. Ese Brasil al que Bolsonaro llegó a gobernar en 2019 a base de teorías de la conspiración; de odio y paranoia, ha sido la antesala de lo que ocurriría en Estados Unidos en las elecciones del 2020, en el asalto al Capitolio en el 2021, y de lo que vimos en Brasil el pasado 8 de enero.

Los miles de simpatizantes de Bolsonaro que se congregaron frente a los edificios gubernamentales, lo hicieron pidiendo sacar a Lula del poder argumentando que ganó por fraude. Legítimamente creen que están defendiendo la democracia de Brasil. No se dan cuenta lo poco congruente que suenan cuando rechazan los resultados de la elección presidencial pero no dicen nada sobre la legislativa, en la que le fue muy bien al partido de Bolsonaro.

La gran pregunta para la democracia en Brasil es si el 8 de enero fue ya el último acto de los bolsonaristas o solo el principio de la división y el caos. Para México, la pregunta es si esto representa un atento aviso de lo que podremos ver si en el 2024 los morenistas, que también hacen uso magistral de las redes sociales y no son muy buenos para reconocer sus derrotas, no obtienen los resultados esperados.

El jefe de la autoridad electoral de Brasil rechazó la solicitud del presidente Jair Bolsonaro y su partido político de que anularan los sufragios emitidos en la mayoría de las máquinas de votación electrónica, lo que cambiaría el resultado de los comicios del pasado 30 de octubre.

Alexandre de Moraes había emitido un fallo previo que planteaba implícitamente que el Partido Liberal, al que pertenece Bolsonaro, podría salir perdiendo con la impugnación que presentó.

De Moraes había condicionado el análisis de la petición a que los inconformes presentaran un nuevo informe que incluyera los resultados de la primera vuelta electoral, realizada el 2 de octubre, en la que el Partido Liberal ganó más escaños en ambas cámaras legislativas que cualquier otro partido, y les dio un plazo de 24 horas.

Horas antes de que venciera el plazo, el presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa, y el abogado Marcelo de Bessa, dijeron en conferencia de prensa que no presentarían ningún nuevo informe.

«La absoluta mala fe de la extraña e ilícita petición del demandante… quedó demostrada, tanto por la negativa a enmendar la petición inicial como por la total ausencia de evidencia alguna de irregularidades y la existencia de una narrativa totalmente fraudulenta de los hechos», escribió De Moraes en su fallo.

Sin embargo, no solo fue un rechazo a la petición hecha, sino que también ordenó la suspensión de los fondos federales para la coalición del Partido Liberal hasta que se pague una multa de 23 millones de reales, cerca de 4.3 millones de dólares, por emprender un litigio de «mala fe».

El martes pasado, De Bessa presentó una solicitud de 33 páginas a nombre de Bolsonaro y de Costa en la que se mencionaba un error de software en la mayoría de las máquinas en Brasil, que apuntaba que carecían de números de identificación individuales en sus registros internos.

De Bessa dijo que eso daría a Bolsonaro el 51% de los votos válidos restantes, con lo cual el triunfo sería de él y no de Lula da Silva.

En su fallo, De Moraes señaló que la impugnación de la votación parecía dirigida a alentar movimientos antidemocráticos de protesta y crear desórdenes, y ordenó que se investigue a Costa y al consultor contratado para que efectuara la evaluación.

Después de poco más de tres semanas de la segunda vuelta de la elección presidencial, el mandatario de Brasil Jair Bolsonaro atribuyó su derrota a un error de software y exigió a la autoridad electoral que anule los votos emitidos en la mayoría de las máquinas de votación electrónica del país.

Tal acción dejaría a Bolsonaro con el 51% de los votos válidos restantes, y con la reelección, dijo Marcelo de Bessa, el abogado que presentó la solicitud de 33 páginas a nombre del presidente y del Partido Liberal, al que pertenece el ultraderechista.

La autoridad electoral ya ha declarado ganador al rival de Bolsonaro, el expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, e incluso muchos de los aliados del mandatario han aceptado los resultados.

El líder del Partido Liberal, Valdemar Costa, y un auditor contratado por el partido dijeron a periodistas en Brasilia que su evaluación encontró que todas las máquinas que datan de antes del 2020, casi 280,000 de ellas, o alrededor del 59% del total utilizado el 30 de octubre, carecían de números de identificación individual en los registros internos.

Ninguno de los dos explicó cómo eso podría haber afectado los resultados de las elecciones, pero dijeron que estaban pidiendo a la autoridad electoral que invalide todos los votos emitidos en esas máquinas.

La demanda calificaba el error de software como un «incumplimiento irreparable por mal funcionamiento» que ponía en duda la autenticidad de los resultados.

Al respecto, el titular de la autoridad electoral, Alexandre de Moraes, informó que la impugnación presentada implicaba la posibilidad de que el propio partido de Bolsonaro no saliera bien librado.

De Moraes dijo que el tribunal no consideraría la denuncia a menos que el partido ofreciera un nuevo informe en un plazo de 24 horas que incluyera los resultados de la primera ronda electoral del 2 de octubre, en la que el Partido Liberal obtuvo más escaños en ambas cámaras del Congreso que cualquier otra fuerza política.

Recordemos que la derrota de Bolsonaro por menos de 2 puntos porcentuales frente a Lula el 30 de octubre constituye el resultado electoral más estrecho desde la reinstauración de la democracia en Brasil en 1985.

Aunque el presidente no ha manifestado explícitamente que hubo fraude, se ha rehusado a aceptar su derrota o a felicitar a su oponente, dejando lugar para que sus simpatizantes saquen sus propias conclusiones. Muchos se han estado manifestando incansablemente, asegurando que hubo fraude electoral y exigiendo la intervención de las fuerzas armadas.

Durante más de un año, Bolsonaro insistió en que el sistema de votación electrónica de Brasil se prestaba para el fraude, aunque jamás presentó pruebas. Brasil comenzó a utilizar el sistema de votación electrónica en 1996.

Para su auditoría, el Partido Liberal contrató al Instituto del Voto Legal, un grupo que ha criticado al sistema actual y señala que el uso de máquinas contraviene la ley porque no proporciona un registro digital de cada voto individual.

El todavía vicepresidente de Jair Bolsonaro, Hamilton Mourao, aseguró este miércoles que si bien no comparte los señalamientos de quienes afirman que hubo fraude en las elecciones, sí considera que «uno de los jugadores», en clara alusión a Luiz Inácio Lula da Silva, no debió de haber participado.

«Nosotros estuvimos de acuerdo en participar en un juego con otro jugador que no debería de haber jugado. Si estuvimos de acuerdo no hay nada que reclamar. A partir de ahí no tiene sentido llorar más, perdimos el juego», dijo Mourao en una entrevista para el diario ‘O Globo’.

Mourao, quien fue elegido senador en este proceso electoral, se refirió a las protestas y bloqueos que desde el domingo pasado afectan las principales carreteras del país. Dijo que las protestas tendrían que haberse producido cuando «el jugador que no debería haber jugado» fue autorizado.

«Ahí deberían haber salido a las calles, pero no lo hicieron. Hay 58 millones de inconformes, pero aceptaron participar en el juego, así que tienen que calmarse», pidió.

Los aliados y los electores de Bolsonaro, que han salido a protestar por los resultados de las elecciones e incluso piden una intervención militar, sostienen que Lula da Silva no debería haber participado en las elecciones debido a unas sentencias por corrupción que después se declararon improcedentes.

El Tribunal Supremo de Brasil decidió ponerle en libertad y anular sus condenas en marzo de 2021, recuperando así sus derechos políticos, después de que considerara que el tribunal que le juzgó carecía de competencias y posteriormente evidenciar que existió parcialidad durante un proceso en el que el juez Sergio Moro, posterior ministro de Justicia de Bolsonaro, ejerció como una suerte de fiscal.

Mourao ha hecho balance de estos tres años como vicepresidente de Brasil, un cargo, ha dicho, que le ha ocasionado cierta «frustración» debido a las pocas competencias de las que dispone, a diferencia de otros regímenes presidencialistas.

«Lo que he aprendido es que hay que saber cuál es el papel del vicepresidente. La Constitución dice que el Ejecutivo es ejercido por el presidente y sus ministros, el vicepresidente es solo un apéndice», lamentó Mourao, quien durante estos años ha protagonizado varias disputas con Bolsonaro.

Sin embargo, ha negado discusiones con el mandatario tal y como se ha acusado en redes y medios. «Nunca me estresé con él, ni me quitó el sueño. Tomo whisky todos los días antes de dormir, así que no pierdo el sueño», relató en la entrevista con el diario.

En lo que respecta al tiempo que ha tardado Bolsonaro en salir a dar la cara tras su derrota, Mourao ha defendido que «cada uno actúa a su manera» y que si se demoró casi dos días es porque buscaba la mejor manera de actuar «sin incurrir en ofensas ni ilegalidades».

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, omitió referirse a los resultados de las elecciones presidenciales del pasado domingo, donde perdió ante el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, aunque dijo que «cumplirá» con la Constitución.

En sus primeras declaraciones desde la jornada electoral, Bolsonaro omitió referirse a los resultados, aunque dijo que continuará siguiendo las reglas de la Constitución.

«Siempre me han etiquetado como antidemocrático y, a diferencia de mis detractores, siempre he jugado dentro de las cuatro líneas de la Constitución», dijo Bolsonaro acompañado de más de una docena de ministros y aliados, desde la residencia oficial en Brasilia.

El mandatario ultraderechista «autorizó» el inicio del proceso de transición con el equipo de Lula, según añadió por el jefe de gabinete, Ciro Nogueira, pues Bolsonaro prefirió no abordar el tema a profundidad.

El presidente aprovechó su mensaje para hablar de los bloqueos de camioneros que se viven en varias carreteras del país.

«Los movimientos populares son fruto de indignación y sentimiento de injusticia por cómo se dio el proceso electoral», e indicó que «las manifestaciones pacíficas siempre serán bienvenidas», pero reforzó que sus métodos «no pueden ser los de la izquierda, que siempre perjudicaron a la población, como la invasión de propiedades, la destrucción de patrimonio» y no permitir «el derecho de ir y venir».

Recordemos que Bolsonaro, que aspiraba a la reelección, perdió con un 49.1% de los votos, frente al 50.9% que obtuvo Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT).

Camioneros que apoyan al presidente brasileño Jair Bolsonaro bloquean cientos de carreteras en Brasil en protesta por los resultados de las elecciones del pasado domingo, en las que el mandatario fue derrotado por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Desde la victoria de Lula el domingo por la noche, muchos camioneros han afectado el tráfico en zonas de todo el país, alegando que no reconocerán la derrota de Bolsonaro.

Los bloqueos se producen ya que el mandatario no ha hablado públicamente desde que se difundieron los resultados oficiales hace más de 36 horas.

La carretera hacia y desde el aeropuerto internacional de Sao Paulo, el estado más poblado y con la economía más grande de Brasil, fue bloqueada y se cancelaron decenas de vuelos. Las redes sociales difundieron videos que mostraban a los viajeros caminando con sus maletas por la noche a lo largo de la carretera hacia el aeropuerto.

En 2018, una huelga de camioneros de 11 días paralizó Brasil, provocó un aumento en los precios de los alimentos y dejó los estantes de los supermercados sin productos mientras las gasolineras se quedaron sin combustible. La protesta causó pérdidas multimillonarias y reveló el gran poder que poseen los conductores de camiones, particularmente cuando se organizan a través de las redes sociales.

Bolsonaro, legislador en ese momento y meses antes de ganar las elecciones presidenciales de ese año, era un partidario abierto de los camioneros, que se convirtieron en su base electoral. Este año, su gobierno limitó los impuestos interestatales al combustible a fin de ayudar a bajar los precios y lanzó un programa de ayuda financiera para los camioneros justo antes de la campaña electoral presidencial.

La mayoría de los jueces del Supremo Tribunal Federal votó este martes para ordenar a la policía federal de caminos que despeje de inmediato las carreteras bloqueadas.

Hasta las 8 de la mañana de hoy, la policía de caminos había retirado casi 200 bloqueos, según el Ministerio de Justicia.  Los fiscales federales en los estados de Sao Paulo y Goiás dijeron que habían abierto investigaciones sobre los bloqueos.

Bolsonaro perdió la contienda por un margen muy estrecho, al obtener el 49.1% de los votos frente al 50.9% de Lula, por lo que es considerada la elección presidencial más reñida desde el regreso de Brasil a la democracia hace más de tres décadas.

Al igual que el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, Bolsonaro cuestionó repetidamente la confiabilidad del sistema electoral del país, alegando que las máquinas de votación electrónica son propensas al fraude. Nunca aportó ninguna prueba, ni siquiera cuando se lo ordenó el tribunal electoral. El presidente de extrema derecha admira abiertamente a Trump.

Se espera que sea este martes cuando Bolsonaro emita su primera declaración sobre la contienda electoral y su futuro político. El ministro de comunicaciones adelantó ayer que hoy habría un posicionamiento oficial.

El Tribunal Superior Electoral (TSE) confirmó que Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones presidenciales, por un margen de 2.1 millones de votos sobre el actual gobernante, Jair Bolsonaro, según los datos oficiales divulgados con el 100 % de las urnas escrutadas.

El ahora presidente electo de Brasil, que asumirá el poder el 1 de enero de 2023, venció con un 50.9% de los sufragios, mientras que el líder ultraderechista se quedó con el 49.1%.

Al respecto, el Partido de los Trabajadores (PT), del presidente electo, espera poder iniciar el proceso de transición en un plazo de 48 horas, como indica la ley.

La presidenta del PT, Gleissi Hoffmann, explicó que la formación realizó este lunes una primera reunión interna y deberá definir en un plazo de 48 horas el nombre del coordinador y del equipo de transición, que estará integrado por 50 personas.

«Por ley tenemos 48 horas para iniciar eso (la transición), para organizarnos y después conversar con el gobierno», precisó la dirigente del PT.

Con muchas horas después que perdiera la reelección, Bolsonaro ha preferido permanecer en silencio y no admitir su derrota, aunque tampoco ha cuestionado los resultados de la contienda, como algunos expertos habían advertido podría suceder.

Bolsonaro no ha dirigido una palabra a los periodistas que acamparon afuera de la residencia oficial ni a los simpatizantes que se reúnen regularmente en las inmediaciones. Tampoco ha publicado nada en sus redes sociales.

La única señal de protesta provino de los camioneros partidarios de Bolsonaro que bloquearon algunas carreteras en diferentes puntos del país.

Sin embargo, recordemos que Bolsonaro ha cuestionado repetidamente la confiabilidad del sistema de votación electrónica de Brasil. Incluso llegó a decir que poseía pruebas de fraude, aunque no proporcionó ninguna evidencia.

Hasta el mes pasado, comentó que si no ganaba en la primera vuelta de las elecciones, sería algo «anormal», incluso cuando la mayoría de las encuestas lo ubicaban en desventaja.

El ministro de comunicaciones del gobierno, anunció que será hasta mañana que Bolsonaro emita una declaración sobre la jornada electoral.

Tal como se anticipada y vaticinaban las encuestas, Luiz Inácio Lula da Silva se impuso por un escaso margen al presidente Jair Bolsonaro en la segunda vuelta de la elección presidencial de Brasil, con lo que marca el regreso de la izquiersa al país.

Bolsonaro se convirtió en el primer presidente en ejercicio que pierde una elección, mientras Lula ha prometido revocar su legado, incluidas las políticas a favor de las armas y la débil protección de la selva amazónica.

Lula, que presentó la contienda como una batalla por la democracia después de que su rival hizo afirmaciones infundadas de que el sistema electoral se prestaba al fraude, dijo que las elecciones eran una señal de que los brasileños «quieren más y no menos democracia», en un discurso de victoria en el que celebró lo que llamó su «resurrección».

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) declaró a Lula como próximo presidente, con el 50.9% de los votos frente al 49.1% de Bolsonaro.

La toma de posesión de Lula está prevista para el 1 de enero, mientras ha prometido que en esta periodo de transición, unirá a un país profundamente dividido.

El resultado en la nación más grande de América Latina significa que la izquierda gobernará todas las economías importantes de la región después de una serie de éxitos electorales desde México hasta Argentina en los últimos años.

Recordemos que Lula formó parte de la llamada ‘marea rosa’, con la que llegaron al poder líderes como Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela.
Luego llegó la crisis financiera mundial que azotó a América Latina, región dependiente de las exportaciones, lo que desencadenó en un cambio reactivo hacia la derecha.
Pero esos gobiernos no afrontaron eficientemente la situación, agravada por una pandemia que puso de manifiesto la desigualdad en el acceso a la salud y la educación.

Pese a que el presidente Bolsonaro se ha mantenido en completo silencio, las felicitaciones a Lula llegaron de diversos líderes extranjeros, como el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, su par de Rusia, Vladimir Putin, el canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente francés, Emmanuel Macron.

De la región, los presidentes Andrés Manuel López Obrador (México), Nicolás Maduro (Venezuela), Alberto Fernández (Argentina), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Gabriel Boric (Chile), Xiomara Castro (Honduras), Mario Abdo (Paraguay), Luis Abinader (República Dominicana), Alejandro Giammattei (Guatemala), Luis Lacalle Pou (Uruguay), Pedro Castillo (Perú), Guillermo Lasso (Ecuador), entre otros, se sumaron a las felicitaciones.

Analistas anticipan que los mercados financieros podrían vivir una semana volátil, con los inversores calibrando las especulaciones sobre la conformación del  gabinete de Lula y el riesgo de que Bolsonaro no reconozca los resultados e incluso los impugne.

Los observadores electorales internacionales dijeron que las elecciones del domingo se llevaron a cabo de forma eficiente. Una delegación de México, encabezada por el INE, acompañó la contienda.

Si se cumple lo que anticipan la mayoría de las encuestas, publicadas de incluso antes de que anunciara oficialmente que se presentaría a estas elecciones, Luiz Inácio Lula da Silva volverá a ser presidente de Brasil a partir de este domingo.

Sin embargo, la ventaja con la que contaba el izquierdista se ha venido cerrando en los últimos días. Especialistas afirman que Bolsonaro ha hecho buena buena campaña, mientras que Lula se ha moderado.

Lula hizo ya buenos los pronósticos y se impuso en primera vuelta con alrededor de seis millones de votos más que su rival, Jair Bolsonaro, a quien las encuestas le subestimaron y logró más de lo esperado.

Muchos lo enterraron políticamente cuando fue encarcelado por corrupción, pero Lula anhela un tercer mandato para «arreglar» el país y devolver «la felicidad» a los brasileños, que afirma, conocieron durante sus primeros gobiernos.

Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años recién cumplidos, resucitó cual ‘ave fénix’ en la política tras la anulación de su condena por la Corte Suprema.

«Precisamos arreglar este país (…) para que el pueblo brasileño vuelva a sonreír», dijo en esta recta final el exsindicalista, que durante su campaña ha prometido recuperar el poder adquisitivo para que la gente «pueda volver a comer una picaña y tomar una cervecita» los fines de semana.

Dos veces presidente entre 2003 y 2010, Lula dejó el poder con una popularidad de casi 90% tras una gestión en la que 30 millones de los más de 200 millones de brasileños salieron de la pobreza.

De ganar, especialistas han advertido que no podrá contar con la misma bonanza: si bien la economía da señales de mejoría, con crecimiento, menos inflación y más empleo, está lejos de la prosperidad de los años 2000.

Además, ahora arrastra la sombre de la investigación «Lava Jato», la mayor operación anticorrupción de la historia del país, enfocada en una gigantesca red de sobornos en torno a la petrolera estatal Petrobras.

Fue condenado en 2017 a nueve años y medio de prisión por la obtención de un apartamento de una constructora a cambio de contratos públicos, aunque siempre defendió su inocencia. Estuvo 19 meses en prisión y en 2021 recuperó sus derechos políticos con la anulación de su sentencia por irregularidades procesales.

Por su parte, Jair Bolsonaro quien había transitado por la vida política sin pena ni gloria, se convirtió en el primer líder de extrema derecha elegido en Brasil, y tras un mandato convulso se dice seguro de su reelección.

El excapitán del Ejército, quien recuerda y alaba la dictadura militar, intentará el próximo domingo imponerse. Ha planteado los comicios como una batalla entre «el bien y el mal».

Tras casi cuatro años en el poder, mantiene su gusto por los exabruptos, los desafíos a las instituciones y la polarización de la sociedad brasileña.

Admirador del expresidente estadounidense Donald Trump, Bolsonaro sigue contando con el apoyo de buena parte de quienes lo llevaron al poder en 2018: los influyentes ‘lobbies’ de las armas, el agronegocio y el vasto electorado evangélico.

Tras advertir durante meses que podría estar gestándose un fraude, alegando sin pruebas fallas en el sistema electrónico de votación, en la recta final de la campaña dio a entender que aceptaría una eventual derrota.

«Si la comisión de transparencia, en la que también participan las Fuerzas Armadas, no presenta nada de anormal, no hay por qué dudar del resultado de las elecciones», dijo Bolsonaro en una entrevista televisiva estos días.

Pese a su larga carrera política, Bolsonaro llegó al poder presentándose como un «outsider», con un fuerte discurso anticorrupción. Atrajo en 2018 al 55% de los brasileños, a pesar de sus declaraciones racistas, misóginas y homófobas.

Su gobierno, sujeto a múltiples reacomodos, recayó en manos de varios militares, como el vicepresidente, Hamilton Mourao.

Su mandato ha estado marcado por crisis, empezando por la pandemia de COVID-19, que definió de «gripecita».

Tras oponerse a las medidas de prevención y cuestionar la eficacia de las vacunas, Bolsonaro aseguró no ser «culpable de nada», pese a que una comisión de investigación parlamentaria recomendó su inculpación por «crímenes de lesa humanidad».

Su alianza con un grupo de partidos tradicionales le aseguró apoyo suficiente para frenar las cerca de 140 solicitudes de juicio político presentadas en el Parlamento.

Bolsonaro también es objeto de varias investigaciones en el Supremo Tribunal Federal, en particular por desinformación. Por este motivo, atacó frontalmente a la justicia, hasta el punto de amenazar con dejar de acatar las decisiones de la máxima corte y tildar a sus jueces de «canallas».

En el plano internacional, ha llamado la atención que se mostró «neutral» sobre la invasión de Ucrania ordenada por el presidente ruso, Vladimir Putin.

Ademas, una de las polémicas más violentas la protagonizó con el presidente francés, Emmanuel Macron, en 2019, por la deforestación del Amazonas, que aumentó más de 70% durante el mandato de Bolsonaro, según estadísticas oficiales.

En números reales las cifras de desforestación del gobierno Lula fueron mayores, pero en su gobierno la desforestación cayó 70%, según las mismas fuentes.

Pero, ¿qué se espera para este próximo domingo? En Broojula, Ana Paula Ordorica analiza con Rodrigo Castro Cornejo, Profesor-Investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE, la contienda y el futuro de Brasil.

La primera dama de Brasil, Michelle Bolsonaro, se sumó la campaña rumbo a la segunda vuelta de la elección presidencial, y encabezó este miércoles un acto político donde llamó a «extirpar el cáncer» de la izquierda y a impedir que el país caiga en «las tinieblas».

Será el próximo 30 de octubre cuando el líder de la ultraderecha y actual presidente del país se medirá con el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, candidato de un frente progresista y quien lidera todos los sondeos.

En un evento con líderes de otras religiones, militares y policías, que conforman parte de la base de la ultraderecha brasileña, Michelle Bolsonaro aseguró que es «dueña de casa» y «ayudante» de su marido, pero que el momento que enfrenta Brasil la «obliga» a sumarse a la «lucha por la libertad de la nación», que consideró amenazada por una posible victoria de Lula, líder del Partido de los Trabajadores (PT).

«Estamos luchando contra las fuerzas de las tinieblas», contra «un hombre mentiroso que quiere volver a la escena del crimen para volver a robar», afirmó en referencia a los asuntos de corrupción en que se ha visto involucrado Lula.

También aseguró que el exmandatario «está con sed de venganza» de «todos los que se levantaron contra él» y pidió a los brasileños que «luchen por la libertad», para que «ese cáncer de la izquierda, del partido de las tinieblas, sea extirpado».

Según Michelle Bolsonaro, Brasil es hoy «la última barrera contra el comunismo» y sólo el triunfo de su esposo impedirá que en el país «sean cerradas las iglesias» y «perseguidos los religiosos», como «ocurre hoy en Nicaragua».

Este mismo miércoles, con el objetivo de contrarrestar su mala imagen entre los evangélicos, Lula se reunió con cientos de líderes de esa corriente cristiana y se comprometió con la libertad de culto y religión, a reforzar el papel de la familia y a no interferir políticamente en el uso de la fe.

El llamado de la esposa de Bolsonaro llega a la par de saberse que la ventaja de Lula da Silva sobre el mandatario se redujo a menos de 5 puntos porcentuales, según una nueva encuesta de opinión de la firma AtlasIntel.

En la nueva encuesta, primera desde la votación del pasado 2 de octubre, AtlasIntel reporta que el 51.1% de los votantes está a favor de Lula y el 46.5% se inclina por Bolsonaro. Excluyendo los indecisos y los votos nulos, Lula tiene un 52.4% de apoyo y Bolsonaro un 47.6%.

Jair Bolsonaro y Luis Inácio Lula da Silva se medirán este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en las que el izquierdista es favorito, según los sondeos que el mandatario ultraderechista se empeña en rechazar.

A dos días de la disputa más polarizada en décadas en la mayor economía de América Latina, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una ventaja de 14 puntos sobre el actual presidente, abriendo la posibilidad de que le pueda vencer en la primera vuelta.

Según la última encuesta del Instituto Datafolha, Lula, un exobrero metalúrgico de 76 años que cofundó el Partido de los Trabajadores y lideró el país entre 2003 y 2010, tiene el 48% de las intenciones de voto frente al 34% de Bolsonaro.

El exmandatario parece encaminado a llegar al poder por tercera vez. La duda parece ser más bien si lo logrará en la primera vuelta: necesita superar el 50% de los votos válidos. Por eso, en los últimos días, Lula ha intentado atraer el voto útil de seguidores del centroizquierdista Ciro Gomes (6%) y la centrista Simone Tebet (5%) que quieran evitar una segunda vuelta el 30 de octubre.

En la campaña, Lula se ha hecho del apoyo de celebridades como los músicos Caetano Veloso y Anitta, y se ha rodeado de figuras inesperadas, como el exjuez del Supremo Tribunal Federal Joaquim Barbosa, que lideró el juicio del escándalo de compra de votos en el Congreso que marcó el primer gobierno de Lula. Bolsonaro, en cambio, obtuvo el jueves el apoyo explícito de la estrella del fútbol, Neymar.

Excapitán del Ejército y exdiputado de 67 años, Bolsonaro, ha centrado su estrategia en la exaltación de las armas, los valores morales y los ataques a su adversario. Es respaldado por influyentes sectores como el evangélico, empresarial y agropecuario.

Lula, que dejó la presidencia con una aprobación superior al 80%  ha visto golpeada su imagen por el escándalo de corrupción «Lava Jato», ligado a una red de sobornos en la petrolera Petrobras, asegura que volverá al poder para «arreglar el país» y cita los logros sociales de sus gobiernos, sin aclarar su futuro programa.

Lula da Silva dijo este viernes que teme una transición «tumultuosa» en caso de que derrote a Jair Bolsonaro.

«La gente del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) hacía política, cuando ganaba festejaba, y cuando perdía, permitía que festejase quien ganaba. No es ése el comportamiento de Bolsonaro, él puede intentar crear cualquier tumulto durante la transición», dijo Lula, durante una rueda de prensa en Rio de Janeiro.

En Broojula, Ana Paula Ordorica platica con Cecilia Soto, analista, exembajadora de México en Brasil, sobre la situación de Brasil y cuáles son los retos que enfrentan los ciudadanos de ese país ante la elección del próximo domingo.

Iniciaron las campañas presidenciales en Brasil, en la que ha sido considerada como una disputa de electoral de alto voltaje, con el ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva como protagonistas de la contienda más polarizada en décadas.

El presidente Bolsonaro encabezó un mitin en la misma esquina en la que fue apuñalado en la campaña de 2018, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais: «La ciudad donde renací», dijo al inicio de su discurso cargado de declaraciones patrióticas y alusiones a Dios y a la Biblia.

Bolsonaro reiteró su promesa de luchar contra la inflación de dos dígitos, el aborto, las drogas y defender la «propiedad privada», advirtiendo de una «amenaza comunista» en Brasil si pierde los comicios.

Su esposa, Michelle Bolsonaro, suscitó igual o incluso más entusiasmo. «Ella es la persona más importante aquí», dijo el mandatario sobre la primera dama, una ferviente evangélica que cobró protagonismo en la precampaña.

Por su parte, Lula encabezó un acto también cargado de simbolismo en una fábrica automotora en Sao Bernardo do Campo, región metropolitana de Sao Paulo donde se forjó como líder sindical en los años 1970.

El expresidente, de 76 años, líder de las encuestas, recuperó sus derechos políticos en 2021 tras la anulación de sus condenas en la trama anticorrupción «Lava Jato»-

La consultora IPEC indicó ayer que Lula reúne 44% de las intenciones de voto en la primera vuelta que está programada para el 2 de octubre, frente a un 32% de Bolsonaro, según su última encuesta. El Instituto Datafolha colocó el mes pasado a Lula con 47% y a Bolsonaro con 29%, lo que muestra que la ventaja del izquierdista se ha recortado.

Bolsonaro ha definido la campaña como una batalla entre el «bien y el mal», asegurando que la vuelta de Lula al poder podría significar la instalación del «comunismo» en Brasil.

Lula promete restaurar los logros sociales para las clases más vulnerables que caracterizaron su gobierno, a la vez que ataca duramente a Bolsonaro por las 680,000 muertes en Brasil durante la pandemia.

La principal preocupación de los brasileños, según las encuestas, es la situación económica, marcada en los últimos años por altos niveles de desempleo y una inflación que ha restado popularidad a Bolsonaro.

Además del pedido explícito de votos en actos públicos, a partir de este martes queda permitida la propaganda por internet, donde especialmente Bolsonaro cuenta con millones de seguidores en redes sociales.

Más de 156 millones de brasileños están habilitados para votar el 2 de octubre, primera vuelta de unas elecciones en las que también se disputan cargos de diputados, senadores y gobernadores de los 26 estados del país.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, superó la obstrucción intestinal por la que fue internado en Sao Paulo y no necesita someterse a una cirugía, informó este martes el hospital, que de momento no tiene prevista una fecha para darle de alta.
«El cuadro de suboclusión intestinal» del mandatario «se revirtió, por lo que no se indica cirugía», informó el Hospital Vila Nova Star en un boletín.

«La evolución clínica y laboratorial del paciente sigue siendo satisfactoria y hoy iniciará una dieta líquida. Todavía no está previsto que reciba el alta», añadió el parte médico.

Recordemos que Bolsonaro, de 66 años, recibió una puñalada en el abdomen durante la campaña presidencial de 2018, por lo que ayer en la madrugada ingresó al hospital tras presentar un malestar abdominal durante sus vacaciones de fin de año.

Tras ser hospitalizado, publicó una foto en la que aparecía con una sonda en la nariz y dijo que le estaban realizando exámenes «para una posible cirugía».

El cirujano Antonio Luiz Macedo, que trata a Bolsonaro y lo ha operado en otras ocasiones, interrumpió sus vacaciones en el extranjero y volvió a Brasil la madrugada del martes para examinarlo.

Una foto publicada en la cuenta de Tik Tok de Bolsonaro muestra a Macedo practicándole una palpación abdominal. En otra foto, publicada  por su esposa Michelle, el presidente aparece caminando en un pasillo del hospital, con la sonda gástrica y una perfusión intravenosa.

Bolsonaro, en el poder desde 2019, ha sido ingresado al hospital en anteriores ocasiones; a mediados de julio pasado, fue internado para ser tratado por una obstrucción intestinal. En esa ocasión, permaneció cuatro días en el hospital y tampoco precisó ser operado.

Debido a la puñalada que recibió en 2018, el gobernante ultraderechista pasó por al menos cuatro cirugías, entre ellas la colocación y posterior retirada de una bolsa de colostomía, que lo volvieron más proclive a sufrir trastornos intestinales.

El presidente estaba de vacaciones desde el pasado 27 de diciembre en el estado de Santa Catarina, en el sur de Brasil, donde se lo vio disfrutando de paseos en la playa, montando una moto de agua y en un parque de diversiones junto a su familia.

Bolsonaro fue blanco de duras críticas por disfrutar de sus vacaciones mientras el estado de Bahia era escenario de intensas lluvias que provocaron 25 muertes y grandes destrozos en decenas de municipios y carreteras regionales.

Cuestionado además por su manejo de la pandemia de COVID-19, que deja ya casi 620,000 muertos en Brasil, y también por la crisis económica reinante, Bolsonaro registra su nivel de popularidad más bajo desde que asumió en enero de 2019, con un 53% de reprobación, según el Instituto Datafolha.

La Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de la gestión de la pandemia en Brasil aprobó ayer por la noche el informe final en el que se acusa al presidente, Jair Bolsonaro, de un total de nueve delitos, entre ellos el de crímenes contra la humanidad.

La CPI, instaurada en el Senado, dio luz verde al informe, elaborado por el principal relator de la comisión, el senador Renan Calheiros, por siete votos a favor y cuatro en contra.

La aprobación del informe, con la que la Comisión concluye seis meses de trabajo, supone la solicitud de imputación de un total de 78 personas, entre ellas Bolsonaro, y dos empresas por distintos delitos cometidos durante la pandemia de COVID-19.

El informe, de casi 1,290 páginas, será ahora remitido a la Justicia del país, el Tribunal Supremo y la Fiscalía brasileña, y también al Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya, para que se valoren las solicitudes.

En concreto, el documento pide a estos organismos que se acuse a Bolsonaro de nueve crímenes relacionados con la pandemia, comisión de delito epidémico con resultado de muerte, violación de medidas sanitarias preventivas, curanderismo, prevaricación, empleo irregular de fondos públicos, incitación al delito, falsificación de documentos privados, delito de responsabilidad y delitos de lesa humanidad, este último delito juzgado por el TPI.

El informe incluye como pruebas imágenes del presidente animando a multitudes, declaraciones contra las vacunas o el apoyo del presidente a la cloroquina, medicamento ineficaz para la COVID-19. También detalla el retraso en la adquisición de vacunas o la oposición del gobierno a las medidas sanitarias, además del colapso del sistema.

Con respecto a Bolsonaro, también reclama a los abogados del Senado que exijan su salida de redes sociales debido a su «relevante papel» en la difusión de noticias falsas sobre la pandemia.

Por otro lado, en el texto se demanda también la acusación de los tres hijos del presidente, así como de ministros del gobierno, entre ellos el actual titular de Salud, Marcelo Queiroga; o el exministro del mismo departamento Eduardo Pazuello, así como el extitular de Exteriores Ernesto Araújo. El informe también acusa a empresarios, médicos y diputados federales, además de a dos empresas que firmaron contratos con el Ministerio de Salud, Need Medicines y VTCLog.

Rápidamente el presidente Jair Bolsonaro reaccionó; calificó de «payasada» el informe de la comisión. «Eso es una payasada», declaró el mandatario en una entrevista con la emisora Jovem Pan, quien sin embargo admitió que un informe de esa naturaleza «causa muchos problemas».

Bolsonaro aseguró que no está preocupado con su futuro, pues el informe de la comisión parlamentaria «no vale nada», pero reconoció que «hacia afuera de Brasil la imagen es pésima» y afecta hasta a la economía del país.

«Hay quien cree que aquí tenemos una dictadura, que yo meto presos a los periodistas, que cerceno la libertad de expresión, que maté gente en la pandemia, y eso influye en la gente que quiere invertir en Brasil y luego no invierte», declaró.

Al arranque de la pandemia el presidente López Obrador nos recomendó a los mexicanos que carguemos un amuleto para prevenir que nos enfermemos de COVID19. También dijo que si no mentimos; no robamos y no hacemos trampa, prevenimos contagiarnos. Esas declaraciones no las escribió en Twitter o Facebook lo que le evitó la vergüenza que le sucedió esta semana a Jair Bolsonaro cuando Facebook e Instagram le suspendieron su programa EnVivo por asegurar que quienes han recibido el esquema completo de vacunación están desarrollando Sida.

Pero fuera de esa diferencia entre un AMLO que dice barbaridades y un Bolsonaro que además las publica en redes sociales, hay mucho que asemeja al presidente de Brasil con el mexicano. Los dos han hecho un manejo criminal de la pandemia. Han minimizado sus riesgos, han insistido en continuar con eventos políticos masivos como si el virus no estuviera circulando, han menospreciado estudios científicos sobre la enfermedad y sus tratamientos y han mantenido a cargo a incondicionales a pesar de que se ha demostrado su falta de oficio para el monumental reto. Este manejo criminal de la pandemia ha significado muertes en exceso que eran evitables.

En Brasil la situación de salud es igual de lamentable como en México. Pero allá el Senado brasileño piensa que el presidente Jair Bolsonaro y 60 de sus colaboradores, incluyendo al ministro de salud, pueden ser acusado de crímenes de lesa humanidad, entre otros ocho señalamientos, por su manejo de la pandemia. Así lo presentó una panel especial sobre el manejo de la pandemia del senado en un documento de más de mil páginas.

El panel concluyó que un mejor manejo de la pandemia habría reducido la transmisión del coronavirus en un 40 por ciento y esto podría haber salvado un estimado de 120 mil vidas con tan solo haber impuesto medidas de prevención como el uso de cubrebocas; la vacunación y distanciamiento social.

A partir de la publicación de este informe la popularidad de Bolsonaro se ha ido en picada, de 33% está ahora en 22%, según Datafolha. Esto debe tener a Bolsonaro muy preocupado de cara a las elecciones del año próximo en donde esta burla de presidente tendrá que pelear no solo por permanecer en la silla presidencial, también para evitar ser enviado a prisión.

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