Corruptocracia

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03 Sep

Corruptocracia

La honestidad no se da solo con frases en un discurso. Se demuestra con investigaciones, sanciones y consecuencias, sin importar el partido de los involucrados.

En su Segundo Informe, la presidenta Sheinbaum dedicó buena parte de su mensaje a la corrupción. Afirmó que con la Cuarta Transformación terminaron los lujos y el uso de recursos públicos para beneficiar a unos cuantos. Abrió y cerró hablando de honradez. "Sólo con honestidad se dan verdaderamente resultados", dijo ante los funcionarios reunidos en Palacio Nacional. “Somos parte del proyecto de la Cuarta Transformación de la vida pública. Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos, lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad.”

Esto lo dijo la presidenta después de que Héctor de Mauleón revelara imágenes de los hijos del expresidente, Andy y Gonzalo López Beltrán, en un restaurante donde se descorchó cuando menos una botella del vino Sassicaia que ronda los 20 mil pesos. ¿Qué dignidad para el pueblo de México representa que los hijos del expresidente puedan vivir como magnates cuando no se les conoce ningún trabajo que no tenga que ver con contratos o contactos gubernamentales?

Un gobierno no puede extenderse a sí mismo un certificado de buena conducta. La honestidad no se proclama. Se prueba.

La más reciente encuesta de El Financiero muestra que la aprobación de Sheinbaum es de 68 por ciento. De esta encuesta llama la atención que solamente 14 por ciento aprueba el trabajo de su administración contra la corrupción. La Presidenta es popular. Su combate a la corrupción no.

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman escribió esta semana que su país pasó de una kakistocracia, el gobierno de los peores, a una cheatistocracy, el gobierno de los más deshonestos. Yo lo traduciría como corruptocracia. Describe un Estado que beneficia a quienes hacen trampa, debilita a las instituciones encargadas de vigilarlos y convierte la cercanía con el poder en impunidad.

Esa es la diferencia entre un gobierno con casos de corrupción y una corruptocracia. En el primero, la corrupción viola las reglas pero se castiga. En la segunda, las reglas se adaptan para proteger a los corruptos. Creo que este concepto de Krugman aplica como anillo al dedo, para citar al clásico, a lo que ocurre en México.

Sheinbaum presenta la honestidad como una cualidad natural del movimiento, aunque no pase una semana sin que brote como pus un nuevo escándalo entre los suyos. 

La presidente declaró que, en los sexenios anteriores a los de Morena, el gobierno estaba alejado de la gente, distancia que se reflejaba en el gasto excesivo que se destinaba a las “excentricidades y lujos” de los funcionarios. Entre los escándalos de los vuelos de Mara Lezama y las andanzas de los hijos del expresidente, sus palabras se escuchan como frases huecas.

Hoy vemos como una denuncia contra un opositor se considera prueba de culpabilidad, en cambio una denuncia contra un aliado se presenta como campaña o ataque político. La pertenencia al movimiento sustituye a la rendición de cuentas. No importa que veamos constantemente las enormes contradicciones entre el discurso de austeridad y la conducta de opulencia. Sin duda, hemos pasado en México de la kakistocracia a la corruptocracia.


Columna publicada en OPINIÓN 51

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