Tag

crímen organizado

Browsing

Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca insiste en que la inseguridad en México no solo le preocupa, lo ocupa. Y, según han contado tanto él como Claudia Sheinbaum, le ha ofrecido ayuda a México para combatir al crimen organizado. La respuesta pública de la Presidenta ha sido consistente: cooperación, sí; operativos de fuerzas estadounidenses en territorio mexicano, no, porque eso vulnera la soberanía. “No hay operativos conjuntos en México… no estamos de acuerdo con ello”. Ese es el discurso oficial.

El problema es que el guion y la realidad no empatan. Esta semana lo evidenció el caso de Ryan James Wedding, exatleta olímpico canadiense, acusado por autoridades estadounidenses de encabezar una red de tráfico de cocaína ligada al Cártel de Sinaloa y de ordenar asesinatos. Estaba en la lista de los diez más buscados del FBI y la recompensa por información que llevara a su captura llegó a 15 millones de dólares, de acuerdo con el propio gobierno de Estados Unidos. Ya en California se declaró no culpable ante una corte federal.

Hasta ahí, los hechos. Ahora, la disputa por el relato. Sheinbaum dijo que Wedding se entregó en la Embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México para buscar un juicio justo. Incluso presentó una foto de Wedding parado frente a la Embajada al momento de que supuestamente se entrega. Pero el director del FBI, Kash Patel, sostuvo que se trató de una captura producto de un operativo conjunto. Y el abogado de Wedding confirmó lo mismo, que el exatleta no se entregó, que lo capturaron en un operativo. Por su parte, la cadena de televisión canadiense, la CBC, salió a decir que la foto que mostró la presidenta fue creada con Inteligencia Artificial ¿Quién dice la verdad? Todo indica que o México minimiza la participación estadounidense para no incendiar a su base más celosa de la soberanía, o Washington exagera para colgarse la medalla y mandar el mensaje de “aquí mandamos”.

Y no es un episodio aislado. Ahí está también el avión militar estadounidense tipo C-130 Hércules que aterrizó en Toluca, con autorización de la Secretaría de la Defensa, para trasladar personal mexicano en actividades de capacitación. La controversia fue tal que el gobierno mexicano terminó ajustando reglas para que esos traslados se hagan, en lo sucesivo, en aeronaves mexicanas o bajo lineamientos más claros. Si no hay cooperación, al menos hay logística compartida.

La pregunta entonces no es si hay colaboración con Estados Unidos. La pregunta es cuánto, en qué consiste y bajo qué controles. Se entiende que una cosa es coordinar inteligencia, capturas y traslados; y otra muy distinta es permitir que la ayuda se convierta en sustitución o, peor, en excusa para decisiones opacas. La soberanía no se defiende con conferencias de prensa; se defiende con instituciones que informan, rinden cuentas y fijan reglas. Hoy, entre lo que se dice en Palacio y lo que ocurre en el terreno, el margen de interpretación es enorme.

Apostilla: En México el blindaje se ha vuelto política pública. La nueva Suprema Corte se autorizó nueve camionetas Jeep Grand Cherokee blindadas. Su costo fue de alrededor de 2.5 millones de pesos por unidad. Pero tras el escándalo vino el anuncio de que las devolverán o reasignarán. El mensaje es brutal. Mientras el Estado promete seguridad, sus élites se compran seguridad. Para el ciudadano sin escoltas ni blindajes queda la parte más mexicana del contrato social: “háganle como puedan”.

Apostilla 2: ¿Piensa en serio la presidenta Sheinbaum que el presidente de Corea del Sur le maneja la agenda a la banda de K-Pop? Lo pregunto por la carta que envió al Presidente de ese país, Lee Jae-myung, pidiendo que BTS haga más conciertos en México.

Columna publicada en El Universal

En el desencuentro diplomático entre México y Ecuador tanto Andrés Manuel López Obrador como Daniel Noboa han obtenido victorias pírricas. Ambos quisieron escalar su enojo pensando en ganar puntos dentro de sus respectivos países. Noboa hacia el referéndum del 21 de abril y AMLO hacia las elecciones de junio para reavivar el fenómeno del patriotismo que los americanos llaman “rally around the flag”.

El primero en violar las leyes internacionales fue el gobierno de México y el presidente López Obrador. Lo hizo al tener en la Embajada de México en Quito a Jorge Glas, quien fuera vicepresidente de Rafael Correa e integrante del gobierno de Lenin Moreno. Glas había sido acusado y sentenciado por los tribunales ecuatorianos por cohecho, malversación de fondos públicos y asociación ilícita. El ex vicepresidente ya había cumplido condena en prisión y estaba en libertad condicional cuando se le acogió como huésped en la sede diplomático de México desde diciembre del 2023.

El gobierno de Noboa, que ha decidido que la lucha en contra del crimen organizado es su mayor bandera, rechazó la solicitud de asilo que hizo el gobierno de México para Glas. Al mantenerlo en la embajada en Quito el gobierno mexicano estaba violando el artículo III de la Convención Sobre Asilo Diplomático (Caracas, 1954) que prohibe el asilo a quienes han sido sentenciados antes tribunales ordinarios competentes y por delitos comunes sin haber cumplidos las penas respectivas. También violaba el artículo 1o de la Convención Sobre Asilo Político de Montevideo (1933) que dice más o menos lo mismo.

Además, López Obrador claramente provocó a Noboa con sus comentarios en las conferencias mañaneras de la semana pasada en las que lo señaló como el gran beneficiado – y por ello insinuó, el posible autor intelectual – del asesinato del candidato presidencial Villavicencio.

Esto llevó al gobierno de Noboa a pedir el retiro de la Embajadora de México en Quito, Raquel Serur. Para su salida, el gobierno de México quería mandar un avión privado. Al haber varios vuelos comerciales Quito-México el gobierno de Noboa temió que en ese vuelo privado quisieran sacar a Glas al estilo del boliviano Evo Morales. Si eso ocurría, el gobierno de Noboa recibiría un golpe brutal en su principal bandera, que como ya mencioné, es la lucha en contra del crimen organizado y la corrupción.

Esto llevó al asalto a la Embajada de México en Quito. Y ahí Noboa hizo algo que en la historia de las relaciones diplomáticas ha ocurrido muy pocas veces, y en todas ellas han sido episodios muy graves. Me refiero a las ocurridas en la Embajada de Haití en Cuba (1956); la de Ecuador en Cuba (1981); la oficina de la OEA en Nicaragua (2022) y la de EUA en Teherán (1979). Asaltar una embajada es una grave violación de la Convención de Viena (1961). Punto.

Al parecer, el joven presidente de Ecuador, Daniel Noboa, cayó en la trampa de Andrés Manuel López Obrador. Tras el asalto ahora resulta que Glas es una víctima que en estos momentos se encuentra hospitalizado con dudas de si se le intentó matar en prisión. Al gobierno de México lo han salido a respaldar varios gobiernos del mundo, con todo y que López Obrador ha escatimado este tipo de solidaridad. Notablemente en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania y de Hamas a Israel.

En ambas ocasiones, López Obrador se escudó en la Doctrina Estrada de la no-intervención de México en asuntos de otros países para no expresar solidaridad a Ucrania ni a Israel. Y ahí viene la gran victoria pírrica de AMLO. Este desencuentro diplomático lo deja ver de cuerpo entero como un político que no es congruente. Un político que a veces apela a la no-intervención pero que cuando se trata de defender posturas o políticos cuestionables, como en el caso Glas, no escatima en su apoyo.

Columna completa en El Universal