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Desde el lugar 53 de 53 países medidos en el ranking de Resiliencia COVID19 que publicó Bloomberg, los autoelogios del presidente Andrés Manuel López Obrador a su estrategia para lidiar con la pandemia duelen. México es el país que peor ha manejado la pandemia. Último lugar.

Pero tenemos a un presidente y a un encargado de lidiar con ella que se empeñan en decir que somos alarmistas los que señalamos que una tasa de muerte de 8.6 por ciento no es normal. Que hay que corregir el rumbo. Que más de 100 mil muertos son la clara señal del error. Que el virus no nos vino como anillo al dedo. Que es necesario utilizar cubrebocas.

No señor presidente, su trabajo ante la pandemia no es digno de ser copiado. Merece ser repudiado. Pero ante todo, lo mejor sería rectificar el camino.

Quizás tanto López Obrador como Hugo López Gatell están sufriendo de lo que los profesores Paul Slovic y Daniel Västfjäll ((https://bit.ly/39ayNWE)) han llamado el adormecimiento psicológico ante la tragedia: son ya tantas las muertes que ya no hay sensibilidad ante el sufrimiento y lo que prevalece es la apatía y la inacción. El valor de la vida es menor cuanto más vidas se pierden.

Para ayudar a sensibilizar ante este adormecimiento psicológico, Slovic y Västfjäll recomiendan tratar de hacer los números más pequeños. Si tomamos en cuenta que el primer caso de COVID se registró en México el 27 de febrero, han transcurrido 269 días en los que han muerto 101,926 personas. Esto significa que han muerto en promedio 379 personas al día; ósea 16 personas cada hora desde aquel 27 de febrero, en promedio. Tanto AMLO como Hugo López Gatell saben que estos números son conservadores respecto a las muertes reales que han ocurrido en México pero quizás saber que en México han muerto al menos 16 personas cada hora por COVID19 ayude a sensibilizarlos que es necesario cambiar la estrategia.

El presidente López Obrador dice que en México no se han utilizado medidas autoritarias para confinar a la gente. El Ranking de Resiliencia COVID de Bloomberg muestra que ocho de los 10 países que mejor han manejado la pandemia son democracias. El éxito en contener la Covid-19 con la menor injerencia en la vida cotidiana parece depender menos de tener mano dura para ordenar a las personas a que se sometan a las reglas del Estado, y más de que los gobiernos generen un alto grado de confianza y esto invita a la cooperación y cumplimiento social.

Pero aquí el presidente anunció ayer una nueva dádiva: 11 mil 460 pesos para los gastos funerarios de cada familia que pierda a un ser querido por la pandemia. Cinco días después de presentar el acta de defunción en la que se diga que la persona murió por coronavirus llegará el dinero de manera directa.

AMLO ha decidido que regalará más migajas a los que menos tienen y así mantendrá su popularidad sin tener que ocuparse de lidiar con el virus. Pobre México, la necedad; la indolencia y la insensibilidad de una persona está costando, en cifras conservadoras, la vida de 16 personas cada hora.

Apostilla: Y de la educación de los niños y adolescentes ni hablamos. Están abiertos gimnasios, mercados y restaurantes pero las escuelas y universidades no tienen para cuándo. Quizás valdría la pena mandar a los hijos a estudiar a un mercado, restaurante o gimnasio.

Columna completa en El Universal

“El que no aspira, no respira”. Esa fue la frase que me dijo alguna vez un Secretario de Gobernación al referirse a los políticos en México y el mundo. Es perfectamente normal que un servidor público aspire a un mejor cargo popular. Por ello es legítimo y comprensible que el actual Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell (HLG) tenga sus propias aspiraciones. Lo que resulta realmente inexplicable es que, en lugar de concentrarse en hacer excepcionalmente bien el encargo actual para así poder tejer un camino más sólido y bien ganado hacia un mejor puesto, haga lo contrario.

Su trabajo como encargado de enfrentar la COVID19 es que se contagie y muera el menor número de mexicanos. Y la principal tarea al estar en los hechos ya al frente de la COFEPRIS es lograr agilizar los procesos burocráticos para que México tenga varias vacunas y tratamientos para los que enfermen de coronavirus y que esto suceda al mismo tiempo que en Estados Unidos; Europa y América Latina.

Además, esa ha sido la instrucción presidencial que recibieron el canciller, Marcelo Ebrard, el titular de la COFEPRIS, José Alonso Novelo, y el propio Subsecretario.

Pero López-Gatell está haciendo exactamente lo contrario. Según varias fuentes a las que he tenido acceso, desde distintos ámbitos tanto públicos como en las empresas intentando agilizar la llegada de la vacuna y tratamientos a México, el nombre recurrente para explicar diques y obstáculos para que ello suceda es HLG.

Ya sabemos que ha estado en contra del uso del cubrebocas y de la aplicación de pruebas. Pero en el tema de los tratamientos y las vacunas, realmente hay incredulidad ante la actitud que ha asumido López-Gatell. Sobretodo al ver que otros países ya tienen planes y estrategias para vacunación mientras que en México el Subsecretario no ha presentado nada y se ha dedicado a declarar en contra de todas las vacunas que se están trabajando actualmente en el mundo.

Primero ha obstaculizado vía la COFEPRIS que tiene cooptada, la entrada del tratamiento Remdesivir que, para mayores señas, fue uno de los utilizados para salvarle la vida a Donald Trump. A México es un medicamente que no se le permite actualmente la entrada. Prohibición que ocurre sin explicación.

Lo mismo pasa con los procesos para compra de vacunas. Mientras en la cancillería se ha hecho un trabajo profesional para tratar de que México tenga acceso a la o las primeras vacunas que logren su aprobación, una vez que ese enlace con laboratorios y/o empresas se logra, la bolita queda en la cancha de la Secretaría de Salud para los tramites de aprobación y planes de distribución. Pues todo ello está frenado en el dique llamado López-Gatell.

Haciendo un recuento de las declaraciones de HLG, lleva desde el 25 de junio y hasta la fecha hablando en contra de cada esfuerzo por lograr que una vacuna llegue a México. En la conferencia vespertina del 9 de noviembre, tras el anuncio de Pfizer de 90 por ciento de efectividad en su vacuna, declaró que la información venía sólo de la prensa. Afirmó “tenemos que ser mesurados y no porque salga una buena noticia debe apresurase el análisis ni dejarnos llevar por presiones políticas.”

¿A qué presiones políticas se referirá López-Gatell? Tal parece que siente que si llega la vacuna a México, alguien más (¿Ebrard?) y no él, recibirá los réditos políticos. Su aspiración es criminal. Está matando a los mexicanos.

 

Columna completa en El Universal

Atlanta, Georgia. – El número me parece impresionante. 71.5 millones de personas votaron por Trump. Casi 8.5 millones más de personas votaron por Trump este 2020 de los que votaron por él en el 2016. No hubo un rechazo al trumpismo, como muchos anticipaban. Por el contrario, Trump recibió más apoyo.

Pero lo fundamental es que si en 2016 votaron por una persona a la que realmente no conocían, ahora en el 2020 lo hicieron sabiendo que Trump es un racista; xenófobo; nativista; misógino; mentiroso; tramposo; cruel; cero empático; temerario.

Si todo esto no solo no generó repulsión, por el contrario, mayor apoyo, entonces ¿qué tiene que hacer un líder para que lo rechacen contundentemente? Lo pregunto observando a Estados Unidos pero pensando en México.

No se repudió al populismo con la intensidad que se esperaba ni con la enjundia que se merecía. 10 millones de contagios y en ruta a las 300 mil muertes y Trump logró convencer a 71.5 millones de personas que su manejo de la pandemia por la COVID-19 no era motivo para sacarlo de La Casa Blanca.

En la cobertura que he estado haciendo como parte del equipo de Noticieros Televisa he podido platicar con fervientes trumpistas que se creen absolutamente todo lo que les dice el presidente en los mítines y lo que leen en su cuenta de twitter.

Todo se lo creen: el virus no existe; es un complot. A Trump no le dio COVID, lo fingió para mostrar que es una mentira. El anuncio de Pfizer sobre 90% de efectividad en su fase 3 dado hasta pasada la elección comprueba el complot. Hay votos legales y votos ilegales. Los ilegales están solamente en los condados y estados en los que Trump no ganó, pero eso es un simple detalle. Trump ganó; Trump ganó; Trump ganó…me repitieron varios de sus votantes tanto en Florida como en Georgia.

Trump no va a quedarse más allá del 20 de enero en La Casa Blanca, pero durante los próximos cuatro años va a tener al partido republicano secuestrado con su proyecto de, ya sea reelegirse en el 2024 o que Don Jr. o Ivanka busquen esa candidatura. “Trump tendrá el potencial de ser más destructivo fuera de La Casa Blanca que dentro”, dijo Jennifer Horn, fundadora del Lincoln Project.

Desde el día después de la elección, el hijo del presidente, Don Jr., ha estado tuiteando a los republicanos más importantes, por nombre, exigiendo una postura clara de no reconocimiento a Biden y apoyo a la ola de juicios abiertos por su padre para intentar revertir la elección. Al llamado han respondido varios de ellos, incluyendo el líder del Senado, Mitch McConnell, quien logró reelegirse hace una semana y no ve la contradicción de reconocer ese resultado electoral pero de cuestionar el de la presidencia.

Vienen momentos complicados para Joe Biden. Arrancará con un montaña casi vertical de retos con los cuáles deberá lidiar con un ejército pro-Trump de millones de personas que rechazan su liderazgo.

Entre los comentarios y análisis leídos en estos días me quedo con el del periodista del New York Times, Frank Rich: en 2016 Donald Trump era un signo de interrogación; en el 2020 es un signo de exclamación. 71.5 millones de personas decidieron que era la mejor opción para su país.

Estados Unidos acaba de concluir cuatro años tumultuosos en los que dos se fueron en la campaña presidencial más concurrida (147 millones de personas) y más cara ($14 mil millones de dólares) de la historia. El resultado ha sido dejar al país en el mismo lugar: fuertemente dividido; sumamente polarizado.

71.5 millones de personas votaron por 4 años más de Trump. Sirva esto para que en México pongamos las barbas a remojar quienes creemos que los liderazgos caóticos son repudiados contundentemente en las urnas.

Columna completa en EL UNIVERSAL

Miami, Florida. La joya de la corona se la llevó Donald Trump. Florida, con sus 22 millones de habitantes, es el 3er estado con más votos en el Colegio Electoral. Con 29 votos, empata con Nueva York y es superado solamente por California, que tiene 55 votos del Colegio Electoral, y Texas, que tiene 38. Pero a diferencia de estos otros estados, Florida es considerado columpio. Es decir, es un estado que ha votado tanto republicano como demócrata desde 1868.

De hecho, solamente una vez en las últimas 12 elecciones presidenciales, Florida ha votado por el candidato perdedor. Fue en 1992, cuando el estado se decantó por George Bush padre y la elección la ganó Bill Clinton.

Ahora estará por verse si se repite el escenario de aquel 1992 de un Trump ganador de Florida pero perdedor de la elección presidencial. El triunfo de Trump en Florida es muy simbólico de lo que ocurre hoy en Estados Unidos.

La noche del domingo acudí a un rally de Trump en el que pude escuchar las razones de tantas personas para votar por cuatro años más del presidente. Entre ellas, la comunidad hispana ha tenido un papel fundamental. Lejos de sentirse ofendidos por la retórica anti-inmigrante; por un Trump que ha llamado a los mexicanos criminales; a los centro americanos habitantes de “países de mierda” y a los Puertorriqueños los ha desdeñado ignorando primero que la isla es territorio de Estados Unidos y segundo, coqueteando con la idea de intercambiarla por Groenlandia, con todo y esto, votaron por Trump.

Los adultos mayores que se suponía iban a mostrar una revolución gris en Florida al votar por Biden enojados por el manejo que ha hecho Trump de la pandemia, no se revelaron en contra del presidente.

Por el contrario, en el condado de Sumter, en donde se ubica la zona emblemática de The Villages, el lugar en el que se retiran los adultos de más de 65 años para jugar golf y, aparentemente otras cosas ya que es el sitio número uno de ventas de Viagra, votaron por premiar a Trump con cuatro años más en La Casa Blanca 68 por ciento frente a 31 por ciento para Biden.

No hubo revolución gris.

Lo que sí logró Donald Trump en Florida fue convencer a los venezolanos; nicaragüenses y sobretodo a los cubano americanos que un triunfo de Biden significaría la llegada a Estados Unidos del socialismo. Increíble que prefieran a un narcisista que le gusta organizarse desfiles militares; poner su nombre a edificios y abrazar a los autócratas y dictadores del mundo, pensando que así evitan que en Estados Unidos ocurra lo que en los países de los que salieron expulsados. Pero eso fue claramente lo que ocurrió.

En Miami-Dade, un condado con fuerte presencia de este electorado hispano, sobre todo del cubano-americano, Joe Biden obtuvo poco más del 50 por ciento de los votos cuando hace cuatro años Hillary Clinton lo ganó con el 64 por ciento. Los demócratas no han hecho caso al electorado hispano y por más que Biden quiso ganar el terreno perdido en las últimas semanas, ya fue muy poco y muy tarde y esto le costó los 29 votos del colegio electoral que le habrían significado un triunfo temprano la noche de ayer.

Ahora la incertidumbre que acompaña este mal resultado de Biden en Florida abre un espacio para que Trump domine la retórica en los próximos días.

 

Columna completa en El Universal

Cuando uno pensaría que el PRI tendría que estar ideando una estrategia para ganarse a la opinión pública que desencantada y enojada con el desempeño del partido durante el sexenio pasado los abandonó y decidió darle el voto a Morena y sobre todo a Andrés Manuel López Obrador, sale la sorpresa de su postura frente a la detención del General Cienfuegos.

El diputado Pablo Guillermo Angulo Briceño presentó un punto de acuerdo ante la Cámara de Diputados solicitando que la Secretaría de Hacienda, ósea, el gobierno mexicano, asuma los costos legales de la defensa del General Cienfuegos, acusado y detenido en Los Ángeles, California, de haber recibido sobornos de los Beltrán Leyva a cambio de protección.

La detención es un tema de enorme relevancia para México; para la relación bilateral con Estados Unidos y para la lucha en contra del crimen organizado que tanto le ha costado al país en dinero, vidas e imagen.

El punto de acuerdo del diputado Angulo Briceño lo subió a twitter el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, así que se puede asumir que es la postura del partido. Bajo el argumento de los 54 años de servicio a México del General Cienfuegos y dado que en el país no hay una investigación abierta en su contra, el PRI, bajo el mando de Moreno y con el documento de Angulo Briceño, se inserta en un tema que hace ver al partido como defensor del crimen organizado y la corrupción.

Si, a Cienfuegos no se le ha declarado culpable en ninguna corte. Pero el primero en asumirlo como culpable fue el presidente Andrés Manuel López Obrador en la conferencia mañanera del 16 de octubre en donde declaró “Quiero decir que, como en le caso de García Luna, todos los que resulten involucrados en este otro asunto del General Cienfuegos, que estén actuando en el gobierno o en la Secretaría de la Defensa, van a ser suspendidos, retirados y, si es el caso, puestos a disposición de las autoridades”. Y agregó que él no va a encubrir a nadie. “No podemos seguir con un régimen corrupto, de injusticias, de privilegios. Imagínense la vergüenza que detienen al que fue jefe de la Policía con Calderón y ahora al Secretario de la Defensa del pasado gobierno”, remató el presidente.

Más tarde López Obrador intentó retirar lo dicho y decidió que mejor era esperar la sentencia. Pero ese golpe a la credibilidad del ejército ya estaba dado por el actual Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas que es el presidente de México.

Golpe que, según fuentes consultadas con trato directo con el Ejército, tiene sumamente enojados a buena parte de las Fuerzas Armadas que simplemente no entienden como es que el presidente López Obrador, que se ha apoyado tanto en ellos, fue tan rápido en condenar a Cienfuegos.

En lugar de dejar al presidente López Obrador en su laberinto para que resuelva qué debe hacer su gobierno frente a un Estados Unidos que actúo unilateralmente en contra de uno de sus ciudadanos y ex funcionario de tan alto rango, el PRI decide presentar este punto de acuerdo para que la opinión pública los catalogue como defensores de posibles actos de corrupción.

Algunos en el Ejército estarán contentos con el PRI. Pero fuera de ellos, esta postura será vista como la prueba de que los errores del pasado siguen siendo defendidos por el corrupto Partido Revolucionario Institucional. Flaco favor se hace el PRI como oposición en la antesala de las elecciones del 2021.

 

Columna completa en El Universal

En la detención sorpresiva del General Cienfuegos el pasado 15 de octubre hay tres grandes perdedores:

Primero, evidentemente el General Cienfuegos, que aun cuando debe ser considerado inocente hasta no ser declarado culpable, ya ante la opinión pública es culpable de haber recibido sobornos a cambio de protección para Juan Francisco Patrón, conocido como El H2, miembro del cártel de los Beltrán Leyva.

Segundo perdedor, el Ejército, que parecía estar montado en caballo de hacienda en el actual gobierno. Tan solo en estos dos años que lleva López Obrador como presidente, el Ejército ha recibido más de 29 mil millones de pesos en recursos adicionales para desempeñar con honradez y disciplina las múltiples tareas que AMLO les ha asignado.

Ahora, con la acusación al general Salvador Cienfuegos, esta honradez y disciplina queda puesta entre signos de interrogación. Y en su lugar entra en la agenda la discusión de si el titular de la Sedena debe de ser un civil y no un militar.

Se abre a la discusión la autonomía que ha gozado el Ejército mexicano y la falta de contrapesos. Algo que varios investigadores han señalado desde hace décadas, la opacidad con la que opera el ejército que permite abusos e impunidad en materia de Derechos Humanos y cumplimiento del deber, vuelve con fuerza.

Y quedarán en el ojo público miembros del ejército que hoy son cercanos al presidente López Obrador pero que llegaron a sus actuales puestos impulsados por el General Cienfuegos. Ahí está el caso del actual oficial mayor, Agustín Radilla, sobre quien recae la responsabilidad de administrar el presupuesto millonario recibido por la SEDENA.

Un tercer perdedor es el presidente López Obrador por haber puesto casi todas sus canicas en dos bolsas: la buena relación con el Ejército y la buena relación con Donald Trump. Ambas quedan fuertemente dañadas con la detención del General Cienfuegos.

Por el lado del Ejército, el presidente López Obrador quiso lidiar con la detención de Cienfuegos como lo hace con todos los demás temas. Se declaró el triunfador de la lucha contra la corrupción del pasado – aun cuando no tuvo nada que ver con la detención de Cienfuegos – y amenazó con que quienes resulten involucrados en el asunto serían suspendidos o retirados y puestos a disposición de las autoridades. Sin embargo, unas horas más tarde tuvo que reconsiderar esta declaración y mejor decir que se va a esperar a que avancen las investigaciones en Estados Unidos.

Igual podemos esperar que reconsidere la intención de nombrar a un militar al frente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana cuando Alfonso Durazo renuncie para contender por la gubernatura de Sonora. Así que este gran proyecto pro-ejército, queda seriamente dañado.

Por el lado de Estados Unidos, la insultante forma de proceder de la DEA en contra de un ex titular de la Sedena, sin al parecer haber dado aviso previo al gobierno mexicano, es un reflejo de lo que ese Departamento ve en la relación entre el gobierno mexicano y el estadounidense. Si, Trump y AMLO podrán ser muy amigos, pero a Trump solo le interesa esa amistad para sus fines electorales. Ahora, a menos de dos semanas para que saber si Trump se reelige, su última preocupación es si su amigo Juan Trump, ósea AMLO, se siente ofendido con la DEA. Y la DEA sabe esto: Estados Unidos puede insultar al presidente de México y éste nada va a hacer al respecto.

Columna completa en El Universal

En México tenemos a un presidente que dice que está transformando al país y una de sus palancas para hacerlo es inyectando miles de millones de pesos a Pemex para intentar lograr autonomía energética.

Varios conocedores de la industria han dicho que esto es un sueño guajiro, pero aún así, AMLO persiste. Qué maravilla sería que en lugar de querer importar el penacho de Moctezuma de Austria, el presidente quisiera imitar lo que está haciendo el CEO de una de las petroleras más grandes del mundo, British Petroleum (BP), Bernard Looney.

Looney encabeza hoy en día la mayor transformación de la industria energética en sus 160 años de historia. En septiembre dio a conocer el plan de transformación de BP de una industria de petróleo y gas a una de energías renovables. Es el plan más agresivo que se ha visto en la industria. Lo que pretende BP es, para 2030 recortar en un 40 por ciento su producción de petróleo y gas y aumentar el gasto en energías renovables de $500 millones de dólares anuales actualmente a 5 mil millones de dólares. Y para el año 2050 la petrolera británica buscará que todas sus operaciones emitan cero emisiones.

Además, los cien millones de dólares al año que gasta BP en mantener su reputación como empresa de petróleo y gas se irán reduciendo y ese dinero se invertirá para apoyar políticas en favor del medio ambiente alrededor del mundo. La empresa ya está invirtiendo $6.5 millones de dólares en Estados Unidos para iniciativas en favor de las energías limpias en este 2020, a pesar del durísimo golpe económico que ha sufrido por la caída en la demanda de energías fósiles por la pandemia. Han anunciado su apoyo a la política climática de la Unión Europea y al plan de Reino Unido de prohibir para el año 2035 autos con motores de combustión interna.

Nótese la diferencia entre este propósito y el que acaba de presentar el gobierno de la Cuarta Transformación, que pretende incrementar la producción de petróleo en 101 mil 700 barriles diarios para un total de un millón 944 mil 400 barriles diarios en el 2021. Vamos en sentido contrario de lo que el mercado mundial de energéticos nos está diciendo y lo estamos haciendo cuando no tenemos ni siquiera la liquidez suficiente para estarla desperdiciando. ¡Qué frustrante!

En entrevista para el portal político Axios, Looney dijo dos cosas que me llamaron la atención. La primera fue entender que la transformación de la empresa se hace en el interés de ésta. No están tratando de proteger un negocio – el del petróleo y gas – que ya va de salida porque saben que esto significaría su quiebra. “Estamos haciendo que BP pase de ser la compañía petrolera internacional que hemos sido durante 111 años a convertirnos en una compañía de energía integrada”.

Lo segundo fue que ante la pregunta sobre el pasado de la empresa en el que defendió a quienes dudaban del cambio climático, Looney dijo algo clave: “no sirve de nada envolvernos en lo que ocurrió en el pasado ante los enormes retos que tenemos frente a nosotros.” Esta frase suena como música a los oídos ante un presidente en México que se empeña en justificar lo injustificable de hoy con base en el pasado, en lo que ha ocurrido antes de él y su fallida transformación.

Columna completa en El Universal

No es la primera vez en la historia que la pandemia infecta al presidente de Estados Unidos. Así como ahora Trump tiene COVID19, en 1919 el entonces presidente Woodrow Wilson enfermó de la Gripe Española. Las consecuencias políticas de su enfermedad llevaron a la elección de Adolf Hitler en Alemania y posteriormente a la Segunda Guerra Mundial.

El relato de la enfermedad de Wilson lo tiene John M. Barry en su libro La Gran Influenza. El presidente que constantemente buscó minimizar la enfermedad para no desanimar a los jóvenes a enlistarse para la Gran Guerra contrajo la enfermedad en abril del 2019, en medio de las tensas negociaciones en el Palacio de Versalles, en Francia. En ellas participaban el Primer Ministro francés, Georges Clemenceau; el inglés, Lloyd George y en menor medida el italiano, Vittorio Orlando como las grandes figuras: los Grandes Cuatro de Versalles.

Wilson llegó a Francia como el más popular entre los Jefes de Estado. Chocó durante meses con “El Tigre” Clemenceau, quien quería imponer medidas económicas y políticas severas a los alemanes, a diferencia de Wilson, que buscaba una salida más digna y diplomática con los perdedores. Sin embargo, después de contraer la influenza, Wilson regresó a la mesa de negociación diferente. De hecho, en un primer momento la mesa de negociación regresó a Wilson con Clemenceau y Lloyd George sentados a un lado de la cama del presidente estadounidense.

La descripción de Barry es de Wilson como un hombre que no estaba coherente. Entre otras extrañezas, comenzó a decir que había espías franceses en su residencia y de pronto abandonó todos los principios por los que había luchado desde el arranque de las negociaciones. Accedió a todo lo que Clemenceau había puesto sobre la mesa, principalmente, que Alemania aceptara la responsabilidad y pagara todos los costos de la guerra; el prohibir tropas alemanas en la zona al este del Rin y regresar Alsacia y Lorena a Francia.

Existen varias biografías de Wilson que mencionan esta enfermedad y que relacionan su claudicación ante Clemenceau con el consiguiente deterioro económico alemán que condujo al auge del nacionalismo y caos político que llevaron eventualmente a Hitler al poder. El resto de la historia ya lo sabemos.

Hoy, el presidente de Estados Unidos vuelve a estar enfermo. No creo en las versiones de que es un invento de Trump como estrategia electoral. Lo que más ha querido Trump es hablar de cualquier otro tema salvo el COVID. Y, desde que anunció que había salido positivo al COVID19, ese precisamente ha sido el tema que ha dominado la agenda política a cuatro semanas de las elecciones y cuando ya han acudido a votar más de cuatro millones de estadounidenses.

Lo que sí se tiene es a un Trump que ha sido tratado con medicamentos experimentales, reservados para los pacientes más graves, cuyos efectos secundarios están todavía por verse. En el caso del esteroide dexametasona, el Washington Post reporta que sólo lo han administrado a 10 pacientes que tuvieron acceso a éste gracias a un proceso conocido como “uso compasivo” reservado para quienes tienen un caso severo de COVID. Entre esos 10 pacientes, aparece ahora Trump, a pesar de que los doctores del presidente han dicho que su estado no ha sido tan grave.

El Director del departamento de medicina de la Universidad de California en San Francisco, Robert Wachter, comentó al diario que estaba asombrado de que hubiesen dado de alta al presidente tan solo 3 días después de que se le administró este esteroide.

Trump tiene todos los incentivos políticos alineados para minimizar su enfermedad y presionar a su equipo médico para que hagan lo mismo. Las consecuencias políticas de estas acciones no necesariamente son inmediatas pero sin duda estarán por verse.

Columna completa en El Universal

Pasan las décadas y no deja de sorprender lo generoso que es México. Generaciones de políticos han pasado de tener una vida de clasemedieros a millonarios en tan solo un buen sexenio de trabajar en el gobierno. Esto es algo que evidentemente motivó a fuertes críticas en los medios y al desencanto que finalmente llevó a Andrés Manuel López Obrador a recibir más de 30 millones de votos en el 2018 y a ganar finalmente la presidencia.

En lo que va de este sexenio, además de enterarnos de la cantidad de propiedades que funcionarios como Bartlett e Irma Eréndira Sandoval han acumulado, el presidente Andrés Manuel López Obrador nos ha permitido ver todo lo que sí estaba bien en el país. No todo era un desastre.

Por ejemplo, existen fideicomisos que tienen recursos importantes para fomentar la ciencia; el deporte; el cine y otras disciplinas que han permitido a México tener desde investigadores en los centros más prestigiados del mundo, como el CERN en Suiza, en donde hay 40 científicos mexicanos trabajando en el Gran Colisionador de Hadrones, hasta cinestas que han obtenido premios internacionales que han dejado huella de que en México no todo es crimen y corrupción.

Estos fideicomisos han servido, entre muchas otras cosas, para fortalecer el poder suave de México.

Pero, desde mayo de este año, Dolores Padierna presentó una iniciativa para extinguir 44 fideicomisos de la Administración Pública Federal para, según la diputada, obtener 36 mil millones de pesos para los proyectos del presidente.

Después de meses de Parlamento Abierto en el que científicos e investigadores dieron razones para probar la utilidad de estos fideicomisos, parecía que Morena había desistido de querer extinguirlos. Así lo dijo el propio Coordinador de los Diputados de Morena, Mario Delgado, en mayo después de haber escuchado a los cineastas Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu expresar su preocupación por el anuncio de extinguir el FIDECINE.

Sin embargo, ante la insistencia del presidente por hacerse de estos recursos, ayer el mismo Mario Delgado anunció que no solo van a buscar desaparecer esos 44 fideicomisos, ahora serán 109 los que buscan extinguir para obtener 68 mil millones de pesos.

Es más, únicamente se mantendrá el Fondo de Salud para el Bienestar con sus 97 mil millones de pesos. Imagino que esta decisión será temporal, hasta que el gobierno necesite hacerse de más dinero.

Pero además de darnos cuenta de estos miles de millones de pesos en fideicomisos, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha puesto al descubierto varias otras cosas muy positivas que tiene (tenía) México.

Crecíamos a lo que considerábamos un mediocre 2 por ciento en promedio. Hoy esa cifra se extraña. En el Sector Salud se sabía que había problemas de atención a los pacientes y que se debían mejorar las instalaciones. Hoy nos damos cuenta que cuando menos había abasto de medicinas y que su escasez no se minimizaba. La presencia de los presidentes en foros en el extranjero parecía decorativa, pero cuando menos no ocasionaba la risa mundial los discursos presidenciales ante la Asamblea de Naciones Unidas en donde la semana pasada Andrés Manuel López Obrador juzgó pertinente hablarle al mundo de su rifa no rifa del avión presidencial.

México lleva décadas con problemas. Estábamos mal. Y ahora, gracias al presidente López Obrador nos damos cuenta que siempre hay espacio para estar peor.

Columna completa en El Universal

A uno le encantan los reflectores; el otro les huye. Uno lleva poco tiempo en la política, pero ya le gustó; el otro lleva décadas y con grandes aspiraciones. La verdad es que ambos tienen aspiraciones y por ello, parte de las tensiones. Me refiero al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, y al Canciller, Marcelo Ebrard, a quienes el presidente López Obrador ha encargado parte importante de las tareas que enfrenta México ante la pandemia.

Y aquí arranca el problema. Hugo López-Gatell quisiera ser la única figura que destaque en la estrategia para enfrentar al COVID. O si no la única, sí la principal y cuyas ideas sean las que prevalezcan en la toma de decisiones. Pero desde que el presidente López Obrador decidió, por motivos de austeridad, eliminar las ventanillas de Asuntos Internacionales de las Secretarías, la cancillería ha asumido un papel fundamental en la pandemia.

Primero para negociar la llegada apresurada de insumos médicos a México. Segundo para la repatriación de mexicanos varados o que murieron en el extranjero a causa de la enfermedad. Y tercero y más importante en estos momentos, para negociar el acceso a una vacuna cuando ésta esté disponible.

Estos trabajos que podrían haber recaído en el área de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Salud, se han vuelto responsabilidad de Relaciones Exteriores. Y por ello están obligados a trabajar en conjunto a dos políticos que se pelean por darle gusto al presidente pero cuyas personalidades no podrían ser más distintas.

Por un lado está el dogmático Hugo López-Gatell y por el otro el pragmático Marcelo Ebrard. López-Gatell ha decidido enfrentar a los empresarios del sector alimentos al señalar que sus productos “chatarra” son los culpables del mal estado de salud de los mexicanos y de ahí tantas muertes.

El subsecretario se ha negado a repensar la ‘estrategia’ de salud para enfrentar la pandemia. Prefirió burlarse irónico de las recomendaciones de los ex Secretarios de Salud. No ha sido claro sobre la importancia de utilizar mascarillas. El semáforo epidemiológico no ha sido una guía confiable. Ha virado entre querer todo el poder de decisión sobre como enfrentar la pandemia, pero al momento de revisar los contagios y las muertes ha eludido toda responsabilidad sobre sus lineamientos prefiriendo señalar una conspiración de medios de comunicación, empresarios y gobernadores en contra de la estrategia de comunicación de la Secretaría de Salud que él de facto encabeza.

Por el otro lado está el Canciller Marcelo Ebrard quién ha decidido trazar tres caminos para lograr que México tenga una vacuna. Uno, el multilateral, a través de la negociación con COVAX que debe formalizarse mañana. Dos, el bilateral, que son negociaciones directas con farmacéuticas de otros países como Janssen y Novavax, de EUA; Sputnik V, de Rusia; CanSino de China; CureVac de Alemania; Sanofi-Pasteur de Francia y ReiThera de Italia. Y tres, buscar recursos para producir una vacuna mexicana.

La idea es traer el menú de países y de relaciones a la puerta de la Secretaría de Salud para que de ahí tome el balón López-Gatell para aprobar la vacuna más segura y planee y organice la estrategia de distribución.

Pero ¡oh problema! El ego del Subsecretario y sus dogmas entran en acción. Veremos si como ha hecho tropezar al gobierno mexicano al lidiar con el coronavirus, no provoca también un desastre a la hora del acceso a tratamientos o vacunas.

Columna completa en El Universal

Ojalá fuera tan fácil deshacernos de los políticos chatarras como ellos intentan deshacerse de la comida chatarra. Piensan que si pasan una reforma… ¡pum! los niños no vuelven a consumir alimentos altos en azúcares y grasas y bajos en nutrientes.

El intento por regular la comida chatarra, nos dice el presidente Andrés Manuel López Obrador y el Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, es más importante que nunca porque la obesidad es la causa principal de que en México esté muriendo tanta gente por el virus de Covid-19.

El problema es que, dadas las cifras oficiales, la razón principal de tanta muerte en México apunta más a un sistema de salud disfuncional. Basta comparar cuánta gente muere al ser tratada en los hospitales públicos con la que muere en los hospitales privados para darse cuenta de ello.

Con datos de 118 mil 191 pacientes hospitalizados con pruebas positivas de SARS-CoV-2 al 2 de agosto, el 43 por ciento de los pacientes que llegó a un hospital del IMSS murió. En el caso del ISSTE, murió el 32.4% de los pacientes. Por el contrario, en hospitales privados han muerto el 15.7% de los pacientes.

La mortalidad de los hospitales privados es alta, pero es menos del doble de la que ocurre en los hospitales públicos. Realmente no importa qué tantas camas de hospitales tengamos sino cuánta gente que llega a tratarse al hospital y ocupa una cama muere.

Según un artículo de Nathaniel Parish Flannery publicado en el portal de Forbes, en México la cifra de muertos se compara con la de India, un país que tiene diez veces más población. La explicación es que 8 de cada 10 pacientes que mueren en un hospital, nunca fueron intubados. Así pues es relativamente fácil salir a aplaudir que las camas con ventiladores no se han saturado, pero ¿de qué sirve tenerlas vacías a costa de tanta muerte?

El diferencial de muertes en hospitales públicos versus privados no puede deberse a que es menos gorda la gente que acude a un hospital privado que la que va a uno público. El problema de obesidad en México es claro y evidente, pero pretender endosar la culpa de la cantidad de muertes en el país a ello es una simplificación que no se sostiene.

Y sin embargo, ese es precisamente el argumento oficial. Según los dos López que hoy son autoridad, esta terrible herencia del neoliberalismo, la alimentación basada en comida procesada, es la que tiene a México con la cifra cercana a 70 mil muertos por la pandemia.

Por ello, en menos de un mes entra en vigor el nuevo etiquetado de alimentos que busca disuadir el consumo de ciertos productos, más no informar sobre qué es mejor comer o no para nuestra salud. Este es un etiquetado que estaba buscando imponer el gobierno desde antes de que el mundo enfrentara la pandemia pero que el COVID le ha caído como anillo al dedo al discurso oficial de que ciertos productos chatarra nos están matando.

Un etiquetado que en nada ayudará a disuadir a quienes deciden comprar un refresco o unas papas porque quien lo hace, ya sabe que no está alimentándose sanamente pero, o no tiene otra opción igual de económica para no quedarse con sed y hambre, o simplemente decide ignorar la oportunidad de comer algo nutritivo.

La catástrofe que está siendo la estrategia del gobierno para lidiar con el coronavirus es igual de chatarra que la estrategia para combatir la obesidad. Pretender echarle la culpa a los alimentos sin reconocer que ni usar cubrebocas quiere el presidente López Obrador lo dice todo.

 

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En una semana dieron dos discursos dos presidentes muy similares. Donald Trump, en el que fue su aceptación de la candidatura del partido republicano para su reelección y Andrés Manuel López Obrador en su 2º Informe.

Los discursos fueron para cumplir con formas y tradiciones de ambos países pero realmente fueron reiteraciones más que un agradecimiento, en el caso de Trump, o un informe, en el caso de López Obrador.

Ambos destacaron por hablar sobre una verdad alternativa.

En el caso de Trump, su discurso se enfocó en decir que él es el presidente de la ley y el orden, aun cuando al estar en La Casa Blanca usando un edificio de gobierno para un evento de campaña, rompió la ley y no acató el orden.

Dijo que su gobierno ha sabido lidiar perfectamente bien con la pandemia, utilizando la ciencia y escuchando las recomendaciones de los científicos…ante mil 500 personas reunidas, la mayoría sin cubrebocas, contraviniendo las dos premisas básicas para evitar la propagación del coronavirus.

En el informe de Andrés Manuel López Obrador escuchamos las mismas contradicciones. Un presidente que dice en la misma oración que promoverá una consulta para enjuiciar a los ex presidentes de México y presume la fortaleza e independencia del Fiscal General.

Tanto Trump como AMLO son dos Jefes de Estado que han dicho que ellos solos pueden resolverlo todo; quieren todo el poder y se molestan con los contrapesos. Cuando algo sale mal, la culpa es de alguien más.

Trump dice que la violencia en su país es culpa de los ultra liberales demócratas y que Biden es su títere. AMLO dice que es culpa de los gobiernos anteriores; los neoliberales que le antecedieron.

Trump culpa por las muertes del COVID a los gobernadores demócratas por haber actuado tarde, aun cuando fue él quien declaró que el virus desaparecería por arte de magia y se negó a utilizar mascarilla hasta el mes de julio.

AMLO culpa a los empresarios que producen comida chatarra de los muertos del COVID en México y sigue negándose a utilizar la mascarilla. En cuanto a la vacuna, hace caravana con sombrero ajeno al presumir el acuerdo entre la Fundación Carlos Slim con Aztra Zeneca y la Universidad de Oxford como una iniciativa personal.

También se cuelga la medalla de las remesas sin reconocer que su crecimiento se debe a que en EUA el gobierno ha dado un cheque a cada ciudadano y por eso los paisanos tiene como ayudar a sus familiares en México.

Trump presume que ha cumplido sus promesas de campaña. Menciona el muro en la frontera con México. Lo que Trump no dice es que lo poco que se ha hecho, solo 24 kilómetros de los 300 que tienen algún tipo de barrera, ha sido pagado por el gobierno estadounidense, no el mexicano.

AMLO presume que ha cumplido 95 de sus 100 compromisos. Una revisión de éstos deja ver que esto no es cierto. No hay medicinas (compromiso #13); hay desabasto. Se olvida mencionar que el Banco del Bienestar sigue sin sucursales (compromiso #30); El compromiso 55 dice que habrá auténtico Estado de Derecho y el 56 que se acabará con la impunidad. Ahí está Rosario Robles en prisión; su hermano Pío López Obrador no está siendo investigado y Ovidio Guzmán fue liberado.

Lejos de impulsar fuentes renovables de energía (compromiso #73) éstas se han inhibido. Lejos de prohibir proyectos que afecten el medio ambiente (compromiso #76) su gobierno construye la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya que lo devastan.

Aunque AMLO habla español y Trump inglés, ambos recurren al idioma universal del populista.

 

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López Obrador está haciendo parecer que toda la clase política está podrida. Muchos de los 30 millones de mexicanos que votaron por él lo hicieron pensando en que finalmente llegaría al poder un político que acabaría con la corrupción; que se daría una vida acorde a la de un servidor público y no a la de un monarca europeo. Un político que enarbolaría políticas públicas destinadas a mejorar la vida de los millones de pobres que hay en el país.

Pero con el nuevo capítulo de video escándalos, aunado a las filtraciones del caso Lozoya, ¿qué justificación hay para quienes veían en López Obrador a un político limpio; un político diferente; un político honesto?

¿Por qué creerle a AMLO que su lucha contra la corrupción es auténtica? La mañanera al día siguiente de que mi colega, Carlos Loret de Mola, diera a conocer los videos en donde aparece David León Romero entregando fajos de dinero a su hermano, Pío López Obrador, el presidente quiso defender lo indefendible al decir que ese dinero era más limpio que el de Odebrecht a Lozoya porque era menos e iba destinado a la transformación de México.

Quizás Lozoya y Peña Nieto pensaron lo mismo al recibir el dinero de la constructora brasileña: que todo era para sacar adelante las reformas estructurales que colocarían a México finalmente en el primer mundo. Eso no lo podemos saber. Lo que sí es seguro es que recibir dinero en efectivo para un propósito político cuando se es candidato debe de ser reportado ante el INE. Y en el caso de Pío y Andrés Manuel López Obrador, esto no sucedió.

El resultado final es, para partidarios y detractores del actual gobierno (no incluyo aquí a los fanáticos de uno u otro lado), un lodazal. Todos son iguales. Todos, incluyendo a AMLO, roban. Y todos mienten sobre la corrupción dando justificaciones inverosímiles. Esta visión impera aun cuando existan varios funcionarios de anteriores gobiernos y del actual que tienen una auténtica vocación por servir a su país.

Si se deja la corrupción de lado ¿por qué creerle al presidente en otras de las premisas que dijo que serían la bandera de su gobierno. ¿Por qué creerle que es austero si su mayor símbolo de austeridad, la venta del avión presidencial, es una maroma de principio a fin?

Con los datos que tenemos a la fecha sobre la famosa rifa del avión, los números no cuadran. El presidente dijo que vendería 6 millones de cachitos a un costo de 500 pesos cada uno en donde en lugar de ganar el avión, habría cien premios de 20 millones de pesos. El 11 de agosto se informó que se han vendido 2 millones 24 mil cachitos, es decir, no se ha vendido ni la mitad y con esto no se cubre el monto a pagar a los 100 cachitos ganadores ya que los billetes que no se vendan se donarán a la Secretaría de Salud. Así que los 100 cachitos ganadores estarán o en manos de un comprador o en manos de la Secretaría de Salud. Este avión está saliendo más caro como símbolo de austeridad que como muestra de despilfarro.

¿Por qué creerle que primero van los pobres si el gasto público como porcentaje del PIB en las áreas que más los beneficiaría – salud; educación y protección social – está igual o más baja que en sexenios pasados?

La lista de preguntas para quienes creyeron en el presidente a partir de lo que ahora hace es larga. Como extensa será también la fila de ciudadanos desencantados que piensan que todo está podrido y por ello todo está perdido. ¿La esperanza de México? Bienvenidos a la desesperanza de México.

 

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El presidente, qué duda cabe, es un animal político. Con la transmisión en la mañanera del video en el que aparecen dos colaboradores de figuras prominentes del PAN validó lo ahí expuesto y golpeó a los dos partidos de oposición que podrían robarle algo en las elecciones del 2021.

Golpeó al PRI, vía la extradición de Lozoya y las filtraciones que llegan hasta el expresidente Enrique Peña Nieto y su hombre fuerte, Secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray. Golpea al PAN, en un país en donde la presunción de inocencia es tan escasa como la honradez de la clase gobernante. El gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez, y el ex Senador, Jorge Luis Lavalle, ya son culpables ante la opinión pública.

Esto porque uno de los hombres que revisa los paquetes con fajos de billetes es Rafael Jesús Caraveo, secretario técnico del entonces senador Lavalle. El otro es Guillermo Gutiérrez Badillo, quien guarda el dinero en una maleta negra. Gutiérrez Badillo trabajaba con el entonces senador, Francisco Domínguez Servién. Hasta hace dos días Gutiérrez Badillo era su Secretario Particular en el gobierno de Querétaro. Al despedirlo de su gobierno después de darse a conocer los videos en una supuesta cuenta del hermano de Emilio Lozoya, Domínguez Servién mostró que si algo se aprendió desde los video escándalos de René Bejarano hace 16 años es que si vas a recibir fajos de billetes, mejor mandas a alguien más a hacerlo.

Y ahora ¿cuál va a ser la estrategia del PAN? ¿Cómo va a responder el partido ante estos nuevos video escándalos? ¿Cómo van a querer recuperar credibilidad para pedir el voto ciudadano?

El PAN es el partido que mejor posicionado está para enfrentar a Morena y al presidente en las elecciones intermedias del 2021. La figura del panista Ricardo Anaya es, según la encuesta publicada esta semana en Reforma, la que mayor contrapeso le podría hacer al presidente López Obrador. Y el PAN permanece como el partido más fuerte para ganar escaños en la Cámara de Diputados en las legislativas del año próximo. El sondeo de Massive Caller le adjudica al PAN 128 escaños, seguido en un lejano tercer lugar por el PRI con 27 escaños. Morena aparece en este sondeo con posibilidad de ganar 301 escaños.

Por lo que hemos visto, el PAN piensa utilizar la misma estrategia de todos los políticos. Van a acusar que todo esto es un acto de desesperación del presidente y de Morena por tumbarlos a la mala para que no tengan un buen desempeño en las elecciones intermedias del 2021, en donde por cierto, está también en disputa la gubernatura de Querétaro.

El presidente del PAN, Marko Cortés, ha dicho que, de ser culpables de los aludidos, serán expulsado del partido. Esto es algo que ya hizo el PRI con Humberto Moreira y con Javier y Cesar Duarte, con los resultados que están a la vista. A los ciudadanos les importa un comino que los partidos expulsen a sus militantes. Lo que se quiere es que deje de haber corrupción.

Si el PAN quiere salir fortalecido de este golpe de cara a las elecciones intermedias y hacia adelante, hacia el 2024, más le vale ir pensando en una buena estrategia para responderle a los ciudadanos. Los mexicanos están desencantados con la corrupción rampante de la clase política que, ya sea con ligas o con maletas, no se ha cansado de saquear al país.

 

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El semanario The Economist ha sacado una página con pronósticos hacia la elección presidencial en Estados Unidos. En ella, el candidato demócrata, Joe Biden, se perfila para ser el ganador del voto popular con un 97 por ciento de probabilidades y del colegio electoral (que es el que realmente importa) con un 89 por ciento de probabilidades.

Si nos asomamos a otras páginas que hacen pronósticos electorales, como RealClearPolitics.com Biden también se perfila para ganar por tener ventaja en todos los estados columpio menos en Georgia, en donde Trump le gana por 1 punto.

FiveThirtyEight también tiene pronósticos de Biden ganando cómodamente a Trump Además, hace un comparativo con índice de aprobación/desaprobación de Trump con todos los presidentes anteriores, desde Harry Truman y ahí se puede ver claramente que al nivel al que se ubica actualmente Trump solo han estado aquellos presidentes que perdieron la reelección (Jimmy Carter y George Bush padre).

Las casas de apuestas también le dan una cómoda ventaja a Biden de 60-40 frente a Trump.

Pero…

Aun con todos estos números favoreciendo a Biden, la elección todavía la podría ganar Trump. Hay que recordar que el sistema electoral de Estados Unidos es una democracia indirecta en la cual no gana quien más votos de la población en general recibe sino quien más votos del colegio electoral logra.

Me da la impresión de que los demócratas han olvidado esto en las últimas elecciones. Hillary Clinton dio por seguro los votos del medio oeste y por ello perdió el Colegio Electoral (306-232), aún habiendo ganado el voto popular por más de 3 millones de votos. Ahora, Trump puede perder el voto popular por cinco millones de votos y aun así ganar la presidencia.

Esto es porque los simpatizantes de Trump, su base electoral, se ubican en estados fundamentales para ganar el colegio electoral: en Florida, Michigan, Pennsylvania y Wisconsin.

Si, se habla de que Estados Unidos es un país muy diverso y que los ataques de Trump a los hispanos; a la comunidad LGBT y a otros segmentos del electorado progresista y diversos van a llegar a cobrarle la factura a Trump. El problema para los demócratas es que esta población más liberal y progresista se ubica en estados como California y Nueva York que son los que ya están en la bolsa de los demócratas. Aquí incluso podríamos sumar a Texas, pero de todas formas, aun si los demócratas ganan Texas, Trump gana la elección si conserva los estados columpio arriba mencionados.

Para ejemplificar lo anterior basta tomar en cuenta que en 2016 Hillary Clinton ganó California con 4.2 millones de votos. Esto fue 1.2 millones de votos más de los 3 millones que recibió Barack Obama en el 2012, pero esos votos adicionales no significaron ni uno solo más del Colegio Electoral para Hillary.

Esta es la razón por la cual Trump ha gobernado para su base electoral sin importarle el resto del país o pensar en unificar a los estadounidenses. Con que Trump conserve su ventaja del 2016 de .2 por ciento en Michigan .7 por ciento en Pennsylvania y .8 por ciento en Wisconsin, ya la hizo para ganar en noviembre.

Para quienes pensamos que Trump debe abandonar La Casa Blanca para que el mundo pueda dejar atrás sus estridencias y desplantes, las encuestas animan pensando que Biden ganará, pero esta elección está lejos de haberse decidido. Los demócratas deberán dar la batalla hasta el final.

Apostilla: Su elección de Kamala Harris como compañera de fórmula fue irse a la segura. Mujer afro-asiática-americana, sin ser extrema izquierda y con experiencia en Washington deben ayudar a Biden hacia adelante.

 

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Así como hoy tenemos al Subsecretario Hugo López-Gatell privilegiando la política sobre la ciencia al momento de hacer la toma de decisiones para que México enfrente al COVID19, durante la pandemia de 1918 también hubo autoridades que hicieron lo mismo. El resultado fue catastrófico.

Uno de ellos fue el Director de Salud de la ciudad de Filadelfia, en Estados Unidos, Wilmer Krusen. Filadelfia fue una de las ciudades más golpeadas durante la pandemia y el motivo fue la falta de acción y los constantes discursos por minimizar la gravedad de la influenza. Aun cuando en Filadelfia se pudo haber actuado con tiempo para poner en cuarentena a la ciudadanía, Krusen no quería desmotivar a la población ya que en la ciudad había algunas bases militares reclutando y preparando soldados para ir a pelear a Francia durante la Primera Guerra Mundial.

Por ello, Krusen repetía una y otra vez que la pandemia estaba bajo control y que la influenza era solo una gripita. La curva de contagios, decía Krusen, se estaba aplanando. Sí, esos mismos términos se utilizaron hace más de un siglo para mentir y minimizar la gravedad de una enfermedad que terminó por matar a entre 50 y 100 millones de personas. En términos comparables por tamaño de la población, hoy eso implicaría que de COVID mueran entre 150 a 425 millones de personas, de acuerdo con el autor del libro La Gran Influenza, John M. Barry.

Sin embargo, la gran diferencia entre 1918 y 2020 es la existencia de antibióticos. Durante la gran influenza, muchos morían por las bacteria que entraban en un cuerpo débil con un sistema inmunológico batallando contra la influenza. Al no haber antibióticos, morían.

Pero volviendo a Krusen, el encargado de enfrentar la pandemia en Filadelfia permitió que, habiendo ya contagios y muertes en el estado, se programara y llevara a cabo un enorme desfile que buscaba vender los ‘Bonos de la libertad’ (Liberty Loans) para ayudar a cubrir los costos de la Primera Guerra Mundial.

Mientras en el estado vecino de Massachusetts los hospitales estaban llenos y el gobernador Samuel McCall pedía ayuda federal para enfrentar la pandemia, Krusen siguió adelante con su discurso de que la influenza era solo una gripa.

El 28 de septiembre se llevó a cabo el desfile de los Bonos de la Libertad con la presencia de cientos de miles de ciudadanos. Krusen aseguró que no corrían ningún peligro. El periodo de incubación de la influenza de 1918 era de 24 a 48 horas. Dos días después del desfile, la situación en Filadelfia se convirtió en un caos. 72 horas después, la capacidad hospitalaria estaba desbordada.

En la semana de octubre 16 murieron 4 mil 597 personas en Filadelfia por influenza. Fue la peor semana de la epidemia, aun cuando nadie lo supo en el momento. Krusen había venido diciendo que el pico de la epidemia se había alcanzado tantas veces antes, que para esta semana ya nadie le creía.

El caso de Krusen es uno entre varios durante la gran influenza de 1918. Los políticos querían quedar bien con el presidente Woodrow Wilson, quien buscaba a toda costa evitar desanimar a la población en medio de la Primera Guerra Mundial. No se les quería asustar con la gravedad del virus (que en ese entonces y hasta 1933 creyeron que era una bacteria).

Las razones políticas llevaron, tanto en 1918 como ahora, a que los lideres como Krusen y el propio Wilson, minimizaran el virus e incluso mintieran sobre su letalidad. Leyendo sobre lo vivido en 1918 y lo que estamos viendo actualmente no queda más que pensar en lo poco que hemos aprendido como sociedad en poco más de un siglo. Antes como ahora, la verdad importa; y la ciencia debe estar por encima de la política.

 

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