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El segundo y último debate entre los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos sorprendió a varios al ser un espacio de normalidad en un año totalmente atípico y un respiro para los votantes desanimados por el tóxico primer enfrentamiento plagado de interrupciones entre los dos líderes.

El presidente, Donald Trump, y el aspirante demócrata, Joe Biden, pasaron 90 minutos intercambiando ideas sobre su enfoque acerca de la pandemia del coronavirus, el futuro del sistema de salud estadounidense y quien es el mejor posicionado para aliviar las tensiones nucleares con Corea del Norte.

El botón para silenciar los micrófonos ordenado por la comisión organizadora ayudó a conducir mejor el debate, y permitió que Trump y Biden presentaran sus argumentos finales a la nación a menos de dos semanas de la elección.

Ambos afirmaron con orgullo durante toda la campaña que sus visiones del país tienen poco en común, algo que quedó muy claro ayer.

El presidente llegó al debate con la necesidad de provocar un cambio en la contienda, dado de las encuestas publicadas lo colocan desde hace semanas por detrás de su rival tanto a nivel nacional como en algunos estados indecisos claves.

Trump, quien fue el que más interrumpió y el más agresivo en el primer debate, insistió anoche en que hay que «aprender a vivir» con el virus y sugirió que su rival dañaría la economía al tomar medidas drásticas para cerrar el país.

Biden advirtió que la nación se encamina hacia «un oscuro invierno», con un aumento de los casos al tiempo que llega el frío y más actividades pasan a ser en espacios cerrados, donde el virus se propaga con más rapidez. «Cualquiera que sea responsable de tantas muertes no debería seguir siendo presidente de Estados Unidos», afirmó Biden. «Yo terminaré con esto. Me aseguraré de que tenemos un plan».

Trump aprovechó el evento para acusar por primera vez, de frente, a Joe Biden de corrupción, por el caso de su hijo Hunter Biden. Antes del debate, el equipo de campaña de Trump había sido claro: si los reporteros no lo hacen, el propio presidente republicano le preguntará a Biden por qué había «autorizado a su hijo Hunter a cobrar para acceder» a él.

El diario conservador New York Post publicó la semana pasada correos electrónicos recuperados de una laptop que debían demostrar que Hunter involucró a su padre en sus negocios en Ucrania. Durante el debate de ayer, Trump lanzó a su rival: Joe Biden «aparentemente ganó mucho dinero en alguna parte».

Luego dijo que «esos horribles correos electrónicos… le debes una explicación a los estadounidenses». «Alguien acaba de dar una conferencia de prensa, se suponía que debía estar trabajando contigo y tu familia, lo que dice es condenatorio», continuó.

Y es que unas horas antes, Tony Bobulinski, quien se presentó como un exsocio de Hunter Biden, había dicho que el exvicepresidente había estado asociado con los proyectos de su hijo en China. Este antiguo militar de 48 años, invitado por Trump para seguir en persona el debate, aseguró que este viernes enviará una serie de elementos a la Policía Federal y a los senadores.

Sin esperar a que el presidente dijera más, Joe Biden negó enérgicamente cualquier irregularidad. «Mi hijo no ganó dinero con esto… en China», dijo. «¡El único que ganó dinero en China fue ese tipo!».

Cuando fue vicepresidente «su hijo, sus hermanos se enriquecieron», acusó el inquilino de La Casa Blanca, a lo que Biden respondió que nunca ha recibido ni un centavo del extranjero. Incluso ocupó el momento para contraatacar y acusar al republicano de no haber hecho públicas sus declaraciones de impuestos.

Biden también se lanzó contra Trump a recordar su vínculo con el líder norcoreano Kim Jong Un. «Él habló de su buen amigo, que es un matón», afirmó Biden, acusando a Trump de legitimar a Corea del Norte. Pero Trump respondió que se reunió con el líder norcoreano en tres ocasiones y con ello logró alejar la amenaza de una «guerra nuclear», a lo cual Biden respondió exasperado: «Es como decir que teníamos una buena relación con Hitler antes de que invadiera Europa, el resto de Europa. Por favor».

Biden cuestionó la política «criminal» de Trump al separar a familias migrantes en 2018 como parte de la política de «tolerancia cero». «Esos chicos están solos, sin ningún lugar a donde ir. Eso es criminal», dijo Biden. Trump defendió su política y afirmó que los niños habían sido llevados a la frontera por «coyotes» y «mala gente». «Ahora tenemos la frontera más sólida que hemos tenido», agregó.

El candidato demócrata asumió un riesgo al afirmar que si resulta elegido iniciará una transición gradual para dejar de depender de la industria del petróleo, lo que permitió a Trump llamar a los estados clave de Texas, Ohio y Pensilvania a que recordarán esa afirmación al momento de emitir su voto.

Trump indicó que Estados Unidos tiene el «aire y el agua más limpios» en años y desestimó energías renovables como las eólicas afirmando que matan a los pájaros.

El ex mandatario de Estados Unidos Barack Obama encabezó un evento de la campaña de Joe Biden, en el que llamó a los votantes demócratas a no confiarse en las encuestas que colocan a su candidato como favorito, y movilizarse en masa para lograr la victoria del candidato Biden el 3 de noviembre.

«No podemos confiarnos. No me importan los sondeos», dijo Obama en su primer mitin en apoyo a su compañero en cuando ocupó La Casa Blanca.

Y es que según Biden aventaja a Trump por nueve puntos porcentuales a nivel nacional, según el promedio de encuestas de RealClearPolitics. Obama recordó que en 2016 «hubo un montón de encuestas» favorables a la entonces candidata demócrata Hillary Clinton y «no funcionó porque mucha gente se quedó en su casa, se volvió perezosa y confiada».

Obama denunció duramente a su sucesor, alegando que Donald Trump ha demostrado ser «incapaz de tomarse el trabajo en serio» en La Casa Blanca. «Esto no es un reality show. Es la realidad», recriminó el ex mandatario.

«Y hemos tenido que vivir con las consecuencias de que él (Trump) demuestre ser incapaz de tomarse el trabajo en serio», añadió ante los asistentes al acto en Filadelfia, capital del estratégico estado de Pensilvania.

Más temprano, en una mesa redonda con líderes de la comunidad negra de esa ciudad, Obama criticó el desempeño de Trump ante la pandemia de covid-19.

«La pandemia habría sido difícil para cualquier presidente, no hemos visto algo así en 100 años. Pero el grado de incompetencia y desinformación, el número de personas que podrían no haber muerto si hubiéramos hecho lo básico», lamentó.

Obama afirmó que los estadounidenses no pueden permitirse otros cuatro años de lo mismo. «Nuestra democracia no va a funcionar si las personas que se suponen son nuestros líderes mienten todos los días y simplemente inventan cosas», dijo.

Más de 40 millones de ciudadanos ya votaron por correo o en persona, lo que significa cerca del 30% de la participación total de las elecciones de 2016.

Biden y Trump volverán a encontrarse esta noche en el segundo y último debate en Nashville, Tennessee. El primero, realizado a fines de setiembre, se caracterizó por las interrupciones constantes de parte de Trump. El segundo debate no se llevó a cabo debido a la renuencia de Trump de participar en un formato virtual.

El ahora presidente Donald Trump pasó años trabajando en proyectos comerciales en China donde mantiene una cuenta bancaria, informó este martes el diario The New York Times (NYT).

La información llega en momentos en los que el presidente trata de mostrar a su rival demócrata, Joe Biden, como débil ante Pekín.

Trump viene repitiendo en los últimos días que Hunter Biden, hijo del candidato, vendió a Ucrania y China el acceso a la influencia de su padre cuando era vicepresidente en la época de Barack Obama.

NYT informó que es Trump quien tenía una oficina en China durante la campaña presidencial de 2016 y estaba asociado con una gran empresa controlada por el gobierno chino.

Además, el presidente tenía una cuenta bancaria en China hasta ahora desconocida que era manejada por la corporación Trump International Hotels Management, según documentos fiscales de Trump examinados por el periódico. Además de China, el mandatario hizo lo mismo en Gran Bretaña e Irlanda.

Las declaraciones de impuestos muestran que la firma de Trump «pagó USD 188,561 en impuestos a China mientras procuraba conseguir allí permisos para hacer negocios entre 2013 y 2015», dice el diario.

Alan Garte, abogado de Trump Organization, dijo que la compañía «abrió una cuenta en un banco chino que tiene oficinas en Estados Unidos para pagar impuestos locales». «No se materializó ningún acuerdo, transacción u otros negocios y desde 2015 la oficina está inactiva», dijo al New York Times.

«Aunque la cuenta bancaria sigue abierta, no ha sido usada para otro propósito», añadió.

Desde que entró a la Casa Blanca en 2017, Trump ha definido a China como la mayor amenaza para Estados Unidos y la democracia mundial.

En 2008 intentó infructuosamente la construcción de un edificio de oficinas en Guangzhou y en 2012 abrió una oficina en Shangai, informó el periódico. Además, la Trump Hotel Collection negoció emprender un proyecto en Pekín con la State Grid Coroportation, la quinta compañía de electricidad más grande de China, dijeron fuentes a la agencia AFP. Pero el proyecto fue luego abandonado.

El presidente Donald Trump ha pedido este martes al fiscal general William Barr, que investigue a Hunter Biden, el hijo del exvicepresidente y candidato a la Presidencia, Joe Biden, a tan solo dos semanas de las elecciones.

Trump, que ha matizado que «hay que conseguir que el fiscal general actúe», ha expresado que su deseo es que la información obtenida en el marco de la pesquisa sea difundida antes de los comicios.

En una entrevista con la cadena de televisión Fox News, el magnate neoyorquino ha citado informaciones del ‘New York Post’ sobre los negocios del hijo de Biden y ha instado a Barr a «actuar lo más rápido posible» y que nombre a alguien para ello.

«Se trata de un gran caso de corrupción y esto tiene que saberse  antes de las elecciones», ha manifestado Trump sin entrar en más detalles.

Sus palabras suponen un acto de presión sin precedentes sobre un miembro de su propio Gabinete para lograr la apertura de una investigación contra un miembro de la familia de su rival político.

Recordemos que los legisladores republicanos ya habían pedido a Barr que nombrara un fiscal especial para investigar las acusaciones que pesan contra Hunter Biden, según informaciones del diario ‘The Hill’.

Y es que lo reportado por el New York Post señalan que el hijo de Biden habría ayudado a gestionar una reunión entre un ejecutivo de la empresa gasística ucraniana Burisma y su padre cuando éste era el ‘número dos’ de Barack Obama.

Esta versión ha sido contrapuesta por la campaña de Biden, que ha asegurado que esa reunión no aparece en el calendario oficial del ex vicepresidente. Así, el FBI estaría investigando si el artículo, que cita diferentes correos electrónicos hallados en un portátil, está ligado con una operación de Inteligencia rusa.

El presidente estadounidense lamentó ayer durante un mitin que Barr no haya abierto aún una pesquisa contra Biden y ha sugerido que no lo ha hecho porque es un «hombre simpático y muy justo».

Foto: Twitter

Los micrófonos del presidente Donald Trump y de candidato demócrata Joe Biden serán apagados por dos minutos cada vez que le toque responder al otro para permitir que hablen sin interrupciones durante el debate del próximo jueves.

El debate de 90 minutos estará dividido en seis segmentos de 15 minutos cada uno, y en los que cada candidato cuenta con dos minutos para hacer declaraciones ininterrumpidas antes de entrar en un debate abierto. Durante la porción abierta no se silenciarán los micrófonos, pero las interrupciones de cada candidato se descontarán de su tiempo, en el que será el segundo y último debate presidencial de este año.

La Comisión de Debates Presidenciales, un organismo sin afiliación política, anunció los cambios este lunes, tres semanas después de un caótico primer enfrentamiento entre los aspirantes presidenciales que estuvo plagado de interrupciones, la mayoría de ellas por parte de Trump.

La comisión ha enfrentado presión de la campaña de Trump para mantener las reglas intactas, mientras que el equipo de Biden esperaba un debate más ordenado.

En un comunicado, la comisión señaló que «ha determinado que es apropiado implementar medidas con el objetivo de promover el cumplimiento de las reglas acordadas e inapropiado hacer cambios a esas reglas».

En tanto el presidente Donald Trump arremetió este lunes contra el doctor Anthony Fauci, contra la prensa y contra las encuestas que lo muestran detrás de Biden en estados cruciales.

Trump insistió en que confía en que ganará, mientras completaba un intenso programa de viajes a pesar de la pandemia. «Vamos a ganar», le dijo a su personal de campaña en una conferencia telefónica matutina desde Las Vegas. Y reconoció: «no les habría dicho eso tal vez hace dos o tres semanas», refiriéndose a los días en que estuvo hospitalizado con COVID-19.

En un intento de levantar el ánimo de su equipo, Trump arremetió contra los expertos científicos de su propio gobierno, a los que describió como demasiado pesimistas, aun cuando el manejo que Trump ha dado a una pandemia que ha matado a más de 220,000 estadounidenses sigue siendo un asunto central entre los votantes.

«La gente está cansada de escuchar a Fauci y a todos estos idiotas», manifestó Trump sobre el principal experto del gobierno en enfermedades infecciosas. «Cada vez que sale en televisión, siempre es una bomba. Pero la bomba es más grande si lo despides. Pero Fauci es un desastre».

En un mitin en Prescott, Arizona, Trump criticó a Biden por prometer seguir las recomendaciones de los expertos científicos, diciendo despectivamente que su rival «quiere escuchar al doctor Fauci».

En su mitin, Trump también incrementó sus ataques contra los medios noticiosos, destacando a Kristen Welker de NBC, la moderadora del próximo debate presidencial, y a CNN por cubrir arduamente una pandemia en la que decenas de miles de estadounidenses se están infectando a diario.

En una entrevista con «60 Minutes» de CBS transmitida el domingo, Fauci dijo que no le sorprende que Trump haya contraído el nuevo coronavirus después de acudir a eventos multitudinarios en donde pocos portaban mascarillas. Fauci también objetó que el equipo del presidente utilizara sus palabras en un anuncio de campaña.

La Corte Suprema de Estados Unidos decidió este lunes examinar la legalidad de dos temas emblemáticos de la política migratoria del presidente Donald Trump: la financiación de un muro fronterizo en el sur del país, y el programa «Quédate en México» para solicitantes de asilo.

El máximo tribunal estadounidense acordó que revisará ambos asuntos después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los altos jueces estudiarán si es legal el uso de fondos asignados al Pentágono por parte del gobierno republicano para financiar el levantamiento de la barrera en la frontera con México, una de las principales promesas de campaña de Trump en 2016.

Trump declaró una «emergencia nacional» en febrero de 2019 para recurrir al presupuesto militar después de que la oposición demócrata en el Congreso se negara a autorizar los montos necesarios para construir el muro.

A principios de ese año, el choque provocó el cierre parcial de la administración federal por 35 días, una duración récord.

Ahora, la Corte Suprema revisará la apelación del gobierno de Trump de un fallo de junio del Tribunal de apelaciones del Noveno Circuito en California, que consideró ilegal eludir el Congreso y transferir 2,500 millones de dólares asignados al Pentágono para levantar el muro.

La construcción continuó, sin embargo, porque en julio de 2019 la Corte Suprema había permitido que avanzara mientras se resolvía el litigio.

La Corte Suprema también accedió el lunes a examinar el programa conocido como «Quédate en México», por el cual el gobierno de Trump dispuso que los solicitantes de asilo llegados a la frontera sur del país debían esperar en nuestro país la resolución de sus casos.

Esta política, formalmente denominada Protocolos de Protección al Migrante (MPP), fue anunciada en diciembre de 2018 e implementada un mes después. Desde entonces, al menos unos 60,000 migrantes, la mayoría provenientes de Centroamérica y otros países latinoamericanos, fueron devueltos a México.

Los jueces de la Corte Suprema acordaron ahora revisar una decisión del mismo Tribunal de apelaciones del Noveno Circuito de California, que en febrero ratificó el fallo de un juez federal de suspender los MPP por considerarlos inconsistentes con la legislación estadounidense y con tratados internacionales.

La implementación del programa «Quédate en México» continuó sin embargo porque la Corte Suprema suspendió esa orden en espera de un examen de fondo de los argumentos.

La Corte Suprema escuchará los argumentos de ambos casos en 2021, con vistas a una decisión antes de finales de junio.

Sin embargo, el resultado de la elección presidencial podría cambiar las reglas del juego: si el demócrata Joe Biden es elegido, podría revisar las políticas de su predecesor y anular los procedimientos judiciales.

Trump ha hecho de la lucha contra la inmigración ilegal una de las marcas distintivas de su presidencia, pero casi todas sus medidas han sido impugnadas en los tribunales.

Lindsey Graham, un destacado senador republicano con estrechos vínculos con el presidente Donald Trump, dijo este jueves que el demócrata Joe Biden tiene «buenas oportunidades» de ganar La Casa Blanca en las elecciones del  próximo 3 de noviembre.

«Ustedes tienen buenas oportunidades de ganar la Casa Blanca», le dijo a sus colegas demócratas Graham, presidente del Comité Judicial del Senado, en la apertura de una audiencia de confirmación de la nominada a la Corte Suprema Amy Coney Barrett.

«Gracias por reconocer eso», respondió la senadora demócrata Amy Klobuchar, a lo que Graham agregó: «Sí, creo que es verdad».

Sin embargo, los comentarios de Graham no cambiaron las expectativas de que la conservadora Barrett logre fácilmente obtener la confirmación al máximo tribunal de Estados Unidos, dada la mayoría republicana de 53-47 en el Senado.

Los demócratas han buscado posponer la designación a la Corte Suprema para llenar la vacante tras la muerte el mes pasado de la liberal Ruth Bader Ginsburg, argumentando que la decisión debe ser tomada por quien gane las elecciones.

«Es una vergüenza», dijo Klobuchar, recordando que los republicanos se habían negado en 2016 a escuchar a un juez nominado para la Corte Suprema por el presidente Barack Obama, con el pretexto de que las elecciones eran demasiado reñidas.

«Millones y millones de personas están votando mientras discutimos», agregó la senadora demócrata, reclamando esperar el veredicto de las urnas.

Joe Biden aparece 9.2 puntos porcentuales por encima de Trump en el promedio de encuestas de la plataforma RealClearPolitics.

Graham, un tradicional senador de Carolina del Sur y figura del Partido Republicano, está viendo su vida política amenazada por el demócrata Jaime Harrison, quien rompió todos los récords de una carrera al Senado al recaudar 57 millones de dólares en el tercer trimestre.

Elegido a la Cámara de Representantes en 1994 y al Senado en 2002, Graham aparece cabeza a cabeza con Harrison en los sondeos.

Arturo Sarukhán

EL UNIVERSAL

 

El momento estelar del debate de hace una semana entre candidatos a la vicepresidencia de Estados Unidos ocurrió cuando una mosca decidió posarse durante un buen rato sobre el peinado del vicepresidente Mike Pence. Pero más allá de la viñeta viral y los memes que detonó en redes sociales, el díptero es quizá una metáfora de lo que le ha ocurrido al Partido Republicano desde que Donald Trump se erigió en el candidato de su partido para la elección presidencial de 2016. Encarna un momento premonitorio de la putrefacción que se ha expandido al interior de uno de los dos partidos políticos estadounidenses centenarios, uno que fue -más allá de que coincidiéramos o no con sus principios y premisas, y yo ciertamente no soy uno de ellos- un referente para muchas otras organizaciones partidistas alrededor del mundo durante buena parte del siglo XX.

Y es que el partido de Lincoln y Reagan, los dos grandes íconos del partido que sus militantes sacan a relucir a la más mínima provocación, y hasta de George HW Bush – a quien le tocó pastorear el tránsito del sistema internacional a través de las aguas turbulentas del fin de la Guerra Fría, la disolución de la Unión Soviética y la reunificación alemana- no existe más. Un partido básicamente responsable de centro derecha, con posiciones conservadoras -más generalmente no extremas- en temas sociales, de política económica y fiscal y de política exterior y defensa nacional, a favor de la migración y de una nación inserta en y liderando el andamiaje internacional, es hoy un partido del agravio blanco. En él pululan -con honrosas pero contadas excepciones- una colección talibana y tóxica de nativistas, xenófobos, racistas, supremacistas blancos, misóginos, agitadores y generadores de las más descabelladas teorías de conspiración, adalides de los hechos alternativos, aislacionistas provincianos y luditas anti-ciencia. El operativo desarticulado la semana pasada que pretendía secuestrar a la gobernadora Demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, por parte de grupos de milicias de extrema derecha, intoxicados con los llamados de su presidente a confrontar a funcionarios electos que ante la pandemia han impuesto medidas de distanciamiento físico y cierre de la economía, es un botón de muestra de los demonios que el mercachifle de carnaval convertido en presidente ha alimentado, soltado y validado. Este ciertamente no es el GOP con el cual interactué en el Congreso y Ejecutivo y en alcaldías y gubernaturas a lo largo y ancho del país, durante más de 20 años de carrera diplomática como funcionario de la cancillería mexicana y Cónsul General en Nueva York y Embajador ante la Casa Blanca.

Ante la dinamitada que ha hecho Trump de los principios y preceptos más básicos de la investidura presidencial, del discurso público y las normas políticas estadounidenses y del uso faccioso, cleptocrático y nepotista del poder, el GOP ha perdido su columna vertebral y su sentido de norte. Su sicofancia deplorable, exhibida a lo largo de estos casi cuatro años, parece ya norcoreana. Vaya, por primera vez en la historia del partido, los Republicanos llegaron a su convención nacional este agosto pasado sin un manifiesto político y una plataforma de políticas públicas: la plataforma hoy es el Gran Líder y lo que diga el Gran Líder.

La metamorfosis del GOP ciertamente no empezó con Trump, pero la descomposición sin lugar a duda ha hecho metástasis con él. Después de que la campaña presidencial fallida de Barry Goldwater en 1964 -articulada en torno a su oposición al Acta de Derechos Civiles aprobada el año anterior- ganó solo los estados sureños en el Colegio Electoral y recibió un mínimo histórico del 7 por ciento del voto afroamericano, el Partido Republicano enfrentó una disyuntiva básica: hacer lo necesario para atraer a más votantes no blancos o construir un partido para ganar con votantes blancos. Eligió lo último y, cuando logró ejecutarla exitosamente, una estrategia basada en criterios de raza fue la base de muchas de las victorias más importantes del GOP, desde Nixon hasta Trump. Pero el escoramiento a la derecha empezó con Newt Gingrich y su ‘Contrato con América’ de 1994 durante la Administración Clinton, cobró fuerza -ya con tintes racistas- con el surgimiento del Tea Party y el financiamiento de empresarios conservadores como los hermanos Koch durante la gestión del presidente Barack Obama, y ahora con el Freedom Caucus, aún más extremo, ha dado paso a legisladores y candidatos vinculados al movimiento QAnon, una madriguera de complots y mamarrachadas rocambolescas surgidas en redes sociales -como el infame “Pizzagate” y la dizque pedofilia de Demócratas o el Estado profundo que atenta contra Trump- que ahora amenaza con hacerse de lo que queda del GOP, y que el propio FBI ha identificado como una organización que tiene todas las características para convertirse en una amenaza de terrorismo doméstico.

Como se lo subrayé a muchos amigos Republicanos en Washington en las postrimerías de la elección presidencial de 2016, ¿cómo es posible que uno de los dos partidos estadounidenses parece haber olvidado las lecciones que nos dejó la historia reciente del mundo acerca de lo que ocurre cuando un demagogo chovinista y xenófobo es electo al poder vía las urnas? Una nación que hace 244 años declaró que “todos los hombres son creados iguales” tiene hoy a un presidente en la Oficina Oval que es descrito por la mayoría de los estadounidenses como un racista. En el GOP no parecen haberse enterado.

Lo que suceda con el Partido Republicano yendo hacia adelante dependerá de lo que ocurra este 3 de noviembre y en las horas y días subsecuentes, sobre todo si Trump intenta reventar la jornada electoral. El GOP podría sobrevivir y recuperar un mínimo de su esencia y cordura si Trump es derrotado. Ello explica por qué cientos de ex funcionarios y políticos Republicanos -de la talla de Bob Zoellick, Carla Hills, Colin Powell, John Kasich, Bill Cohen, Christine Whitman, Michael Hayden o Cindy McCain, la viuda del senador McCain, por mencionar algunos- han declarado su apoyo a Biden y su intención de votar por él en menos de tres semanas. Motiva también a una de las campañas más eficaces de crítica y troleo a Trump en redes sociales desde hace casi un año, el Project Lincoln, conformado por ex estrategas electorales Republicanos. Pero hay que decirlo con todas sus letras: pensar que Trump es la enfermedad y no un síntoma sería un error. La reconstrucción del GOP, en caso de perder Trump, será una tarea ardua, pero necesaria para la salud democrática de Estados Unidos. Pero si Trump se reelige, las moscas, como plaga de Egipto, no solo descenderán sobre el cadáver del GOP; serán la señal de que algo más que un partido político está pudriéndose en el país.

@Arturo_Sarukhan

 

Columna completa en El Universal

La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, dio a conocer este miércoles que su hijo, Barron Trump de 14 años, también contrajo COVID-19,  como ella y su esposo el presidente Donald Trump.

«Fue hace dos semanas cuando recibí el diagnóstico que tantos estadounidenses en nuestro país y el mundo ya habían recibido: di positivo por COVID-19. Para empeorar las cosas, mi esposo y el comandante en Jefe de nuestra nación recibieron la misma noticia».

En un escrito publicado en la web de La Casa Blanca, la primera dama refirió que Barron «no tuvo síntomas» de la enfermedad y que el joven y ella ya dan negativo en las pruebas diagnósticas de la enfermedad que se les han realizado tras contraerla.

«Naturalmente, mi pensamiento se fue inmediatamente hacia nuestro hijo», relata Melania, quien indicó que en su caso, los síntomas fueron «mínimos» hasta que le «golpearon de  repente y parecía una montaña rusa de síntomas durante los días siguientes».

Así, confirmó que sufrió dolores corporales, tos, dolores de cabeza y un cansancio extremo.

En cuanto al tratamiento que siguió para recuperarse de la enfermedad, la primera dama indicó que eligió «una ruta más natural», optando por «vitaminas y alimentos saludables». Trump, por su parte, se sometió a una terapia experimental que ha defendido en múltiples ocasiones como una «cura», que espera que se aplique a todos los estadounidenses.

Sin embargo, relató que pasados los días y ante la preocupación que cualquier madre sentiría, su hijo fue sometido a una nueva prueba a la que dio positivo.

Melania Trump ha reconocido que los profesionales sanitarios que atendieron a la familia fueron «maravillosos», agradeciendo al equipo médico y a la «discreción profesional» del médico de La Casa Blanca, Sean Conley y su equipo.

«Como paciente y persona beneficiada de un gran apoyo médico, estoy  mucho más agradecida y asombrada por los cuidadores y los profesionales de primera línea en todas partes», reiteró.

El texto publicado fue titulado: «Mi experiencia con el Covid-19», y llega dos semanas después de haber resultado positiva en la prueba del virus.

Foto: Twitter

El presidente Donald Trump participará en un evento televisado este jueves, día en el que debería haberse celebrado el segundo debate presidencial junto al candidato demócrata Joe Biden, quien también tendrá una participación, en el mismo horario, en otro programa de televisión.

Ambos eventos tendrán lugar a las 20:00 horas. La cadena NBC News recibirá al inquilino de La Casa Blanca, mientras que la cadena ABC News lo hará con el candidato demócrata.

NBC News ha explicado que las pruebas diagnósticas de COVID-19 muestran que Trump ya no puede contagiar. Según un comunicado enviado a la cadena por el director de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), Clifford Lane, los test realizados al mandatario indican «con un alto grado de confianza» que «no propaga» el virus.

La presentadora Savannah Guthrie moderará el evento, de una hora de duración y el cual se celebrará a las afueras del Museo de Arte Pérez, en Miami, en el que también participará un grupo de votantes de Florida. La moderadora y el candidato republicano estarán separados por más de 3.6 metros de distancia.

De la participación de Biden no se han revelado mayores detalles.

Recordemos que Trump rechazó participar en el segundo debate, debido a la  decisión de la Comisión de Debates Presidenciales de cambiar el formato tras su contagio por COVID-19. La propuesta era que se realizara de manera virtual por cuestiones de seguridad.

Aún queda un tercer debate entre ambos, el 22 de octubre, pero no está totalmente confirmado que se vaya a celebrar ni en qué formato.

El primer debate, el 29 de septiembre en Cleveland, Ohio, se caracterizó por las continuas interrupciones y la imposibilidad de abordar en profundidad cuestiones de interés para los votantes.

El 51% de los empresarios mexicanos cree que la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos es más conveniente para México que una posible victoria de Joe Biden, al que apoyaron el 33% de los consultados, según una encuesta publicada este martes por la empresa Vestiga Consultores.

Sin embargo, el 60% de los 891 accionistas y directores generales participantes en el estudio consideraron que Biden tiene la probabilidad más alta de vencer en los comicios del próximo 3 de noviembre, por un 35% que otorga más posibilidades a Trump.

El socio director de Vestiga, Sergio Díaz, consideró que este apoyo mayoritario a Trump parece un cambio “virtualmente dramático con respecto a la atmósfera de incertidumbre, amenaza y confrontación que prevaleció hacia México por parte del entonces candidato y después presidente electo Donald Trump en el proceso de 2016″.

Díaz destacó como motores de este cambio la «renegociación exitosa» del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que Trump no ha «afectado económica o políticamente a México» y su relación «muy positiva» con el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Esos factores han podido influir también en la consideración mayoritaria (53%) entre los empresarios de que una reelección de Trump convendría más a sus intereses de negocio, una preferencia que llega al 69% en las empresas del sector exportador y en los estados fronterizos el 72% de los encuestados compartieron esa percepción.

Solo el 31% de los empresarios consultados consideraron que una victoria de Joe Biden favorecería a sus intereses de negocio; 13% no manifestaron una preferencia.

La encuesta de Vestiga Consultores se realizó en 891 empresas de México pequeñas, medianas y grandes de todos los sectores por vía telefónica entre los días 23 de septiembre y 9 de octubre.

La jueza ultraconservadora Amy Coney Barrett, nominada por el presidente Donald Trump para la Corte Suprema de Estados Unidos, compareció ante el Senado, donde fue cuestionada principalmente por los legisladores demócratas.

Y aunque se contuvo y no mostró muestras de exaltación, analistas refieren que no ofreció ningún indicio de cómo fallaría en caso de llegar a la Corte en casos importantes como el aborto o el futuro del Obamacare.

«Los jueces no pueden levantarse un día y decir: tengo una agenda, me gustan las armas, odio las armas; me gusta el aborto, odio el aborto. Y simplemente andar por ahí como una reina e imponer su voluntad al mundo», dijo con cierta ironía Barrett durante el segundo día de audiencias en el comité judicial del Senado.

Barrett, católica, de 48 años y madre de siete hijos, usó frases similares para evadir las preguntas de los demócratas; aseguró una y otra vez que ella no tiene ninguna agenda política y que su objetivo es apegarse a la Constitución para decidir cada caso por separado.

Además, enfatizó que «no se ha comprometido» con la Casa Blanca a fallar de ninguna forma en polémicos casos, como el de la reforma sanitaria del expresidente Barack Obama (2009-2017) que evaluará la Corte en las próximas semanas.

Ante sus respuestas, los senadores demócratas, que están en minoría en el Senado y saben que no pueden frenar la confirmación de la jueza, están usando las audiencias para recordar a los estadounidenses lo que está en juego en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

Los demócratas se están esforzando en retratar a Barrett como una jueza extremadamente conservadora y muchos pusieron hoy el foco en el derecho al aborto.

La senadora Dianne Feinstein, de 87 años y que durante su vida ha roto varias barreras de género, preguntó repetidamente a Barrett sobre sus ideas acerca del caso «Roe v. Wade», que legalizó el aborto en 1973 y le recordó lo que ocurría cuando ese procedimiento era ilegal en Estados Unidos.

«Como una estudiante universitaria en la década de 1950, vi lo que le pasaba a aquellas mujeres jóvenes que quedaban embarazadas en un momento en el que el aborto no era legal en este país. Yo fui a (la universidad de) Stanford y vi los viajes a México, vi cómo mujeres muy jóvenes intentaban hacerse daño. Eso es realmente preocupante», manifestó Feinstein.

Barret rechazó expresar su visión acerca del caso y dijo que no dará «un pulgar hacia arriba o hacia abajo» para respaldar o rechazar ningún asunto, incluido el aborto.

En varias ocasiones, la magistrada insistió en que será perfectamente capaz de separar sus decisiones judiciales de su religión.

«Tengo una vida repleta de personas que han tomado decisiones diferentes, y nunca he intentado, en mi vida personal, imponerles mis decisiones. Lo mismo ocurre en mi ámbito profesional», aseveró Barrett.

Durante las audiencias para confirmarla como jueza de la Suprema Corte, Barrett tuvo que enfrentarse a numerosas preguntas sobre sus creencias y su pertenencia al grupo religioso People of Praise.

Ese grupo tiene menos de 2,000 miembros y sus miembros creen en «profecías y curaciones divinas», según el diario The New York Times.

Hoy, Barrett dijo a los senadores que, cuando aceptó la nominación de Trump para el Supremo, sabía que su fe sería «caricaturizada» y su familia sufriría ataques; pero decidió seguir adelante porque quiere «servir a su país”.

Al respecto, los republicanos han acusado repetidamente a los demócratas de atacar la fe de Barrett, aunque en realidad ninguno ha aludido a sus creencias religiosas.

El objetivo de los republicanos es desacreditar a los demócratas y retratarles como un grupo de radicales, al mismo tiempo que buscan presentar a Barrett como una jueza extremadamente calificada.

En un momento de la audiencia, el senador John Cornyn, republicano por Texas, le pidió a la magistrada que sostuviera su libreta a la vista de todos con el objetivo de mostrar que estaba en blanco y que estaba hablando de memoria, haciendo referencia a casos legales sin ningún tipo de ayuda.

Los republicanos quieren confirmar a Barrett en el pleno del Senado el 22 de octubre, por lo que en caso de avanzar estaría en funciones antes de las elecciones del 3 de noviembre.

Tras estar inactivo diez días por su contagio de Covid-19, el presidente Donald Trump retomó sus actos de campaña este lunes en Florida asegurando que está en «plena forma».

«Lo tuve y ahora dicen que estoy inmunizado», dijo el mandatario estadounidense de 74 años ante una multitud de miles de seguidores, de los que pocos llevaban tapabocas. «¡Me siento poderoso!»

«Voy a caminar en esta multitud (…) besaré a todo el mundo, besaré a los hombres y las magníficas mujeres», añadió entre risas.

El equipo médico de Trump anunció que había dado negativo a Covid-19 y que no era contagioso poco antes de su viaje a Florida, el primero de cuatro estados claves que planea visitar esta semana para intentar reducir la ventaja de Biden en los sondeos, en la recta final hacia las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 3 de noviembre.

Trump abordó los temas habituales de su campaña: la «tramposa» Hillary Clinton y la prensa «corrupta», y las advertencias alarmistas contra la «izquierda radical» y la «pesadilla socialista». También se lanzó contra su rival, al que insistió en llamar «Joe, el Dormilón», asegurando que no atrae a «casi nadie» en sus actos.

El presidente desestimó las encuestas; recordó que hace cuatro años las encuestas decían  que iba a perder Florida. «¡En 22 días vamos a ganar este estado y a ganar cuatro años más en la Casa Blanca!».

La actitud desafiante del mandatario estaba presente antes de salir de Washington. A su salida de la base militar Andrews, cerca de la capital, el presidente estadounidense no portaba mascarilla, a diferencia de los agentes del Servicio Secretos encargados de su seguridad.

La cuestión de la inmunidad al Covid-19 aún no está clara, ya que los expertos desconocen con precisión su duración o el nivel de protección que ofrecen los anticuerpos. Según un estudio divulgado este martes en la revista médica The Lancet Infectious Diseases, un estadounidense se infectó dos veces de covid-19 en un mes y medio de intervalo y la segunda infección fue más grave que la primera, el quinto caso de reinfección registrado hasta ahora en el mundo.

Además de Florida, Trump irá esta semana también a Pensilvania, Iowa y Carolina del Norte para intentar recortar distancia con Biden, que lleva una ventaja de dos dígitos en el promedio nacional de encuestas, según el sitio RealClearPolitics.

El mandatario ganó esos cuatro estados en 2016, pero marcha detrás de Biden en los cuatro este año, según un promedio del mismo sitio.

El demócrata lo aventaja por un margen escueto en Iowa y Carolina del Norte, pero lidera por ventajas más sustanciales en Florida y Pensilvania, con 3.7 puntos porcentuales y 7.1, respectivamente.

Más de 10 millones de estadounidenses, un récord, ya han votado para las elecciones del 3 de noviembre, por correo o por voto anticipado, según un conteo difundido ayer.

El presidente Donald Trump retoma este lunes sus actos de campaña fuera de La Casa Blanca, luego de haber contraído COVID-19. Su primer evento tendrá lugar en Sanford, Florida.

«Nos vemos en Sanford, Florida, esta noche para un gran mitin», escribió esta mañana el mandatario en su cuenta oficial de Twitter, y tras declarar a la cadena Fox el domingo de que es «inmune» al coronavirus; Trump ha venido insistiendo en que está «en muy buena forma para pelear las batallas».

El mensaje del mandatario llega tras el informe que emitió el fin de semana su médico en La Casa Blanca, Sean Conley, en el que indicó que el republicano «ya no se considera un riesgo de transmisión para otros», aunque no respondió a la pregunta de cuando fue la última prueba de coronavirus en la que el presidente dio negativo.

El mitin de Trump en Florida lo celebra una semana después de abandonar el hospital militar Walter Reed y tras un primer acto público con simpatizantes efectuado el sábado en un balcón de La Casa Blanca luego de contraer la enfermedad.

El evento en Sanford ha motivado críticas hacia el presidente, por el peligro de que aun pueda ser un agente de contagio, y hasta una demanda judicial con miras a su cancelación interpuesta por el abogado Daniel Uhlfelder, debido a que el acto «es una molestia».

Al respecto, el candidato demócrata, Joe Biden, señaló este lunes que el mitin de Trump en Florida llevará solo «una conducta imprudente, una retórica divisiva y más miedo».

«No trae un plan para controlar este virus que ha matado a más de 15.000 floridanos, no trae un plan para proteger el cuidado médico de los floridanos de los ataques de su administración en contra de la Ley de Cuidado de Salud Asequible» (Obamacare), agregó en una declaración el exvicepresidente.

Además del mitin en Florida, el presidente tiene previsto esta semana otros actos de campaña en los estados de Pennsylvania y Iowa.

De acuerdo a un sondeo difundido el domingo por la cadena ABC News y el diario The Washington Post, Biden aventaja por 12 puntos a Trump en la intención de voto popular, mientras que según el promedio de encuestas que realiza RealClear Politics, el demócrata lleva una ventaja de 10.6 puntos porcentuales.

Recordemos que Florida otorga 29 votos en el Colegio Electoral, donde se requiere un mínimo de 270 para ganar la elección; un reciente sondeo de la Universidad de Quinnipiac colocó a Biden delante del presidente con 11 puntos de diferencia, mientras que el promedio de RealClear Politics refleja una ventaja de 3.7% a favor del demócrata.

Este lunes, la oficina de campaña del presidente Trump ha lanzado en Florida un anuncio publicitario en español en el que vuelve a vincular a la candidatura de la fórmula Biden y la aspirante a vicepresidenta Kamala Harris con el «Castrochavismo», y en el que se señala que el exvicepresidente «le dio la espalda a los venezolanos».

El presidente Donald Trump se preparaba para volver a la campaña electoral al tener la intención de realizar un par de mítines este fin de semana, después de que fue diagnóstico de COVID-19.

Contraer el virus lo dejó una semana al margen de la carrera electoral por La Casa Blanca contra el demócrata Joe Biden.

Trump, quien hace una semana anunció que tenía COVID-19 y pasó tres noches en un hospital militar recibiendo tratamiento, dijo que se sentía «realmente bien» y que, con la bendición de sus médicos, iba a hacer campaña en Florida el sábado y en Pensilvania el domingo.

Un regreso a los eventos con público buscaría convencer a los votantes de que está lo suficientemente sano como para hacer campaña y gobernar.

Si bien Trump ha publicado varios videos en Twitter, no ha aparecido en público desde que regresó el lunes a La Casa Blanca.

Trump tiene programada una entrevista televisiva con Fox News esta noche, la primera desde que fue diagnosticado; su equipo informó a la cadena de televisión que probablemente le harían una nueva prueba este mismo día.

La Casa Blanca se ha negado a decir cuándo fue la última vez que dio negativo para la enfermedad.

De acuerdo a las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), las personas que están gravemente enfermas con COVID-19 podrían necesitar quedarse en casa hasta 20 días después de que aparezcan los primeros síntomas.

Pese al entusiasmo de Trump, sus asesores dijeron que el corto plazo de aviso dificultaba la organización de los eventos. La portavoz de la Casa Blanca Kayleigh McEnany dijo que el presidente estaba trabajando duro y listo para salir en cuanto obtenga la aprobación de su médico. «Quiere hablar con el pueblo americano, y quiere estar ahí fuera», dijo a Fox News.

En contraste, Joe Biden, aspirante demócrata a la Casa Blanca ha seguido haciendo campaña y este viernes visia Las Vegas, Nevada.

El exvicepresidente, quien ha criticado duramente el manejo de la pandemia por parte de Trump, supera al republicano en las encuestas, aunque esa ventaja es menor en algunos de los estados que pueden determinar el resultado de las elecciones, los llamados estados visagra.

El médico de La Casa Blanca, Sean Conley, dijo en un documento publicado ayer que Trump había completado su tratamiento para el COVID-19, se mantuvo estable desde que abandonó el hospital y podría reanudar los compromisos públicos el sábado.

Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, tiene el apoyo del 63% de los posibles votantes latinos, comparado con un 29% que se inclina por la reelección del presidente Donald Trump, según una encuesta publicada este viernes por el Pew Research Center.

En la encuesta, realizada entre el 30 de septiembre y el 5 de octubre, Biden obtiene una ventaja general de diez puntos sobre Trump, con un 52% de la intención de voto, contra un 42% del mandatario.

Trump aparece con ventaja sobre Biden tan sólo entre los votantes blancos, de los cuales el 51% se inclina por reelegirlo, comparado con un 44% que parece dispuesto a votar por el candidato demócrata.

Las ventajas que Biden muestra son aún más pronunciadas entre los posibles votantes afroamericanos, con un 89%, y los de origen asiático con un 75%.

Entre todos los posibles votantes, la encuesta de Pew encontró que sólo entre los blancos Trump evoca sentimientos de simpatía (45%) mientras que un 39% de este grupo no tiene mucho afecto por el presidente. Los grados de antipatía aumentan al 72% entre los afroamericanos (vs 12%), el 55% entre los asiáticos (vs 24%) y el 54% entre los posibles votantes hispanos (vs 32%).

Entre los encuestados que expresaron su preferencia por Biden, el 72% indicó que está «extremadamente» motivado para votar, un sentimiento que comparte el 71% de los posibles votantes de Trump.

Pero ese entusiasmo, que comparten el 79% de los simpatizantes del aspirante demócrata y el 74% de los votantes del republicano, cae al 67% de los afroamericanos y el 57% de los posibles votantes latinos.

El Pew señala que la encuesta se realizó en inglés y español entre 11.929 adultos, incluidos 10.543 votantes registrados, y su margen de error es de 1,5 puntos.