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Se acabó el 2025, un año en el que el ritmo del mundo lo marcó Donald Trump. Su regreso a la Casa Blanca reordenó prioridades y la voluntad de un solo hombre fue la que definió conflictos, alianzas y mercados. La pregunta para 2026 no es si Trump influirá, sino cómo y a qué costo.

Estos son cinco momentos que, con alta probabilidad, van a definir el año que comienza alrededor del mundo. En todos, de una forma u otra, la historia se escribirá en Washington.

Guerra Rusia-Ucrania: El futuro de esta guerra parece destinado a resolverse según el relato que convenza a Trump. Zelensky insistirá en lo elemental: Rusia invadió y Europa y Estados Unidos no deberían premiar al agresor. Putin repetirá que “va ganando” y que la paz solo llega si Kyiv cede territorio y soberanía. 2026 arrancará con ese jaloneo sobre el oído presidencial, mientras Europa intenta aumentar apoyo para que Ucrania siga siendo la primera línea de defensa del viejo continente.

Relación EUA-China: Beijing llega con mejores cartas que al inicio de la guerra comercial de Trump 1.0. Y al tablero económico se le suma el militar. El Pentágono ha definido al 2027 como año crítico para que China busque adueñarse de Taiwán. En Beijing, la isla sigue siendo “asunto interno” y su democracia, un desafío. Por ello no ha sorprendido que, en plenas fiestas decembrinas, el ejército chino ha enviado unidades aéreas, navales y de misiles para realizar un ensayo de bloqueo que ha generado temores de un nuevo conflicto devastador. Los ejercicios navales en el estrecho de Taiwán, que representan una importante escalada en la frágil región, pretenden ser una severa advertencia contra la “interferencia externa”, según declaró el gobierno chino al enterarse del paquete militar que EU dio a Taiwán por más de $10 mil mdd. Hay planes para una reunión en el 1er semestre del año entre Trump y Xi en donde veremos la postura estadounidense frente a los intentos de China por hacerse de esta isla que tiene una enorme importancia geoestratégica por los chips que le vende a EUA.

Elecciones intermedias en EUA: El 3 de noviembre se renueva toda la Cámara de Representantes y 33 escaños del Senado. Hoy ambos están en manos republicanas y Trump ha logrado reducir los contrapesos. Para que los demócratas recuperen la mayoría necesitarían un cambio neto de 5 escaños en la Cámara y 4 en el Senado. De ese resultado dependerá también si el trumpismo se consolida rumbo a 2028 o si empieza a resquebrajarse. Es decir, se podrá ponderar si el proyecto MAGA tiene futuro, posiblemente con la candidatura de J.D Vance para el 2028, o no.

Venezuela: La presión sobre Nicolás Maduro ha entrado en una fase más peligrosa. Se ha confirmado que la CIA llevó a cabo un ataque con drones en contra una instalación portuaria en la costa venezolana que el gobierno estadounidense dice estaba siendo utilizado por el Tren de Aragua para almacenar y transportar drogas. El mensaje es claro: Trump quiere “resultados” rápidos, aunque eso empuje los límites de la soberanía ajena. Para México, la lectura es que si en Washington se instala la idea de actuar contra el narcotráfico más allá de sus fronteras, las advertencias de soberanía de la presidenta no necesariamente frenarán el impulso de Trump.

Copa del Mundo: Sí, el deporte también es política. Estados Unidos será anfitrión y la pregunta es cómo recibirá a millones de visitantes en pleno clima antiinmigrante. ¿Qué filtros habrá en aeropuertos? ¿Qué papel jugará ICE? ¿Cómo se manejarán protestas y tensiones en sedes?

En 2025 el mundo giró alrededor de Trump. En 2026 la historia apunta a que esto mismo se repetirá. Feliz fin de año. Y, dado lo anterior, a abrocharnos el cinturón.

Columna publicada en El Universal

Ante el desprestigio de la clase política y su derivado, el hartazgo con los partidos y sus integrantes, se han puesto de moda los ciudadanos como impolutos y como la solución a nuestros problemas. Todos los partidos y/o alianzas voltean a ver a la candidatura ciudadana como respuesta para poder ganar en el 2018.

 

El PRI y sus rémoras voltean a ver a José Antonio Meade o a José Narro como sus alternativas ciudadanas. Meade no está afiliado a ningún partido, es cierto. Pero de que es político, no hay duda. Es además un extraordinario servidor público, con décadas de serlo y sin escándalos de por medio. Ni de corrupción, ni personales, ni partidistas o chapulineos. A pesar de haber trabajado con presidentes del PRI, del PAN.

 

José Narro sí acredita ser PRIísta por haber sido titular de lo que hoy conocemos como la Fundación Colosio, antes la Fundación Siglo XXI. Venderlo como ciudadano es intentar hacerlo con calzador. Sería mejor que el PRI lo perfilara como un Bernie Sanders región 4, que, a sus 68 años puede mover los ánimos de jóvenes, como lo hizo el demócrata en la contienda interna del partido en contra de Hillary Clinton. Pero como lo ciudadano está de moda, así quieren que se vea a Narro.

 

En Morena Andrés Manuel López Obrador se presenta como antisistema y conserva la palabra Movimiento como emblema de que lo suyo es distinto a los desprestigiados partidos y que por eso él no se mancha ni con el pétalo de una P de político.

 

Irónico por que él ha sido PRIísta y PRDista y es el ejemplo del político que no ha vivido más que del erario. No conocemos cómo le ha hecho para pagar esa vida de giras a diestra y siniestra. Las sumas no dan, como sucede con muchos otros políticos y es razón importante del desprestigio que hoy aclama cambios. Pero AMLO no le encuentra la incoherencia.

 

Y ahora el Frente Ciudadano por México, que antes se pensó que se llamaría Frente Amplio Opositor, pero, como están de moda los ciudadanos, prefirieron botar eso de Amplio y sumarle la palabra mágica: Ciudadano.

 

 

 

 

Columna completa EL UNIVERSAL