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Así como hoy tenemos al Subsecretario Hugo López-Gatell privilegiando la política sobre la ciencia al momento de hacer la toma de decisiones para que México enfrente al COVID19, durante la pandemia de 1918 también hubo autoridades que hicieron lo mismo. El resultado fue catastrófico.

Uno de ellos fue el Director de Salud de la ciudad de Filadelfia, en Estados Unidos, Wilmer Krusen. Filadelfia fue una de las ciudades más golpeadas durante la pandemia y el motivo fue la falta de acción y los constantes discursos por minimizar la gravedad de la influenza. Aun cuando en Filadelfia se pudo haber actuado con tiempo para poner en cuarentena a la ciudadanía, Krusen no quería desmotivar a la población ya que en la ciudad había algunas bases militares reclutando y preparando soldados para ir a pelear a Francia durante la Primera Guerra Mundial.

Por ello, Krusen repetía una y otra vez que la pandemia estaba bajo control y que la influenza era solo una gripita. La curva de contagios, decía Krusen, se estaba aplanando. Sí, esos mismos términos se utilizaron hace más de un siglo para mentir y minimizar la gravedad de una enfermedad que terminó por matar a entre 50 y 100 millones de personas. En términos comparables por tamaño de la población, hoy eso implicaría que de COVID mueran entre 150 a 425 millones de personas, de acuerdo con el autor del libro La Gran Influenza, John M. Barry.

Sin embargo, la gran diferencia entre 1918 y 2020 es la existencia de antibióticos. Durante la gran influenza, muchos morían por las bacteria que entraban en un cuerpo débil con un sistema inmunológico batallando contra la influenza. Al no haber antibióticos, morían.

Pero volviendo a Krusen, el encargado de enfrentar la pandemia en Filadelfia permitió que, habiendo ya contagios y muertes en el estado, se programara y llevara a cabo un enorme desfile que buscaba vender los ‘Bonos de la libertad’ (Liberty Loans) para ayudar a cubrir los costos de la Primera Guerra Mundial.

Mientras en el estado vecino de Massachusetts los hospitales estaban llenos y el gobernador Samuel McCall pedía ayuda federal para enfrentar la pandemia, Krusen siguió adelante con su discurso de que la influenza era solo una gripa.

El 28 de septiembre se llevó a cabo el desfile de los Bonos de la Libertad con la presencia de cientos de miles de ciudadanos. Krusen aseguró que no corrían ningún peligro. El periodo de incubación de la influenza de 1918 era de 24 a 48 horas. Dos días después del desfile, la situación en Filadelfia se convirtió en un caos. 72 horas después, la capacidad hospitalaria estaba desbordada.

En la semana de octubre 16 murieron 4 mil 597 personas en Filadelfia por influenza. Fue la peor semana de la epidemia, aun cuando nadie lo supo en el momento. Krusen había venido diciendo que el pico de la epidemia se había alcanzado tantas veces antes, que para esta semana ya nadie le creía.

El caso de Krusen es uno entre varios durante la gran influenza de 1918. Los políticos querían quedar bien con el presidente Woodrow Wilson, quien buscaba a toda costa evitar desanimar a la población en medio de la Primera Guerra Mundial. No se les quería asustar con la gravedad del virus (que en ese entonces y hasta 1933 creyeron que era una bacteria).

Las razones políticas llevaron, tanto en 1918 como ahora, a que los lideres como Krusen y el propio Wilson, minimizaran el virus e incluso mintieran sobre su letalidad. Leyendo sobre lo vivido en 1918 y lo que estamos viendo actualmente no queda más que pensar en lo poco que hemos aprendido como sociedad en poco más de un siglo. Antes como ahora, la verdad importa; y la ciencia debe estar por encima de la política.

 

Columna completa en El Universal

El presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia con la firme propuesta de no endeudar al país durante su sexenio. López Obrador no quiere ser recordado como otro López presidente, José López Portillo, y el endeudamiento que le dejó a México.

Como el presidente es obstinado y necio, así se describe a sí mismo, aun en medio de la pandemia más fuerte que ha enfrentado el mundo en más de un siglo, él no cambia rumbo, va derecho y no se quita.

Con el argumento (certero) de que en el pasado se rescató a los millonarios usando el dinero de todos los mexicanos mediante el Fobaproa, ahora ha dicho que no hay plan de rescate para nadie. Como si no existiera la opción intermedia de idear un plan para que la economía no se vaya a pique, sin que signifique salvar solo a los ricos que tanto desprecia el presidente.

López Obrador parece no ver la diferencia entre lo que ocurrió en las crisis financieras del pasado con lo que está ocurriendo ahora. Esta crisis es exógena a la economía. No se ha generado por un problema de liquidez, como ocurrió en el 2008-2009. Por ello, los gobiernos en prácticamente todo el mundo, menos en México, han ideado planes para suavizar el impacto de la crisis para empresas y para individuos.

Así, un europeo o un estadounidense dueño de un restaurante, con los apoyos generados por sus gobiernos, puede cerrar durante el confinamiento sin tener que despedir a sus empleados y bajar la cortina de manera definitiva de su negocio. En el momento que se pueda reactivar la economía, ese restaurantero lo único que tendrá que hacer es ir a su local, limpiar el polvo; bajar las sillas; llamar a sus empleados para que regresen y reabrir.

En el caso de México, en donde no hay apoyos gubernamentales, el mismo restaurantero va a tener que cerrar. El poco capital con que contaba se esfuma en los primeros meses de la pandemia donde los utilizo para sobrevivir sin ingresos. Al acabarse estos, no le queda más que cerrar y despedir a sus empleados. Con esto deja a varias familias sin ingresos, incluyendo la suya. El día que se pueda reactivar la economía, este restaurantero tendría que en primer lugar conseguir recursos e ir a buscar un nuevo local; acondicionarlo y recontratar meseros; cajeros etc. Lo que sería un proceso mucho más largo y complicado.

Es el caso de ya 90 mil restaurantes en todo el país, en su mayoría micro, pequeños y medianos negocios que ha dejado sin trabajo a aproximadamente 300 mil personas. El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera de Alimentos Condimentados (Canirac), Francisco Fernández Alonso, ha dicho que esperan que el cierre continúe.

La falta absoluta de respuesta financiera y fiscal hará que México sea uno de los países más afectados por la pandemia y de los que más tarde en recuperarse. Aun cuando el presidente dijo en mayo que la recuperación iniciaría en junio y después, la semana pasada, que la recuperación comenzará en agosto, ¡ósea en dos días! Quizás en agosto nos dirá que en septiembre y así nos iremos.

Los esfuerzos de política pública que hoy están dándose en otros países ayudarán a que la recuperación sea más rápida. Pero nosotros vamos en sentido contrario. Por esta falta de ayuda económica, que el presidente confunde con regalarle dinero a los ricos, es que México tardará más en recuperarse. Así, el país es hoy el contraejemplo mundial de cómo enfrentar los efectos económicos de la pandemia.

Apostilla: El presidente, sin embargo, decide seguir adelante con el show del avión presidencial. Vaya, ni los desastres en Nuevo León y Tamaulipas por el paso de Hanna desviaron su mañanera desde el hangar presidencial. Prefirió pedirnos a los mexicanos que compremos cachitos para la rifa del avión de a $500 pesos cada uno, en lugar de ir a visitar a los afectados por la tormenta tropical.

 

Columna completa en El Universal

Hoy se espera que vote la Cámara de Diputados a los cuatro nuevos Consejeros Electorales que hacen falta en el INE después de que concluyeran su periodo Benito Nacif, Pamela San Martín, Enrique Andrade y Marco Antonio Baños. No hace falta hacer un ejercicio de historia profunda para recordar que el INE existe para que en México tengamos elecciones confiables.

Pero como la mera existencia del INE no ha logrado generar confianza de todos los jugadores se han hecho múltiples modificaciones al edificio electoral tan abultado en México. Todas ellas ya elevadas a rango constitucional, para sumarle al empeño de blindar las elecciones.

En el intento más reciente para construir esta credibilidad se decidió que los nuevos consejeros electorales ya no sean nombrados solamente por la Cámara de Diputados y así evitar las cuotas de cuates que ha llevado en repetidas ocasiones a nombramientos de acuerdo con líneas partidistas.

Para ello, se decidió nombrar un Comité Técnico Evaluador cuyos siete integrantes serían nombrados tres por la Cámara de Diputados; tres por el Instituto Nacional de Acceso a la Información, el INAI; y dos por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Este Comité se concibió como la solución para que, dado el perfil profesional e imparcial de sus integrantes, fueran los que escogieran, mediante un proceso de entrevistas y evaluación exhaustivo de los aspirantes, a cinco personas – una quinteta – por cada asiento vacante del Consejo Electoral.

En esta ocasión, como hay que reponer cuatro Consejeros, hablamos de 20 perfiles que fueron seleccionados de entre más de tres centenares de personas que levantaron la mano y fueron al INE a presentar sus documentos.

Todo este proceso se creía que sería a prueba de los escépticos y de los tramposos. Pero no. Resulta que uno de los integrantes del Comité Técnico Evaluador no cumplía con la premisa básica de ser imparcial. Me refiero a John Ackerman, el esposo de la Secretaria de la Función Pública que, entre otras cosas, ha atacado al INE por considerarlo “otro partido de oposición”.

Si alguna duda quedaba de que su nombramiento para formar parte de este Comité era fuera de lugar, ahora, con el berrinche que ha hecho, queda totalmente claro que no merecía estar incluido en el proceso.

Y es que después de que el Comité Técnico evaluó los perfiles de 390 personas para llegar a elegir a los integrantes de las quintetas, Ackerman decidió que el proceso era inválido en el último momento. Cuando él y el resto del Comité le habían dado el visto bueno a 19 personas, como en el la última votación, no quedó Diana Talavera, Ackerman hizo berrinche y pidió que se renueve TODO el proceso. Todo, incluyendo la selección de las 19 personas a las que el conductor de Canal Once ya había votado en favor junto con el resto del Comité Técnico.

Pero el cinismo de Ackerman es tal, que no le importó que fuera evidente que su empeño porque quedara Talavera en el INE tuviera que desnudar un conflicto de interés de ambos: de Ackerman porque no dijo que tiene un vínculo profesional y personal con la actual empleada del Instituto de Defensoría Pública que encabeza su cuñado, Netzaí Sandoval Ballesteros. Y de Talavera, porque el criterio número uno para poder ser Consejero Electoral es no tener vínculos partidistas y Diana Talavera los tiene con Morena.

Este berrinche de Ackerman deja en claro que no importa cuántos institutos; trámites y trancas legales pongamos para lograr tener elecciones creíbles en México. Mientras una sola persona, en este caso John Ackerman, esté dispuesto a dinamitar el proceso con el aval del presidente, en el país no tendremos elecciones a prueba de tramposos, ni de berrinchudos.

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La gira del presidente Andrés Manuel López Obrador fue un exitazo…para él. Para México significó una vergüenza.

La visita ocurrió a ciento diez y seis días de las elecciones estadounidenses en las que Trump busca reelegirse. Por ello, además de ser presidente es candidato. Y por eso, ir a visitarlo significó un intromisión en el proceso electoral de Estados Unidos. El pretexto de ir a celebrar la entrada en vigor del TMEC no se sostiene cuando ni siquiera acompañó la gira Jesús Seade, el principal y único negociador del acuerdo. Seade estaba ocupado en su cabildeo para lograr la dirección de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Si Seade pudo estar ausente por tener otros temas más importantes en la agenda ¿no habría podido aplicar la misma lógica para el presidente López Obrador cuando México está en medio de una catástrofe económica y de salud que nos coloca como el cuarto país con mayor número de muertes en todo el mundo por COVID19?

Pero concediendo a aquellos que dicen que AMLO no podía decirle que no a Trump cuando el presidente de Estados Unidos prácticamente ordenó esta visita desde Yuma, Arizona, frente al muro que divide la frontera y que representa el símbolo de lo peor de la relación bilateral, si había que ir a Washington a hacerle el juego a Trump para seguir con la política de no antagonizarlo ¿por qué no se pensó en hacer una agenda más rica para el presidente de México?

A la Embajadora de México en Washington, Martha Bárcena, le pregunté en un foro organizado por la Universidad de California en San Diego en la que fui invitada como panelista, ¿por qué no se reunió el presidente López Obrador con miembros de la comunidad mexicana durante la visita? La respuesta fue que se debió a una preocupación por el COVID. Organizar una reunión así habría expuesto a los asistentes a contagio del virus.

Algo curioso cuando en el encuentro entre ambos presidentes la reunión sucedió sin esta preocupación. En las varias fotografías que circularon se pudo ver que ninguno de los presidentes utilizó cubre bocas y prácticamente todos los asistentes estuvieron sentados hombro con hombro sin mascarilla. Esto fue posible porque a todos los asistentes se les hizo la prueba de COVID antes del evento, me explicó la embajadora. Esto es algo que igualmente pudo haberse organizado con los asistentes a un encuentro de la comunidad mexicana con López Obrador.

Pero ni un encuentro así, ni otro con los demócratas se incluyó en la agenda. Al final, el balance fue que como Trump no insultó a López Obrador, la gira fue un éxito. Qué baja está la vara para medir los avances de la relación bilateral que acarrea tantos temas que afectan a miles de ambos lados de la frontera.

La gira fue un éxito para López Obrador. No lo insultó Trump, quien quedó feliz con palabras del presidente que estará utilizando para su campaña de reelección. Si gana Trump, el ganador será sin duda López Obrador. Bajo la presidencia de Trump, los estadounidenses no se entrometen en el trabajo que haga el gobierno mexicano en la lucha contra el narcotráfico; en procuración de la democracia ni en el combate a la corrupción. Una presidencia de Biden sería mucho más escrupulosa. Y eso no es algo que le convenga a AMLO.

La gira fue pues, un exitazo para AMLO…pero no para México.

www.anapaulaordorica.com @AnaPOrdorica

Apostilla: En aras de no sumar a la polarización, se pueden destacar dos aspectos positivos de la visita.

  • Lo bueno de la visita fue que López Obrador arrancó hablando de la importancia de que la región de Norteamérica avance en el comercio global ya que hemos pasado de representar el 40.4 por ciento de éste en 1970 a representar actualmente solo el 27.8 por ciento. Estas fueron cifras que dio el presidente. Para alguien que se ha caracterizado por enfatizar la importancia de ser autosuficientes en todo, el cambio de opinión respecto a la integración de Norteamérica es de llamar la atención.
  • Otro aspecto positivo de la visita fue el logro de la cancillería de evitar que hubiese sesión de preguntas y respuestas al final de la conferencia conjunta. Con ello se logró disminuir significativamente el riesgo de alguna pregunta que hubiese acarreado una respuesta de Trump incómoda para López Obrador, como el muro; las visas para estudiantes internacionales o para trabajadores.

 

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A 119 días de que los estadounidenses acudan a votar, el escenario para Trump se le ha complicado. El último presidente en perder la reelección fue el republicano George Bush padre ante Bill Clinton. Si bien Bush fue un muy buen presidente y un año antes de la elección de 1992 tenía una aprobación cercana al 80 por ciento, la recesión económica lo llevó a perder y ser de los pocos presidentes de un solo término en EUA.

A Bill Clinton lo ayudó a ganar el poder atacar a Bush por el lado de la economía. Tanto él como el otro candidato, Ross Perot, supieron que el interés de los electores estaba en sus bolsillos. De ahí la famosa frase de James Carville, el asesor de Bill Clinton: “It’s the economy, stupid”.

Ahora, ante un Trump que apenas hace cuatro meses parecía que iba en caballo de hacienda para reelegirse, el panorama ha cambiado. Citigroup encuestó a 140 directores de fondos de inversión y el 62 por ciento de ellos creen que Joe Biden ganará las elecciones. En diciembre, 70 por ciento de estos mismos encuestados creían que Trump se reelegiría. Casi un viraje de 180 grados.

En el promedio de ocho casas de apuestas, Biden le gana a Trump por más de 17 puntos. Y revisando las encuestas, el promedio de Real Clear Politics tiene a Biden arriba en todos los estados que importan para ganar el Colegio Electoral: en Florida; Pennsylvania; Wisconsin; Carolina del Norte y Arizona.

Sí, ya se que en 2016 las encuestas decían que Hillary Clinton le ganaría a Donald Trump. Pero aquí algunos detalles de por qué el panorama es distinto hoy al de hace cuatro años.

Primero que nada, Trump se enfrenta en esta ocasión a otro hombre blanco, no a una mujer. Por más que eso no guste, desgraciadamente sigue siendo un tema que influye en los votantes. En segundo lugar, Hillary estaba a estas alturas de la elección cuatro puntos en promedio por arriba de Trump. Y así siguió hasta el día de la votación. En el caso de Biden, el Vicepresidente comenzó estando con una ventaja de 6 puntos sobre Trump; ventaja que ha crecido. Hoy, en el promedio de Real Clear Politics, se ubica 9 puntos arriba.

Y el tema más importante en este momento es el coronavirus. Por más que Trump se rehúse a hablar de ello y lo quiera ignorar, vale la pena plantear la pregunta que hizo Stanley Greenberg en un reciente texto en The Atlantic: ¿Qué escenario es más probable a cuatro meses de las elecciones: que Estados Unidos logre controlar la pandemia o que los casos sigan siendo un problema para varios estados con una escalada en el número de infectados y hospitalizados?

Este texto lo escribo desde Miami, una ciudad en la cual se quiso ignorar el virus y, ante la escalada sin control de contagios y la saturación de hospitales, el alcalde ha tenido que anunciar el cierre – nuevamente – de restaurantes, gimnasios y otras áreas públicas.

El virus no va a desaparecer, hasta que no se tenga una vacuna. Básicamente en esa bala de oro recae la salvación de Trump hacia las elecciones de noviembre.

Con este escenario, Andrés Manuel López Obrador decidió ir a encontrarse hoy en Washington con Donald Trump. Esto es una clara muestra de lo poco estratégico que es el presidente de México. Si quería encontrarse con su amigo Trump, aquel al que le dedicó un libro completito señalando que al llegar a la presidencia no le permitiría ni un solo insulto para el pueblo mexicano, de menos habría podido planear un encuentro con los demócratas y con integrantes de la comunidad mexicana. Pero es tan poco estratégico, que se fue a entregar a los brazos de quien más ha maltratado a los mexicanos de ambos lados de la frontera. ¿A cambio de qué? Al parecer, ni siquiera de un plato de lentejas.

 

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La entrada en vigor del T-MEC el día de hoy es una buena noticia para México, sin duda. De las pocas buenas noticias que hacen falta en donde todo parece ser negativo. Desde que se concibió el TLCAN, la idea fue acercar a México a Norteamérica. Somos uno de dos países en el mundo que nos encontramos en medio de dos continentes. El otro es Turquía, que está entre Europa y Asía. México está entre el Norte y el Sur del continente americano. Si había que escoger entre melón y entre sandía – como dice el ex Canciller, Jorge G. Castañenda – México escogió melón: Norteamérica, cuando buscó el TLCAN.

Es incongruente que al mismo tiempo que el presidente Andrés Manuel López Obrador cancela inversiones en el país, incumpliendo acuerdos contractuales, presume que a partir de hoy con el arranque del T-MEC, el Tratado México; Estados Unidos y Canadá, el país vivirá un auge de inversiones.

¿Cómo va a ser útil el T-MEC si México lleva no respetando sus acuerdos con empresas que invierten en México desde hace 18 meses? Desde el Nuevo Aeropuerto; la Cervecería de Constellation Brands y los múltiples acuerdos energéticos, por mencionar algunos. La respuesta es muy sencilla. Las inversiones van a seguir llegando, pero van a ser inversiones más volátiles, de las que entran y salen con un costo financiero elevado para las finanzas mexicanas.

Actualmente estamos tan integrados con Estados Unidos y Canadá que aun con un Trump o un AMLO en el gobierno, ya no es posible producir un automóvil o un insumo médico que no requiera componentes de los tres países y por ello, aun con los instintos nacionalistas de estos presidentes en el poder, la integración es imparable. Violar el marco normativo simplemente le costará más a México.

Además hay que tomar en cuenta que el TMEC entra en vigor en medio de un panorama altamente cargado en el ámbito político. Los demócratas querrán argumentar que México está incurriendo en violaciones al tratado para golpear a Trump. El sector agropecuario de ese país es un buen ejemplo. Competimos con una parte de ese mercado durante todo el año, sobretodo en Florida, que además involucra un tema político importante porque es un estado competido entre demócratas y republicanos al cual Donald Trump intentará darle más poder.

Todo esto ocurre cuando AMLO se sienta en sus laureles y presume que el TMEC hará que lleguen inversiones a México. Las cuáles sin duda van a llegar. El problema es que mientras seamos un país en el cual no se respete el Estado de Derecho, quienes vengan a invertir a México, van a ser quienes asuman pagos por ese tipo de panorama incierto. Van a invertir en productos financieros que puedan entrar y salir fácilmente. Olvidémonos de plantas productivas o empresas de servicios que generen empleos y desarrollo a largo plazo.

Hoy hay inversiones en países como Venezuela o Nigeria, que tienen poco Estado de Derecho y no cuentan con un acuerdo con Norteamérica. Lo que pasa ahí es que las inversiones que llegan son volátiles, es decir, pueden irse apenas vean que hay una dificultad. Venden y se van.

Si esa es la idea del presidente, flaco favor nos hizo al haber firmado un tratado como el TMEC, que además de invitar inversiones poco sólidas, nos obliga como país a pagar a los inversionistas como si México fuese un paraíso para quienes deciden meter su dinero cuando él es el primero en no respetar lo acordado.

 

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La metodología del subsecretario Hugo López Gatell para informar y enfrentar al COVID19 ha sido un desastre para México y los mexicanos. Pero, como dijera el presidente en una de sus mañaneras a López-Gatell: “¡No estás solo! ¡No estás solo!”. En la fila del desastre que está siendo la planeación e implementación de una estrategia para enfrentar la pandemia está también la Cofepris y su titular, José Alonso Novelo Baeza.

Y es que, al parecer, el hombre que fuera el pediatra de la familia del presidente llegó a la Cofepris sin conocer el tamaño de la institución que encabeza ni el papel de este órgano regulador. Para dimensionar, de cada peso que gastamos los mexicanos, la Cofepris regula 45 centavos. Ya sea por lo que compramos para comer; para beber; para el cuidado de la salud; cuidado personal o, para quien fuma tabaco, pues también eso. Todo es regulado por la Cofepris.

Cuando la Cofepris hace bien su trabajo, los mexicanos tenemos acceso a alimentos y medicinas a mejores precios. Cuando no, empieza el alza en los precios, la necesidad de ir al mercado internacional a conseguirlos, usualmente a precios más altos, y, en el extremo, la escasez. Esto era algo que bien sabemos ya ocurría antes de la pandemia. El mejor y más lamentable ejemplo es la situación que enfrentan los padres de los niños con cáncer por la escasez de medicamentos oncológicos. Con la llegada del COVID, la situación ha empeorado notablemente.

En lugar de que la Cofepris creara un área COVID especial para lograr que en México tuviéramos rápidamente insumos disponibles, de calidad y a buen precio para poder enfrentar la pandemia, ha ocurrido lo contrario. Por ello hace unos días se hizo viral el video del Dr. Francisco Moreno, médico internista e infectólogo del hospital ABC, suplicando a la Cofepris que permitiera la liberación del medicamento tocilizumab que, siendo fundamental para el tratamiento del COVID, permanecía atorado en la aduana.

La Cofepris que encabeza el Sr. José Alonso Novelo Baeza simplemente está pasmada. Y esto está costando vidas. El domingo pasado México fue el país que más muertes registró en todo el mundo. Ya tenemos más de 20 mil mexicanos muertos. Y eso que la contabilidad no es certera porque muchos muertos por COVID no se cuentan como tal. Si no se le practicó la prueba a la persona, se le cataloga como muerte por neumonía atípica, no por COVID19.

También está costando dinero. La Cofepris regula el 10 por ciento del PIB de México. Es el regulador más poderoso dentro del gobierno por el tamaño de lo que regula y porque su titular es nombrado por el presidente sin que el legislativo participe en el proceso. Quizás por ello es al único regulador al cual el presidente no ha atacado ni descabezado. Además, no existe un Consejo que lo supervise como sí lo hay en otros reguladores autónomos.

 

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Desde que los millonarios venezolanos comenzaron a abandonar su país ante el desastre del régimen de Hugo Chávez, se ha dicho en tono de broma que los alcaldes de Miami deberían poner una estatua del líder bolivariano en Ocean Drive o en Key Biscayne para agradecerle la cantidad de dinero que ha llegado a esa ciudad de Florida de venezolanos. Unos huyendo del autócrata; otros producto de la corrupción y saqueo al Estado.

Ahora, con la noticia que ha dado a conocer el investigador del Diálogo Internacional, Michael Camilleri, y el periodista de Univisión, David C Adams, podríamos pensar que las sumas de dinero venezolano en Estados Unidos dan para mucho más que para una estatua de Hugo Chávez.

Y es que en esta investigación se muestra que el dinero de la corrupción en Venezuela que ha terminado en Estados Unidos ha servido hasta para pagar parte del muro de Trump en la frontera con México. Seiscientos millones de dólares del Fondo de Confiscación del Departamento del Tesoro han sido canalizados para este fin.

Ya sabemos que Donald Trump prometió a sus bases electorales que acabaría con la migración indocumentada a su país mediante la construcción del muro fronterizo, y que México pagaría por éste. Pero pues México no ha pagado directamente nada. Aunque el envío de la Guardia Nacional a la frontera sur podría ser considerado un muro humano pagado por México.

Y desde que Trump asumió el poder en 2017 el Congreso le ha negado los fondos requeridos para el muro. Por ello, en febrero del 2019 La Casa Blanca declaró que en su frontera sur existía una emergencia nacional, lo que le permitió al ejecutivo tener acceso a un esquema para darle la vuelta a la falta de fondos que eran bloqueados por el Congreso.

El plan de La Casa Blanca le abrió la puerta a Trump para acceder a estos $601 millones de dólares confiscados a funcionarios venezolanos corruptos. Esto ocurre mientras Juan Guaidó, a quien Estados Unidos reconoce como el presidente interino de Venezuela, pide al gobierno de Trump que le regrese los más de mil millones de dólares que han robado venezolanos y han sacado para depositar en cuentas; yates; casas de lujo; autos; joyas y otros bienes en Miami, principalmente. Guaidó argumenta, con razón, que el pueblo venezolano está enfrentando enormes carencias que se han vuelto mucho peores a partir de la pandemia del COVID19.

El tema es que, mientras la situación en Venezuela entre Maduro y Guaidó no se resuelva, Guaidó no tiene forma legal de presionar a EUA de que le devuelva estos fondos y el gobierno de Trump argumenta que están siendo utilizados correctamente ya que su gasto tiene que estar relacionado con la aplicación de la ley. La construcción del muro en la frontera con México encaja con esta descripción porque su propósito es evitar el paso de drogas y delincuentes.

Así que la promesa de Trump de que México pagaría por el muro en la frontera se ha convertido en que sea Venezuela quien pague parte de este muro. Venezuela, con todo y las carencias de gran parte de su población; con todo y la cercanía entre varios integrantes de Morena que no paran de elogiar a Chávez y a su sucesor, Nicolás Maduro, está financiando ese muro que simboliza todo lo que está mal en la relación México y Estados Unidos.

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Pocos Jefes de Estado en el mundo han visto su popularidad caer a raíz de la pandemia del COVID19. Angela Merkel en Alemania ha aumentado su aceptación 30 puntos entre la declaratoria de la pandemia por parte de la OMS en marzo a mayo; Justin Trudeau aumentó, en el mismo periodo, 49 puntos porcentuales (estaba en negativos antes de la pandemia, de acuerdo con Morning Consult); y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, aumentó catorce puntos.

Por el contrario, el brasileño, Jair Bolsonaro ha perdido 28 puntos porcentuales. Donald Trump se ha mantenido estable. Ganó muy poco al principio de la pandemia pero para mayo se revirtió esa ganancia. Actualmente no ha ganado ni perdido aceptación, a diferencia de lo que le ha ocurrido a todos sus antecesores al enfrentar una crisis. Y en México, Andrés Manuel López Obrador ha perdido de marzo a mayo 3 puntos porcentuales. Es pues, de los pocos Jefes de Estado que ha visto caer su aprobación en medio de la crisis de salud que enfrenta el mundo.

El efecto de patriotismo y unidad que incluso ha generado que los británicos arropen a Boris Johnson, a pesar de que en un principio manejó muy mal la pandemia apostando por la inmunidad de manada, no ha estado presente en México en torno al presidente López Obrador.

Esto quizás explique, más no justifique, lo que está ocurriendo. ¿Está preocupado el presidente López Obrador? En lugar de ocuparse en generar políticas que mitiguen el problema de inseguridad (apenas el domingo 7 de junio se registró el día más violento); el económico y que hagan frente al reto de salud, la respuesta del presidente López Obrador es inventarse teorías de la conspiración y hablar de un golpismo de derecha que lo quiere sacar del poder.

Ayer López Obrador declaró durante su conferencia mañanera que “ya no hay para dónde hacerse, es: o se está con la transformación o se está a favor del antiguo régimen”. Divide y vencerás, reza el dicho.

Tras esta declaración le pidió al vocero de la presidencia, Jesús Ramírez, que mostrara un documento que les llegó de manera anónima a Palacio Nacional que se llama Rescatemos México, cuya autoría se atribuyó a un Bloque Opositor Amplio, BOA. Según lo leído por el vocero, este BOA quiere promover el desplazamiento de Morena de la mayoría de la Cámara de Diputados en 2021 y revocar el mandato presidencial en 2022.

Al presentarlo, López Obrador dijo que desconoce el origen y la autenticidad del documento. Pero, aun así, el presidente de la república decidió que se le diera lectura en Palacio Nacional y opinar sobre éste dando a conocer nombres de periodistas; empresarios; medios de comunicación e incluso instituciones como el INE, como parte de este complot en su contra. Bien puede ser Fake News, que eso, al parecer, es lo de menos. Lo que apenas la semana pasada le pidió el presidente al gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, que no haga acusaciones en su contra sin presentar pruebas, no es un consejo que siga el propio López Obrador. Señala; acusa y no sabe ni la fuente de sus conspiraciones.

Ante la falta de resultados del actual gobierno, lo ocurrido en la mañanera de ayer parece un acto de preocupación y desesperación.

 

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¿Qué horas son? las que usted diga, señor presidente. Es la respuesta que México ha querido evitar que se le de al titular del ejecutivo desde hace décadas porque significa una anécdota del país de un solo hombre. Del presidente todopoderoso al cual nadie puede refutar; corregir y ni siquiera informar. Pero ese es el México en el que nos encontramos bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Ya sabemos que si la crítica viene de los periodistas, el presidente la va a desechar y a descalificar como obra de los adversarios que quieren conservar los privilegios del pasado. Por ello, la esperanza de México (para usar una frase del presidente) radica en quienes están cerca de él y que saben que no vamos por el camino correcto, aun cuando las intenciones pueden ser las mejores y más bondadosas.

La esperanza recae en personas como Alfonso Romo; Marcelo Ebrard; Arturo Herrera; Claudia Sheinbaum y Olga Sánchez Cordero. Funcionarios públicos que, si bien se acercaron a Andrés Manuel López Obrador por estar de acuerdo con varias de sus propuestas y dudando e incluso desechando las críticas de que sería un presidente que destruiría la riqueza y minaría la democracia, hoy deben voltear a ver la situación del país y las respuestas que ha dado el presidente para darse cuenta que esas buenas intenciones no nos están llevando a los resultados esperados.

Momentos como el que vive México los han atravesado otros regímenes y otros gobiernos. La destrucción de un país no ocurre simplemente por la voluntad de una sola persona. Va acompañada de sus colaboradores incondicionales. Incluyendo aquellos que saben que el camino no es el adecuado, pero que persisten silenciosos a su lado.

Hoy vemos esto en los republicanos en Estados Unidos. La colaboración del partido con Trump tiene al país viviendo tres crisis simultaneas de enorme proporción cada una de ellas: la de salud, que es la peor desde la pandemia de 1918; la económica, que es la peor desde 1933; y la protesta social, que es la más crítica desde las manifestaciones de 1968. Trump, lejos de apaciguar, decide encender. Su respuesta a cada una de estas crisis las ha empeorado. Pero aún así, el partido lo respalda.

En su gabinete han estado personajes como Gary Cohn, quien fuera asesor económico de La Casa Blanca, cuya renuncia fue tardía, según lo relata el periodista Bob Woodward en el libro Fear, porque creía que su presencia en el entorno de Trump impedía que el presidente cometiera mayores locuras como cancelar el TLCAN o la imposición de aranceles al acero y al aluminio. Cohn se mantuvo aun cuando estaba escandalizado de la defensa del presidente a los supremacistas blancos de Charlottesville. Al final renunció cuando la imposición de aranceles ocurrió.

Todo esto para decir que en México suceden cosas que son no solo incongruentes, sino inaceptables, y al parecer nadie en el entorno del presidente le puede refutar por el bien del gobierno mismo y del país.

Tan solo en estos días se nos presentó un mapa todo en rojo y una curva que sube, sube y sube con casos de contagio y muerte y al mismo tiempo se nos dice que se acabó la jornada de sana distancia y que poco a poco puede comenzar la nueva normalidad. Además, el presidente decide irse de gira por el sureste. Si esto que es completamente ajeno a la lógica, se señala con incredulidad, el presidente dice que es porque sus adversarios queremos que la pandemia se desborde.

Lleva semanas diciendo que hemos domado a la pandemia; que ésta nos vino como anillo al dedo; que las remesas nos van a salvar; que el peso no está tan devaluado; que la autosuficiencia energética hará de México un país diferente y ayer dijo que pasando junio vendrá la recuperación económica.

A su lado se encuentran secretarios; funcionarios y gobernadores. No todos de Morena. Los hay de oposición. Y nadie señala las incongruencias de manera rotunda, lo que los convierte en cómplices silenciosos de la ruta por la que se encamina México.

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Como si la pandemia del COVID no fuera suficiente, este gobierno se empeña en generar crisis innecesarias. Lo vimos la semana pasada al querer desaparecer el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine, el FIDECINE, que generó una movilización tan importante de figurones en la materia, como Guillermo del Toro; Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu que al final la desaparición del FIDECINE quedo en veremos. ¿Por qué querría el gobierno de López Obrador pagarle así a quienes de forma tan vociferante lo apoyaron en la campaña presidencial? No se entiende. Pero sí se generó un problema innecesario.

Lo mismo puede decirse de lo que tanto el presidente como el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell hicieron al anunciar un agradecimiento a la OMS por la postulación para que México forme parte de la lista de expertos del Reglamento Sanitario Internacional (RSI).

Por la forma como anunciaron esta inclusión, algo muy positivo se tornó en una media verdad que, como bien sabemos es también una mentira a medias.

En el video que publica cada fin de semana el presidente desde Palacio Nacional declaró que la OMS postuló al Subsecretario por su gran trabajo para enfrentar la pandemia del COVID19 y eso no es cierto.

Para poder ser considerado para formar parte de la lista de expertos del RSI de la OMS se debe hacer una postulación. Ésta se anunció desde el año pasado y la fecha límite para presentar la aplicación fue el 31 de octubre del 2019, cuando el COVID19 todavía ni existía.

Quien dio la carta de apoyo para que el Subsecretario Hugo López-Gatell fuera postulado fue un miembro del equipo del Sr. Cristián Morales, representante en México de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Ésta es la agencia especializada en salud del Sistema Interamericano y la oficina regional para las Américas de la OMS.

Y quien defendió y empujó esta postulación fue el Dr. Juan Ramón de la Fuente, actual Embajador de México ante la ONU, ex Secretario de Salud. Su argumento fue que existe una larga tradición de médicos mexicanos que han sido parte de comités internacionales.

Resulta muy meritorio y positivo que dentro de quienes se postularon, la OMS decida que el subsecretario López-Gatell pueda formar parte del RSI. No cualquiera que se postula logra la inclusión. Y aún más positivo es darnos cuenta de que, no todo lo del pasado se quiere eliminar. En este caso, la tradición de que médicos mexicanos trasciendan en el ámbito internacional y se les reconozca.

Lástima que en el camino se quiera enmarcar esto como un reconocimiento a lo que se está haciendo actualmente para luchar contra el COVID19. Una cosa no está ligada con la otra. Y lástima que en el gobierno haya funcionarios que quieran hacer caravana con sombrero ajeno y demeriten mediante ataques a otros secretarios de salud.

Me refiero a Jenaro Villamil quien en twitter escribió: “Alguien sabe si a los eminentes ex secretarios de Salud, Julio Frenk, José Narro y Salomón Chertorivsky los llamó la @opsoms para formar parte de su equipo internacional”.

Villamil es el presidente del Sistema Público de Radiodifusión de México. ¿Por qué ocupa su tiempo para atacar en un frente que ni le corresponde? Más cuando sabemos que a Frenk, Narro y Chertorivsky también se les ha invitado a participar en la OMS. A Frenk, se le nombró Director Ejecutivo encargado de Pruebas Científicas e Información para las Políticas. Narro fue integrante de la Comisión Independiente de Alto Nivel sobre enfermedades no transmisibles. Chertorivsky formó parte de los comités de la ONU para enfrentar enfermedades crónicas no transmisibles. Aquí solo me enfoco a sus reconocimientos ante la OMS/ONU, pero los tres ex Secretarios de Salud tienen muchos más a nivel nacional e internacional.

Ni todo en el pasado era negro, ni todo actualmente es la debacle. ¡Felicidades Subsecretario Hugo López-Gatell!

www.anapaulaordorica.com @AnaPOrdorica

Apostilla: Todo esto me recordó aquella portada en una revista inglesa en la que salió el entonces Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, como el mejor ministro de finanzas del mundo. Entonces, los antagonistas del gobierno de Peña Nieto se burlaron y dijeron que la portada había sido comprada.

 

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Al presidente no le gustan ni las energías limpias ni las inversiones privadas. Las primeras quizás porque no las entiende, las segundas porque ve cualquier inversión privada como la mano del cerdo capitalista que abusa del pueblo y se enriquece a su costado.

Por ello hemos visto como su gobierno ha cometido tres atropellos concretos, tres strikes, en contra de las energías limpias y la inversión privada en el sector que, por el momento, las tiene ponchadas.

STRIKE 1: Resolución que modificó los términos para la estricta separación legal de la CFE que se habían publicado en el Diario Oficial de la Federación en el 2016. Con esta separación legal se lograba dividir subsidiarias y filiales de la CFE para que financieramente se supiera en donde tenía pérdidas, en donde utilidades y pudiera participar en el mercado en igualdad de circunstancias. En marzo del 2019 se modifican estos términos y así la CFE, bajo la batuta de Manuel Bartlett, puede auto regularse, ósea, hace opaco en donde hay pérdidas; en donde ganancias y permite manipular los precios del recientemente creado mercado eléctrico mayorista.

STRIKE 2: Facilitar a la CFE que su generación hidroeléctrica y nuclear obtuvieran CELs (Certificados de Energía Limpia) a pesar de no ser inversiones nuevas. En octubre del 2019, la SENER publicó reglas para que las hidroeléctricas y centrales nucleares de la CFE obtuvieran CELs aun sin ser inversiones nuevas. Los CELs fueron hechos para impulsar inversión en nuevas centrales limpias y así asegurar el cumplimiento de los acuerdos internacionales en cuanto a reducción de emisiones, bajando y estabilizando el precio de la energía eléctrica en el largo plazo. La necesidad de generar certificados les dio un valor de mercado. Al hacer el cambio la SENER, desvirtuó el propósito de estos certificados y los devaluó en beneficio de la CFE y en perjuicio de los inversionistas.

STRIKE 3: Cambios regulatorios al uso de energías.

Éste último strike que ocurrió el viernes pasado ponchó la posibilidad de que en México se utilicen las energías más limpias y de mejor precio en el mercado de un plumazo. Es un cambio que primero es ilegal, porque no cuenta con la revisión y visto bueno de la COFECE ni de la COFEMER.

En segundo lugar, es un documento que se soporta en una enorme mentira. SENER y CENACE (Centro Nacional de Control de Energía) argumentan que las empresas de energía solar y eólica generan energía de manera intermitente y por ello hay alteraciones en la red de suministro, lo que genera inestabilidad. Esto es una enorme mentira porque las empresas que obtienen su contrato de interconexión para proveer energía al Sistema Eléctrico Nacional lo reciben una vez que el CENACE se los otorga habiendo cumplido con tres estudios que demuestran que han invertido en equipo de protección a la red que hacen que la corriente sea asíncrona, lo que elimina estas oscilaciones.

Es además una manipulación del mercado que, en lugar de favorecer primero a las energías más baratas y limpias como suministro para el sistema eléctrico nacional en beneficio de los usuarios finales, como son la eólica y la solar, da prioridad a la más cara y sucia, que es el combustóleo que le suministra Pemex a la CFE para que sean sus centrales las primeras en ser despachadas, no importando si utilizan insumos caros y sucios.

Por último, es la forma más clara en que México como país está decidiendo incumplir con sus compromisos ambientales pactados y firmados, como el Acuerdo Climático de Paris. En las refinerías en donde se produce combustóleo, un residuo de la refinación de petróleo que contiene más de 4% de azufre, que cuando es quemado para generar energía se ha documentado un impacto en la salud de los habitantes que viven en sus alrededores.

Y por si fuera poco, en este tercer strike el gobierno quizás no se ha dado cuenta (o si sí, no le importa) que se está dando un balazo en el pie porque varias de las empresas que han invertido en energías renovables tienen créditos con la Banca de Desarrollo. Si estas empresas quiebran, no le van a pagar a Banobras; Nafin, etc.

 

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El presidente López Obrador tiene razón cuando señala las desigualdades en los ingresos y lo indignante que es que pocas personas tengan mucho dinero mientras muchas personas tienen muy poco. Su gobierno tiene como una de las premisas principales querer acabar con esas desigualdades. Hasta ahí todo bien. El problema viene cuando su receta para ello es que su gobierno se va a dedicar a atender al 70 por ciento de la población regalándole dinero sin intermediarios a los que menos tienen, y dejar que el otro 30 por ciento le haga como pueda.

Si quiebran las empresas es responsabilidad del empresario. “Se tiene que poner por delante el interés general, el interés de la mayoría de los ciudadanos y, de manera humanitaria, atender con preferencia a los pobres”, declaró el presidente.

Esta receta será un desastre para el país.

Para ejemplificarlo podemos irnos a los extremos. Tomemos al hombre más rico del mundo actualmente, Jeff Bezos, dueño de Amazon. Su fortuna está valuada en 130 mil millones de dólares. Esto lo hace ser 36 por ciento más rico que la monarquía británica y vale por sí solo más que el PIB combinado de Islandia, Luxemburgo y Chipre.

Para que un empleado de Bezos que gana 31 mil 200 dólares al año logre acumular la riqueza de su jefe, Jeff Bezos, tendría que trabajar 4.15 millones de años sin gastar un solo dólar. Así la desigualdad tan extrema. Pero si hoy Jeff Bezos, en un arranque de filantropía, quisiera repartir su fortuna entre los 7.7 mil millones de habitantes del planeta, nos tocaría a cada uno $17 dólares. Esta es una cantidad insignificante que no cambiaría la vida de absolutamente nadie, más que de Jeff Bezos, que se quedaría solo con $17 dólares en la cartera.

Me voy a este extremo para regresar a México y a nuestro presidente que quiere acabar con la enorme desigualdad que sin duda existe y es insultante, regalando dinero. El viernes pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación que queda como mandato constitucional los programas sociales del actual gobierno: las pensiones para adultos mayores; las becas para Jóvenes Construyendo el Futuro; los apoyos para la población afromexicana y un largo etcétera.

El presupuesto 2020 del gobierno es de 6,107 miles de millones de pesos. Si el presidente Andrés Manuel López Obrador va a regalar poco dinero a los que menos tienen, el resultado será el mismo: el presupuesto no alcanzará para hacer un cambio significativo para los beneficiarios, pero el gobierno mexicano se quedará sin recursos y eso ocasionará que a la larga todos los mexicanos estemos en peores circunstancias.

Siguiendo con el ejemplo de Jeff Bezos, si el presupuesto completo se dividiera entre el 70 por ciento de los 123 millones de mexicanos, cada uno recibiría 5 mil 910 pesos mensuales aproximadamente. Esta cantidad es insuficiente para resolver las necesidades de los mexicanos.

Es un círculo vicioso: regalas poco dinero a muchos; las empresas que aportan a la economía y generan empleo, sin apoyo no tienen como sobrevivir a la emergencia. En el extremo cierran y por ello, se pierden fuentes de empleo y pago de impuestos; el gobierno recibe menos dinero y con ello tiene menos para regalar al año siguiente.

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Una de las industrias más afectada a nivel mundial por el coronavirus es la energética. Gigantes como Exxon Mobil tuvieron pérdidas en el primer cuarto del año por primera vez en tres décadas. Mientras el año pasado, Exxon tuvo ganancias por $2.4 mil millones de dólares en los primeros tres meses del 2019, en el mismo periodo ahora tuvo $610 millones de dólares de pérdidas atribuibles principalmente al área de refinación.

Por esta razón, el CEO de Exxon, Darren Woods, ha decidido hacer un recorte en los gastos de capital que tenía proyectados la empresa por unos $10 mil millones de dólares en el 2020. Esto significa un recorte del 30 por ciento en el presupuesto de la empresa petrolera más grande de todo Estados Unidos que quiere adaptarse a la contracción de la demanda.

Por su parte, Chevron ha reportado que va a reducir su producción petrolera entre 200 mil y 300 mil barriles al día durante mayo y entre 200 mil y 400 mil barriles al día en junio. A ello va a agregar un recorte en su gasto corriente de miles de millones de dólares. El director de Chevron, Mike Wirth, declaró que la industria y el mundo se encuentra en una situación demasiado complicada, con baja demanda de energéticos que no se espera se revierta.

En el mismo canal está Royal Dutch Shell, que decidió recortar dividendos por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial; British Petroleum y Shell. De ese tamaño es el problema en el sector.

Y mientras estos gigante energéticos hacen ajustes y recortes, en México el gobierno decide doblar la apuesta con Pemex y seguir adelante con sus planes pre-COVID, como si nada estuviera ocurriendo; como si la empresa no estuviera perdiendo 23 mil millones de dólares trimestrales. Se le está metiendo dinero bueno al malo.

Todo esto tiene una explicación que ha repetido una y otra vez el presidente Andrés Manuel López Obrador: se busca que México logre autonomía e independencia energética. Que dejemos de requerir importar energéticos y que aquí, en el país, se extraiga el petróleo necesario para nuestra demanda y se refine lo suficiente para no tener que importar gasolinas. Pemex es, a ojos de AMLO, el símbolo de la soberanía del pueblo mexicano.

Hay dos grandes problemas con esta premisa del presidente. El primero es que ningún país que se ha propuesto dicha independencia energética, ni siquiera Estados Unidos que logró en 2018 ser el principal productor de petróleo de todo el mundo, lo ha logrado. EUA, bajo la presidencia de Nixon vio como los países árabes le recortaron el suministro de petróleo por el apoyo a Israel en la guerra de Yom Kipur. Desde ese año, 1973, se propuso lograr independencia energética cosa que hoy no ha logrado. Basta con ver que en estos momentos hay buques provenientes de Arabia Saudita esperando en sus costas para la entrega de petróleo que se había comprado antes de que llegara el virus. Ni siquiera Estados Unidos con todo y el revolucionario descubrimiento del shale gas/oil ha logrado en más de 40 años esa soberanía energética.

 

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La pandemia del COVID19 llegó cuando México ya traía serios problemas en el sector salud. Algunos de estos problemas venían de años atrás, otros fueron generados por la decisión presidencial de terminar de machetazo y sin planes claros con las compras de medicamentos o con programas como el del Seguro Popular aun cuando su sucesor, el INSABI, no estaba listo.

Así llegó la pandemia. Y ahora la situación es muy preocupante por tres razones: 1) Las compras que está haciendo el gobierno para surtirse de insumos médicos específicos para la pandemia están llevándose a cabo sin orden y rigor de precio y calidad 2) Por el contrario, las compras que quiere hacer la iniciativa privada para abastecer el mercado interno, también para insumos para enfrentar el COVID19, implican una pirámide de trámites extra complicados y tardados de sortear y 3) todos los medicamentos e insumos que no tengan que ver con la pandemia se encuentran paralizados.

Estas tres situaciones eventualmente influirán en el acceso a vacuna que podamos tener los mexicanos al COVID19. Como desgraciadamente en México se invierte poco en innovación médica, la idea de que seamos el país que logre la vacuna que todo el mundo está esperando es un sueño inalcanzable. Por tanto, dependemos de algún laboratorio extranjero en el cual se genere esta vacuna y después dependeremos del proceso que fije el gobierno mexicano para que esa vacuna llegue a México.

Pero ¿qué esperanza hay de que el proceso sea eficiente y apegado a estándares que permitan que la vacuna a la cual tengamos acceso los mexicanos va a ser segura y confiable?

Si el gobierno no está cuidando ahora lo que importa de China ¿cómo estaremos seguros de que va a cuidar la vacuna que llegue? En Holanda, la importación de urgencia de 600 mil mascarillas de China los llevó a descubrir que tiraron el dinero a la basura. La empresa exportadora fabricó a las prisas un producto que lograba cubrir lo mismo que si no se utilizara un cubre bocas. En España, otra importación de otra empresa china, en esta ocasión 5 millones de pruebas rápidas para detección del COVID, resultó en otro fiasco: de cada 10 pacientes que resultaron positivos al COVID, la prueba solo detectó correctamente a tres.

El problema principal con estar comprando estos insumos baratos que luego resultan inservibles es que, las empresas que producen insumos de calidad no pueden competir con esos precios. El resultado es perder-perder.

Si alguna empresa promete que tiene una vacuna rápida y barata ¿la va a aceptar el gobierno mexicano como ahora acepta todos estos insumos de China que han probado ser un fiasco para varios países europeos que cayeron en la trampa de comprarlos sin checar su calidad?

Lo segundo es que, al poner todas las trabas burocráticas extras para las empresas privadas que quieran importar insumos de calidad estamos impidiendo que éstos lleguen a México. Bajo el argumento de que todas las empresas del sector salud son unas corruptas, los trámites que se les han impuesto son monumentales.

Si se quisieran importar ventiladores respiratorios, por ejemplo, se debe mandar un correo al Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (CENAPRECE) en donde se den especificaciones e instructivo de uso. Tras su respuesta, se debe acudir a la COFEPRIS a solicitar el registro sanitario y el permiso de importación, el cual, a partir del 21 de abril, se debe de hacer ¡vía mensajería!

Estos trámites antes se hacían presencialmente en la COFEPRIS pero por la sana distancia, en lugar de pensar en que los trámites se hagan vía electrónica, el requisito es que sea vía mensajería. De regreso al siglo XX.

 

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La relación entre el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y el de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado perplejos a muchos desde el arranque del sexenio.

Cuando candidato, López Obrador no solo habló sobre la relación que llevaría con Trump, también escribió un libro que se llama Oye Trump en el que destacaba que, él, a diferencia de su antecesor, Enrique Peña Nieto, asumiría una defensa implacable de los mexicanos en general, de los migrantes en particular y respondería a todas y cada una de las bravuconerías del presidente de Estados Unidos. Así lo escribió en varios tuits y lo repitió a lo largo de su campaña.

Una vez asumido el poder, Andrés Manuel López Obrador ha sido extremadamente dócil con Donald Trump, a quien se refiere como su amigo.

Lo anterior vuelve a ser relevante ya que el lunes por la noche el presidente Trump informó a través de sus redes sociales que, debido a la pandemia por el COVID19, suspenderá temporalmente la migración a Estados Unidos con el fin de proteger los trabajos de los estadounidenses. La orden ejecutiva la firmará el día de hoy y arranca con una vigencia de 60 días. Así Trump vuelve a recurrir a la migración como el villano que acecha al pueblo estadounidense. La pandemia es una nueva excusa para sus instintos nativistas.

El anuncio se da cuando apenas la semana pasada el presidente López Obrador presumió que tuvo una llamada con el presidente de Estados Unidos quien le prometió dar mil ventiladores a México y programar una reunión para junio o julio en la que quiere agradecerle la entrada en vigor del TMEC.

Trump sigue siendo Trump. Cuando Peña Nieto era presidente, el mismo día en el que vino a México como candidato y se le dio trato de Jefe de Estado, en la noche fue a Arizona a atacar a los mexicanos en un rally. Ahora, habla con AMLO un día y a los tres saca un decreto anti migrante.

Lo peor es que tanto en el tema TMEC como en la entrega de ventiladores, Trump no va a cumplirle a López Obrador.

El agradecimiento sobre la entrada en vigor del TMEC sería prematuro porque el acuerdo comercial renegociado está atorado. Su fecha de entrada en vigor estaba prevista para el 1º de junio, algo que ya no ocurrirá porque quedan por definir reglas en el sector automotriz. Por el momento la fecha está retrasada hasta el 1º de julio. Pero existe un grupo de asesores del sector privado estadounidense que se reunieron con el encargado comercial de Trump, Robert Lighthizer, el pasado 15 de abril en donde le pidieron a La Casa Blanca posponer la entrada en vigor del TMEC hasta enero del 2021 argumentando que la pandemia ha complicado las condiciones para que el acuerdo entre en vigor antes.

En cuanto a los ventiladores, parece poco probable que Trump le envíe a México mil cuando el 1º de abril FEMA, la Agencia Federal de Manejo de Emergencias, declaró que Estados Unidos enfrentaría un déficit de 13 mil ventiladores. Por ello el gobierno federal y los estados han estado peleando por el abastecimiento de éstos.

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