Votaron los estadounidenses

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04 Nov

Votaron los estadounidenses

George Orwell escribió que el lenguaje político está hecho para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato sea respetable y el viento puro tenga apariencia de solidez. En las campañas rumbo a elecciones intermedias de ayer en Estados Unidos vemos esto que escribió Orwell brillar a todo color.

A pesar de que el presidente Trump llegó al 3 de noviembre con una aprobación bajísima, 32 por ciento según la última encuesta de Reuters/Ipsos, en su discurso la tarde antes de las votaciones les pidió a los electores que votaran como si él estuviera en la boleta. Frente al Lincoln Memorial, Trump presumió que el país va de maravilla. Para él, su familia y amigos, sin duda. Los Trump han ganado unos 2 mil 300 millones de dólares tan solo con sus negocios de criptomonedas. Esto significa que los ciudadanos comunes y corrientes que invirtieron en ellos perdieron más o menos lo mismo. Cuando le preguntaron por esas ganancias, Trump respondió que "todo el mundo está ganando". Pero para el resto de los estadounidenses la vida se ha vuelto más cara, y esto ha sido así por dos razones básicas e imputables directamente a Trump, la guerra con Irán y los aranceles.

Si hace un año Trump les hubiera pedido a los electores que votaran como si él estuviera en la boleta, habría arrasado. Pero hoy las cosas son distintas. Hace un año el ayatolá Jamenei estaba vivo, la gasolina costaba tres dólares el galón y el equipo del presidente hablaba no solo de conservar la mayoría en el legislativo, sino de ampliarla. Ohio y Iowa se veían seguros en su bolsa. Kansas y Texas ni se discutían. Ayer, todos estos estados estuvieron en juego por dos factores, costos y corrupción. Costos por la economía, los aranceles, la guerra con Irán y el precio de los combustibles. Corrupción por los negocios de la familia presidencial y por ocurrencias como el arco de 76 metros que Trump quiere levantar frente al Lincoln Memorial. Cuando le preguntaron a quién honraría el arco, contestó "a mí".

En Texas el dinero inyectado ha sido una obscenidad. Elon Musk metió 200 millones de dólares para impulsar a Ken Paxton, un político que la Cámara de Representantes de Texas destituyó por acusaciones de corrupción. Después el Senado lo restituyó, pero la gravedad de las acusaciones en su contra quedó a la vista de los electores. Por cierto, Paxton decidió que el mejor lugar para estar durante los festejos del 4 de julio, el 250 aniversario de la Independencia de EUA, era Londres, con su novia. Lo que hizo Musk básicamente fue intentar comprarse a su senador.

En Alaska apareció en la boleta un segundo Dan Sullivan, un maestro jubilado sin partido, frente al senador republicano del mismo nombre. Según el New York Times, la campaña de la demócrata Mary Peltola ayudó a reclutarlo, algo que ella niega. Trump, el mismo que pidió votar como si él estuviera en la boleta, anunció que disputarán el resultado si la diferencia entre Peltola y el senador es menor que los votos del otro Sullivan. O sea que confundir al votante es una prerrogativa que Trump se reserva solo para sí mismo.

Al cierre de esta columna el conteo seguía abierto en los estados que definirán el Senado, y en Alaska el resultado puede tardar más de dos semanas. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para recuperar la mayoría. Salvo Maine, todos los escaños republicanos en disputa estaban en estados que ganó Trump en 2024. Pero fueron sus propias políticas las que los pusieron en juego para estas intermedias. Pase lo que pase con los resultados pendientes, Trump convirtió escaños que creía seguros en contiendas competitivas y puso en peligro el futuro de su movimiento MAGA. El lenguaje puede maquillar la realidad, como advirtió Orwell. Lo que no puede hacer es abaratar la vida de quienes votan.

Apostilla: Estados Unidos es una democracia no porque celebra elecciones, sino porque los resultados son reconocidos. Veamos la reacción de Trump a estas intermedias.

Columna publicada en El Universal