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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, interrumpió abruptamente esta tarde una rueda de prensa en La Casa Blanca, a la que regresó poco después para anunciar que el Servicio Secreto le acababa de disparar a una persona aparentemente armada fuera del predio presidencial.

El presidente estaba dando su rueda de prensa habitual cuando se le acercó un miembro del Servicio Secreto a cargo de su seguridad.

«¿Discúlpeme?», le dijo Trump, antes de que el agente le susurrara algo al oído y ambos salieran tranquilamente de la habitación.

Minutos después, Trump reapareció en la sala de prensa, donde los periodistas habían quedado confinados, y anunció que alguien había recibido un disparo afuera de la residencia presidencial.

«Los agentes del orden le dispararon a alguien, parece ser el sospechoso. Y el sospechoso está de camino al hospital», señaló el mandatario.

Trump dijo que no sabía nada sobre la identidad o los motivos de la persona baleada, pero cuando se le preguntó si la persona estaba armada, respondió: «Por lo que tengo entendido, la respuesta es sí (…) Puede que no haya tenido nada que ver conmigo», agregó Trump, y recalcó que el incidente tuvo lugar «en el exterior» del perímetro de La Casa Blanca.

Fuera de La Casa Blanca, la situación era tranquila, pero una parte de las calles de la zona fueron bloqueadas, con varios policías y vehículos oficiales.

Philipos Melaku, un activista que ha estado acampando frente a la Casa Blanca desde hace años, dijo que escuchó un disparo alrededor de las 18:00 hora local. «Escuché un disparo y antes de eso escuché gritos, eso no era audible», declaró a la agencia AFP.

«Era una voz masculina», añadió. «Después de eso, inmediatamente, apuntando sus AR-15, al menos ocho o nueve hombres entraron corriendo».

Tras el operativo de seguridad, Trump regresó casi de inmediato al podio de La Casa Blanca donde reanudó su conferencia de prensa según lo programado. Cuando se le preguntó si estaba perturbado por el incidente, respondió: «El mundo siempre ha sido un lugar peligroso. No es algo que sea único».

Trump elogió al Servicio Secreto como «gente fantástica, lo mejor de lo mejor», y dijo sentirse muy seguro con el Servicio Secreto, enfatizando que muchos agentes de «aspecto estupendo están listos» para hacer lo que sea necesario.

Foto: Twitter @JenniferJJacobs

El presidente Donald Trump anunció este jueves que impondrá nuevamente aranceles de 10% al aluminio canadiense a partir del 16 de agosto, pues dijo, Canadá «se aprovecha» de Estados Unidos.

El republicano dijo que con la condición de que Canadá «no inundara» su país con sus exportaciones y no destruyera los empleos en el sector del aluminio, su gobierno decidió levantar los aranceles; pero acusó, «los productores canadienses de aluminio rompieron ese compromiso».

Trump anunció su decisión «que defiende a la industria estadounidense reimponiendo aranceles al aluminio de Canadá. Canadá se aprovecha de nosotros, como siempre», expresó.

Recordemos que el pasado primero de julio entró en vigor el TMEC, el nuevo tratado de libre comercio de América del Norte que reemplazó al TLCAN.

Los aranceles, que entrarán en vigencia el 16 de agosto, son una respuesta a lo que Washington califica como una «disparada» en las importaciones de aluminio desde Canadá el año pasado, que «amenaza con perjudicar a la producción doméstica» de ese elemento.

Según el texto presidencial, las importaciones de aluminio canadiense entre junio de 2019 y mayo de 2020 aumentaron 87% con relación a los 12 meses anteriores.

«Decidí que las medidas acordadas con Canadá no son suficientemente eficaces para remediar la amenaza que las importaciones de aluminio desde Canadá suponen para nuestra seguridad nacional», escribió el mandatario.

A inicios de julio, el primer ministro canadiense Justin Trudeau comentó sobre los rumores que apuntaban a que Trump podría reimponer los derechos de aduana, asegurando que Estados Unidos no tiene la suficiente capacidad de producción de aluminio, y necesita el producto canadiense para sus industrias automotriz y de alta tecnología.

La Cámara Estadounidense de Comercio criticó esta decisión que considera aumentará los costos para los fabricantes locales. También señalo que la mayor parte de los productores estadounidenses de aluminio se oponen a la disposición, que generará medidas recíprocas contra las exportaciones de Estados Unidos.

Trudeau no viajó a Washington para celebrar la entrada en vigor del T-MEC con Trump y el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien sí visitó La Casa Blanca el mes pasado.

El presidente Donald Trump afirmó este jueves que la vacuna contra el Covid-19 podría estar lista antes de las elecciones presidenciales de noviembre, mucho antes de lo que los expertos estiman.

En una entrevista con la emisora de radio WTAM, el magnate señaló que la vacuna podría estar lista «antes de que finalice el año». Afirmó que Estados Unidos cuenta con «grandes compañías», «las mejores del mundo», por lo que confió en que la vacuna se tendrá en poco tiempo.

Sus declaraciones se oponen a lo expresado por el principal responsable científico en la lucha contra el coronavirus en el país, Anthony Fauci, quien ha reiterado en diversas ocasiones que la vacuna no estará disponible antes de fin de año.

Las palabras de Trump se producen en medio de las críticas por la mala gestión de la Administración de la pandemia de coronavirus. Estados Unidos sigue siendo el país con más contagios de coronavirus, con 4.8 millones de infectados y 158,606 fallecidos.

El presidente no ha admitido ningún fallo a la hora de gestionar la crisis sanitaria desencadenada por el virus, y por el contrario ha destacado que junto a los gobernadores «hemos hecho un trabajo increíble».

Trump rechazó que las elecciones de noviembre supongan un referéndum sobre la gestión de su Gobierno frente al
coronavirus. «No creo que lo sea. He hecho lo que nadie ha hecho en los primeros tres años y medio de mi Presidencia», ha recalcado.

En el marco de las declaraciones de Trump, se informó que el gobernador de Ohio, Mike DeWine, dio positivo en la prueba de coronavirus, justo antes de la llegada del mandatario a Cleveland, donde el gobernador tenía previsto recibirlo.

«Hoy, el gobernador de Ohio, Mike DeWine, recibió un test de COVID-19 como parte del protocolo estándar para recibir al presidente Donald Trump en la pista del aeropuerto Bruke Lakefront en Cleveland», informó un comunicado de la oficina del político estatal.

«El gobernador DeWine dio positivo, no tiene síntomas en estos momentos», señalando que el funcionario ha regresado de Cleveland a la capital del estado, Columbus, donde volverá a ser sometido a la prueba de coronavirus junto a su esposa, que de momento tampoco presenta síntomas.

En otro temas, el presidente Donald Trump también aseguró que sus comentarios sobre los niños y el Covid-19 que fueron retirados por Facebook y Twitter eran «perfectos».

Era «una declaración perfecta, una declaración sobre la juventud», dijo el republicano.

El presidente Donald Trump anunció este miércoles que evalúa dar desde La Casa Blanca su discurso de aceptación de la candidatura republicana para las elecciones del 3 de noviembre.

«Estamos pensando en ello. Sería lo más fácil desde el punto de vista de la seguridad», dijo Trump en una entrevista con Fox News, que de confirmarse, rompería una larga tradición.

El discurso de investidura del 27 de agosto, la formalidad más importante de un candidato presidencial, iba a ser originalmente un acto masivo de la convención nacional republicana en Charlotte, Carolina del Norte.

Pero el plan tuvo que descartarse debido a la pandemia del nuevo coronavirus, al igual que un intento de trasladar el evento a Florida.

En la entrevista con Fox News, el presidente también pidió adelantar el primer debate, previsto para el 29 de septiembre, ya que para dicha fecha la votación por correo ya habría iniciado en algunos estados del país.

En Estados Unidos, los presidentes que buscan la reelección deben separar los actos de su campaña de las actividades oficiales financiadas por los contribuyentes, por lo que usar La Casa Blanca como escenario para el discurso de aceptación sería algo cuestionable.

Trump dijo en Fox News que la logística y los costos eran su principal preocupación. «Es una operación muy grande», dijo. «Estamos pensando en hacerlo desde la Casa Blanca porque no supone traslados. Es fácil. Y creo que es un entorno hermoso». Es «de lejos lo menos costoso para el país», agregó.

Sin embargo, Trump apuntó que está dispuesto a pronunciar el discurso en otro sitio en caso de que se presentara alguna objeción.

Los demócratas se están preparando para una convención casi completamente virtual del 17 al 20 de agosto en Milwaukee, Wisconsin. Los delegados republicanos, en tanto, prevén reunirse en una sesión reducida en Charlotte para nominar a Trump el 24 de agosto.

ARTURO SARUKHÁN

EL UNIVERSAL

 

Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933. Sin perder tiempo alguno, los dirigentes nazis desarrollaron una actividad frenética para consolidar el poder. El 4 de febrero, un decreto para la protección del pueblo alemán restringió los derechos de la prensa y autorizó a la policía prohibir reuniones y manifestaciones. En los días posteriores, presionaron al presidente Hindenburg para que convocara elecciones anticipadas. Ya en plena campaña electoral, plagada de irregularidades y coacciones, la sede del parlamento, el Reichstag, fue destruida por las llamas la noche del 27 de febrero. Hitler, Goering y Goebbels no esperaron a las primeras indagaciones. Esa misma noche, delante del calcinado Reichstag, culparon a los comunistas. Más allá de si el izquierdista neerlandés Marinus van der Lubbe fue el autor en solitario o fue manipulado por los nazis para incendiar el parlamento alemán, el atentado fue el pretexto para suprimir derechos constitucionales, iniciar la persecución de miles de opositores e imponer un régimen totalitario. Un día más tarde, consiguieron que Hindenburg rubricara el decreto para la Protección del Pueblo y del Estado, que suspendía los derechos de reunión, la libertad de expresión y de prensa y otras garantías constitucionales. La democracia de la República de Weimar no sobrevivió ni un mes al nombramiento de Hitler como canciller y al nacimiento del régimen totalitario nazi.

No pretendo sugerir aquí que Donald Trump sea Hitler ni que Estados Unidos hoy es la Alemania de entre-guerras. Pero que la democracia estadounidense encara en la actual coyuntura la intentona por parte de Trump para replicar un nuevo episodio de “fuego en el Reichstag” es inescapable. Y me refiero particularmente a tres eventos en los últimos diez días que han encendido focos rojos parpadeantes. El primer aviso vino con su ignominiosa entrevista de hace dos domingos con Fox News en la cual armó, a pregunta expresa de Chris Wallace, que no sabía si aceptaría los resultados de la elección y que todas las encuestas, incluida la de Fox -que le son desfavorables- son “fake news”. El segundo foco rojo no se ha apagado desde la ópera bufa del desalojo de la Plaza Lafayette en Washington en los días posteriores al asesinato de George Floyd y a las convulsiones sociales que detonó este nuevo incidente de brutalidad policiaca contra afroamericanos. El despliegue de agentes federales (particularmente de ICE y la Patrulla
Fronteriza) en Portland y otras ciudades donde no han amainado las protestas, es el capitulo más reciente del teatro autoritario de Trump en el cual quiere poner en escena imágenes de disturbios en ciudades gobernadas por Demócratas y alimentar su narrativa de “nosotros vs ellos”, de polarización y descontrol social, y de suburbios -de blancos, claro está- (que son clave si pretende reelegirse) amenazados por hordas de manifestantes urbanos de color que solo él puede defender. Y el tercer foco se prendió la semana pasada con un tuit del presidente sugiriendo
-ante la posibilidad de que más estados opten por el uso del voto por correo postal para mitigar el impacto del COVID- aplazar la elección presidencial porque, según él, esa modalidad de voto abonará a un fraude electoral.

Todo este caos, cilindrado por la Casa Blanca, es táctico y mete de lleno a EEUU al mundo del performance autoritario, un prototipo que ha existido en otras latitudes pero que apenas ahora yergue la cabeza en una de las democracias más emblemáticas del mundo. En muchos sentidos las acciones de Trump en este año de disrupción profunda han sido la crónica de un tuit anunciado.

Habrá quienes insistan que todo esto de nuevo configura el juego de espejos y humo al cual es tan adepto Trump. No les falta razón. De entrada, es un hecho que el presidente no tiene atribuciones constitucionales o legales para aplazar una elección general. Y el que el tuit en cuestión se diese el mismo día en el que se divulgaba la peor caída del PIB estadounidense en décadas abona a esa lectura. Pero el tuit es más que un mero distractor. Trump ha pasado toda su gestión polarizando al país y socavando a la democracia estadounidense, alegando que las elecciones -tanto la del 2016 que perdió por más de 3 millones de votos populares como la intermedia de 2018, en la
que perdió el control de la Cámara de Representantes y muchas gubernaturas- son fraudulentas, atacando a los medios de comunicación y minando la credibilidad de las instituciones y procesos democráticos. Y el COVID y la economía le están pasando un factura onerosa en las encuestas a Trump. Cuando este presidente dice, no obstante del deslinde de este fin de semana por parte del jefe de gabinete de la Casa Blanca, que está considerando retrasar las elecciones, los estadounidenses -y el resto del mundo- deberían dejar de hacerse el tonto y prestar atención.

Trump no podrá detener unos comicios pero bien podría socavar la democracia. Simplemente flotando la posibilidad de posponer una elección presidencial, una idea hasta ahora anatema en Estados Unidos y que evoca a países autoritarios con Estados de derecho frágil, podría erosionar el ingrediente más importante en una democracia: la convicción de la mayoría de que el resultado de una elección, independientemente de sus defectos manifiestos, será fundamentalmente legal. Cualquier sistema constitucional se mantiene unido por un salto de fe. Lo que está haciendo el presidente es sembrar desconfianza sobre la legitimidad del mero hecho de llevar a cabo una elección. Y el caos en Portland y las declaraciones y tuits del presidente podrían ser la primera escaramuza en una colisión por venir aún más incendiaria.

En las postrimerías de la elección de 2016, le recalqué a muchos amigos, tanto Demócratas como Republicanos, que los estadounidenses habían olvidado las lecciones que nos deja la historia del siglo XX con respecto a lo que ocurre cuando una democracia elige a demagogos chovinistas y xenófobos. Hoy, con una elección que se le está escapando de las manos a Trump, lo que ocurra en el camino a los comicios en Estados Unidos -y durante y posteriormente a la jornada electoral- tendrá repercusiones no solo para ese país, sino para la democracia liberal en el resto del mundo. De aquí a noviembre, todos, sin excusas, tenemos que hacer lo que nos toca para garantizar la derrota de Trump -y la de sus sicofantes y facilitadores- en las urnas.

El presidente Donald Trump dijo que el brote de coronavirus está tan controlado como puede estarlo en su país, donde al menos 155,000 personas han muerto por Covid-19.

En tanto, el presidente continuó presionando para que las escuelas de Estados Unidos vuelvan a abrir en una publicación de Twitter durante la noche.

Adicional, se empeña en defender la respuesta de su gobierno al virus en una entrevista con el sitio web de noticias Axios.

«Se está muriendo (la gente), eso es verdad», dijo. «Es lo que es. Pero eso no significa que no estamos haciendo todo lo que podemos. Está bajo control tanto como uno puede controlarlo. Esta es una plaga horrible», dijo Trump.

Los casos de coronavirus continúan aumentando en el país y decenas de estados de Estados Unidos han tenido que poner pausa o revertir sus planes de reapertura.

La coordinadora del grupo de trabajo sobre coronavirus de La Casa Blanca, la doctora Deborah Birx, dijo el domingo que el virus está «extraordinariamente extendido» en las zonas rurales y en las ciudades.

Cuando las muertes en Estados Unidos llegaron a un récord, Trump presionó para contabilizar los fallecidos en función del número de casos y no como una proporción de la población, una comparación en la que al país le va peor que a otras naciones occidentales.

En la entrevista con Axios, Trump insistió nuevamente en que el aumento de las pruebas de diagnóstico en Estados Unidos explica el aumento de los casos, una afirmación cuestionada por expertos en salud que dicen que las pruebas ampliadas explican parte, pero no todo, el crecimiento de los casos.

El presidente Donald Trump dio hoy hasta el 15 de septiembre a la aplicación de vídeos sociales TikTok, propiedad de la china ByteDance, para pasar a manos de capital estadounidense o enfrentarse a su prohibición de operar por motivos de seguridad nacional.

El mandatario dijo que TikTok tendrá que cerrar el 15 de septiembre si no acepta ser comprada por parte de Microsoft, que está inmersa en negociaciones para su adquisición, u otra empresa de capital estadounidense.

«No me importa si es Microsoft u otra compañía grande, una compañía segura, una compañía muy estadounidense tiene que comprarla», aseguró Trump desde La Casa Blanca este lunes.

Asimismo, aseguró que el Departamento del Tesoro deberá «recibir mucho dinero» de la operación de la venta, sin especificar en qué concepto o cómo se llevaría a cabo.

TikTok, que en Estados Unidos tiene más de 80 millones de usuarios, es una de las redes sociales que más ha crecido en los últimos años, donde se ha convertido en el principal entretenimiento para muchos adolescentes y un canal de marketing para importantes celebridades.

La Administración Trump, así como importantes congresistas demócratas, han insistido que el uso tan extendido de TikTok pone en riesgo la privacidad de los datos de estadounidenses y la seguridad nacional, ya que está expuesta a través de ByteDance a instrucciones e intervención del gobierno chino.

Microsoft anunció este domingo que continúa las pláticas para explorar la posible compra de TikTok en Estados Unidos, y prometió completar la operación a más tardar en septiembre próximo.

La decisión fue dada a conocer por la empresa con sede en Redmond, Washington después de que su CEO, Satya Nadella, conversara con el presidente Trump, quien el viernes anunció su intención de prohibir en el país la red social china.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, aseguró también este domingo que Trump tiene capacidad de forzar la venta a capital nacional de las operaciones estadounidenses de TikTok y que además esta estrategia cuenta con apoyo de los líderes demócratas en el Congreso.

La Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) permite al presidente bloquear transacciones y congelar activos en caso de considerar que existe una «amenaza inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional o la economía del país.

El Ministerio de Exteriores de China se opone a la venta forzada de TikTok, una operación que en su opinión viola los principios de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El Gobierno chino ve la intención de vender TikTok como un capítulo más de la guerra comercial entre Pekín y Washington, que intenta contener el cada vez mayor poderío tecnológico del gigante asiático, que ya ha visto como la firma de telecomunicaciones Huawei ha tenido que enfrentarse a restricciones.

Los intentos para presionar a TikTok son vistos también con preocupación por gigantes tecnológicos con ambiciones globales como Alibaba y Tencent.

Para retrasar el día de la jornada electoral de Estados Unidos, tal y como lo sugirió esta mañana el presidente Donald Trump, el mandatario debería contar con el apoyo del Congreso para modificar una ley federal de 1845 que establece el primer martes, después del primer lunes de noviembre, como el día para celebrar la jornada de elecciones legislativas, que corren en paralelo al proceso de elección del presidente cada cuatro años.

Los demócratas controlan la Cámara baja del Congreso y sería necesario, por tanto, que la oposición se alineara con el presidente, lo cual resulta imposible.

«Seamos claros: Trump no tiene la capacidad de retrasar las elecciones. Nuestras elecciones están consagradas en la
Constitución. La Constitución dice que si la fecha de las elecciones cambia, deberá hacerlo el Congreso», señaló el presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, el demócrata Jerry Nadler.

Los legisladores republicanos también se opusieron a un retraso, con el líder de la mayoría conservadora del senado, Mitch McConell, a la cabeza, quien aseguró en una entrevista con una emisora de Kentucky que la fecha electoral está «grabada en piedra».

«Nunca en la historia de nuestro país, ni en guerras, depresiones o en la guerra civil, no hemos celebrado una elección federal programada en su tiempo y encontraremos la manera que así sea de nuevo», afirmó McConell.

En una audiencia en el Senado, el secretario de Estado, Mike Pompeo, no fue tan tajante y dijo que las elecciones se deben llevar a cabo de manera «legal», pero destacó que es importante que sean comicios «en los que todo el mundo confíe».

El tuit de Trump apareció en la red social solo 15 minutos después de que el Departamento de Comercio anunciara que el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos se desplomó en el segundo trimestre a una tasa anual de un 32.9% (9.5% interanual), lo que supone un descalabro histórico debido a la pandemia de Covid-19.

Otras importantes voces del Partido Republicano se han pronunciando en contra del posible retraso electoral.

El jefe de la Comisión Judicial  de la cámara alta, Lindsey Graham, declaró que «no creo que se una buena idea», retrasar las elecciones de noviembre próximo.

«Vamos a tener una elección, va a ser legítima y va a ser creíble», ha apostillado el  senador republicano por Florida Marco Rubio.

Aún más contundente ha sido Rodney Davis, el más alto cargo republicano en la comisión que se encarga de cuestiones electorales en la Cámara de Representantes. «No va a haber ningún retraso en las elecciones de 2020. El Congreso ha fijado la fecha y no debería haber cambios. Se celebrarán el 3 de noviembre, como está previsto y exige
la ley», ha declarado en Twitter.

Desde las filas de los demócratas, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, se ha limitado a recordar el texto constitucional: «El Congreso determinará (…) el día en el que los electores deben emitir sus votos, que debe ser el mismo en todo Estados Unidos».

Al respecto, el Comité Nacional Demócrata reaccionó y dijo que «la amenaza» de Trump no es más que un intento desesperado de distraer de las devastadoras cifras económicas actuales que dejan en claro que su respuesta fallida al coronavirus ha hundido la economía de Estados Unidos.

«Trump puede tuitear todo lo que quiera, pero la realidad es que no puede retrasar las elecciones, y en noviembre, los votantes lo responsabilizarán» por la situación, agregó el Comité a través de un comunicado.

El presidente Donald Trump sugirió este jueves, por primera vez de manera abierta, retrasar la elección presidencial del 3 de noviembre, retomando sus acusaciones de que la votación por correo, que se prevé aumente por la pandemia de Covid-19, pueda dar pie a fraudes.

Sin embargo, las fechas de las elecciones están fijadas en la ley federal, y no pueden ser cambiadas por el presidente, ya que es una facultad exclusiva del Congreso.

Como se ha vuelto costumbre, el presidente Donald Trump utilizó su cuenta de Twitter para señalar que «con el Voto Universal por Correo (no el Voto en Ausencia, que es bueno), 2020 será la elección más IMPRECISA / FRAUDULENTA de la historia. Será una gran vergüenza para EUA. ¿Aplazar la elección hasta que la gente pueda votar de manera debida y con seguridad?»

Su mensaje llega en un día de malas noticias para su gobierno, especialmente en temas económicos: se informó que la economía se contrajo a un vertiginoso 32.9% anual en el trimestre abril-junio, la peor caída trimestral de la historia.

La pandemia de Covid-19 ha provocado cierres de empresas, decenas de millones de empleos perdidos y una tasa de desempleo de 14.7%.

De acuerdo a expertos en seguridad electoral, no hay pruebas de fraude electoral generalizado en la votación por correo, incluso en estados que votan exclusivamente mediante el servicio postal.

Cinco estados votan exclusivamente por correo y aseguran que tienen instaladas las salvaguardas necesarias para impedir que un «actor extranjero hostil» altere el sufragio. Los expertos han indicado que el fraude en todas sus formas es inusual.

Trump ha venido manejando el mismo discurso en contra de la votación por correo o en ausencia desde hace varias semanas. Ha dicho que la votación por vía remota es el «mayor riesgo» para su reelección. Su campaña y el Partido Republicano han intentado combatirla, aunque en otros tiempos les dio una ventaja significativa.

El magnate, en desventaja en las encuestas públicas y privadas, se negó hace algunas semanas en una entrevista a comprometerse a aceptar los resultados, una amenaza similar a la que hizo semanas antes de los comicios de 2016.

«Tengo que ver. Vea… tengo que ver», le dijo al periodista Chris Wallace durante una entrevista en «Fox News Sunday». «No voy a decir que sí’, no voy a decir que no’ y la vez pasada tampoco lo hice».

El mes pasado, Trump dijo en Arizona que «ésta será, en mi opinión, la elección más corrupta de la historia de nuestro país».

En abril, el presidente había descartado la perspectiva de tratar de cambiar la fecha. «Ni siquiera se me ocurrió cambiar la fecha de la elección», dijo. «¿Por qué habría de hacerlo? Tres de noviembre. Es un buen número. No, no veo la hora de que se haga esa elección». «No estoy pensando en eso», insistió. «En absoluto».

La red social Twitter informó este martes de que ha limitado el acceso a la cuenta de Donald Trump Jr., hijo del presidente de Estados Unidos, tras publicar un vídeo que contenía desinformación sobre la pandemia de Covid-19 y que violaba las reglas de la plataforma.

El vídeo que tuiteó el hijo del mandatario estaba relacionado con el uso de la hidroxicloroquina para tratar a pacientes con Covid-19, un fármaco cuyo uso efectivo contra el virus no ha sido demostrado y que el presidente ha recomendado utilizar en varias ocasiones.

En las imágenes, se habla de la hidroxicloroquina como una cura contra el virus e incluía a varias personas que afirmaban ser doctores y que argumentaban falsamente que «no se necesitan máscaras» y que los estudios que demuestran que el medicamento puede no ser efectivo son «ciencia falsa».

La sanción de la red social al hijo de Donald Trump, que también difundió el mismo vídeo, durará doce horas durante las cuales solo podrá refrescar la aplicación y leer el contenido, pero no se le permitirá tuitear, seguir a otras cuentas o dar «me gusta».

Fuentes de Twitter señalaron a medios locales que Donald Trump Jr. había violado las políticas de uso de la plataforma tras «difundir información engañosa y potencialmente dañina relacionada con Covid-19», si bien insistió en que solo habían borrado el tuit en el que se hacía mención a la hidroxicloroquina y que el resto de contenido previamente publicado seguía siendo accesible.

Un portavoz de Donald Trump Jr., Andy Surabian, apuntó a través de un comunicado que la decisión de Twitter de suspender la cuenta «por compartir un vídeo viral de profesionales médicos discutiendo sobre el uso de la hidroxicloroquina es una prueba más de que las grandes compañías tecnológicas están intentando matar la libertad de expresión online en otro intento de interferir en las elecciones presidenciales y silenciar las voces republicanas».

En los últimos meses, Twitter ha intensificado sus medidas en contra de la desinformación y el acoso en su plataforma, algo que ha instigado a algunos tertulianos y políticos conservadores en Estados Unidos a señalar que la red social está sesgada, especialmente desde que Twitter dijese que varios tuits del presidente «glorificaban la violencia» durante las protestas por la muerte de George Floyd el pasado mayo.

Robert O’Brien, asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump dio positivo a Covid-19 y se encuentra aislado, informó este lunes La Casa Blanca.

Se trata del funcionario de más alto rango del gobierno estadounidense que se sepa haya dado positivo por el nuevo coronavirus.

«Tiene síntomas leves, se ha aislado a sí mismo y trabaja desde un lugar seguro» fuera de La Casa Blanca, se indicó que en un comunicado emitido por el gobierno.

No está claro cuándo O’Brien, uno de los asesores más cercanos a Trump, se reunió por última vez con el presidente, pero su última aparición pública juntos fue durante una visita el 10 de julio a Miami, en la sede del Comando Sur del Ejército.

«No hay riesgo de exposición al presidente o al vicepresidente (Mike Pence). El trabajo del Consejo de Seguridad Nacional se mantiene sin interrupción», aclaró la nota oficial.

O’Brien regresó recientemente de una gira europea en la que se reunió con funcionarios del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia.

Según la cadena de televisión CNN, que cita como fuente a una fuente familiar, O’Brien fue el último en la oficina el jueves pasado, cuando abandonó abruptamente La Casa Blanca.

O’Brien, un abogado mormón, sustituyó en septiembre del año pasado al polémico John Bolton, que había sido despedido por Trump.

Estados Unidos reportó 59,737 nuevos contagios de coronavirus ayer, con lo que la cifra total asciende a 4,238,500, mientras que el número de muertes casi alcanza las 147,000, lo que representa aproximadamente una quinta parte de las de todo el mundo.

El virtual candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Joe  Biden, y el expresidente Barack Obama, dieron a conocer una «conversación socialmente distanciada» sobre lo que consideran una mala gestión de la pandemia de coronavirus por parte del presidente Donald Trump.

El video llega cuando la campaña electoral de Estados Unidos está por comenzar, y se encuentra a menos de 100 días de la elección.

«¿Puedes imaginarte siendo presidente y diciendo: ‘No es mi responsabilidad, no asumo ninguna responsabilidad?'», pregunta Biden a Obama, que le responde rápidamente: «Esas palabras no habrían salido de nuestras bocas cuando estábamos en el cargo».

Obama destaca los logros conseguidos por su Administración, de la que Biden fue vicepresidente, tales como la gestión de la crisis financiera, de la que recuerda que consiguieron la Ley de  Recuperación en el primer mes, o el programa de asistencia médica conocido como ‘Obamacare’, que creen que habría mitigado el impacto  del virus.

Biden recuerda también que, a su salida de La Casa Blanca, Obama dejó en el tintero la creación de un sistema de cooperación internacional para prevenir crisis sanitarias globales, «para que cuando las viéramos venir pudiéramos prepararnos».

Frente a ello, criticaron la «incapacidad» de Trump  para empatizar con quienes están sufriendo el coronavirus de una u  otra forma. «Simplemente, no puede conectar de ninguna manera», lamenta Biden.

Al respecto, el que fuera inquilino de La Casa Blanca entre 2009  y 2017 asegura que fue precisamente la capacidad de Biden para ponerse en el lugar de los demás lo que le llevó a elegirlo como su ‘número dos’.

«Si hay algo que admiro de ti, Joe, es tu disposición a escuchar y aprender, es un signo de liderazgo», afirma Obama.

Los demócratas también reprochan a Trump su desprecio hacia las opiniones científicas. «Tú sí vas a prestar atención a la ciencia y no vas a intentar doblar la curva de contagios y los índices de transmisión», añade Obama.

Los políticos hacen mención a uno de los pilares del Gobierno de Trump.  «En este momento, la tasa de desempleo es de dos dígitos», señala Obama, que al mismo tiempo pregunta a Biden sobre su plan económico, en el que apuesta por ayuda a las empresas a superar la crisis del  coronavirus, generar estímulos y reconstruir mejor.

El video, con duración de 15 minutos, es un intento más para involucrar al expresidente en la campaña electoral de cara a noviembre.

Como ha sucedido en repetidas ocasiones, Trump reaccionó rápidamente contra su contrincante y su antecesor. Utilizó su red social en Twitter, donde los acusó de hacer un «terrible trabajo» en el cargo y de permitir que él fuera elegido.

Adicional, el Comité Nacional Republicano emitió un análisis mordaz en el que señaló que fueron «festines de amor hábilmente producidos y carentes de sustancia» y calificó el video como una «ficción».

Biden y Obama portaban mascarillas cuando llegaban a una oficina, y se sentaron muy separados para conservar el distanciamiento social para una charla sin mascarillas. La campaña de Biden la anunció como su primera reunión en persona durante la pandemia.

ARTURO SARUKHÁN

EL UNIVERSAL

 

 

De tanto en tanto, un hackeo resulta tan disruptivo y sorprendente en su alcance y audacia que se convierte en un recordatorio oportuno de la precariedad de nuestra dependencia colectiva de sistemas tecnológicos y plataformas digitales. En ocasiones, la naturaleza particular del ciberataque también hace que se vuelva emblemático de los tiempos que vivimos. El hackeo a Sony en 2014 expuso secretos personales y comerciales profundamente incómodos y onerosos para la compañía japonesa. Las filtraciones de Wikileaks en 2010 o de Snowden en 2013 fueron un tsunami de información diplomática y de seguridad nacional sin precedente. El ataque al Comité Nacional Demócrata en 2016 y la publicación de correos electrónicos incidieron en el resultado de la elección presidencial estadounidense.

A esta lista quizá habrá que agregar ahora el hackeo de Twitter del miércoles pasado, un ataque inusitado y coordinado de ingeniería social –aunque poco sofisticado tecnológicamente- contra la privacidad, confianza y seguridad de las redes sociales. Con múltiples cuentas cayendo como chas de dominó, Twitter optó por la opción nuclear, impidiendo que todas las cuentas verificadas restableciéramos contraseñas o tuiteáramos, en algunos casos durante horas. El ataque, sin consecuencias graves por el momento, es relevante más por lo que podría implicar en un futuro que por el daño que parece haber infligido -por lo menos en términos de lo que se atisba ahora sobre la superficie- a sus víctimas. Los atacantes secuestraron cuentas de políticos, empresarios, celebridades y compañías estadounidenses -entre ellos Barack Obama, Joe Biden, Mike Bloomberg, Bill Gates, Elon Musk, Apple y Uber- con el propósito aparente de obtener pagos en criptomoneda. Aún hay muchas preguntas sin respuesta sobre el operativo,
pero ciertamente podría haber sido mucho peor: los atacantes controlaron las cuentas por solo un período breve y las ganancias de esta estafa sumaron poco más de $100,000 dólares, una cifra roñosa dado el asombroso éxito del ataque y el perfil de las cuentas atacadas.

Todo ello ha llevado a sospechar que el ciberataque encierra más de lo que aparenta. La pregunta obligada, dado que ninguna cuenta de las que fueron blanco del ciberataque fue de figuras Republicanas, empezando por la del propio Donald Trump, es si esto fue un embate político disfrazado, con motivos ulteriores y vinculados al proceso electoral presidencial estadounidense de este año. ¿Quizás los ciberdelincuentes usaron su acceso a las cuentas para
capturar mensajes directos e información personal y lo usarán para intentar chantajear o incluso llevar a cabo el tipo de filtraciones que siguieron al ataque a la campaña y partido Demócratas en 2016? Hasta que Twitter llegue al fondo del incidente, no hay forma de estar seguro.

Pero dado el papel que hoy juega esa galería de los espejos que son las redes sociales en nuestro discurso y vida públicas, así como la enorme influencia ahora conferida por la celebridad en Twitter, el ciberataque ya se ha convertido en un momento emblemático de la coyuntura social y política que vivimos. En el proceso, no solo ha subrayado la hiperdependencia del mundo a las redes de información que, por su propia naturaleza, se basan mayoritariamente en información no verificada. A medida que Estados Unidos entre a la recta final de una campaña electoral presidencial profundamente divisiva, es probable que veamos nuevamente procesos de polarización al interior de una sociedad altamente susceptible a la desinformación, con actores internos y externos aprovechando la tribalización estadounidense. Podría ser tentador pensar que los guardianes de las plataformas digitales más importantes han aprendido las lecciones de la campaña de 2016. Yo no estaría tan seguro: solo hay que ver a Facebook y cómo confronta la desinformación. Y en este entorno, ¿qué estragos podría causar información sustraída ahora de esas cuentas y divulgada de manera quirúrgica más adelante? Con un presidente que esencialmente tuitea en vez de gobernar -y que este fin de semana declaró que verá si en su momento acepta y reconoce o no el resultado de las elecciones en noviembre, ¿qué ocurrirá si su cuenta llega a ser controlada externamente? ¿O cuánto tiempo pasará antes de que el tuitero en jefe de la Casa Blanca, después de un tuit particularmente controversial, arme que su cuenta ha sido pirateada?

Las farmacéuticas Pfizer y BioNTech anunciaron este miércoles la firma de un acuerdo con el Departamento de Salud y de Defensa de Estados Unidos por 1,950 millones de dólares para asegurar cientos de millones de dosis de la vacuna del coronavirus para los estadounidenses.

Bajo el acuerdo, el Gobierno recibiría en primer lugar 100 millones de dosis de BNT162, el proyecto de vacuna en el que trabajan conjuntamente ambas compañías, una vez fuese aprobado por al Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos.

«Estamos honrados de ser parte de este esfuerzo para ofrecer a los estadounidenses acceso a protección de este virus letal», dijo Albert Bourla, presidente de Pfizer, en un comunicado.

Posteriormente, podría adquirir 500 millones de dosis más.

«Tomamos pronto la decisión de comenzar nuestro trabajo clínico y fabricando a gran escala a nuestro propio riesgo para asegurar que el producto estaría disponible de manera inmediata si nuestras pruebas clínicas son exitosas y se les otorga una Autorización de Uso de Emergencia», añadió.

Por su parte, el secretario estadounidense de Salud, Alex Azar, destacó que con este acuerdo «se amplían las probabilidades de que tendremos una vacuna segura y efectiva tan pronto como a final de año».

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este martes que la pandemia del coronavirus «empeorará» en el país e insistió a la ciudadanía en el uso de cubrebocas, algo a lo que se había resistido hasta ahora.

Facebook incluyó una nota informativa a una publicación del presidente Donald Trump, quien publicó este martes un mensaje en el que refiere que el voto por correo conducirá a la elección «más corrupta» de la historia de Estados Unidos.

La medida, que no implicó la eliminación del mensaje del mandatario, llega luego de que la red social se comprometiera con el combate a la desinformación, lo que incluye la actividad de líderes mundiales en ese servicio.


Anteriormente, Facebook mantenía una política de no intervención hacia los discursos políticos en su plataforma, lo cual había servido al presidente para ponerlo como ejemplo en sus señalamiento a Twitter.

En su página oficial de Facebook, Trump escribió: «El voto por correo, si no es modificado por las cortes, conducirá a la más CORRUPTA ELECCIÓN en la Historia de nuestra Nación! #ELECCIÓNAMAÑADA».

Ahora, la publicación aparece acompañada de una anotación con la leyenda «Obtén información oficial sobre cómo votar en las elecciones de Estados Unidos de 2020 en usa.gov», y un enlace que redirecciona a una página oficial del gobierno que explica el mecanismo del voto por correo y el voto anticipado.

Aunque Facebook ha sostenido que se atiene a la política de no verificar las publicaciones que los líderes políticos comparten en su plataforma, ha prometido eliminar cualquier mensaje que pudiera conducir a hechos de violencia o publicaciones engañosas sobre el proceso electoral.

Siguiendo el ejemplo de Twitter, Facebook prometió etiquetar entradas que bajo circunstancias normales serían eliminadas por violación de las normas del servicio pero que decidió mantener por su carácter «noticioso».

Las declaraciones del presidente Donald Trump señalando el peligro de la pandemia en México hay que tomarlas teniendo «en consideración que en Estados Unidos están por iniciar formalmente las elecciones», dijo esta mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

«En cualquier país del mundo, cuando hay elecciones, hay más declaraciones, más propaganda, más debate», aseguró el mandatario en su conferencia diaria desde Palacio Nacional.

Sus declaraciones sorprendieron a la opinión pública, pues a diferencia de su visita a La Casa Blanca, negando que hubiera problema por la contienda electoral en Estados Unidos, los nuevos dichos de Trump prefirió enmarcarlos en dicha situación.

Y es que este domingo, el presidente de Estados Unidos pidió que los medios de su país se centraran también en la evolución de la pandemia en México y Brasil, no solo en su país, que es el más golpeado por el coronavirus.

«¿Por qué no hablan de México, que no nos está ayudando? Todo lo que puedo decir es que gracias a Dios que construí casi todo el muro, porque si no tuviera el muro arriba tendríamos un problema mucho mayor con México», señaló Trumo en una entrevista.

López Obrador recordó su reciente visita a Washington que dijo, sirvió para constatar que las relaciones entre los dos gobiernos «son muy buenas» y que no se trata de «vecinos distantes».

«Respeto el punto de vista del presidente Trump, desde luego no lo comparto, pero no voy a confrontarme con él, no me voy a enganchar como se dice coloquialmente», insistió.

Sobre la evolución de la pandemia en México, que hasta ahora ha dejado casi 345,000 contagios y roza los 40,000 decesos, López Obrador consideró estar enfrentándola «bien en lo que cabe».

«Se trata de una pandemia terrible, que está causando la pérdida de muchas vidas. Pero estamos haciendo todo lo que nos corresponde, estamos actuando con responsabilidad para salvar vidas», reflexionó.

López Obrador dijo que ni él ni sus funcionarios están «contentos, satisfechos» con la situación, pero que «a pesar de los pesares» van bien en la lucha contra esta enfermedad.