Canadá y México frente a Trump

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21 Oct

Canadá y México frente a Trump

¿Quién tiene la mejor estrategia frente a Donald Trump, México o Canadá? Muchos aplauden la forma en que la presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado contener al presidente de EUA. Lo contiene en las llamadas telefónicas, sí. Pero en lo que importa, que es hacer a México más fuerte frente a la amenaza que ya representa Estados Unidos para nuestra economía y nuestra soberanía, la estrategia canadiense está resultando mejor.

 

Chrystia Freeland, era canciller de Canadá cuando Trump decidió que el TLCAN era el peor acuerdo de la historia, y le tocó negociar el T-MEC. En el más reciente episodio del podcast de Ezra Klein, Freeland dijo que a Trump no se le puede complacer ni contener. Nada de adularlo, nada de dejarse intimidar. En el primer mandato, cuando Washington les impuso aranceles, Canadá respondió dólar por dólar contra productos políticamente sensibles hasta que Estados Unidos los retiró. En ese momento, tanto Trudeau como Freeland les dijeron a los canadienses que vendría una confrontación asimétrica que sería más dolorosa para Canadá, pero los canadienses estuvieron de acuerdo con su gobierno en emprender la postura confrontativa.

 

Canadá aceptó ese dolor en aras de fortalecerse. Trump, además, les hizo un favor involuntario. Los liberales de Justin Trudeau iban directo a la derrota y fueron los aranceles y las burlas sobre el estado 51 los que llevaron a Mark Carney a Primer Ministro. Desde entonces la apuesta es doble. Fortalecer el mercado interno y diversificar, porque con Trump cualquier acuerdo firmado es desechable, y el T-MEC es la mejor prueba de ello.

 

Canadá se acercó a Europa y también a China. En enero Carney fue a Pekín y pactó, entre otras cosas, abrir la puerta a autos eléctricos chinos con aranceles bajísimos (6.1%) a cambio de que China bajara sus propios aranceles. A Freeland le parece horroroso que el gran ganador de todo esto sea China. Tiene razón, pero reconoce que es Washington quien empuja a sus aliados hacia Pekín.

 

México hizo lo contrario. Desde enero aplica aranceles de hasta 50% a productos chinos, una medida que, se diga lo que se diga, está pensada para agradar a Washington. Y la tormenta nos agarra polarizados. Hay quienes en México ven en Trump al salvador que nos sacará de las garras del crimen organizado y piden una intervención estadounidense para poner orden en materia de seguridad. Yo no estoy en ese grupo, pero existe y no es pequeño.

 

El gobierno de Sheinbaum insiste en que su estrategia fortalece a México. Los datos dicen otra cosa. La inversión fija bruta lleva 17 meses de caídas. Mientras tanto, las exportaciones han crecido y siguen siendo principalmente (más del 80 por ciento) a Estados Unidos. Así, dependemos cada vez más de quien nos amenaza.

 

Fortalecernos exigiría lo que no se hace. Sanear las finanzas públicas con programas sociales dirigidos a quien de verdad los necesita, no repartidos para comprar votos. Dejar de rescatar a Pemex, que según el IMCO recibió 1.88 billones de pesos en apoyos entre 2019 y junio de 2026, dinero que podría ir a salud, infraestructura y educación. Y recuperar la certeza jurídica que la reforma judicial de 2024 terminó de erosionar al dejar al Poder Judicial en manos del gobierno. Sin Estado de Derecho las inversiones no llegarán y el mercado interno no aguantará.

 

Allá en Canadá los ciudadanos cerraron filas porque confiaban en que su gobierno negociaba en su nombre y para fortalecerlos. Acá muchos no creemos que el gobierno esté haciendo todo lo posible por lograrlo. Contener a Trump telefónicamente sirve para ganar tiempo. Canadá está usando ese tiempo para hacerse más fuerte internamente y con alianzas diversificadas. México está desperdiciando la oportunidad de aprovechar esta crisis que representa Donald Trump en La Casa Blanca.

Columna publicada en El Universal