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Tras conocerse del contagio del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de COVID-19, una de las principales preguntas que ha circulado es qué pasaría en nuestro país ante la ausencia del titular del Ejecutivo.

Ante dicha duda, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo esta mañana que «debe de quedar claro: se encuentra en pleno ejercicio de sus funciones como presidente de la República. Él mismo continuará pendiente de los asuntos públicos».

Ayer, López Obrador aseguró que sus síntomas eran «leves» e, incluso, sostuvo esta mañana una llamada telefónica con el presidente de Rusia, Vladimir Putin.

En caso de una ausencia temporal o permanente que le impida continuar en el cargo, la Constitución establece los pasos y condiciones a seguir.

La Constitución permite al presidente solicitar una licencia de hasta 60 días naturales que deben autorizar las dos Cámaras del Congreso, Diputados y Senadores, siendo la persona que asume la titularidad provisional del Poder Ejecutivo la secretaria de Gobernación (artículo 85).

Si la ausencia del presidente es permanente, por renuncia, incapacidad o muerte, el artículo 84 de la Constitución establece dos supuestos: si sucede en los primeros dos años del sexenio, se convocaría a nuevas elecciones, sin embargo, en esta caso fue el pasado 1 de diciembre que AMLO cumplió con dicho tiempo.

Por ello, aplicaría el segundo supuesto, es decir, si ocurre en los últimos cuatro años del mandato. En este caso el Congreso tendría que formar un colegio electoral para nombrar a un presidente sustituto y, mientras ocurre la deliberación, la titular de la Segob sería la presidenta provisional.

Pero, ¿quién podría ser el presidente sustituto? Según lo que establece el artículo 82 de la Constitución, el presidente sustituto debe ser ciudadano mexicano de nacimiento, tener más de 35 años cumplidos, haber residido el año anterior en el país, no pertenecer al Estado eclesiástico ni ser ministro de culto.

Además, el nuevo mandatario no puede ser miembro activo del Ejército, ser gobernador o titular de la Fiscalía General de la República (FGR) o alguna estatal, ni ser secretario o subsecretario de Estado, lo que impediría a cualquier miembro del gabinete actual asumir el cargo. Además, no podría participar en las elecciones presidenciales de 2024.

Simpatizantes del presidente Donald Trump irrumpieron esta tarde el Capitolio en Estados Unidos, durante una caótica protesta emprendida con el propósito de impedir la transición pacífica del poder, lo que provocó que los legisladores fueran evacuados del inmueble e interrumpió el proceso para confirmar la victoria del demócrata Joe Biden.

Inicialmente, Trump había exhortado a marchar hacia el Capitolio. En un segundo mensaje, utilizando sus redes sociales, Trump pidió a los manifestantes «regresar a casa en paz», pero insistió en que le «robaron unas elecciones» que ganó «por mayoría». «Se tienen que ir a casa ahora, tenemos que tener paz; tenemos que tener ley y orden (…) No queremos a nadie herido es un período muy difícil».

«Esta fue una elección fraudulenta, pero no podemos hacerle el juego a esta gente. Necesitamos paz, así que vayan a casa. Los queremos, son muy especiales», dijo el presidente.

El Pentágono dijo que unos 1,100 miembros de la Guardia Nacional del Distrito de Columbia se movilizaron para ayudar a mantener el orden en el Capitolio.

En imágenes que fueron captadas por medios y por usuarios de redes sociales, se vio a manifestantes eludir a la policía e ingresaron en el edificio, gritando y ondeando banderas estadounidenses y en favor de Trump mientras caminaban por el recinto.

Se reportó que una persona fue baleada en el Capitolio, de acuerdo con una persona familiarizada con la situación. De momento se desconocía el estado de salud de la persona.

Los senadores estaban siendo evacuados. Algunos representantes tuitearon que se refugiaron en sus oficinas.

Los manifestantes se enfrentaron con la policía del Capitolio y lograron ingresar al edificio, poco después de que se llevó a cabo un enorme mitin cerca de La Casa Blanca durante el cual Trump les dijo que marcharan hacia el Capitolio.

Aunque algunos republicanos respaldaban la impugnación a la victoria de Biden, que obtuvo 306 votos electorales respecto a los 232 de Trump y que fue confirmada por el Colegio Electoral, el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, trató de disminuir las tensiones y se opuso a ello. Advirtió que la nación «no puede seguir a la deriva con dos tribus separadas» con «hechos separados».

El Colegio Electoral de Estados Unidos ratificó este lunes la elección de Joe Biden como próximo presidente del país, echando abajo las intenciones del presidente Donald Trump, quien intentó en Tribunales desafiar el resultado de los comicios del pasado 3 de noviembre.

Pasadas las 17:30 hora local, los electorales de California, reunidos en la asamblea estatal, confirmaron que los 55 votos electorales del estado iban a parar a Biden, con lo que el candidato demócrata superaba la barrera de 270 votos electorales necesarios para llegar a La Casa Blanca.

Las reuniones de esos delegados de cada partido corroboraron que Biden acumula al menos 302 votos electorales frente a los 232 de Trump, a falta de que se confirmen los 4 electorales que adjudica Hawái, donde se impuso el candidato demócrata en los comicios.

Ese cómputo también ratifica la elección de su compañera de fórmula, la senadora Kamala Harris, que será la primera mujer que ocupará el cargo de vicepresidenta de EUA cuando ambos lleguen al poder, el próximo 20 de enero.

Bajo el sistema electoral de Estados Unidos, los delegados del Colegio Electoral confirman en sus reuniones en cada estado lo votado en las urnas por los millones de estadounidenses en las elecciones, celebradas hace un mes y medio.

Los principales medios de comunicación ya pronosticaron el pasado 7 de noviembre que Biden alcanzaría 306 votos electorales y arrebataría a Trump la Presidencia, pero el actual mandatario se ha negado desde entonces a reconocer la derrota.

Biden tiene previsto dar un discurso esta tarde, en el que pedirá «pasar página» a las tensiones en Estados Unidos y unir al país tras la divisiva jornada electoral.

«Ahora es el momento de pasar página. Unirnos. Sanar», dirá Biden de acuerdo con extractos de un discurso que el demócrata pronunciará. «En esta batalla por el alma de Estados Unidos, prevaleció la democracia (…) La integridad de nuestras elecciones permanece intacta», dirá Biden, en una clara referencia a la negativa de Trump a aceptar la derrota.

El presidente Donald Trump aseguró que dejará La Casa Blanca si el Colegio Electoral formaliza la victoria del demócrata Joe Biden, aunque insistió que esa decisión sería un «error».

El mandatario pasó el Día de Acción de Gracias reiterando afirmaciones sin fundamento de que su derrota electoral se debió a un «fraude masivo» y a funcionarios deshonestos en estados decisivos.

«Ciertamente lo haré. Pero ustedes saben eso», dijo Trump cuando le preguntaron si abandonaría el inmueble, permitiendo una transición pacífica en enero. Sin embargo insistió en que «muchas cosas» podrían ocurrir que podrían alterar los resultados antes de que sea hora de entregar el poder. «A esto aún le falta un largo camino por recorrer», declaró Trump.

Si bien no hay evidencia del fraude generalizado que señala Trump, tanto él como su equipo legal han estado trabajando para poner en duda la integridad de las elecciones y están tratando de revertir la voluntad de los electores en los Tribunales.

Trump habló la tarde de ayer con los reporteros en la Sala de Recepción Diplomática de La Casa Blanca después de sostener una teleconferencia con los líderes militares estadounidenses ubicados en distintas partes del mundo.

Les agradeció su servicio, advirtiéndoles en broma que no comieran demasiado pavo, y tras concluir la llamada volvió a hablar de las elecciones. Repitió sus quejas y criticó a los funcionarios de Georgia y Pensilvania, dos estados clave sin una preferencia política clara que «ayudaron» a Biden.

El republicano afirmó que, pese a los resultados que se tienen, este podría no ser su último Día de Acción de Gracias en La Casa Blanca.

Y aunque se mantiene firme en su posición de que hubo fraude, el gobierno ya autorizó a que comience una transición formal. Trump se dijo en desacuerdo a que Biden siga adelante en su intención de conformar gobierno. «Creo que no es correcto que esté tratando de elegir un gabinete».

Sobre las elecciones que se llevarán a cabo el 5 de enero en Georgia, y que determinarán qué partido controlará la cámara alta. Trump dijo que los candidatos a senadores republicano «están tratando con un sistema muy fraudulento. Estoy muy preocupado por eso».

Adicional, el mandatario dijo que la gente está «muy decepcionada de que nos robaron». Reconoció que probablemente nunca reconocerá formalmente su derrota. «Va a ser algo muy difícil reconocer (la derrota). Porque sabemos que hubo un fraude masivo».

Pese a sus declaraciones de ayer, esta mañana el presidente dijo en sus redes sociales que Biden solo podrá ingresar a La Casa Blanca como presidente si podía demostrar sus «ridículos» 80 millones de votos. Incluso dijo que debía comprobar que no se obtuvieron de manera fraudulenta o ilegal.

«Cuando vea lo que sucedió en Detroit, Atlanta, Filadelfia y Milwaukee, fraude electoral masivo, ¡tendrá un gran problema sin solución!».

El presidente Donald Trump anunció esta tarde la concesión del un indulto total a Michael T. Flynn, su primer asesor de seguridad nacional, quien se declaró culpable de haber mentido al FBI sobre sus contactos con agentes rusos.

«Es un honor para mi anunciar que se le ha otorgado el perdón completo al general Michael T. Flynn. Felicidades a él y a su maravillosa familia, sé que ahora van a tener un Acción de Gracias realmente fantástico», dijo Trump en un mensaje en su cuenta de Twitter.

El de Flynn fue uno de los casos más importantes que surgieron de la investigación sobre la llamada «trama rusa» encabezada por el fiscal especial Robert Mueller, que concluyó en 2019 tras presentar cargos contra tres decenas de personas pero sin pruebas de una presunta conspiración electoral en el entorno de Trump con Rusia.

Flynn, un general que asesoró a Trump en política exterior durante su campaña electoral, duró apenas 24 días como asesor de seguridad nacional del mandatario una vez que este llegó al poder en enero de 2017.

El general tuvo que renunciar a su cargo tras conocerse que mintió al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y a otros altos cargos del gobierno sobre sus contactos con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kisliak.

A finales de 2017, Flynn se declaró culpable de haber mentido al FBI sobre sus contactos con Kisliak, pero después retiró esa declaración y trató de rechazar los cargos, mientras sus abogados argumentaban que hubo negligencia entre los fiscales e investigadores que activaron el caso.

Trump también pidió este miércoles a sus partidarios «revertir» el resultado de las elecciones alegando, sin pruebas, que fueron «amañadas» para asegurar la victoria de Joe Biden.

El mandatario republicano habló vía telefónica con senadores republicanos de la legislatura estatal de Pensilvania, a quienes dijo que «tenemos que revertir la elección», dijo. Los demócratas «hicieron trampa. Fue una elección fraudulenta», apuntó, repitiendo varias teorías de conspiración que han sido rechazadas en tribunales en todo el país.

Luego de que la Administración General de Servicios (GSA) diera luz verde al proceso de transición del poder, pese a que el presidente Donald Trump siga sin reconocer su derrota, y que el mandatario de China, Xi Jinping, felicitara a Joe Biden por su victoria, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue cuestionado sobre la posición de México en relación a la elección presidencial en Estados Unidos.

«Es un asunto que tiene que ver con la política exterior de México, que se ajusta a lo que establece la Constitución, el artículo 89 de la Constitución (…) Entonces, mi opinión es: Vamos a esperarnos», contestó López Obrador.

El mandatario dijo que México aplica los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos; indicó que no hay por qué adelantar tiempos, y que será cuando termine el proceso electoral en Estados Unidos cuando él y el gobierno se pronunciarán.

AMLO aseguró que México no tiene problemas con ningún gobierno extranjero ni con ningún partido del extranjero, y que lo único que buscan es apegarse a la política de principios que se abandonó durante mucho tiempo en materia de relaciones internacionales.

«No estamos de acuerdo con las muestras de felicitación por anticipado, nosotros padecimos de eso. Nos hicieron fraude en una ocasión, en el 2006 y todavía no se terminaban de contar los votos, estábamos pidiendo voto por voto, casilla por casilla, voto por voto, casilla por casilla y el presidente de España se pronuncia a favor del que estaba siendo impuesto como presidente (…) Tenemos que actuar con responsabilidad», añadió AMLO.

López Obrador insistió en que su gobierno ya ha hecho un primer pronunciamiento, en el que han indicado que México esperará a que resuelvan las autoridades electorales sobre la elección.

Incluso dijo que luego de que el presidente Trump publicara un mensaje en Twitter donde pedía a la GSA comenzar con el proceso de transición, calificó como «una gran lanzada en ese sentido en los medios y todo» que dijeran que ese mensaje significaba que el republicano había aceptado una derrota.

«México va a mantener una política de cooperación, con el gobierno de Estados Unidos y con todos los gobiernos. Y no tenemos nada que temer, vamos a mantener esta política de respeto mutuo, no hay diferencias con nadie y hemos llevado una muy buena relación con el gobierno del presidente Trump, y esperemos que, de acuerdo a lo que decida la autoridad electoral en Estados Unidos o las instancias legales, quien sea declarado triunfador mantenga con nosotros, porque lo deseamos, una buena relación. En su momento vamos a pronunciarnos, vamos a expresar nuestro reconocimiento», concluyó AMLO.

Las autoridades de los estados de Nevada y Pensilvania certificaron este martes los resultados de la elección presidencial del pasado 3 de noviembre, confirmando que el ganador fue el demócrata Joe Biden.

La secretaria de Estado de Nevada, Barbara Cegavske, compareció ante el Tribunal Supremo estatal para presentar el escrutinio definitivo y darle carácter oficial con la firma de los jueces, lo que blinda la victoria de Biden por más de 30,000 votos, sobre un total de un millón 400 mil 000 sufragios.

Y es que el equipo del presidente Donald Trump puso en duda en un primer momento hace semanas la legitimidad de los resultados en Nevada, al asegurar que había votado una gran cantidad de personas que no residían en el estado, lo que llevó el tema a los tribunales.

Con la certificación de hoy, Biden se llevará definitivamente los seis votos del colegio electoral que otorga el estado. Del total de votos emitidos en Nevada, la mitad fueron por correo, mientras que un 41% votaron por adelantado, de manera que sólo el 9% del electorado acudió a las urnas el día mismo de las elecciones, algo insólito y que se explica por los efectos de la pandemia de Covid-19.

Por su parte el gobernador de Pensilvania, Tom Wolf, anunció este martes que el estado también había certificado el resultado de las elecciones presidenciales a favor de Biden, que suma los 20 votos del Colegio Electoral que asigna.

«De acuerdo con lo requerido por la ley, he firmado la certificación para el nombramiento de electores (delegados del Colegio Electoral) para Joe Biden y Kamala Harris», afirmó el gobernador en Twitter.

Esto pone fin a los intentos de Trump de detener la certificación del resultado. Wolf agradeció a los trabajadores electorales por haber «administrado una elección imparcial y libre en un momento increíblemente difícil» para la historia del país y recordó que los empleados encargados del proceso han estado «bajo constantes ataques» en las últimas semanas.

El cierre del escrutinio oficial en Pensilvania da finalmente a Biden un ventaja de más de 80,000 votos sobre Trump.

La oficialización de los resultados en estos dos estados se dan después de la anunciada ayer por Michigan y el pasado viernes por Georgia, tres de los estados que Biden arrebató a Trump en las elecciones y que apuntalan la victoria del demócrata.

No obstante, Trump sigue sin reconocer su derrota y hasta ha apoyado un nueva petición de recuento en Georgia, que con toda seguridad solo servirá para retrasar el cierre definitivo del escrutinio, pero que no cambiará el resultado final.

Sobre lo que ocurre en Georgia, trabajadores electorales de algunos condados iniciaron este martes un recuento con máquinas de los cerca de 5 millones de votos de la elección presidencial, días después de completar un conteo manual que confirmó la ventaja del presidente electo Joe Biden.

El recuento fue solicitado por el equipo del presidente Donald Trump luego que los resultados certificados lo colocaron por debajo de Biden por 12,670 votos, equivalente al 0.25%. Bajo la ley del estado, el candidato perdedor puede pedir un recuento cuando el margen es menos de 0.5%.

En el marco de los anuncios, el presidente electo Joe Biden aseguró este martes que «Estados Unidos está de vuelta», esto al confirmar la nominación de figuras claves de su equipo de trabajo que, destacó, está «listo para liderar el mundo».

En un encuentro con periodistas, Biden presentó sus elegidos para integrar el gabinete que lo acompañará a partir del próximo 20 de enero, entre ellos Antony Blinken como futuro secretario de Estado y el cubano-estadounidense Alejandro Mayorkas al frente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

«Es un equipo que refleja el hecho de que Estados Unidos está de vuelta. Listo para liderar el mundo, no para retirarse de él. Listo para enfrentar a nuestros adversarios, no para rechazar a nuestros aliados. Y listo para defender nuestros valores», sentenció Biden.

Para el líder demócrata, su equipo reúne «experiencia y liderazgo» y anticipó que dará ejemplo. «Vamos a tener a la primera mujer al frente de la comunidad de inteligencia, al primer latino e inmigrante en dirigir el Departamento de Seguridad Nacional, y a una diplomática innovadora en las Naciones Unidas», agregó.

Joe Biden celebra este viernes su cumpleaños número 78, dos meses antes del día de su llegada a La Casa Blanca, donde sucederá a Donald Trump, a quien venció en las elecciones del pasado 3 de noviembre. Como regalo de cumpleaños, el secretario de Estado de Georgia confirmó su triunfo tras el recuento y auditoria realizado.

Así, el exvicepresidente de Barack Obama prestará juramento el próximo 20 de enero de 2021, convirtiéndose en el presidente 46 de los Estados Unidos, y el de mayor edad de la historia del país.

Sobre el recuento en Georgia, el secretario de Estado de ese territorio confirmó este viernes que el presidente Donald Trump no ganó los votos del Colegio Electoral.

«Al igual que otros republicanos estoy decepcionado, nuestro candidato no ganó los votos electorales de Georgia», sostuvo Brad Raffensperger, quien se calificó como un orgulloso seguidor de Trump.

«Yo vivo con el lema de que los números no mienten. Como secretario de Estado creo que los números que presentamos hoy son correctos».

Desde ayer por la tarde/noche, Georgia confirmó que Biden superó a Trump, lo que reduce las posibilidades del republicano de que cambien los resultados y se pueda mantener otros cuatro años en La Casa Blanca.

El resultado del recuento en el estado era muy esperado, pese a los reclamos infundados de Trump y sus aliados de que los resultados en Georgia eran sospechosos debido a un fraude electoral extendido.

Biden suma 306 votos en el Colegio Electoral contra 232 de Trump, superando el umbral de 270 votos necesarios para ganar la presidencia.

La auditoría de Georgia, que se realizó luego de que los resultados iniciales mostraran un triunfo de Biden por 14.000 votos, mostró que el demócrata se impuso por 12,284 sufragios.

Al respecto, el presidente Donald Trump y sus aliados están tomando medidas desesperadas para revertir los resultados de la elección presidencial, incluso convocando a legisladores estatales a La Casa Blanca para tratar de impugnar la victoria de Biden.

Las tácticas de último recurso incluyen llamadas personales a funcionarios electorales que tratan de rescindir la certificación de votos en Michigan, insinuar en una demanda que Pensilvania desconoció el voto popular y presionar a funcionarios en Arizona para demorar la certificación de los recuentos.

Los expertos en derecho electoral dicen que son simplemente intentos agonizantes de la campaña de Trump y que sin duda Biden entrará a la Oficina Oval en enero próximo, pero existe el temor de que las gestiones de Trump afectarán la confianza de parte de la ciudadanía en la integridad de las elecciones.

El senador republicano Mitt Romney, uno de los detractores más francos de Trump, lo acusó de recurrir a «presiones sobre funcionarios estatales y locales a fin de subvertir la voluntad del pueblo y revertir la elección». Añadió que «es difícil imaginar una acción antidemocrática más grave por parte de un presidente estadounidense en funciones».

La agencia de seguridad electoral del gobierno de Trump declaró que la elección presidencial de 2020 fue la más segura de la historia. Días después, Trump destituyó al jefe de ese organismo.

El virtual presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, anunció este martes nuevos nombramientos en su equipo de gobierno, pese a que el presidente Donald Trump sigue sin reconocer su derrota.

Tras el nombramiento la semana pasada de su veterano asesor Ron Klain como su próximo jefe de gabinete, Biden anunció este martes a varios colaboradores de alto rango de su campaña para ocupar otros puestos clave en su futuro equipo en La Casa Blanca.

Entre los nombramientos está el del congresista de Luisiana Cedric Richmond, copresidente de su campaña, como asesor principal y director de su Oficina de Participación Pública; y el de Jen O’Malley Dillon, su directora de campaña, como subdirectora de personal.

También destacó el nombramiento de Julissa Reynoso, quien en el gobierno de Barack Obama fuera subsecretaria de Estado Adjunta para Latinoamérica y embajadora en Uruguay, como jefa de gabinete de la primera dama.

Como asesor principal de la primera dama fue nombrado Anthony Bernal, quien fue subdirector de campaña y ha sido asesor y persona de confianza de la familia Biden durante más de una década.

Un nombramiento como consejero de Biden que puede resultar polémico es el de Steve Ricchetti, quien fue subjefe de gabinete de Bill Clinton. Según The Wall Street Journal, Richetti fundó una firma de cabildeo junto a su hermano Jeff en 2001, de la que se separó para empezar a trabajar con Biden y que en el último año ha conseguido varios contratos con empresas farmacéuticas.

Algunos grupos progresistas han instado a Biden a mantener a los cabilderos fuera de su administración.

Otros nombramientos en puestos clave incluyen los de Julie Rodríguez, subdirectora de campaña y exasistente de la vicepresidenta electa, Kamala Harris, quien será directora de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales de La Casa Blanca; y Annie Tomasini, jefa de personal de Biden durante la campaña, quien se convertirá en directora de operaciones del Despacho Oval.

«Estas personas diversas, experimentadas y talentosas demuestran el compromiso del presidente electo Biden de construir una administración que se parezca a Estados Unidos», con «profunda experiencia de gobierno», dijo la campaña de Biden en un comunicado.

Estos nombramientos se producen mientras Trump sigue insistiendo en que ganó las elecciones y ha promovido varias acciones legales en diferentes estados un intento por revertir los resultados alegando irregularidades no demostradas.

El presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió este domingo la victoria de su rival demócrata, Joe Biden, en las elecciones del pasado 3 de noviembre, aunque lo atribuyó, sin pruebas, a un presunto fraude electoral.

Trump aclaró enseguida que esto no significa que reconozca su derrota; replicó que Biden ganó porque las elecciones estuvieron «amañadas». Insistió en que no se permitieron observadores electorales del partido republicano, además de que los votos fueron contados por una compañía vinculada a la izquierda radical Dominion.

Acusó que dicha empresa tiene «una mala reputación y equipo engañoso que no pudo siquiera cumplir con los requisitos para Texas (¡Que yo gané por mucho!), ¡los Medios de Comunicación Falsos y Callados, y más!», escribió Trump en su cuenta de Twitter.

Trump acompañó su mensaje de un extracto de una intervención en la cadena de televisión Fox News del comentarista político conservador Jesse Waters, en el que apuntaba de manera infundada que Biden triunfó por un supuesto fraude.

Lo que llamó la atención de su mensaje fueron las dos primeras palabras de su tuit: «He won» (Él ganó), pues por primera las pronunciaba tras el anuncio de los resultados que se niega a reconocer.

El recién nombrado jefe del futuro gabinete de Biden, Ron Klain, dijo a la cadena NBC que el comentario de Trump era «una confirmación más de la realidad de que Joe Biden ganó las elecciones». «Si el presidente está preparado para empezar a reconocer esa realidad, es positivo», dijo.

Sin embargo, horas después, y frente a las reacciones que generó su tuit, Trump aclaró que Biden «solo ganó a ojos de los MEDIOS FAKE NEWS». «¡No concedo NADA! ¡Tenemos todavía un largo camino por recorrer. La elección estaba AMAÑADA!», insistió el magnate.

Donald Trump se ha mostrado muy activo ayer en sus redes sociales, en donde volvió a insistir en que él es el verdadero vencedor de la elección presidencial; acusó a los medios de «ascender» a la Presidencia  antes de tiempo a Biden.

«¿Por qué los medios de noticias falsas asumen continuamente que Joe Biden ascenderá a la Presidencia, sin siquiera permitir que nuestro lado muestre, lo cual nos estamos preparando para hacer, cuán destrozada y violada ha sido nuestra gran Constitución en las elecciones de 2020?», preguntó Trump.

Según las proyecciones de los principales medios de comunicación, el virtual presidente electo de Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, ha ganado con 306 votos del Colegio Electoral, contra los 232 que obtuvo el presidente Donald Trump.

Fuente: NYT

Los últimos estados en los que Biden fue declarado ganador han sido Arizona y Georgia, mientras que Trump ganó en Alaska y Carolina del Norte.

Debido a lo estrecho del resultado, Georgia comenzó este viernes el recuento de los votos de las elecciones presidenciales, un proceso que puede durar hasta cinco días, mientras que Trump sigue insistiendo en que hubo irregularidades sin ofrecer pruebas de ello.

El recuento a mano de los cerca de cinco millones de votos y, después de que todos los condados certificarán sus resultados, deberá concluir el miércoles 18 de noviembre a la medianoche, anunciaron las autoridades electorales de Georgia.

Recordemos que las leyes del estado señalan que deberán volver a contarse los votos cuando el margen de diferencia sea inferior al 0.5%, y en este caso el demócrata Joe Biden mantiene una ventaja sobre Trump, tras escrutarse el 99% del total de los sufragios, de 14,000 votos, lo que supone el 0.3%.

Los demócratas han insistido en la necesidad de avanzar en el proceso de transición y gran parte de la comunidad internacional ha expresado ya el reconocimiento de la victoria de Biden. El último, China, que finalmente reconoció oficialmente los resultados de los comicios y felicitó a Biden.

Poco después del anuncio de Pekín, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, criticó este viernes el «absurdo circo» de los republicanos al no «aceptar la realidad» de que Biden es el presidente electo del país tras derrotar a Trump en las elecciones del 3 de noviembre.

«Las elecciones terminaron. Joe Biden es el presidente electo. Electo con un mandato de más de 78 millones de votos», subrayó la líder demócrata.

La toma de posesión del próximo presidente está prevista para el 20 de enero en Washington.

Trump sigue sin reconocer la derrota y aferrado a acusaciones sin pruebas de fraude. «Nunca apuesten en mi contra», dijo el mandatario en una entrevista publicada este viernes en el diario Washington Examiner, en la que señaló que es capaz de dar la vuelta a los resultados de los comicios.

Preguntado sobre cuándo calcula que será capaz de dar la vuelta a la situación, Trump respondió: «No sé, probablemente dos semanas, tres semanas».

Este viernes también se informó que Joe Biden será informado por expertos en seguridad nacional la próxima semana, según confirmó su equipo de transición

Jen Psaki dijo que el hecho de que Biden aún no haya recibido informes de inteligencia clasificados podría perjudicar sus preparativos para gobernar. «Han pasado seis días, pero con cada día que pasa, se vuelve más preocupante que nuestro equipo de seguridad nacional y el presidente electo y la vicepresidenta electa no tengan acceso a esos informes de inteligencia», dijo Psaki a periodistas.

El jefe de la diplomacia rusa calificó este jueves al sistema electoral estadounidense de uno de los más «arcaicos» del mundo, tras la virtual victoria de Joe Biden, rechazada por el presidente Donald Trump.

«Tienen probablemente el sistema electoral más arcaico que existe comparado a otros países importantes del mundo», declaró Serguéi Lavrov, durante una rueda de prensa.

El ministro de Relaciones Exteriores ruso criticó sobre todo el carácter indirecto de la elección del presidente, que es elegido por grandes electores designados por sufragio universal. Y es que según el sistema, el vencedor no es aquel que consiga más votos a nivel nacional, sino el que gana el colegio electoral, constituido por 270 representantes de todos los estados.

«Si los estadounidenses están dispuestos a vivir con esta tradición que deforma considerablemente la voluntad del pueblo (…) que lo hagan», dijo Lavrov, quien reiteró que Moscú solo felicitaría al vencedor de la elección tras la publicación de los resultados oficiales.

«Las felicitaciones son enviadas antes de la publicación de los resultados cuando no hay litigios», señaló el ministro ruso.

Lavrov indicó que no espera que las relaciones entre Moscú y Washington, deterioradas en los últimos años, vayan a cambiar con el demócrata Joe Biden al frente de Estados Unidos.

«Nuestros politólogos, y yo concuerdo totalmente con ellos, no esperan cambios revolucionarios» en la política exterior de EUA respecto a Rusia, aunque admitió que «hacer pronósticos en estos momentos no es una idea muy provechosa».

El jefe de la diplomacia rusa afirmó que en estos momentos Estados Unidos está «profundamente dividido», algo que se ha evidenciado en las elecciones presidenciales. «Está claro que los políticos responsables deben buscar algunos asideros que les permitan superar esta división y promover ideas unificadoras que aglutinen al pueblo estadounidense», señaló.

Para muchos observadores, argumentó Lavrov, uno de estos «denominadores comunes» son las relaciones con Rusia; denunció que durante los últimos años en EUA se ha sembrado una profunda rusofobia.

En todo caso, estimó, las declaraciones de Biden indican que su política exterior seguirá el curso de la que aplicó la Administración de Barack Obama.

ARTURO SARUKHÁN

EL UNIVERSAL

 

Y de repente, el dique finalmente se venció. A las 11:24 am del sábado, CNN declaró a Joe Biden como el ganador de la elección y a los pocos segundos, NBC, seguido de CBS, MSNBC, ABC y AP, hicieron lo propio.Fox News fue de los últimos medios en hacerlo. El júbilo explotó en las calles de Washington, con una sinfonía de claxonazos que duró todo el día en las calles de la ciudad.

Es evidente que no todo es -ni será- miel sobre hojuelas en las semanas y meses por venir. Como escribía en estas páginas en una columna especial poselectoral el jueves pasado (https://www.eluniversal.com.mx/opinion/arturo-sarukhan/algo-huele-podrido-en-dinamarca), el presidente electo Biden hereda un país profundamente polarizado y fracturado. No es la primera vez que un mandatario de nuevo cuño recibe a Estados Unidos en una situación crítica: Franklin D. Roosevelt, sin duda, heredando en 1932 el caos de la era de la Depresión. El tigre que ahora se gana Biden en la rifa trae consigo retos estructurales y coyunturales similarmente endiablados:

una pandemia en expansión, un desempleo altísimo a largo plazo, una deuda federal estratosférica, un presidente saliente tuiteando que le robaron las elecciones, una nación partida y la desinformación pululando a gran escala en redes sociales y plataformas digitales.

Cualquiera de estas crisis requeriría de un período presidencial completo para poderla domar. Seis, de manera simultánea, parecen casi intratables por su escala y complejidad. Y debido a que los Demócratas no ganaron todo lo que aspiraban a controlar en la Cámara de Representantes, el Senado (pendiente hasta las elecciones de segunda vuelta para los dos escaños de Georgia el 5 de enero) y sobre todo en asambleas estatales (donde se define el tema crítico de la redistritación electoral), así como el que muchos simplemente no pueden creer que 70 millones de sus conciudadanos votarían para reelegir a un hombre tan profundamente viciado y corrupto, se tiende a alimentar un doble rasero analítico que distorsiona nuestra visión de la decisión que tomó el país el 3 de noviembre.

Los mitos políticos a menudo surgen de primeras impresiones erróneas. Por ello hay que subrayar que no obstante este panorama poco halagüeño, la pesadilla de la gestión de Trump se acabó (si bien el trumpismo, lo que lo encarna y lo que lo alimenta, seguirá ahí), y que fue Biden el artífice de su caída. Por lo tanto, es necesario afirmar de manera inequívoca que su victoria es mucho más sustancial de lo que la opinión convencional sugiere en este momento y más reveladora sobre el futuro que la elección de Trump hace cuatro años.

Han sido y serán necesarios muchos días para asimilar la magnitud de la victoria de Biden: la movilización excepcional de votantes afroamericanos y los jóvenes, la consolidación del avance Demócrata en los suburbios o el éxito de Biden en recuperar una proporción suficiente de votantes de cuello azul. “Contratado” por los Demócratas en marzo para reconstruir el muro azul que habían representado los estados de Wisconsin, Michigan y Pennsylvania en el colegio electoral desde la década de los ochenta y que Trump derribó en 2016, Biden hizo precisamente eso, incluso mientras extendía el alcance del partido en el sur y el suroeste.

Miren lo que lograron el ex vicepresidente y su compañera de fórmula, Kamala Harris. Ganaron con 75 millones de votos, más que cualquier otro candidato presidencial en la historia del país, y disfrutan de una ventaja de más de 4 millones de votos populares, la cual muy probablemente crecerá sustancialmente a medida que se vayan finalizando los conteos. Los márgenes de victoria de Biden en Wisconsin y Pennsylvania son comparables a los de Trump en 2016, mientras que en Michigan es más de 10 veces mayor. Biden quizás acabe incluso arrebatándole dos estados Republicanos de cepa, Georgia y Arizona, y el presidente electo podría acabar hasta con 306 votos electorales, exactamente igual que Trump hace cuatro años. Y Biden no mordió el anzuelo durante esta campaña atípica marcada por la pandemia: supo que la estridencia y la flatulencia de Trump no se combaten con más de lo mismo, sino con decencia y empatía.

La emoción de ver a la primera mujer de color (hija de inmigrantes jamaicano e india) encarar la vicepresidencia como lo hizo Harris en su gran discurso de victoria la noche del sábado, apuntando al país multiétnico, abierto, plural y diverso y, ojalá, tolerante, hace que la ardua ruta por delante, para Biden y para la democracia estadounidense, se vea un poco menos empinada, por lo menos durante unos cuantos días más. Y esta victoria es además un primer revés palmario para la cofradía de líderes demagogos y populistas que en el mundo ven a Trump como su fuente de inspiración.

Biden recurrirá a normas y valores democráticos y a coaliciones de los decentes, tanto al interior del país como en el sistema internacional, para enfrentar un futuro incierto y peligroso. Algunos cambios serán inmediatos. Comenzará su mandato restaurando la aptitud en los altos cargos del gobierno federal, desplazando al régimen corrupto, nepotista y kakistocrático de Trump. Durante sus décadas de experiencia política, el ex vicepresidente se ha rodeado de algunos de los funcionarios y servidores públicos más capaces de Washington. Algunos, como el posible jefe de gabinete de Biden en la Casa Blanca, Ron Klain, cuentan con currículos casi tan largos como el de Biden. Otros, como Harris, son de recién arribo a la escena nacional. Pero el atributo común de todo el equipo es un historial de logros en el servicio público. Y al asumir el cargo, detendrá rápidamente algunas de las decisiones más deplorables de Trump: la destrucción vertiginosa de las regulaciones ambientales; la falta de sustento científico en la estrategia para contener y mitigar la pandemia; el esfuerzo sistemático para socavar el Obamacare en las agencias federales y en los tribunales; la presión constante sobre el Departamento de Justicia para que procese a los enemigos políticos de Trump por cargos falsos, mientras perdona los actos criminales de sus amigos. Biden buscará reincorporar a EU a organismos y acuerdos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y el acuerdo climático de París y reinstaurará las protecciones ejecutivas a los llamados «soñadores», los inmigrantes indocumentados traídos a este país cuando eran niños. Y todo esto podría ser solo durante el primer día de su gestión.

A pesar de que ha tenido sobradas razones para hacerlo, y más ahora a partir de la negativa de la gran mayoría de ellos a admitir la derrota de Trump, se ha resistido a romper lanzas con los Republicanos, una postura que le valió las burlas y críticas de los progresistas en la primaria, pero que podría serle útil para construir un mínimo de consenso y coaliciones legislativas a la carta en un país partido a la mitad. Como en algún momento apuntó el ex gobernador Mario Cuomo, se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa. Y vaya que Biden tendrá que gobernar con el lenguaje árido de la negociación y el compromiso. Los mandatarios suelen enfrentan circunstancias y crisis que nadie anticipó. Pero los estadounidenses pueden estar seguros de que una vez más, la persona sentada en la Oficina Oval se preocupa por los mejores intereses de la nación, terminando de paso con la demonización de los “otros”. Trump empeoró los problemas más grandes y, trágicamente, manejó mal las crisis que enfrentó. Se necesitará mucha paciencia y mucha mano izquierda así como sensibilidad social y política para que los Demócratas puedan construir la coalición que necesitan para gobernar eficazmente y revertir las secuelas nocivas del trumpismo. Pero en una era en la que los demagogos han sido ascendentes, cualquier victoria hoy vale para celebrar.

Atlanta, Georgia. – El número me parece impresionante. 71.5 millones de personas votaron por Trump. Casi 8.5 millones más de personas votaron por Trump este 2020 de los que votaron por él en el 2016. No hubo un rechazo al trumpismo, como muchos anticipaban. Por el contrario, Trump recibió más apoyo.

Pero lo fundamental es que si en 2016 votaron por una persona a la que realmente no conocían, ahora en el 2020 lo hicieron sabiendo que Trump es un racista; xenófobo; nativista; misógino; mentiroso; tramposo; cruel; cero empático; temerario.

Si todo esto no solo no generó repulsión, por el contrario, mayor apoyo, entonces ¿qué tiene que hacer un líder para que lo rechacen contundentemente? Lo pregunto observando a Estados Unidos pero pensando en México.

No se repudió al populismo con la intensidad que se esperaba ni con la enjundia que se merecía. 10 millones de contagios y en ruta a las 300 mil muertes y Trump logró convencer a 71.5 millones de personas que su manejo de la pandemia por la COVID-19 no era motivo para sacarlo de La Casa Blanca.

En la cobertura que he estado haciendo como parte del equipo de Noticieros Televisa he podido platicar con fervientes trumpistas que se creen absolutamente todo lo que les dice el presidente en los mítines y lo que leen en su cuenta de twitter.

Todo se lo creen: el virus no existe; es un complot. A Trump no le dio COVID, lo fingió para mostrar que es una mentira. El anuncio de Pfizer sobre 90% de efectividad en su fase 3 dado hasta pasada la elección comprueba el complot. Hay votos legales y votos ilegales. Los ilegales están solamente en los condados y estados en los que Trump no ganó, pero eso es un simple detalle. Trump ganó; Trump ganó; Trump ganó…me repitieron varios de sus votantes tanto en Florida como en Georgia.

Trump no va a quedarse más allá del 20 de enero en La Casa Blanca, pero durante los próximos cuatro años va a tener al partido republicano secuestrado con su proyecto de, ya sea reelegirse en el 2024 o que Don Jr. o Ivanka busquen esa candidatura. “Trump tendrá el potencial de ser más destructivo fuera de La Casa Blanca que dentro”, dijo Jennifer Horn, fundadora del Lincoln Project.

Desde el día después de la elección, el hijo del presidente, Don Jr., ha estado tuiteando a los republicanos más importantes, por nombre, exigiendo una postura clara de no reconocimiento a Biden y apoyo a la ola de juicios abiertos por su padre para intentar revertir la elección. Al llamado han respondido varios de ellos, incluyendo el líder del Senado, Mitch McConnell, quien logró reelegirse hace una semana y no ve la contradicción de reconocer ese resultado electoral pero de cuestionar el de la presidencia.

Vienen momentos complicados para Joe Biden. Arrancará con un montaña casi vertical de retos con los cuáles deberá lidiar con un ejército pro-Trump de millones de personas que rechazan su liderazgo.

Entre los comentarios y análisis leídos en estos días me quedo con el del periodista del New York Times, Frank Rich: en 2016 Donald Trump era un signo de interrogación; en el 2020 es un signo de exclamación. 71.5 millones de personas decidieron que era la mejor opción para su país.

Estados Unidos acaba de concluir cuatro años tumultuosos en los que dos se fueron en la campaña presidencial más concurrida (147 millones de personas) y más cara ($14 mil millones de dólares) de la historia. El resultado ha sido dejar al país en el mismo lugar: fuertemente dividido; sumamente polarizado.

71.5 millones de personas votaron por 4 años más de Trump. Sirva esto para que en México pongamos las barbas a remojar quienes creemos que los liderazgos caóticos son repudiados contundentemente en las urnas.

Columna completa en EL UNIVERSAL

El equipo del virtual presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, estudia medidas legales para obligar al presidente Donald Trump, quien denuncia un fraude electoral sin pruebas, que deje de bloquear y facilite la transición al nuevo gobierno.

Según los medios locales, el equipo de transición del líder demócrata cree que ha llegado el momento de que la Administración de Servicios Generales (GSA) «confirme rápidamente a Joe Biden y Kamala Harris como presidente electo y vicepresidenta electa», y si se niega a hacerlo, emprender acciones legales para que lo haga.

La GSA, un organismo que depende del gobierno y cuya certificación rutinaria del ganador de las elecciones permite al equipo del presidente electo acceder a recursos y a las agencias gubernamentales para preparar la transición, se ha negado a hacerlo ante la insistencia del presidente Donald Trump en no aceptar su derrota electoral.

Mientras su campaña entabla numerosos procesos judiciales para anular votos o realizar recuentos en algunos estados, Trump ha continuado tuiteando acusaciones infundadas de fraude y ha llegado a decir que ganó las elecciones, pese a que todas las proyecciones de resultados dan la victoria a su oponente.

En las últimas horas llegó a acusar a la farmacéutica Pfizer y a la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), una agencia gubernamental, de haber retenido a propósito los resultados de la vacuna de la farmacéutica para perjudicarlo en las elecciones.

«Hay una serie de opciones sobre la mesa. La acción legal es ciertamente una posibilidad, pero también hay otras opciones que estamos considerando», dijo a la cadena de televisión ABC News un miembro del equipo de transición de Biden.

Los congresistas demócratas con jurisdicción sobre la GSA también han reclamado a la administradora de la GSA, Emily Murphy, quien fue nombrada por el presidente Donald Trump en 2017, que deje de bloquear y firme la transición.

El representante demócrata Gerry Connolly, miembro del Comité de Supervisión de la Cámara Baja, aseguró a ABC News que Murphy «dirige una agencia no partidista del poder ejecutivo que se supone que facilitará (…) la transición a la administración entrante» y ella «la ha convertido en algo partidista».

Sin esa certificación, el equipo de transición no puede ponerse en contacto con las agencias de la administración para recibir informes sobre su funcionamiento interno sobre asuntos que van de presupuestos a relaciones con el Congreso o apoyo administrativo.

El equipo de Biden tampoco puede ver información clasificada detallada, enviar representantes para integrarse en las agencias gubernamentales o contar con el apoyo del Departamento de Estado para realizar llamadas con líderes extranjeros

Al respecto, ayer se informó que el fiscal general, William Barr, ha instruido a los fiscales federales para que investiguen rápidamente «las acusaciones claras y aparentemente creíbles» de irregularidades en las votaciones que denuncia Trump, pese a no haber concluido que hayan «afectado el resultado de ninguna elección».

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, y la vicepresidenta electa Kamala Harris, ofrecieron esta noche un mensaje a la nación, en compañía de sus familias y equipos.

Biden invitó a los estadounidenses a dejar atrás la división que ha imperado durante el gobierno del presidente Donald Trump e instó a que todos se den «una oportunidad» y regresen a ser el país que ha sido Estados Unidos por años.

«Tenemos la oportunidad de vencer la desesperanza y construir una nación de prosperidad y con propósito», sostuvo.

El demócrata prometió que buscará ser un mandatario que una al país, en vez de dividirlo. Dirigiéndose a quienes votaron por Trump, les aseguró entender «su decepción».

Les dijo que él mismo ha perdido un par de elecciones. Sin embargo, les dijo que es hora de dejar de lado la dura «retórica. Bajar la temperatura. Para volver a vernos. Escucharnos de nuevo».

El exvicepresidente pidió a los estadounidenses que no solo tengan fe en el país, sino que también la propaguen, al acordarse de los consejos que le daban sus abuelos.

Biden aprovechó su discurso, que duró cerca de quince minutos, para agradecer especialmente a la comunidad afroamericana que votó en masa por él durante las primarias demócratas y también ahora en los comicios del martes pasado.

«En esos momentos en los que esta campaña estaba en su punto más bajo, la comunidad afroamericana salió a defenderme. ¡Siempre me han apoyado y yo también lo haré!», dijo el presidente electo.

Biden se puso como primer objetivo de su futuro gobierno controlar el enorme brote de coronavirus que sufre Estados Unidos. Anunció que este mismo lunes formará un grupo de trabajo contra la pandemia con expertos y científicos dentro de su equipo de transición que elaborarán la estrategia que pondrá en marcha a partir del 20 de enero, día en que toma posesión del cargo.

«No escatimaré esfuerzos, ni compromisos, en revertir esta pandemia», se comprometió Biden.

El ganador de la elección, de acuerdo con las proyecciones, hizo un llamado a que con fe, amor a la patria y sed de justicia, sean una nación unida, fortalecida, sanada; el país que siempre han sabido ser: Estados Unidos de América.

En lo que ha sido tomado como un mensaje directo a Trump y su gobierno, Bien prometió ser un presidente que no buscará dividir, sino unificar. Quien no verá estados rojos o azules.