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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, interrumpió abruptamente esta tarde una rueda de prensa en La Casa Blanca, a la que regresó poco después para anunciar que el Servicio Secreto le acababa de disparar a una persona aparentemente armada fuera del predio presidencial.

El presidente estaba dando su rueda de prensa habitual cuando se le acercó un miembro del Servicio Secreto a cargo de su seguridad.

«¿Discúlpeme?», le dijo Trump, antes de que el agente le susurrara algo al oído y ambos salieran tranquilamente de la habitación.

Minutos después, Trump reapareció en la sala de prensa, donde los periodistas habían quedado confinados, y anunció que alguien había recibido un disparo afuera de la residencia presidencial.

«Los agentes del orden le dispararon a alguien, parece ser el sospechoso. Y el sospechoso está de camino al hospital», señaló el mandatario.

Trump dijo que no sabía nada sobre la identidad o los motivos de la persona baleada, pero cuando se le preguntó si la persona estaba armada, respondió: «Por lo que tengo entendido, la respuesta es sí (…) Puede que no haya tenido nada que ver conmigo», agregó Trump, y recalcó que el incidente tuvo lugar «en el exterior» del perímetro de La Casa Blanca.

Fuera de La Casa Blanca, la situación era tranquila, pero una parte de las calles de la zona fueron bloqueadas, con varios policías y vehículos oficiales.

Philipos Melaku, un activista que ha estado acampando frente a la Casa Blanca desde hace años, dijo que escuchó un disparo alrededor de las 18:00 hora local. «Escuché un disparo y antes de eso escuché gritos, eso no era audible», declaró a la agencia AFP.

«Era una voz masculina», añadió. «Después de eso, inmediatamente, apuntando sus AR-15, al menos ocho o nueve hombres entraron corriendo».

Tras el operativo de seguridad, Trump regresó casi de inmediato al podio de La Casa Blanca donde reanudó su conferencia de prensa según lo programado. Cuando se le preguntó si estaba perturbado por el incidente, respondió: «El mundo siempre ha sido un lugar peligroso. No es algo que sea único».

Trump elogió al Servicio Secreto como «gente fantástica, lo mejor de lo mejor», y dijo sentirse muy seguro con el Servicio Secreto, enfatizando que muchos agentes de «aspecto estupendo están listos» para hacer lo que sea necesario.

Foto: Twitter @JenniferJJacobs

El presidente Donald Trump anunció este miércoles que evalúa dar desde La Casa Blanca su discurso de aceptación de la candidatura republicana para las elecciones del 3 de noviembre.

«Estamos pensando en ello. Sería lo más fácil desde el punto de vista de la seguridad», dijo Trump en una entrevista con Fox News, que de confirmarse, rompería una larga tradición.

El discurso de investidura del 27 de agosto, la formalidad más importante de un candidato presidencial, iba a ser originalmente un acto masivo de la convención nacional republicana en Charlotte, Carolina del Norte.

Pero el plan tuvo que descartarse debido a la pandemia del nuevo coronavirus, al igual que un intento de trasladar el evento a Florida.

En la entrevista con Fox News, el presidente también pidió adelantar el primer debate, previsto para el 29 de septiembre, ya que para dicha fecha la votación por correo ya habría iniciado en algunos estados del país.

En Estados Unidos, los presidentes que buscan la reelección deben separar los actos de su campaña de las actividades oficiales financiadas por los contribuyentes, por lo que usar La Casa Blanca como escenario para el discurso de aceptación sería algo cuestionable.

Trump dijo en Fox News que la logística y los costos eran su principal preocupación. «Es una operación muy grande», dijo. «Estamos pensando en hacerlo desde la Casa Blanca porque no supone traslados. Es fácil. Y creo que es un entorno hermoso». Es «de lejos lo menos costoso para el país», agregó.

Sin embargo, Trump apuntó que está dispuesto a pronunciar el discurso en otro sitio en caso de que se presentara alguna objeción.

Los demócratas se están preparando para una convención casi completamente virtual del 17 al 20 de agosto en Milwaukee, Wisconsin. Los delegados republicanos, en tanto, prevén reunirse en una sesión reducida en Charlotte para nominar a Trump el 24 de agosto.

ARTURO SARUKHÁN

EL UNIVERSAL

 

Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933. Sin perder tiempo alguno, los dirigentes nazis desarrollaron una actividad frenética para consolidar el poder. El 4 de febrero, un decreto para la protección del pueblo alemán restringió los derechos de la prensa y autorizó a la policía prohibir reuniones y manifestaciones. En los días posteriores, presionaron al presidente Hindenburg para que convocara elecciones anticipadas. Ya en plena campaña electoral, plagada de irregularidades y coacciones, la sede del parlamento, el Reichstag, fue destruida por las llamas la noche del 27 de febrero. Hitler, Goering y Goebbels no esperaron a las primeras indagaciones. Esa misma noche, delante del calcinado Reichstag, culparon a los comunistas. Más allá de si el izquierdista neerlandés Marinus van der Lubbe fue el autor en solitario o fue manipulado por los nazis para incendiar el parlamento alemán, el atentado fue el pretexto para suprimir derechos constitucionales, iniciar la persecución de miles de opositores e imponer un régimen totalitario. Un día más tarde, consiguieron que Hindenburg rubricara el decreto para la Protección del Pueblo y del Estado, que suspendía los derechos de reunión, la libertad de expresión y de prensa y otras garantías constitucionales. La democracia de la República de Weimar no sobrevivió ni un mes al nombramiento de Hitler como canciller y al nacimiento del régimen totalitario nazi.

No pretendo sugerir aquí que Donald Trump sea Hitler ni que Estados Unidos hoy es la Alemania de entre-guerras. Pero que la democracia estadounidense encara en la actual coyuntura la intentona por parte de Trump para replicar un nuevo episodio de “fuego en el Reichstag” es inescapable. Y me refiero particularmente a tres eventos en los últimos diez días que han encendido focos rojos parpadeantes. El primer aviso vino con su ignominiosa entrevista de hace dos domingos con Fox News en la cual armó, a pregunta expresa de Chris Wallace, que no sabía si aceptaría los resultados de la elección y que todas las encuestas, incluida la de Fox -que le son desfavorables- son “fake news”. El segundo foco rojo no se ha apagado desde la ópera bufa del desalojo de la Plaza Lafayette en Washington en los días posteriores al asesinato de George Floyd y a las convulsiones sociales que detonó este nuevo incidente de brutalidad policiaca contra afroamericanos. El despliegue de agentes federales (particularmente de ICE y la Patrulla
Fronteriza) en Portland y otras ciudades donde no han amainado las protestas, es el capitulo más reciente del teatro autoritario de Trump en el cual quiere poner en escena imágenes de disturbios en ciudades gobernadas por Demócratas y alimentar su narrativa de “nosotros vs ellos”, de polarización y descontrol social, y de suburbios -de blancos, claro está- (que son clave si pretende reelegirse) amenazados por hordas de manifestantes urbanos de color que solo él puede defender. Y el tercer foco se prendió la semana pasada con un tuit del presidente sugiriendo
-ante la posibilidad de que más estados opten por el uso del voto por correo postal para mitigar el impacto del COVID- aplazar la elección presidencial porque, según él, esa modalidad de voto abonará a un fraude electoral.

Todo este caos, cilindrado por la Casa Blanca, es táctico y mete de lleno a EEUU al mundo del performance autoritario, un prototipo que ha existido en otras latitudes pero que apenas ahora yergue la cabeza en una de las democracias más emblemáticas del mundo. En muchos sentidos las acciones de Trump en este año de disrupción profunda han sido la crónica de un tuit anunciado.

Habrá quienes insistan que todo esto de nuevo configura el juego de espejos y humo al cual es tan adepto Trump. No les falta razón. De entrada, es un hecho que el presidente no tiene atribuciones constitucionales o legales para aplazar una elección general. Y el que el tuit en cuestión se diese el mismo día en el que se divulgaba la peor caída del PIB estadounidense en décadas abona a esa lectura. Pero el tuit es más que un mero distractor. Trump ha pasado toda su gestión polarizando al país y socavando a la democracia estadounidense, alegando que las elecciones -tanto la del 2016 que perdió por más de 3 millones de votos populares como la intermedia de 2018, en la
que perdió el control de la Cámara de Representantes y muchas gubernaturas- son fraudulentas, atacando a los medios de comunicación y minando la credibilidad de las instituciones y procesos democráticos. Y el COVID y la economía le están pasando un factura onerosa en las encuestas a Trump. Cuando este presidente dice, no obstante del deslinde de este fin de semana por parte del jefe de gabinete de la Casa Blanca, que está considerando retrasar las elecciones, los estadounidenses -y el resto del mundo- deberían dejar de hacerse el tonto y prestar atención.

Trump no podrá detener unos comicios pero bien podría socavar la democracia. Simplemente flotando la posibilidad de posponer una elección presidencial, una idea hasta ahora anatema en Estados Unidos y que evoca a países autoritarios con Estados de derecho frágil, podría erosionar el ingrediente más importante en una democracia: la convicción de la mayoría de que el resultado de una elección, independientemente de sus defectos manifiestos, será fundamentalmente legal. Cualquier sistema constitucional se mantiene unido por un salto de fe. Lo que está haciendo el presidente es sembrar desconfianza sobre la legitimidad del mero hecho de llevar a cabo una elección. Y el caos en Portland y las declaraciones y tuits del presidente podrían ser la primera escaramuza en una colisión por venir aún más incendiaria.

En las postrimerías de la elección de 2016, le recalqué a muchos amigos, tanto Demócratas como Republicanos, que los estadounidenses habían olvidado las lecciones que nos deja la historia del siglo XX con respecto a lo que ocurre cuando una democracia elige a demagogos chovinistas y xenófobos. Hoy, con una elección que se le está escapando de las manos a Trump, lo que ocurra en el camino a los comicios en Estados Unidos -y durante y posteriormente a la jornada electoral- tendrá repercusiones no solo para ese país, sino para la democracia liberal en el resto del mundo. De aquí a noviembre, todos, sin excusas, tenemos que hacer lo que nos toca para garantizar la derrota de Trump -y la de sus sicofantes y facilitadores- en las urnas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe en La Casa Blanca a su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a quien recientemente calificó como su «amigo».

El republicano dijo, previo al encuentro, que sería «una gran reunión» y reiteró que AMLO es «un buen hombre. Es amigo mío. Y tenemos una gran relación con México».

El encuentro ha desatado una gran polémica, pues en 2016, Trump llamó «violadores» y «criminales» a los mexicanos y prometió levantar un muro fronterizo, desde donde este lunes se fotografió. En 2017, en su libro «Oye, Trump», López Obrador consideró una «canallada» la retórica antiinmigrante de su par estadounidense, que comparó con la de Adolf Hitler.

Ahora la situación parece ser diferente, o por lo menos así han apostado los mandatarios. Los dos quieren celebrar la entrada en vigor del T-MEC; para Trump es una promesa electoral cumplida; para AMLO es la apuesta para impulsar la economía mexicana en recesión.

El viaje de AMLO a Washington, es el primero que realiza al extranjero desde que asumió el poder a finales de 2018.

El equipo de campaña de Donald Trump anunció este lunes que «alentará encarecidamente» el uso de mascarillas en el próximo mitin del presidente como medida de precaución ante la pandemia de Covid-19, dijo este lunes el jefe de gabinete de La Casa Blanca.

La campaña de Trump planea realizar un evento al aire libre el próximo sábado en Portsmouth, Nuevo Hampshire. «Obviamente esperamos ir al ‘Estado del Granito’ y estar nuevamente con la gente de Nuevo Hampshire, y vemos eso más como un factor de precaución», dijo Mark Meadows en entrevista con Fox News.

Al anunciar el mitin del sábado en Portsmouth, la campaña dijo que habrá un amplio acceso a desinfectante de manos y todos los asistentes recibirán una mascarilla, la que «alentamos encarecidamente que ocupen».

El cambio ocurre después del mitin de Trump en un recinto cerrado en Tulsa, Oklahoma, que el mes pasado atrajo la atención por no aplicar las restricciones que buscan frenar la propagación del coronavirus, incluido el distanciamiento social y las mascarillas.

En Tulsa se entregaron mascarillas, pero no se alentó a su uso. Trump se ha negado a utilizar una mascarilla en público o a recomendar que otros lo hagan, en contraste con el mensaje de expertos de salud estadounidenses del grupo especializado de La Casa Blanca.

Al menos ocho miembros del equipo de campaña que estuvieron en Tulsa por el mitin del 20 de junio han dado positivo a Covid-19.

Además, Kimberly Guilfoyle, funcionaria de alto rango de la campaña y novia de Donald Trump Jr., ha dado positivo, y el excandidato presidencial republicano Herman Cain, dijo la semana pasada que se había contagiado del virus. Ambos asistieron al mitin en Tulsa.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca Kayleigh McAnany agregó en Fox, «Así que la campaña ha sido muy clara en que no sólo se entregarán las mascarillas, sino que recomendamos usar esas mascarillas. Es muy importante seguir las guías de los CDC»

En los últimos cinco días, 14 de los 50 estados del país, han registrado récords en el número diario de nuevos  contagios y en total Estados Unidos anunció 250,000 nuevos casos, el equivalente al total de la población de Buffalo, Nueva York.

Desde hace un mes, el virus está golpeando con fuerza a los estados del sur y el oeste del país. los primeros en reabrir sus economías; mientras que las ciudades del este, como Boston, Nueva York y Washington D.C., presentan números más bajos.

A pesar de las cifras, Meadows dijo esta tarde que la «vasta mayoría de la gente» está a salvo del virus y defendió que el presidente «estaba en lo cierto» cuando habló de ello en su discurso del pasado sábado.

El mandatario sostuvo entonces que «el 99 por ciento» de los casos «son inofensivos», un comentario que contradice la realidad, ya que la tasa de mortalidad en EUA es del 4.6%, según la Universidad Johns Hopkins.

El virtual candidato presidencial demócrata, Joe Biden, criticó este domingo al presidente Donald Trump, por pasar parte del fin de semana jugando golf, mientras el país se aproxima a las cien mil muertes por coronavirus.

“La presidencia es mucho más que tuitear desde tu carrito de golf. Requiere asumir la responsabilidad final de las decisiones más importantes del mundo. Donald Trump simplemente no estaba preparado para eso, escribió Biden en Twitter.

Además, el exvicepresidente usó el tuit para promover su campaña. “Les prometo que yo lo estaré (preparado)», mencionó. El equipo de la campaña de Trump respondió a Biden a través de una declaración enviada al portal The Hill.

“Joe Biden, quien probablemente no escribió ese tuit, ni siquiera está preparado para manejar una simple transmisión por internet desde su sótano y mucho menos para manejar una crisis nacional», dijo Tim Murtaugh, portavoz de la campaña de reelección del mandatario.

Trump recibió múltiples críticas por pasar el fin de semana del Día de los Caídos en su club de golf privado en Virginia, al tiempo que tuiteaba en contra de sus adversarios políticos. En la prensa nacional circularon fotos del presidente practicando el deporte.

Por su parte Trumo respondió a las acusaciones a través de su cuenta de Twitter. Indicó que es la primera vez en tres meses que sale a jugar golf. Aseguró que no puede quedarse en La Casa Blanca todo el tiempo, como quisieran sus detractores.

Incluso acusó que Biden se la pasa normalmente «vacacionando, relajándose y haciendo tratos turbios con otros países». Recordó que el expresidente Barack Obama también era un jugador asiduo del golf.

 

El presidente les está pidiendo a los votantes estadounidenses que miren más allá del dolor que se resiente en todo el país y le den otros cuatro años de mandato con base en la promesa de una recuperación económica en 2021.

«Es una transición a la grandeza», dijo Trump una y otra vez, pronosticando una economía próspera hacia finales del año. «Van a ver grandes números en el último trimestre, y van a terminar gozando de un gran año el próximo año».
Su principal asesor económico, Larry Kudlow, está de acuerdo con el optimismo y la esperanza para un «grandioso 2021».

El presidente aprovechó también para anunciar que terminó su régimen de consumo de hidroxicloroquina para prevenir el Covid-19, medicamento cuya eficacia contra la enfermedad no está probada y ha generado advertencias de efectos secundarios graves.

“Terminado (el tratamiento), recién terminado. Y por cierto, sigo aquí», dijo Trump durante una entrevista al programa Full Measure con Sharyl Attkinson de la cadena Sinclair Broadcast.

La semana pasada, el presidente reveló que él mismo estaba tomando el medicamento, actualmente efectivo contra la malaria y el lupus, mientras que La Casa Blanca aseguró que el médico se lo recetó. Trump también alentó a la población a tomarlo.

El presidente ha promovido ampliamente el uso del fármaco, pese a que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) advirtió a finales de abril que su uso generalizado, fuera de hospitales, podría generar afectaciones cardiacas.

En las últimas semanas, el exdirector de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico (BARDA), Rick Bright, ha denunciado formalmente que fue removido de su cargo en abril por cuestionar el uso de hidroxicloroquina promovido por Trump.

Bright acusó al presidente de hacer publicidad al medicamento antimalárico para beneficiar a una farmacéutica cercana a su yerno y asesor, Jared Kushner.

Anthony Fauci, el principal consejero médico de La Casa Blanca, advirtió este martes que un desconfinamiento apresurado en Estados Unidos podría tener consecuencias serias y provocar «muertes y sufrimientos que son evitables».

El epidemiólogo, muy popular en Estados Unidos por su mensaje de calma y de control, forma parte de una comisión que compareció este martes de forma virtual ante el Senado estadounidense sobre la crisis sanitaria que ha dejado más de 80,000 muertos en el país.

El médico se dijo preocupado de que algunos estados o ciudades avancen hacia la normalidad, sin seguir una directiva del gobierno que recomienda esperar una caída sostenida de los casos durante dos semanas.

La recomendación llega en un momento en que su jefe, el presidente Donald Trump, defiende una inminente reapertura, esto tras la alza en el desempleo y la contracción de la economía.

En Estados Unidos, el país que ha registrado más muertos en la pandemia, «si una comunidad o un estado o región no sigue estas directivas y reabre (…) las consecuencias podrían ser muy serias», afirmó el experto. «Esto paradójicamente, nos haría retroceder, sumando más sufrimiento y muertes que son evitables», advirtió.

Los expertos participaron por videoconferencia como medida de precaución debido a que varios funcionarios de La Casa Blanca están contagiados con el virus, pero aclararon que no siguen una cuarentena estricta, ya que forman parte de la «primera línea».

Fauci también advirtió que el balance de muertos podría ser superior a las cifras oficiales, citando como ejemplo a Nueva York, donde puede haber casos de personas que murieron de coronavirus en su casa, debido a la saturación de los servicios de salud.

Previamente, Fauci había advertido en entrevista con el diario The New York Times que si se saltaban los procedimientos del protocolo para volver a abrir el país, había un riesgo de que se produjeran múltiples focos de la enfermedad.

«El principal mensaje que quiero transmitir (…) es el peligro de intentar reabrir el país de forma prematura», declaró el médico al diario; aunque Fauci negó que haya una confrontación con el presidente. Dijo que él le da consejos y el mandatario «los escucha y los respeta», pero que también recibe información de otros asesores.

Por su parte, Trump inició el día con una actividad intensa en Twitter, defendiendo su gestión de la crisis y afirmando que la capacidad de pruebas de detección de Covid-19 de Estados Unidos «es la mejor del mundo».

El presidente Donald Trump desestimó las inquietudes sobre la posible propagación del nuevo coronavirus en La Casa Blanca, aunque dijo que evalúa limitar el contacto con el vicepresidente Mike Pence.

Durante una rueda de prensa en el Jardín de las Rosas de La Casa Blanca, en la que el presidente no llevaba tapabocas pero todos los reporteros sí, Trump sugirió que Pence estaba en cuarentena después de que su secretaria de prensa diera positivo de Covid-19, sin embargo, dejó todo en una especulación.

Katie Miller, la portavoz de Pence, quien encabeza la fuerza de trabajo de La Casa Blanca para enfrentar la pandemia, dio positivo por coronavirus la semana pasada junto con un edecán de Trump.

Desde entonces, tres miembros del grupo de trabajo entraron en cuarentena: el experto en enfermedades infecciosas Anthony Fauci; el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), Robert Redfield; y Stephen Hahn, jefe de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).

Un portavoz de Pence negó el fin de semana que el vicepresidente también estuviera en cuarentena. Pero el lunes Trump dio a entender que sí lo estaba cuando le preguntaron si evaluaba tomar distancia de Pence.

«Diría que él y yo hablaremos de eso», dijo Trump. «Durante este período de cuarentena, probablemente hablaremos», agregó, señalando: «No lo he visto desde entonces (…) podemos hablar por teléfono», apuntó. «Dio negativo (…) pero él está en contacto con mucha gente».

Trump intentó así minimizar cualquier inquietud sobre un brote del virus en el Ala Oeste, donde se encuentra la Oficina Oval donde trabaja el presidente.

Indicó que en el objetivo de mantener el país en funcionamiento, mucha gente entra y sale de La Casa Blanca, quienes en su gran mayoría son sometidas a pruebas, por lo que él no ha sentido ninguna «vulnerabilidad».

Trump, que quiere reactivar la economía antes de las elecciones de noviembre, en las que busca la reelección, dijo que Estados Unidos estaba haciendo «tremendos avances» en la cantidad de pruebas, y aseguró que el número de infecciones «está bajando muy rápidamente».

Trump también descartó una renegociación del pacto firmado con China en enero pasado, el cual busca destrabar la guerra comercial entre las dos potencias mundiales.

«No estoy interesado en eso. Ni siquiera un poquito», dijo Trump a periodistas cuando se le preguntó sobre trascendidos de que Pekín estaba buscando reabrir las conversaciones. «Veamos si están a la altura del acuerdo que firmaron», agregó el mandatario .

Según lo negociado, la administración Trump acordó posponer cualquier aumento adicional de aranceles, en tanto China se comprometió a aumentar en 200,000 millones de dólares durante dos años sus compras de productos estadounidenses en comparación con el nivel de 2017.

Tras semanas de permanecer en silencio, este viernes Joe Biden negó la acusación de agresión sexual en su contra de una empleada que trabajó en su despacho en la década de 1990.

«Nunca ocurrió», dijo el político demócrata que aspira a derrotar a Donald Trump en noviembre próximo.

Desde el sótano de su casa, donde está confinado por el coronavirus, Biden negó las acusaciones que desde hace más de un mes rodean sus aspiraciones políticas, pues aunque no se ha declarado oficialmente, es prácticamente el candidato del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales.

Biden, de 77 años, estaba bajo presión para responder personalmente las acusaciones hechas por Tara Reade, de 56 años, que su campaña ya había desmentido.

«No es cierto. Estoy diciendo sin dudas que esto nunca ocurrió», dijo Biden en entrevista con la cadena MSNBC. «No sé por qué después de 27 años todo esto vuelve», agregó, matizando que no iba a cuestionar las motivaciones de la denunciante.

En un comunicado publicado poco antes, Biden, de 77 años, dijo que el superior de Reade en su despacho «nunca le indicó que ella hubiera presentado ninguna queja».

Reade ha dado entrevistas a varios medios estadounidenses y a principios de abril la mujer interpuso un recurso ante la policía, sin citar a Biden. Adicional, afirma que interpuso una queja por los hechos en 1993; hasta ahora no la ha revelado.

Biden indicó que pidió que se busque en los Archivos Nacionales, para ver si existe un rastro de este documento.

«No tengo nada que esconder», aseguró. Sin embargo, no señaló hacia el archivo de sus años en el Senado, que fue donado a la Universidad de Delaware. «Esos documentos no contienen archivos personales», afirmó.

En el pasado varias mujeres han acusado a Biden de tocarlas de una forma inapropiada y en un principio Reade se limitó a esta queja, sin referirse a la agresión.

Biden no es aún el candidato oficial del Partido Demócrata, ya que debe ser escogido en la Convención Nacional, pospuesta para agosto debido a la pandemia de coronavirus; sin embargo, es el único candidato en la contienda, y quien cuenta ya con apoyos como el del expresidente Barack Obama, el aval de su rival en las primarias, Bernie Sanders, y el respaldo de la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Esta semana, cuando la tormenta mediática por las acusaciones se agudizó, Biden organizó un foro virtual sobre los temas importantes para las mujeres en la campaña y en la presentación aprovechó de sumar el apoyo de Hillary Clinton. Biden ha prometido que su vicepresidente será una mujer.

La Casa Blanca anuló la conferencia de prensa diaria sobre el coronavirus que estaba prevista para esta tarde, en un momento en que el presidente Donald Trump multiplica los tuits agresivos contra los medios.

La conferencia estaba anunciada para las 17 hora local, pero el ejecutivo informó de su cancelación.

Sin embargo, horas más tarde, La Casa Blanca rectificó y volvió a reactivar el encuentro con los medios, aunque indicó que ahora sería una conferencia encabezada únicamente por Trump sin la presencia de especialistas y desde otro sitio, la Rosaleda, el jardín desde donde el mandatario suele hacer grandes anuncios.

La semana pasada, las divagaciones del presidente sobre si inyectarse desinfectante podría ayudar a la lucha contra la pandemia generaron una ola de críticas y el creciente enfado de Trump, que el sábado dio a entender que ya no comparecería cada día.

Tras la cancelación de la comparecencia de Trump, surge la duda de si estos encuentros con los otros miembros de la célula de crisis, el vicepresidente Mike Pence y los doctores Anthony Fauci y Deborah Birx, van a seguir en la próximas semanas.

Por su parte Trump retomó una de las consignas que ha venido compartido con sus bases contra la prensa: «Noticias falsas, enemigos del pueblo».

«¡Nunca hubo, en toda la historia de nuestro país, medios más hostiles y malvados como los de hoy, incluso en medio de una emergencia nacional frente al Enemigo Invisible!», dijo Trump mientras Estados Unidos se encamina a superar el millón de casos confirmados de coronavirus.

Hope Hicks, una de las colaboradoras más antiguas y de mayor confianza del presidente Donald Trump, regresa a La Casa Blanca justo cuando inicia la campaña, en la que el magnate busca su reelección.

Hicks será asesora presidencial junto con el yerno y colaborador del presidente, Jared Kushner, dijo a la agencia Associated Press (AP) una persona conocedora de la situación que habló bajo la condición de anonimato al anticiparse al anuncio público.

Ella no formará parte del departamento de comunicaciones de La Casa Blanca, donde anteriormente se había desempeñado, sino que colaborará con Kushner y el director político de la presidencia Brian Jack, confirmó el funcionario.

Hicks, que fue miembro del equipo original de campaña de Trump en 2016 y luego directora de comunicaciones de La Casa Blanca, renunció en 2018 para incorporarse a la cadena Fox Corporation como vicepresidenta ejecutiva y gerente de comunicaciones.

«He trabajado con Hope durante casi seis años y puedo decir que es una de las personas más talentosas e inteligentes que he conocido», dijo en un comunicado la secretaria de prensa de La Casa Blanca, Stephanie Grisham.

«Siempre me han impresionado su confianza serena, lealtad e idoneidad y me siento más que complacida al darle la bienvenida nuevamente a La Casa Blanca», añadió.

Por su parte Kushner indicó que nadie está más comprometido a aplicar la agenda del presidente Trump que Hope Hicks, por lo que indicó, le complace tenerla nuevamente en el equipo.

Conocida por su lealtad y su presencia discreta en público, Hicks formaba parte del círculo íntimo que recorría el país con Trump a bordo de su jet privado cuando libraba su insólita campaña por la candidatura republicana y luego por la presidencia en 2015-2016.

Es descrita como una persona excepcionalmente hábil para comprender el estado de ánimo del presidente y ayudar a otros a manejar sus instintos. Resalta que otro excolaborador personal de vieja data, John McEntee, también regresó a la Casa Blanca, de la que fue despedido en 2018.

El viceprimer ministro chino, Liu He, encabezará una delegación comercial que viajará a Washington el próximo lunes para firmar el acuerdo de la fase uno con Estados Unidos, informó este jueves el Ministerio de Comercio de China.

«(Liu) llevará a una delegación a visitar Washington del 13 al 15 de enero para firmar el acuerdo de la fase uno con los Estados Unidos», dijo el portavoz del Ministerio de Comercio, Gao Feng.

El South China Morning Post informó el domingo que Liu pospuso su viaje a Washington por ocho días para 13 de enero después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicara un tweet en la víspera de Año Nuevo en el que anunciaba que firmaría el acuerdo el 15 de enero en La Casa Blanca.

Una de las disposiciones del acuerdo requiere que en los próximos dos años China llegue a casi duplicar sus compras de exportaciones estadounidenses, incluidos 80 mil millones de dólares adicionales en productos agrícolas.

Recordemos que Estados Unidos y China culminaron la primera fase de negociaciones comerciales el 13 de diciembre, con la cual se logró la cancelación de nuevos aranceles a mercancías chinas que entrarían en vigor el día 15 del mismo mes. El 20 de diciembre, el presidente Trump reveló que conversó con su homólogo de China, Xi Jinping, para organizar la primera fase del gran acuerdo comercial entre las dos grandes potencias políticas y económicas.

China exigió que se reduzcan algunos de los aranceles que Estados Unidos mantiene sobre sus exportaciones por un valor de unos 375 mil millones de dólares, así como que se cancelara la entrada en vigor de los programados para el 15 de diciembre sobre unos 156 mil millones, de sus restantes exportaciones.

En la primera fase de su acuerdo comercial, China aceptó comprar cada año 40 mil millones de productos agrícolas estadounidenses, mejorar la protección de la propiedad intelectual del país americano y dejar de obligar a las compañías de ese mismo país a transferir tecnología.

Estados Unidos, por su parte, detuvo las tarifas sobre 156 mil millones de bienes chinos importados y redujo de 15 a 7.5 por ciento las tarifas sobre 120 mil millones de productos de Beijing aplicadas desde septiembre pasado.

Esta mañana, durante la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el canciller Marcelo Ebrard ofreció un informe sobre la reunión que sostuvo este martes en La Casa Blanca con funcionarios de los Estados Unidos, en relación al acuerdo migratorio que se alcanzó en junio pasado.

Ebrard indicó que el primer dato que se presentó por parte de la delegación mexicana fue el correspondiente al flujo migratorio, el cual desde el mes de junio a la fecha, presenta una reducción del 58.7%. En el caso de personas provenientes de Centroamérica, dijo que la reducción es de 70.3%, mientras que en el caso de mexicanos es del 7.2%.

«El punto en el que nos encontrábamos en el mes de junio era de que había habido un incremento de más del 300 por ciento, y ahora estamos en un punto en donde ha habido una reducción del 58.7 por ciento, y en el caso de personas provenientes de Centroamérica o de otras regiones del mundo del 70 por ciento. Por lo tanto, consideramos que la estrategia migratoria de México ha sido exitosa», dijo el canciller.

Marcelo Ebrard detalló que lo que se expuso en la reunión es que la estrategia que está llevando a cabo México está centrada en el combate a las redes de tráfico de personas, además de que se han mejorado los servicios de inteligencia de distintas instituciones, y que las tareas de la Guardia Nacional se han llevado a cabo en apego a los derechos humanos y a las leyes mexicanas.

Añadió que otro punto que se  puso sobre la mesa fue el esfuerzo de México por crear 60 mil empleos en El Salvador, Honduras y Guatemala.

Indicó que se hizo una revisión al promedio histórico de los flujos migratorios hacia Estados Unidos, el cual entre los años 2014 y 2019 fue en promedio de 23 mil 157 de nacionalidad principalmente de Centroamérica; en ese sentido adelantó, para el mes de octubre se estaría alcanzado dicha cifra.

Respecto a los compromisos que contrajo Estados Unidos, Ebrard señaló que a la fecha se han desembolsado 126 millones de dólares para microfinanciamiento a pequeñas y medianas empresas en el sur de México; se firmaron dos cartas de intención para proyectos de infraestructura en el sur del país por 800 millones de dólares y hay tres proyectos en proceso de integración ya muy avanzada por 330 millones de dólares.

Recordó que el compromiso de Estados Unidos fue el 18 de diciembre del año pasado que habría una inversión de dos mil millones de dólares.

Ebrard dijo que México puso sobre la mesa que el control de tráfico de armas en la frontera tiene la misma prioridad que para EUA tiene el tema de la migración.

En ese sentido informó que el 70% de los delitos que se cometen en México con armas están relacionados con compras en los Estados Unidos; es decir, se adquieren en el país vecino e ingresan a nuestro territorio.

«Se manifestó que el objetivo de México sería congelar el tráfico de armas en la frontera. Nuestro objetivo último no es nada más reducirlo, sino congelarlo, y para eso necesitamos la participación de las autoridades norteamericanas», precisó el funcionario.

Al respecto, informó que el pasado lunes 9 de septiembre se instaló el grupo binacional sobre tráfico de armas; que lo integran de la parte mexicana la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de Gobernación, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional, la Marina, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y la Fiscalía General de la República.

Detalló que se acordó hacer una revisión mensual de los avances de dicha tarea (trafico de armas); para ello, México propuso operaciones para el control de armas en cinco puntos a lo largo de la frontera: San Diego, El Paso, Laredo, McAllen y Brownsville, pues dijo, el 41% de las armas involucradas en crímenes que se cometen en nuestro país y que fueron recuperadas proceden de Texas, el 19% de California y el 15% de Arizona.

«Consideramos que la reunión fue una reunión productiva y que estaremos muy pronto ya alcanzando los números en el flujo migratorio que han sido históricamente los que hemos observado en los últimos años; es decir, saldremos de una circunstancia de incremento mensual considerable y, por otro lado, eso nos va a abrir espacio para que México pueda avanzar y exigir que se congele el tráfico de armas, entre otras cosas», sostuvo el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Finalmente, Ebrard confirmó que al término de la reunión pudo saludar al presidente Donald Trump, encuentro que describió como un «breve saludo, en donde externo que reconocía los esfuerzos que México está llevando a cabo y la importancia de lo que estamos planteando nosotros también en materia de armas».

La cadena de tiendas de autorservicio, Walmart, anunció este martes que dejará de vender municiones para pistolas y algunos rifles de estilo militar, al calificar de «inaceptable» la situación del control de armas en Estados Unidos.

La medida se produjo un mes después del tiroteo una de sus sucursales en El Paso, Texas, que dejara sin vida a 22 muertos, entre ellos ocho mexicanos.

El presidente ejecutivo de la compañía, Doug McMillon, hizo un llamado al Congreso y La Casa Blanca para que aprueben medidas de «sentido común», incluyendo verificaciones de antecedentes más estrictas para la compra de armas.

«Como hemos visto antes, estos eventos horribles ocurren y luego la atención se desvanece. No debemos permitir que eso suceda», dijo McMillon en un comunicado. «El Congreso y la administración deberían actuar».

Walmart espera que la medida reduzca su participación en el mercado de balas de cerca de 20% a un rango entre 6% y 9%. Aclaró que la compañía seguirá vendiendo rifles y escopetas para caza y buena parte de las municiones que utilizan estas armas, con el fin de que sus tiendas estén «aún más enfocadas en las necesidades de los entusiastas de la caza y el tiro deportivo».

Walmart ya ha restringido en el pasado el acceso a algunas armas en sus tiendas, incluyendo una decisión de 1993 de cancelar las ventas de armas cortas en todos los estados menos en Alaska. En 2015 dejó de vender armas semiautomáticas del tipo utilizado en tiroteos masivos.

El martes, Walmart anunció que también dejará de vender armas cortas en Alaska. No obstante, la cadena ha resistido los pedidos para detener por completo la venta de armas.

Estados Unidos y China intentan relanzar las negociaciones para poner fin a la guerra comercial que los opone, aseguró este domingo el principal asesor económico de Donald Trump.

«Si las negociaciones se reabren de manera sustancial, haremos venir a los funcionarios chinos a Washington para una reunión de jefes negociadores con el fin de continuar las discusiones», dijo Larry Kudlow en el programa televisivo Fox News Sunday.

Según Kudlow, son los altos funcionarios de ambas partes los que deben conversar vía telefónica «la semana próxima o los diez días próximos».

Las declaraciones del asesor de La Casa Blanca dejan no obstante dudas sobre la llegada de una delegación china a Washington en septiembre, en respuesta a una visita a Shanghái del representante comercial Robert Lighthizer y del secretario del Tesoro Steven Mnuchin.

Kudlow subrayó sin embargo que la conversación telefónica que mantuvieron a mediados de agosto a raíz de la reunión de Shangái Lighthizer y Mnuchin con los negociadores chinos Liu He y Zhong Shan «fue mucho más positiva que lo que indicaron los medios» de comunicación.

El asesor de La Casa Blanca no dejó además de insistir con un mensaje positivo sobre el crecimiento estadounidense: «No tengamos miedo de ser optimistas».

Recordemos que las negociaciones entre Pekín y Washington comenzaron en enero pasado y parecían estar llegando a buen puerto, para que luego Trump les pusiera fin abruptamente, al estimar que China estaba dando marcha atrás con algunos compromisos que había asumido.

En junio, Trump y su par chino Xi Jinping se reunieron en Japón al margen de la cumbre del G7, pero poco después el presidente estadounidense anunció la imposición a partir de septiembre de 10% de aranceles punitivos sobre los 300,000 millones de dólares de productos chinos que habían escapado hasta entonces a las retorsiones comerciales.

La nueva secretaria de prensa de La Casa Blanca, Stephanie Grisham, protagonizó este domingo un enfrentamiento con guardias del gobierno norcoreano, quienes no permitían el acceso de la prensa estadounidense al lugar donde se lleva a cabo la reunión entre Donald Trumo y Kim Jong-un.

De acuerdo a imágenes que compartieron diversos reporteros de la fuente, los oficiales de norcorea no permitían el acceso de la prensa estadounidense, por lo que al percatarse de la situación, Grisham decide intervenir.

Sin embargo, lejos de intentar dialogar con los oficiales, corrió a «moverlos», y ayudándose del barandal,  logró abrir un espacio para que prensa de su país pasara.

Los corresponsales que se encontraban en la Casa de la Libertad del gobierno de Corea del Sur, lugar donde se llevó a cabo el encuentro, dieron cuenta de los hechos a través de sus redes sociales.

«La nueva secretaria de prensa de WH (Casa Blanca), Stephanie Grisham, se peleó con los norcoreanos para mover a los miembros del grupo de la prensa de WH a la posición para cubrir a Trump y Kim», dijo Jim Acosta de la cadena CNN .

Algunos medios como USA Today reportan que la nueva funcionaria quedó con moretones luego de enfrentarse «cuerpo a cuerpo» con los guardias.  Incluso señalan que el forcejeo terminó cuando los agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos intervinieron.