Trump al desnudo

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12 Aug

Trump al desnudo

La victoria de Joe Biden en el 2020 fue lo mejor que le pudo haber pasado a Donald Trump. Esa es la tesis contrafactual en Regime Change, el libro de los periodistas del New York Times, Maggie Haberman y Jonathan Swan sobre el primer año del segundo mandato de Trump, construido a partir de unas mil entrevistas, incluyendo una extensa con Donald Trump, y con acceso a discusiones tan confidenciales como la del Situation Room del 26 de febrero, dos días antes del bombardeo a Irán. Los autores sugieren que los excesos actuales se habrían evitado si Trump hubiera gobernado un segundo periodo consecutivo. Sin los cuatro años de exilio jamás habría acumulado el poder y el rencor que hoy ejerce.

El interregno le permitió reconstruirse y planear su regreso. Cuatro acusaciones penales, una condena y dos intentos de asesinato, habrían destruido a cualquier otro político. A Trump lo engrandecieron. Fortalecieron su marca y casi lo convirtieron en figura mitológica ante sus seguidores. Regresó con fuerza porque sabía que o ganaba o iba a la cárcel.

De vuelta en el poder, su eje de acción gira en torno a dos puntos, retribución y legado. Venganza contra todos los que "se la hicieron" durante su exilio, desde los tech bros que lo expulsaron de sus redes sociales, como Mark Zuckerberg, hasta los medios que lo criticaron. Y un legado medido menos en políticas públicas que en metros cuadrados y letras doradas. Demolió el ala este para levantar un salón de baile de millones de dólares, la mayor alteración estructural de la Casa Blanca en más de siete décadas.

El título del libro podría tener distintas lecturas. Cambio de régimen es lo que Trump buscó en Irán en un principio y lo que muchos anticipaban en Venezuela. Pero el verdadero cambio de régimen ocurre en Estados Unidos. Trump ha modificado la presidencia hasta volver aceptables acciones que hace apenas diez años ni imaginábamos posibles. A Obama lo atacaron días enteros por usar un traje color beige y sin embargo Trump acepta sin problema un avión de 400 millones de dólares regalado por el régimen qatarí.

Dos cosas que muestra el libro me preocupan especialmente. La primera es lo errático y desorganizado que es Trump. No le importa el valor de su tiempo ni tiene una agenda que quiera avanzar. Creo que por eso no le agobian las elecciones intermedias. Como no existe agenda legislativa, poco le importa quedarse sin votos para aprobar iniciativas. Son inexistentes. Y él está tranquilo porque no estará en la boleta. Preocupado como vive por la óptica, lo que le molestará es que digan que los republicanos perdieron por su culpa. Mi hipótesis es que resolverá ese problema a su manera, dejando de reconocer los resultados de las elecciones donde pierdan los suyos. Ya lo hizo en 2020.

La segunda preocupación es el funcionamiento de sus habilitadores. Trump vive en una burbuja. Solo lee y ve la prensa que le acercan sus asistentes, donde aparece alabado. Los funcionarios de su gobierno prefieren ejecutar aquello con lo que no están de acuerdo antes que intentar persuadirlo de abandonar una política equivocada.

El libro cierra con una escena perfecta. Trump presume que un historiador lo declaró el hombre más poderoso de todos los tiempos, por encima de Alejandro Magno y Napoleón. No recuerda su nombre. Su asistente le aclara después a los autores quién era, el caddie del golfista Gary Player. A esta presidencia le quedan dos años y medio. El hombre más poderoso del mundo gobierna por instinto, rodeado de habilitadores dispuestos a dejarlo confundir a un caddie con un historiador con tal de no contradecirlo.

Creo que es una gran y recomendable lectura.

Columna publicada en El Universal