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El exvicepresidente de Estados Unidos Mike Pence anunció este miércoles la creación de una organización que tiene como objetivo «promover» las políticas «prolibertad» del gobierno que encabezó junto a Donald Trump y «restaurar el respeto» por la nación norteamericana en el extranjero, entre otras cuestiones.

La organización, llamada Advancing American Freedom (Promover la libertad estadounidense), también pretende defender las políticas del mandato de Trump, de las que ha dicho que han creado una prosperidad nacional «sin precedentes», frente a los «ataques liberales y las distorsiones de los medios».

Además, también busca evitar que «la izquierda radical promulgue su agenda política», que «amenazaría las libertades de Estados Unidos».

«Advancing American Freedom busca construir el éxito de los últimos cuatro años mediante la promoción de los valores conservadores tradicionales y promover las políticas exitosas de la administración Trump», ha señalado Pence en un comunicado.

En la presentación de la organización, el republicano dijo que los conservadores no se quedará de brazos cruzados mientras la izquierda radical y la nueva Administración intentan amenazar la posición de Estados Unidos como la nación más grande del mundo con sus «políticas destructivas».

La organización cuenta con la participación de políticos y caras conocidas de la administración Trump y el movimiento conservador estadounidense. Entre estos, destacan Kellyanne Conway, exconsejera de Trump; Kelly Craft, exembajadora de Estados Unidos ante la ONU; Doug Ducey, actual gobernador de Arizona y Larry Kudlow, presentador de televisión vinculado al Partido Republicano.

“Bajo el liderazgo del presidente Trump y el vicepresidente Pence, los estadounidenses experimentaron una prosperidad sin precedentes. Las políticas que llevaron a esos logros ahora están siendo atacadas por la izquierda radical y la Administración Biden, y la fundación de nuestra Nación está bajo asedio ”, dijo Paul Teller, director ejecutivo de Advancing American Freedom.

Según el diario ‘The Washington Examiner’, el grupo de Pence cuenta con el apoyo del expresidente, a pesar de que en los últimos momentos de su Presidencia la relación se tornó tensa por el rechazo de Pence a revertir la victoria de Joe Biden en las elecciones, tal como lo pedía el magnate.

Tras su rechazo de hacer algo que simplemente no podía, el exvicepresidente fue objeto de amenazas por parte de los partidarios del magnate que asaltaron el Capitolio el 6 de enero.

Advancing American Freedom adelantó que además de articular y promover una agenda política, dejó en claro que se opondrá a la expansión del gobierno bajo la agenda política de la izquierda radical de Joe Biden y Kamala Harris.

Algunos analistas han señalado que Pence tendría interés en presentarse a la Presidencia de Estados Unidos en 2024, pero el fin de su mandato como vicepresidente avivó las preocupaciones sobre si recibirá el apoyo de los partidarios de Trump.

El expresidente Donald Trump lanzó una página web para «preservar el magnífico legado» de su Administración y avanzar en la agenda «America First».

45office.com, que está pensada como una plataforma para que los exseguidores del expresidente republicano puedan estar en contacto dada la clausura de las cuentas de Trump en Twitter y Facebook por incitar a la violencia, es un acto de veneración de su Presidencia.

«A través del compromiso cívico y el activismo público, la Oficina de Donald J. Trump se esforzará por informar, educar e inspirar a los estadounidenses de todos los ámbitos de la vida mientras buscamos construir un futuro estadounidense verdaderamente grandioso», señala la web.

Una fotografía tomada el día que asumió la Presidencia, en enero de 2017, en la que se ve a Trump bailando con su esposa Melania en La Casa Blanca es la imagen que uno se encuentra al entrar a la web del hoy expresidente y residente en Palm Beach, Florida.

Se indica que a través de su oficina, el presidente Trump seguirá siendo un «defensor incansable de los hombres y mujeres trabajadores» de Estados Unidos, y de su derecho a vivir con «seguridad, dignidad, prosperidad y paz».

45office.com presenta a Trump como el artífice del movimiento político más «extraordinario de la Historia», y resalta que fue el hombre que derrotó al ‘establishment’ de Washington y el primer «outsider» (ajeno a la política) verdadero en llegar a La Casa Blanca.

El acento está puesto en sus logros económicos, en cómo la clase media vio subir sus ingresos «cinco veces más que en la anterior administración» y en la reducción del desempleo «al nivel más bajo en medio siglo», incluyendo los hispanos, los afroamericanos y los asiáticos.

La política migratoria es otro «fuerte» de Trump que la web resalta. Asegura que Trump logró la frontera «más segura» en la historia de Estados Unidos y firmó una serie de acuerdos históricos con los socios del país en el hemisferio occidental para detener el contrabando, el tráfico y la migración ilegal.

Trump, desde su club Mar-a-Lago en Palm Beach, no ha dejado de acusar al presidente Joe Biden de crear un «desastre» en la frontera con México por haber desmantelado sus políticas.

La nueva web también otorga a Trump el mérito de haber «salvado» un número incontable de vidas a los inicios de la pandemia con el cierre de las fronteras de Estados Unidos para chinos y europeos, el reabastecimiento de unos suministros médicos que estaban «agotados» y las pruebas de Covid-19 y vacunaciones masivas.

La web destaca también la política exterior de Trump por haber puesto a Estados Unidos primero frente a China y otros países y haber logrado un acuerdo de paz en Oriente Medio.

El efecto Trump ha alcanzado a los medios de comunicación de Estados Unidos, quienes han visto altibajos en sus audiencias a raíz de que el republicano dejó La Casa Blanca.

El ejemplo más notorio es el del canal de noticias CNN, que ha perdido casi la mitad de su audiencia desde que Trump dejó el poder, un indicador de cómo la polarización y la animadversión que alimentaba el político en sectores liberales han definido la industria televisiva.

Según datos de Nielsen Media Research, entre el 4 de noviembre de 2020 hasta el pasado 20 de enero, el día de la investidura de Joe Biden, CNN tuvo una media de 2.5 millones de espectadores durante las horas de «prime time», mientras que la cifra cayó a 1.6 millones de media para el 15 de marzo.

La caída es aún mayor si se compara con los 3.1 millones de televidentes en los últimos días de diciembre hasta el 20 de enero, cuando la polarización en el país se amplió con la insistencia de Trump y sus simpatizantes de no aceptar el resultado electoral.

En el segmento de demografía más importante para CNN el retroceso fue del 58% después de que se pusiera fin a la incertidumbre electoral, que llegó a su punto álgido con el intento de toma al asalto del Capitolio por parte de simpatizantes de Trump el 6 de enero.

Los medios de NewsCorp, fundados por el magnate sensacionalista Rupert Murdoch, destacaron este jueves los malos datos de su mayor competidor en el segmento de noticias de televisión por cable.

Los cuatro años de Trump en La Casa Blanca polarizaron tanto a los votantes como a los canales de noticias en Estados Unidos que, según diversos analistas, ahora ocupan más su tiempo con opinión y no tanto con análisis imparciales.

Fox News, que apoyó a Trump durante su mandato, se convirtió en el canal predilecto de los conservadores, pero tras darle la espalda a raíz del asalto al Capitolio, las empresas de análisis televisivo han comenzado a detectar un éxodo de audiencias a canales más conservadores como Newsmax.

Otros canales como el ultraconservador OANN, con vínculos con el Kremlin y acusado de ser un aparato de desinformación, también han prosperado gracias a la polarización que vive Estados Unidos.

El presidente Vladimir Putin probablemente dirigió el esfuerzo de Moscú para tratar de incidir en la elección presidencial de Estados Unidos el año pasado, en favor de Donald Trump, según un informe de inteligencia estadounidense publicado este martes.

El informe de 15 páginas, publicado por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, añadió peso a acusaciones anteriores de que algunos de los principales lugartenientes de Trump estaban haciendo el juego a Moscú al amplificar las afirmaciones contra el entonces candidato Joe Biden por figuras ucranianas vinculadas a Rusia, en el período previo a las elecciones del 3 de noviembre.

Además, añadió nuevas conclusiones de que Putin supervisó o al menos aprobó la intromisión en las elecciones para beneficiar a Trump.

Es probable que los resultados sobre el papel de Putin reciban una atención especial, dadas las conclusiones del informe de que figuras respaldadas por Rusia, como el parlamentario ucraniano Andriy Derkach, reclutaron a políticos estadounidenses no identificados en su campaña para desprestigiar a Biden y a su hijo Hunter.

El informe mencionó a Derkach, que se reunió con el abogado de Trump, Rudy Giuliani, en 2019, como alguien cuyos movimientos eran seguidos, si no dirigidos, por Putin.

«Putin tenía competencia sobre las actividades de Andriy Derkach», señala el informe. «Otros altos funcionarios también participaron en los esfuerzos de influencia electoral de Rusia, incluidos funcionarios de alto rango de seguridad nacional y de inteligencia, que evaluamos que no actuarían sin recibir al menos la aprobación tácita de Putin».

Las agencias de inteligencia estadounidenses y el exfiscal especial Robert Mueller habían concluido antes que Rusia también interfirió en las elecciones estadounidenses de 2016 para impulsar la candidatura de Trump, con una campaña de propaganda destinada a perjudicar a su entonces oponente, Hillary Clinton.

Mueller encontró numerosos contactos entre la campaña de Trump y Rusia. Trump, mientras era presidente, también se enfrentó a preguntas sobre los vínculos de sus asociados con Rusia y con figuras vinculadas a Rusia en Ucrania.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos sometió a Trump a un juicio político en 2019, la primera de dos veces, por cargos derivados de su petición de que Ucrania investigara a los Biden.

El informe de inteligencia de Estados Unidos también encontró otros intentos extranjeros para influir en los votantes estadounidenses en 2020, incluida una «campaña de influencia encubierta de varios frentes» por parte de Irán, destinada a socavar a Trump.

Funcionarios de inteligencia dijeron que también vieron esfuerzos de Cuba, Venezuela y el grupo militante libanés Hezbolá para influir en las elecciones, aunque «en general, evaluamos que fueron de menor escala que los realizados por Rusia e Irán».

Apenas llegó a La Casa Blanca Joe Biden prometió que su política migratoria daría un giro de 180 grados respecto a la de Donald Trump. Nada de la crueldad. Nada de separar familias. Nada de poner a niños en jaulas. Más bien tendría una visión humanista. Al decir esto, miles de centroamericanos y mexicanos lo escucharon como una licencia para migrar. Hoy la situación en la frontera es de caos.

Los albergues están desbordados; la Patrulla Fronteriza no se da abasto y los cruces fronterizos han crecido con varios migrantes que incluso llegan arrodillados a la frontera con camisetas en las que se lee: Biden, déjanos entrar.

Hace diez y seis años escribimos un artículo para la revista Nexos el Dr. Rafael Fernández de Castro y yo en el que hacíamos alusión al sistema migratorio roto en Estados Unidos. Releyendo lo escrito en ese momento es de llamar la atención que ni México ni Estados Unidos hemos logrado atender el tema de tal forma que una solución esté a la vista. Por el contrario, los fenómenos naturales como huracanes y la pandemia de la COVID19 ha provocado un enorme retroceso.

En el texto del 2005 en Nexos, la alarma era que la circularidad en la migración se había roto. Esto significa que los mexicanos de todos los municipios del país llevan migrando todos, si pueden, desde todas partes y para quedarse en Estados Unidos, sin pensar en volver a México. Antes solo algunos municipios de algunos estados como Michoacán o Zacatecas expulsaban migrantes. Ahora son todos. Y ya es más de una década en donde no solo emigran los hombres. Mujeres y niños también. Y lo hacen para no volver.

Trump quiso resolver el problema con políticas muy duras, muy poco humanas. Además de la política de “Remain in Mexico”, entre el apriete de Trump estuvo la publicación del Título 42, que permitió a la Patrulla Fronteriza expulsar a cualquier migrante que llegara a EUA con el argumento de que podrían estar infectados de COVID19. Los expulsaron a México, sin importar si eran de otro país. Sin importar si eran menores de edad. Quedaban fuera de EUA y a ver si lograban reunirse con algún familiar. Eso ya no le importó ni fue un problema para el gobierno de EUA.

Lo anterior le permitió a Trump que la entrada de migrantes a EUA cayera a la mitad. En 2019 llegaron 1 millón de personas, entre mexicanos y centroamericanos, a pedir asilo. Para el año pasado solo fueron 500 mil. A los demás se les aplicó el Título 42 y se les expulsó.

Hasta ahora la política migratoria de Biden sigue aplicando el Título 42. Aunque Biden ha anunciado que invertirá 4 mil millones de dólares en ayuda económica para la región de Centroamérica para atacar las causas de la migración, esto es muy poco dinero para el enorme problema. Para Biden el problema va a ser el discurso republicano de que el regreso de los demócratas a La Casa Blanca ha empeorado una situación que lleva tantos años sin resolverse.

Ya dijo en estos días Donald Trump que Biden está generando un tsunami en la frontera. Y se anticipa que el tema sea utilizado para recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes en el 2022.

Apostilla: Dice el presidente López Obrador que en su gabinete hay paridad de género como nunca. El tema no es que haya muchas mujeres que lo rodeen. El problema es que ninguna tiene voz. Es sólo la de él la que se escucha y eso deslegitima su discurso paritario.

Texto completo en EL UNIVERSAL

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump afirmó este viernes que la frontera con México «está totalmente fuera de control gracias al desastroso liderazgo» del actual mandatario, Joe Biden.

El republicano llamó al demócrata a poner fin a lo que definió como una «pesadilla fronteriza».

«Nunca ha habido un momento en nuestra frontera sur como el que está sucediendo ahora, pero lo que es más importante es lo que está a punto de suceder: (…) los inmigrantes ilegales de todos los rincones de la Tierra descenderán a nuestra frontera y nunca serán devueltos», dijo Trump.

El expresidente emitió así su mensaje más agresivo contra la Administración de Biden desde que este lo reemplazó en La Casa Blanca.

Trump se empeñó en decir que la Patrulla Fronteriza y los agentes de ICE han sido faltados al respeto, degradados y burlados por la Administración Biden.

Según el exmandatario, que durante su presidencia aplicó una política de «tolerancia cero» a la inmigración ilegal y avanzó en la construcción del muro fronterizo, cada hora ocurre una «incursión masiva en el país por parte de personas que no deberían estar aquí, que empeora a cada minuto».

Trump aseguró que muchas de las personas que están llegando a EUA tienen antecedentes penales y muchos otros «tienen y están propagando la Covid-19» en el país.

De acuerdo con su negativo relato, los delincuentes que una vez fueron expulsados del país por su gobierno ahora están de nuevo en la calle para «cometer delitos atroces y violentos». Acusó que pese a que los oficiales de ICE están desesperados por sacar a esos criminales convictos, Biden no los deja.

Trump subrayó que el «tsunami» en la frontera está abrumando a las comunidades locales, agotando los presupuestos, abarrotando los hospitales y quitando puestos de trabajo a los trabajadores estadounidenses.

«Cuando dejé el cargo (en enero), habíamos logrado la frontera más segura en la historia de nuestro país. Bajo Biden, pronto será peor, más peligrosa y más fuera de control que nunca», aseveró.

Trump acusó a su sucesor de haber violado su juramento de defender la Constitución y hacer cumplir las leyes con los medidas que ha tomado en inmigración, acordes con sus promesas electorales de posibilitar la legalización de los indocumentados y volver a las leyes que amparaban a los solicitantes de asilo.

«Nunca se puede tener una frontera segura a menos que las personas que cruzan ilegalmente sean expulsadas de inmediato», aseguró el republicano.

Llama la atención que en su comunicado, Trump se refiere al gobierno de México, especial al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a quien se refirió como una persona «maravillosa».

Dijo haber forjado «una gran relación» con el gobierno de nuestro país, y lamentó que sus resultados se hayan desvanecido «por la gran incompetencia y radicalismo de las personas que están a cargo actualmente», en referencia a la administración de Biden.

«¡Mantenga la inmigración ilegal, el crimen y el virus de China fuera de nuestro país!», cerró su mensaje Trump a Biden.

La Policía del Capitolio (United States Capitol Police) informó este miércoles que reforzó la seguridad en Washington luego de que los servicios de inteligencia descubrieran un «posible complot para irrumpir en el Capitolio» el día de mañana, casi dos meses después del asalto mortal por parte de simpatizante del expresidente Donald Trump.

Miembros del movimiento conspiracionista QAnon, que jamás aceptó la victoria electoral de Joe Biden, consideran que el 4 de marzo Trump deberá ser investido para un segundo mandato.

«Hemos obtenido información de inteligencia que muestra un posible complot para irrumpir en el Capitolio, por parte de una milicia identificada, el jueves 4 de marzo», dijo en Twitter la policía del Capitolio. «Ya hemos realizado importantes mejoras de seguridad» después del ataque del 6 de enero, agregó la corporación.

El cuerpo de seguridad añadió además, que está «alerta» y preparada para cualquier amenaza potencial hacia los miembros del Congreso o hacia el complejo mismo. Señaló que toma los informes de inteligencia «seriamente», y que está trabajando con las fuerzas locales, estatales y federales para «frenar cualquier amenaza», aunque evitó proporcionar mayores detalles.

El jefe de los servicios de protocolo y seguridad en el Congreso, Timothy Blodgett, envió un mensaje a los congresistas el lunes informándoles que estaba trabajando con la policía para monitorear la información «relacionada con el 4 de marzo y las posibles manifestaciones en torno a lo que algunos llaman ‘el verdadero día de la investidura'».

«La importancia de esta fecha aparentemente ha disminuido entre diferentes grupos en los últimos días», subrayó el funcionario; y es que hasta 1933, los presidentes estadounidenses asumieron el poder el 4 de marzo, y no el 20 de enero como ocurre actualmente.

Durante la presidencia Trump, seguidores del grupo QAnon promulgaban, sin evidencias, que el republicano salvaría al mundo de las élites corruptas y pedófilas.

Miembros autoproclamados de esa organización estuvieron entre los manifestantes del 6 de enero, que protestaban por un supuesto fraude en la elección presidencial en la que Trump resultó derrotado por Joe Biden.  Aunque el demócrata Biden fue investido el 20 de enero, activistas de QAnon, cuya cantidad es difícil de estimar, creen que el republicano Trump volverá al poder el jueves.

Recordemos que cinco personas, incluido un policía del Capitolio, murieron durante al asalto del 6 de enero; más de 270 personas están siendo investigadas por su participación en esa asonada, según el FBI.

Al respecto, el estadounidense de origen cubano Enrique Tarrío, líder de los Proud Boys, dijo este miércoles que los «siete» miembros del grupo que están siendo enjuiciados por el asalto al Capitolio de saben que fue un «error» y aseguró que no son un grupo racista.

Tarrío subrayó que considera que les han presentado cargos criminales mayores a los que se merecen. Aseguró además que se salvó de participar en la toma de la sede del Congreso en Washington porque había sido detenido unos días antes en esa ciudad por cargos relacionados con la quema de una bandera con el lema «Black Lives Matter».

«Dios me salvó, Dios me estaba hablando», dijo el cubano al detallar que él hubiera ingresado al Capitolio por la emoción del momento.

Señaló que el grupo de los Proud Boys «no es político», que rechazan «políticas socialistas» como las de la congresista hispana Alexandria Ocasio Cortez y se identifican con los principios del conservadurismo. Explicó que el grupo considera «terroristas» a los grupos liberales Black Lives Matter y Antifa (antifacistas), un movimiento considerado anarquista, que está contra los fascistas, racistas y de extrema derecha al considerar que atacan a comunidades minoritarias y marginadas.

La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó este lunes la negativa del expresidente Donald Trump a entregar sus declaraciones de impuestos a un gran jurado de Nueva York que estudia si infringió la ley con los pagos secretos de su campaña electoral a la actriz porno Stormy Daniels.

La Corte Suprema allanó así el camino para que el fiscal del distrito neoyorquino de Manhattan, Cyrus Vance, obtenga las declaraciones de impuestos de Trump, lo que supone un duro revés legal para el republicano, quien se ha opuesto fuertemente a entregar sus cuentas financieras al tribunal.

Sin embargo, los documentos no se darán a conocer públicamente, ya que, según el dictamen de la Corte Suprema, las declaraciones de impuestos estarán sujetas a las reglas de secreto del gran jurado, que impide su divulgación fuera del tribunal.

En una declaración, Trump enmarcó la decisión del Tribunal  a una «persecución política» y una «caza de brujas» que viene denunciando cuando se trata de decisiones legales en su contra o de los dos procesos de destitución («impeachment») que ha tenido que afrontar.

«Por más de dos años, la ciudad de Nueva York ha estado analizando casi todas las transacciones que he realizado, incluidas declaraciones de impuestos que fueron realizadas por las firmas de abogados y contables más grandes y prestigiosas de EE.UU. (…) La Corte Suprema nunca debería haber permitido que ocurriera esta ‘expedición de pesca’, pero lo hicieron», se quejó Trump.

Vance investiga si los pagos secretos de dinero de la campaña electoral de Trump a Daniels, para evitar que hiciera pública una supuesta relación sexual entre ambos, infringieron la legislación del estado de Nueva York.

Trump ha insistido en su negativa a aportar los documentos financieros por considerar que la orden es demasiado amplia, se emitió «de mala fe» y equivale a un «acoso» político por parte de Vance, quien es del Partido Demócrata.

«Estos son ataques de demócratas dispuestos a hacer cualquier cosa para detener a las casi 75 millones de personas (…) que votaron por mí en las elecciones, una elección en la que muchas personas y expertos sienten que gané. ¡Estoy de acuerdo!», agregó el exgobernante, que sigue sin reconocer su derrota electoral.

El fiscal del distrito de Manhattan reclama a Trump sus declaraciones fiscales de ocho años y otros documentos como parte de su investigación sobre los pagos secretos a la actriz porno.

Además, Vance estudia si el exgobernante cometió otros posibles delitos, incluidos el fraude bancario y de seguros, según sugirió hace meses en documentos judiciales.

En julio pasado, la Corte Suprema de Estados Unidos ya había rechazado los intentos de Trump de que se le declarase inmune a estas citaciones dada su condición de presidente en aquel entonces, y estableció que, como gobernante, no tenía derecho a ningún tipo de trato diferente al común de los ciudadanos.

Además de ese proceso, Trump es objeto de otra investigación judicial en Nueva York por posible ocultación del valor de activos para obtener préstamos y exenciones fiscales.

Este otro proceso lo lleva la fiscal general de Nueva York, Letitia James, que investiga si Trump infló el valor de algunas propiedades en el estado para obtener préstamos y también los falseó para reclamar exenciones fiscales.

El expresidente de Estados Unidos Donald Trump reapareció este miércoles en televisión, al conceder una entrevista telefónica para hablar del fallecimiento de Rush Limbaugh, en la que insistió en sus acusaciones de que hubo fraude en las pasadas elecciones, además de que criticó al Partido Republicano.

Trump, que se encuentra en su club de golf de Mar-a-Lago, en Florida, intervino telefónicamente en la cadena de televisión Fox News para elogiar la figura de Limbaugh, que lo entrevistó en varias ocasiones.

Dijo que Rush creía que él había ganado la elección presidencial, algo con lo que dijo estar de acuerdo; dijo que su triunfo fue «sustancial», y que mucha gente lo sintió así también.

«No creo que eso le hubiera pasado a ningún demócrata, hubieras tenido disturbios en todas partes si eso le hubiera pasado a los demócratas, no tenemos el mismo apoyo en ciertos niveles del sistema (del partido) republicano, pero tenemos gente genial entre los republicanos. Rush sentía que habíamos ganado y estaba bastante enfadado sobre eso», añadió el exmandatario.

Desde que las proyecciones de los medios de comunicación dieron al demócrata Joe Biden como ganador de las elecciones presidenciales cuatro días después de su celebración, Trump ha insistido en sus acusaciones de fraude electoral sin aportar pruebas y no llegó a reconocer el triunfo de su rival hasta después de que la Cámara Baja aprobara el 13 de enero la acusación para abrir un juicio político contra él por el asalto al Capitolio.

Y es que minutos antes del asalto, el entonces presidente saliente pronunció un discurso incendiario desde La Casa Blanca donde instó a sus partidarios a marchar hacia al Capitolio para «detener el robo» de las elecciones.

Esa intervención sirvió de base a los demócratas para abrir un juicio contra él en el Senado, bajo el cargo de haber incitado a la insurrección, del que Trump fue absuelto el pasado fin de semana, al no haber votos suficientes para «condenarlo».

Como Trump ya no es presidente, se hubiera enfrentado a una posible inhabilitación para ejercer cargos públicos en el futuro.

Recordemos que desde el asalto al Capitolio, el exmandatario, que durante su mandato estuvo omnipresente en Twitter, tiene bloqueadas sus cuentas en las principales redes sociales

Un 58% de los estadounidenses creen que el expresidente Donald Trump debió haber sido condenado en el Senado por incitar a la insurrección, un porcentaje similar al recabado antes del ‘impeachment’.

Y es que el sábado pasado, 57 senadores se pronunciaron a favor de condenar a Trump, entre ellos siete republicanos. Aunque fueron mayoría, la causa demócrata no logro alcanzar los 67 votos que se necesitaban, por lo que Trump podrá presentarse en unas futuras elecciones si así lo decide.

Antes del ‘impeachment’, un 56% de los ciudadanos se mostraba partidarios de la condena y el dato ha permanecido
prácticamente constante (dos puntos más) tras la finalización del juicio, según un sondeo elaborado por Ipsos para la cadena ABC News.

Entre los simpatizantes republicanos, solo un 14% lamenta la absolución, mientras que si solo se tiene en cuenta a los demócratas el dato asciende al 88%. Más de ocho de cada diez republicanos aseguran incluso que el juicio nunca debía haberse celebrado.

Tras la absolución, Trump proclamó victoria reivindicándose como «campeón incansable del estado de derecho» y advirtió de que seguirá en política. Recordemos que el día que abandonó La Casa Blanca advirtió que «volveremos de alguna manera».

Al respecto, el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoció que la absolución de Donald Trump en el juicio político demostró que la «democracia es frágil» y, por ello, pidió a todos los estadounidenses «defender la verdad y derrotar las mentiras».

Solo usando la verdad, argumentó Biden, Estados Unidos será capaz de acabar con la «guerra no civil» entre demócratas y republicanos y «curar el alma de la nación».

El senador republicano Lindsey Graham, uno de los principales aliados políticos del expresidente Donald Trump, aseguró que éste sigue siendo «la fuerza más potente» del Partido Republicano tras superar su segundo ‘impeachment’.

«El movimiento Trump está vivo y bien. Todo lo que puedo decir es que la fuerza más potente del Partido Republicano es la del presidente Trump. Necesitamos el plus de Trump», dijo Graham en declaraciones a la cadena Fox News.

Los abogados de Donald Trump iniciaron la defensa del expresidente en su juicio político negando enérgicamente que tuviera papel alguno de incitación del asalto al Capitolio y dijeron que la acusación en contar del republicano está motivada por el «odio» y es parte de una «cacería de brujas» demócrata.

Los abogados dijeron a los senadores que Trump tenía derecho a cuestionar los resultados de la elección de 2020 y que al hacerlo, incluso en un discurso que precedió el asalto al Capitolio, eso no significó incitar los actos de violencia que se produjeron.

Trataron de volver los argumentos de los acusadores en su contra al comparar los cuestionamientos demócratas del triunfo de Trump en 2016 con la actitud de Trump en la última elección. Cuando Trump imploró a sus seguidores que «pelearan como demonios» el 6 de enero, eso no se diferenciaba con la retórica de los demócratas en cuanto a incitar a la violencia.

«Esta es retórica política que es prácticamente imposible de distinguir del lenguaje utilizado por la gente de todo el espectro político durante cientos de años», dijo Michael van der Veen, uno de los abogados de Trump. «Innumerables políticos han hablado de luchar por nuestros principios».

Después de una acusación que recurrió a imágenes violentas del asalto al capitolio, el juicio político pasó a los abogados defensores, que hicieron una concesión fundamental: la violencia fue tan traumática, inaceptable e ilegal como dicen los demócratas, pero Trump no la ordenó. Van der Veen dijo que el asalto fue realizado por personas que «secuestraron» para sus propios fines lo que debía ser un evento pacífico. Incluso dijo que habían hecho planes para ejercer la violencia antes de que Trump hablara. «Uno no puede incitar lo que iba a suceder», añadió.

Reconocer los horrores de la jornada tuvo por objeto debilitar el impacto de los argumentos demócratas y apelar a lo que consideran el asunto medular del juicio, y con más posibilidades de ganar: si es que se puede considerar al entonces presidente Trump responsable de incitar el ataque del 6 de enero. Cinco personas murieron a causa del asalto al Capitolio y sus secuelas.

Es un argumento dirigido a los senadores republicanos, que quieren sumarse a condenar la violencia, pero sin llegar a condenar al ahora exmandatario. «No lo han vinculado en absoluto con Trump», dijo David Schoen, uno de los abogados del expresidente.

El proceso podría culminar con una votación este fin de semana por parte de los senadores, que fungen como jurado.

En documentos legales y alegatos al inicio de la semana, los abogados de Trump dejaron en claro su posición, de que los responsables de los disturbios fueron los revoltosos que asaltaron el edificio y que están siendo juzgados por la justicia.

Al finalizar su presentación ayer, los demócratas utilizaron videos y palabras de la turba el 6 de enero para incriminar a Trump. «Nos invitaron a venir», dijo uno. «Trump nos envió», dijo otro. «Él va a estar feliz. Estamos luchando por Trump». «Realmente creyeron que toda esta invasión fue por órdenes del presidente», dijo la representante Diana DeGette. «El presidente les dijo que vinieran».

El objetivo de los fiscales fue retratar a Trump no como un espectador sino como el «incitador en jefe» que durante meses difundió mentiras y estimuló a sus seguidores a no reconocer la elección.

Además de la condena, los demócratas piden que sea vetado de cualquier función pública federal en el futuro.

El presidente estadounidense Joe Biden puso fin de manera oficial a la «emergencia nacional» que su antecesor, Donald Trump declaró a fin de usar dinero del Pentágono para construir el muro a lo largo de la frontera con nuestro país.

La Casa Blanca publicó este jueves una carta de Biden a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en la que notificaba al Congreso que había rescindido la proclama de febrero de 2019 hecha por sel republicano.

Se trató de una formalidad, dado que Biden ordenó detener la construcción del muro fronterizo poco después de haber asumido la presidencia.

En su carta, el presidente dijo que la declaración de emergencia nacional hecha por Trump había sido «injustificada» y que él había dado la instrucción de que «ni un dólar más de los contribuyentes estadounidenses sea destinado a construir un muro fronterizo».

También ordenó una revisión de todo el dinero gastado en el proyecto hasta la fecha.

Y es que aunque Estados Unidos ha estado construyendo muros fronterizos por décadas tanto en gobiernos demócratas como republicanos, Trump hizo del muro un tema central de su primera campaña presidencial, y prometió construir uno que abarcara la frontera entera. Además aseguró que México pagaría por él.

Trump se hizo de cerca de 6,000 millones de dólares de fondos militares bajo la emergencia nacional que él mismo declaró después que el Congreso se negó a aprobar el monto que deseaba para el muro, llevando al paro de actividades del gobierno más largo en la historia del país.

Adicional, el presidente Joe Biden informó este jueves que su gobierno cerró acuerdos para adquirir 200 millones de dosis adicionales de vacunas contra el Covid-19.

«Justo esta tarde, firmamos contratos finales para 100 millones más de dosis del laboratorio Moderna y 100 millones más de vacunas de Pfizer», dijo tras recorrer la sede de los Institutos Nacionales de Salud cerca de Washington.

El equipo legal de Donald Trump urgió este lunes desestimar un caso constitucionalmente defectuoso, y señaló que es «absurdo» responsabilizar a su cliente por el ataque al Capitolio.

Pero los demócratas a cargo de la acusación respondieron afirmando que el magnate es responsable del «más grave crimen constitucional jamás cometido» por un mandatario de Estados Unidos cuando incitó a sus seguidores a asaltar la sede del Congreso el 6 de enero.

La Cámara de Representantes aprobó enjuiciar a Trump por segunda vez el mes pasado por su papel en la incitación a los disturbios en el Congreso; su juicio comienza mañana con la totalidad de senadores en el papel de jurados.

Por cuarta vez en la historia, un presidente estadounidense acusado será juzgado. Dos de estos procesos involucran a Trump, una figura política profundamente dañada que, a pesar de eso, sigue siendo una fuerza importante en el Partido Republicano.

Acusado de «incitación a la insurrección», es probable que una vez más evite la condena debido al apoyo leal del partido en el Senado, pero sus abogados sostuvieron en su presentación preliminar que la Constitución no otorga a la Cámara Alta jurisdicción para juzgar a un expresidente.

«El Senado debería desestimar estos cargos y absolver al presidente porque claramente esto no es lo que los redactores querían o lo que permite la Constitución», escribieron sus abogados defensores Bruce Castor, David Schoen y Michael T. van der Veen.

«Satisfacer el hambre de los demócratas de la Cámara de Representantes por este teatro político es un peligro para la democracia de nuestra República y los derechos que apreciamos», añadieron los abogados.

La defensa utilizó un lenguaje categórico en su escrito de 78 páginas, diciendo que era «simplemente absurdo» argumentar que Trump de alguna manera invocó a una turba para cometer un crimen violento, y que quienes atacaron el Capitolio el 6 de enero lo hicieron por su propia cuenta.

Los abogados fueron igualmente contundentes al rechazar la viabilidad de juzgar a un expresidente. «Se está pidiendo al Senado que haga algo patentemente ridículo: juzgar a un ciudadano común en un proceso que está diseñado para destituirlo de un cargo que ya no tiene».

Pero los nueve «gerentes» de la acusación, todos legisladores demócratas de la Cámara Baja y abogados, inmediatamente arremetieron contra esa solicitud, señalando que había una evidencia «abrumadora» de delitos y faltas graves procesables.

«Su incitación a la insurrección contra el gobierno de Estados Unidos, que causó la disrupción de la transferencia pacífica del poder, es el más grave crimen constitucional jamás cometido», expusieron en un documento de cinco páginas.

El presidente Joe Biden, que sucedió a Trump el 20 de enero, intervino brevemente al regresar este lunes a La Casa Blanca tras un fin de semana en Delaware, pero se negó a pronunciarse sobre si Trump debería ser declarado culpable o se le debería negar el derecho a ocupar cargos políticos en el futuro. «Dejaremos que el Senado lo resuelva», dijo Biden.

La portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, aseguró después a los periodistas que las opiniones de Biden sobre Trump eran claras y que se enfrentó al presidente en las urnas «porque consideraba que no era apto para el cargo.» «Pero va a dejar que sea el Senado el que vea este procedimiento de destitución», dijo Psaki.

Los miembros del Senado comenzarán con el procedimiento mañana martes a partir de las 13:00 hora local; se enfrentarán a un territorio desconocido: ningún presidente ha enfrentado un juicio de destitución después de haber dejado el cargo.

Para condenar a Trump se requeriría el voto de más de dos tercios de los senadores, lo que significa que 17 republicanos tendrían que romper filas y unirse a los 50 demócratas, lo que se considera casi imposible.

Los congresistas designados para ejercer la acusación contra el expresidente Donald Trump en su juicio político, impeachment, han pedido al exmandatario que preste testimonio durante el proceso.

Jamie Raskin, el líder de los ‘managers’, como se conoce a los congresistas que actúan como una especie de fiscales, ha enviado una carta al equipo legal de Trump solicitando que testifique antes o durante el impeachment, que dará comienzo el próximo martes.

En la carta, alega que su testimonio es necesario, ya que rechazó las afirmaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que le acusó de incitar el asalto al Capitolio del 6 de enero, evento que ha desencadenado el juicio político, el segundo al que se somete Trump.

«Hace dos días, presentó una respuesta en la que negó muchas acusaciones fácticas establecidas en el artículo de juicio político», dice Raskin en el documento. «A la luz de su impugnación de estas acusaciones fácticas, le escribo para invitarlo a prestar testimonio bajo juramento (…) sobre su conducta el 6 de enero de 2021», señala.

La carta en sí no es una citación, sino que requiere el testimonio de Trump de manera voluntaria, aunque el ‘manager’ demócrata ha sugerido que, si se niega, la acusación podría usar la negativa en su contra.

«Nos reservamos todos y cada uno de los derechos, incluyendo el de establecer en el juicio que su negativa a testificar respalda una fuerte interferencia adversa con respecto a sus acusaciones», advertido el legislador demócrata.

En la presentación del caso contra Trump en un escrito legal el martes, los fiscales, que argumentaron que el expresidente debe ser condenado porque «amenazó el sistema constitucional que protege las libertades fundamentales», le acusaron de provocar «violencia» contra el Congreso estadounidense en un intento de revertir «radicalmente» la transferencia pacífica de poder entre administraciones.

En esta ocasión, Trump está acusado de «incitar a la rebelión» durante los disturbios y el asalto al Capitolio. La Cámara de Representantes, de amplia mayoría demócrata, aprobó iniciar el juicio político contra el exmandatario el 13 de enero, en una votación en la que diez republicanos dieron su apoyo.

El asalto, que dejó cinco muertos, tuvo lugar el día que el Congreso de Estados Unidos celebraba una sesión conjunta para ratificar la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales, celebradas el 3 de noviembre. El expresidente Trump rechazó repetidamente el resultado electoral, afirmando que se había producido un «fraude», aunque no proporcionó pruebas al respecto.

Sobre la petición que hicieran los demócratas, el expresidente anunció esta tarde que no testificará en el juicio político, y calificó el procedimiento de «inconstitucional».

«El presidente no testificará en un procedimiento inconstitucional», afirmó el jueves su portavoz, Jason Miller, en una declaración difundida por el diario The Washington Post, después de que la defensa del exgobernante calificara el proceso de «maniobra de relaciones públicas» de los demócratas.

Arturo Sarukhán

EL UNIVERSAL

 

 

El arranque y la más que bienvenida transición a una nueva administración en Estados Unidos, encabezada por Joe Biden, está preñada de oportunidades para un retorno a la normalidad y para nuevas sinergias y colaboración bilaterales con México. El presidente y su equipo buscarán rápidamente revertir los efectos perniciosos del vandalismo diplomático de Trump estos últimos cuatro años y también intentarán apuntalar y relanzar relaciones bilaterales clave con aliados y socios que fueron dañadas y socavadas en el proceso. Ello incluso ya quedó de manifiesto desde un primer momento con el retorno a los ‘usos y costumbres’ de la diplomacia contemporánea estadounidense cuando Biden, seguido de su secretario de Estado recién confirmado, efectuaron como primer contacto con sus homólogos en el mundo, sendas llamadas con los vecinos y socios estadounidenses, Canadá y México.

Como ningún otro inquilino de la Casa Blanca, Biden llega -producto de sus años en el Senado y su papel como enviado de Obama a Latinoamérica particularmente en los últimos cinco años de su gestión como vicepresidente, con un bagaje de conocimiento y experiencia granulares sobre México y la relación bilateral con el que predecesor alguno en el cargo ha contado. Por si esto fuera poco, el período de dos años de México como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU ofrecería, en circunstancias normales, una legión de oportunidades para crear densidad en la colaboración regional y global entre EE.UU y México y sinergias para promover un sistema internacional basado en reglas. Y dado que Brasil en gran medida ha decidido arrinconarse, tanto en términos de sus ambiciones de política exterior como por el resultado de las políticas de afinidad y el apoyo de Bolsonaro a Trump, esto podría abrir una ventana de oportunidad singular para que México se posicione como el socio estratégico privilegiado de EE.UU en América Latina y el Caribe.

Desafortunadamente, es más fácil decir esto que hacerlo. Para empezar, reinicializar la relación Biden-López Obrador no será fácil, a pesar de las mejores intenciones en Washington y los esfuerzos deliberados de algunos funcionarios del gobierno mexicano. Como en la mayoría de las cosas en la vida, se necesitan dos para bailar el tango o, en el caso de nuestras dos naciones, quizá danzón. Por un lado, el Presidente López Obrador parece empeñado en pintar su raya -e incluso socavar- un relanzamiento de las relaciones con EE.UU. Y por el otro, lo que al principio de su relación con Trump podría haber sido explicado y justificado por algunos como pragmatismo o reflejo de la asimetría de poder entre ambas naciones, al final parece algo mucho peor. Solo hay que ponerse en los zapatos de los Demócratas y del equipo de campaña y transición de Biden para entender cómo se percibe el efecto cumulativo de la larga lista de acciones hostiles y miopes del mandatario mexicano a partir del verano pasado: su tozudez de viajar a Washington para reunirse con Trump en plena campaña electoral estadounidense, su decisión de no reunirse con líderes Demócratas del Congreso y sus declaraciones zalameras en la Casa Blanca; su obstinación en no felicitar (junto con Putin y Bolsonaro, dos lideres que jugaron abiertamente a favor de la elección y reelección de Trump) al presidente electo Biden hasta el 14 de diciembre y su hosca carta de felicitación (sobre todo si se le compara con la meliflua epístola de cuatro páginas enviada a Trump después de su triunfo en la elección mexicana de 2018) trazando líneas en la arena sobre la no intervención y la soberanía nacional; su oferta de asilo a Julian Assange, el hombre que hackeó la campaña Demócrata en 2016; su rotundo silencio y falta de repudio a la intentona de autogolpe de Estado el 6 de enero; y su defensa de Trump luego de que éste fuese expulsado de redes sociales.

Pero Biden no tiene gatos en la panza y su gobierno seguramente va a tener retos mucho mayores con México que potencialmente guardar rencor. Los próximos cuatro años podrían transformarse en una serie de tensiones y desafíos al sur de la frontera con un presidente mexicano que ve a su nueva contraparte con resquemor, sospecha y un dejo de resentimiento (por el hecho de que en su particular visión del mundo, los Demócratas debieran de haberlo apoyado en sus impugnaciones a los procesos electorales de 2006 y 2012). Ya sea en materia de derechos humanos y el Estado de derecho; la criminalidad y procuración de justicia; la erosión de contrapesos, equilibrios e instituciones autónomas; la falta de un piso parejo para empresas estadounidenses con inversiones en México; disputas ambientales y laborales en el TMEC; y políticas y paradigmas energéticos del pasado y basados en combustibles fósiles: todos estos temas que, a diferencia de Trump, ocuparán y preocuparán al gobierno estadounidense, podrían derivar -ya sin el temor pero también la empatía que el ex mandatario estadounidense generó en López Obrador- en posiciones espinosas y chovinistas desde Palacio Nacional en la relación con la nueva administración en Washington. Y por si fuera poco, la arquitectura e institucionalización de la relación bilateral -el andamiaje de mecanismos y protocolos que se han construido en las últimas dos décadas- que permiten que una de las relaciones bilaterales más complejas, fluidas y dinámicas en el mundo mantenga la tracción, el tono muscular y la capacidad de resolución de problemas, se ha ido desgastando durante los últimos cinco o seis años. Ciertamente comenzó con el gobierno de Peña Nieto, pero se ha profundizado con el de López Obrador.

Para un presidente que persiste en subrayar que la mejor política exterior es la política interna y que ve con recelo la posibilidad de que el nuevo gobierno estadounidense se pronuncie, en público o privado, sobre temas que él considera de política interna, la gran paradoja estriba en que son precisamente las debilidades internas -y muchas de sus políticas públicas- las que se erigen en flancos de presión desde el extranjero, particularmente desde Estados Unidos. Y pensar que en el siglo XXI se puede separar en compartimentos-estanco lo interno de lo externo en ambos países es no entender cómo se ha transformado la realidad de la relación entre México y EE.UU en las últimas dos décadas.

El refrán popular sugiere que no se puede mamar y dar de topes. Qué bien que el presidente subraye, con el inicio de la Administración Biden y los primeros contactos con quien será su homólogo durante el resto de su sexenio, que buscará una relación constructiva con EE.UU. Pero entonces sus acciones, decisiones y declaraciones -y las de algunos de sus colaboradores- tienen que ser congruentes con ello. Oportunidades para la sinergia y la colaboración real y efectiva, basada en el paradigma de responsabilidad compartida y en múltiples áreas de la agenda, desde la migración, la competitividad regional, las cadenas productivas y el manejo común de recursos acuíferos transfronterizos hasta la mitigación de la pandemia, la recuperación económica y la seguridad común, abundarán con este nuevo gobierno estadounidense, pero solo si se saben reconocer y aprovechar.

 

Columna completa en El Universal

Los legisladores estadounidenses que lideran el caso de juicio político contra Donald Trump acusaron al expresidente de «traición de proporciones históricas» al dar a conocer sus argumentos una semana antes de que comience el proceso en el Senado.

En su escrito previo al juicio, los miembros de la Cámara de Representantes presentaron su caso para que el Senado condene a Trump, enfatizando que el pueblo estadounidense debe ser protegido «contra un presidente que provoca violencia para subvertir nuestra democracia».

Los denominados «gerentes de juicio político», todos demócratas, argumentaron en el extenso documento de 77 páginas que Trump, al hablar frente a una multitud de partidarios en Washington el 6 de enero pasado, los llevó a un «frenesí» poco antes de que marcharan hacia el Capitolio.

«En una grave traición a su juramento, el presidente Trump incitó a una turba violenta a atacar el Capitolio de Estados Unidos» e impidió que el Congreso confirmara a Joe Biden como el ganador de las elecciones de noviembre, escribieron los legisladores, encabezados por el congresista Jamie Raskin.

«Si provocar un motín insurreccional contra una sesión conjunta del Congreso después de perder una elección no es un delito imputable, es difícil imaginar cuál sería», añade el texto. «Si esto no se condena, los futuros líderes se animarían a intentar retener el poder por todos y cada uno de los medios, y sugeriría que no hay una línea que un presidente no pueda cruzar».

Trump fue acusado por la Cámara de Representantes el 13 de enero por segunda vez en un proceso de juicio político, luego de ser absuelto de otro en febrero de 2020. Sin embargo, el mandato de Trump terminó el 20 de enero, antes del comienzo del juicio en el Senado, lo que llevó a los legisladores republicanos a argumentar que es inconstitucional someter a un proceso de destitución a un presidente después de que haya dejado el cargo.

Es un argumento que se espera que hagan los abogados de Trump en su defensa, pero los demócratas ya rechazaron ese razonamiento rotundamente. «No hay una ‘excepción de enero’ para el juicio político o cualquier otra disposición de la Constitución», escribieron en alusión a la fecha estipulada para el fin del periodo presidencial, y agregaron que un presidente debe responder por su conducta «desde su primer día en el cargo hasta el último».

El escrito de los legisladores demócratas señala varios videos, que se espera que se utilicen como prueba en el juicio, que, según dicen, muestran a Trump incitando a la multitud a cometer actos violentos y a los manifestantes gritando «¡Cuelguen a Mike Pence!» y buscando a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Desde las elecciones del 3 de noviembre, y durante muchas semanas después, Trump alegó que la reelección le fue robada mediante un fraude masivo. Decenas de tribunales en varios estados encontraron el argumento infundado.

Pero los gerentes de juicio político enfatizaron que la constante insistencia de Trump en acusaciones sin prueba de una elección fraudulenta impulsó a sus partidarios a respaldar los esfuerzos para revocar la victoria de Biden. Cuando esos esfuerzos fracasaron, escribieron los demócratas, Trump «convocó a una turba a Washington, los exhortó a un frenesí y los apuntó como un cañón cargado por la avenida Pensilvania» en dirección al Capitolio.

Los abogados del expresidente contestaron a los señalamientos, y dijeron este martes que el Senado no tiene autoridad para juzgarlo en su calidad de ciudadano por la acusación de que incitó una insurrección en el Congreso el 6 de enero.

El equipo de defensa de Trump dijo que no sólo el Senado carece de autoridad para juzgarle como ciudadano de a pie, sino que la Cámara de Representantes también carece de jurisdicción para impedir que vuelva a ocupar un cargo.