Salvador Camarena

El Financiero

Desde Culiacán, el periodista Silber Meza hacía un llamado de atención en junio.

“Queridos opinólogos: aunque ya no les importe otra cosa que no sea @lopezobrador_ les informo que los virreyes, esos que antes les asustaban e indignaban tanto, siguen intactos y se renuevan cada seis años. Por su atención, gracias”, publicó en Twitter.

Ocurren muchas otras cosas en el país además de López Obrador, y centrarse en el Presidente hace que otros políticos evadan más fácilmente sus responsabilidades.

Urge hablar más, por ejemplo, del desastre de Veracruz, donde la muerte campea.

En ese estado el fin de semana fue velado el periodista Jorge Celestino Ruiz Vázquez. Frente al féretro, su viuda tuvo reproches para el gobernador de Cuitláhuac García, surgido de Morena, a quien en vano solicitaron meses atrás protección para el reportero.

La nota de La Jornada de este lunes detallaba la impotencia de Blanca Flor Santiago, viuda de Ruiz:

“Fuimos con el gobernador Cuitláhuac García y no nos hizo caso; fuimos a la Fiscalía del estado y las investigaciones no avanzaron; fuimos con la Comisión de los Derechos Humanos, y poco pudieron hacer por nosotros”.

Luego de que el gobernador le dijera que él no podía atender su denuncia, el periodista, contó la viuda, publicó una carta abierta el 20 de diciembre pasado.

“En el texto, Celestino Ruiz acusó al presidente municipal de Actopan (Paulino Domínguez) de presión, intimidación, represión y agresiones ‘tanto a los vehículos al servicio de Gráfico de Xalapa (como a) mi persona y a mi propio domicilio’”, publicó La Jornada sobre los atentados que el periodista había sufrido en octubre y noviembre de 2018.

Por su parte, en otra nota, el corresponsal de La Silla Rota en Veracruz da cuenta de que dos semanas antes del atentado que le costó la vida a Celestino Ruiz, el alcalde de Actopan incluso envió emisarios para tratar de comprar en diez mil pesos el silencio del periodista, a quien le pedían no insistir en sus denuncias en contra del edil. Testigo de estos hechos habría sido José Luis Poceros, jefe de Ruiz en el Gráfico de Xalapa.

¿Quién y por qué mataron a Celestino Ruiz? ¿Por qué le quitaron la protección policiaca de la que en su momento gozó? El gobernador Cuitláhuac García ya no podrá lavarse las manos como cuando el periodista y su mujer fueron a solicitarle ayuda ante las amenazas y los atentados.

Le toca ahora al mandatario enfrentar las consecuencias de su indolencia por haber tratado de evadir su responsabilidad: cuando Ruiz y su hoy viuda lo buscaron, apenas si tuvo tiempo para escuchar las denuncias de ataques que habían sufrido los vehículos del periodista a batazos y balazos. Ante las peticiones, el político se escudó en que a él no le tocaba la protección de los periodistas y que acudieran a la fiscalía respectiva.

Hoy Ruiz está muerto.

A menos de un año de haber tomado el poder, Cuitláhuac ha borrado la esperanza de que Veracruz dejaría de ser el terrible lugar de impunidad que caracterizó a ese estado en tiempos de Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes, para no ir más lejos.

La promesa de cambio de Morena para Veracruz se evapora rápidamente. En cosa de meses.

Si Andrés Manuel López Obrador no capturara día con día la atención de tantos de nosotros, si despejizáramos la agenda, veríamos que un año después del inicio de lo que se promete como una transformación, los virreyes, ayer llamados Duarte y hoy Cuitláhuac, en los estados gozan de cabal salud, para mal de toda la población.

 

 

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



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