En Palacio Nacional harían bien en voltear a ver lo que acaba de pasar en Brasil con un lente más amplio que querer azuzar con la intervención extranjera como lo hizo la presidenta en su mañanera del día después. Brasil es la prueba de que un gobierno puede presumir cifras económicas y recordar cuánto hizo por los pobres, pero si la gente tiene miedo de salir a la calle, tarde o temprano le pasa la factura. La paciencia de los ciudadanos no dura para siempre.
El domingo, Flávio Bolsonaro obtuvo 47% de los votos y Lula, 45%. Falta la segunda vuelta del 25 de octubre y Lula todavía puede ganar. Pero el golpe ya está dado. El Partido Liberal de Bolsonaro pasó de 15 a 28 senadores y sus aliados ganaron las gubernaturas de Sao Paulo y Minas Gerais, los dos estados con más electores.
En su editorial de ayer el Financial Times menciona atinadamente que el regreso de los Bolsonaro tiene más que ver con las fallas de Lula que con las virtudes de Flávio. La economía muestra buenas señales, pero Lula no convenció a los ciudadanos de que podía enfrentar al crimen organizado.
Ésa es la primera advertencia para Sheinbaum y Morena. Según The Economist, las últimas siete elecciones presidenciales en América Latina desde el regreso de Trump las ganaron candidatos de derecha. No todos ganaron por las mismas razones, pero el hartazgo con gobiernos que no supieron responder a la crisis de seguridad les abrió la puerta.
La segunda advertencia está en Latinobarómetro. En siete países la seguridad preocupa más que la economía y México es uno de ellos. Aquí alrededor de 46% señala la inseguridad como el principal problema, frente a 24% que menciona la economía.
¿De qué sirve que un gobierno se declare del pueblo si el pueblo tiene que organizar su vida alrededor de la delincuencia? ¿Cuántos años más debe esperar para que lo protejan?
Por eso Bukele sigue siendo el líder más admirado de la región. Redujo drásticamente los homicidios en El Salvador, con encarcelamientos masivos sin juicio y concentración del poder. Es de llamar la atención que con todo y estos abusos, sea el Jefe de Estado más popular de la región.
El INEGI registró que la percepción de inseguridad en 91 áreas urbanas de México ha bajado. Eso es un avance de Sheinbaum. Pero también es cierto que hoy seis de cada diez adultos todavía consideran inseguro vivir en su ciudad.
Rumbo a las siguientes elecciones Morena necesita que la seguridad se note en el transporte, los negocios y las carreteras. Reducir homicidios, frenar extorsiones, desapariciones e impunidad es fundamental. Las transferencias sociales y la popularidad presidencial no garantizan fidelidad electoral indefinida. Menos cuando los apoyos ya quedaron en la Constitución y su permanencia no depende de quién gobierne.
La mejor defensa frente a una derecha de mano dura será demostrar que se puede gobernar con eficacia y respetar la ley. Las urnas brasileñas advierten que los méritos del pasado no sustituyen los resultados del presente.
Para quienes quieren que Morena salga del poder, Brasil ofrece una razón para la esperanza porque muestra que ningún partido es invencible. Pero el descontento necesita una alternativa que atraiga el voto. La oposición debe ofrecer respuestas creíbles a la inseguridad
Apostilla. América Latina se distancia de Washington. Según Latinobarómetro, por primera vez la influencia de China recibe mejor valoración que la estadounidense, 65 contra 57%. Y 59% desaprueba la gestión internacional de Trump. En México lo desaprueba un 79%, la más alta de la región.
Columna publicada en El Universal