¿Qué puede significar para México el resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos? En The Hill, Duncan Wood e Ivan Zapien advierten que México debe ver más al Capitolio y menos a la Casa Blanca. Llevamos años manejando la relación bilateral como si Washington tuviera una sola puerta. Con un Trump que se ha devorado al Legislativo, hasta cierto punto es entendible.
Recuerdo que Arturo Sarukhán, como embajador en Washington, trabajaba a fondo el Congreso. Conocía legisladores, equipos y comités clave para México, y construía interlocutores. Esa diplomacia se perdió, y la subordinación republicana al Ejecutivo llevo al gobierno mexicano a apostarlo casi todo a la Casa Blanca.
El 3 de noviembre podría cambiar el tablero. Los demócratas son favoritos para recuperar la Cámara de Representantes y podrían quedarse con el Senado. Las encuestas, que han fallado pero siguen siendo el mejor termómetro disponible, anticipan que el hartazgo por el costo de la vida y la guerra con Irán le costará electoralmente a los republicanos. Según Reuters/Ipsos, la aprobación de Trump cayó en septiembre a 32%, su mínimo en ambos mandatos. Pero pase lo que pase, Trump seguirá en la Casa Blanca hasta enero de 2029 y, si su partido pierde, me temo que responderá con más virulencia vía órdenes ejecutivas.
México necesita preparar escenarios desde ahora. En comercio, sabemos que Washington no aceptó extender el T-MEC por otros 16 años y la siguiente revisión será en 2027, ya con el nuevo Congreso en funciones. Urge tener interlocutores en el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara y en el de Finanzas del Senado. Los demócratas pueden defender la integración y, a la vez, exigir mayor cumplimiento laboral y ambiental. En migración, los comités de Seguridad Nacional y de Presupuesto inciden en detenciones, vigilancia fronteriza y trato a connacionales. Ningún cambio de mayoría garantiza una política migratoria benigna.
Pero lo más delicado, me parece, está en seguridad. A principios de año 75 demócratas de la Cámara exigieron en una carta a Marco Rubio descartar cualquier acción militar unilateral en México sin autorización del Congreso. Una mayoría demócrata encarecería políticamente esa amenaza con la que Trump lleva meses coqueteando. Eso favorecería la soberanía, bandera con la que se ha envuelto la presidenta para no entregar a Rocha Moya y compañía, acusados por Washington. Pero sería un error monumental leerlo como licencia para bajar la guardia frente al crimen organizado.
Washington, con republicanos o demócratas, exige resultados contra el tráfico de fentanilo, las finanzas de los cárteles y sus redes de protección, incluidas las que tienen en la clase política. Ahí se nota que los intereses de México, los del gobierno y los de Morena no están alineados. Combatir al crimen organizado es un interés nacional. Investigar sus vínculos con funcionarios y políticos, del partido que sean, también debería serlo, pero se topa con pared cuando el señalado es de la 4T.
Ojalá en Palacio Nacional no apuesten a un cambio en el Capitolio para respirar aliviados. Una mayoría demócrata ayudaría a evitar una intervención unilateral, pero ni Trump se va a apaciguar ni el Congreso dejará de presionar para que el crimen y sus nexos políticos en México se combatan enérgicamente.
¿Sabrá México encontrar aliados demócratas en el nuevo Capitolio? ¿Aprovechará ese equilibrio para alinear los intereses del país con los de su gobierno y su partido? Porque evitar una intervención unilateral es indispensable; desmantelar las redes de crimen y corrupción, lleguen hasta donde lleguen, también.
Columna publicada en El Universal