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Un grupo de congresistas demócratas de Estados Unidos pidieron este jueves al gobierno del presidente Joe Biden que revise parte de la ayuda en materia de seguridad que da a México, al considerar que la militarización en nuestro país ha resultado en abusos de derechos humanos sin conseguir debilitar a los cárteles de la droga.

En una carta dirigida al secretario de Estado, Antony Blinken, los 19 legisladores expresaron su preocupación por el uso del Ejército para tareas de orden doméstico en México y por las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO9 «atacando a defensores de derechos humanos y periodistas».

«El empeoramiento de la situación de seguridad debería hacer que nos replanteemos ciertos aspectos de la asistencia de seguridad de Estados Unidos a México», indica la carta, firmada entre otros por los congresistas con raíces mexicanas Joaquín Castro, Raúl Grijalva, Jesús “Chuy” García, Grace Napolitano y Juan Vargas.

Los legisladores argumentaron que el enfoque excesivo en arrestar a los capos de los cárteles, promovido en ocasiones por Estados Unidos, no ha reducido de forma efectiva la violencia, sino que podría haber favorecido una mayor escisión de esos grupos, «haciendo que sea más difícil detenerlos».

Además, señalan que el aumento del despliegue de las fuerzas armadas para combatir el crimen ha resultado previsiblemente en graves violaciones de derechos humanos y ha fracasado a la hora de debilitar a los cárteles de la droga o reducir el crimen.

“Observamos con preocupación que, de momento, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha profundizado la participación del Ejército en la vigilancia a nivel nacional, al tiempo que desplegaba a su nueva Guardia Nacional (…) para labores relacionadas con la inmigración y otras funciones de seguridad doméstica”, señalan los legisladores.

Por eso, pidieron a Blinken que identifique «formas de alentar» al gobierno de México a «cumplir su compromiso de retirar a los militares de las labores policiales para 2024», además de hacer frente a los niveles casi totales de impunidad por los niveles récord de violencia de los últimos dos años en nuestro país.

Los congresistas confiaron en que el gobierno de Biden sitúe los derechos humanos en «el corazón de la política hacia México», y que apoye las investigaciones sobre desapariciones forzadas en nuestro país, para «castigar a los responsables y prevenir la repetición de esos crímenes».

El autor principal de la carta es el legislador Alan Lowenthal, que representa a California; y también suscribieron la misiva los congresistas Albio Sires, David Cicilline, Steve Cohen, Jim Costa, Adriano Espaillat, Jared Huffman, Hank Johnson Jr., James McGovern, Seth Moulton, Eleanor Holmes Norton, Ilhan Omar, Mark Pocan y Norma Torres.

La Administración del presidente estadounidense, Joe Biden, planea convertir los centros de detención de inmigrantes en el sur de Texas en lugares para procesar rápidamente a familias migrantes que hayan cruzado de forma irregular la frontera y liberarlas en las siguientes 72 horas.

Según dio a conocer el diario The Washington Post, que tuvo acceso a borradores de los planes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el gobierno de Biden se está preparando para atender a migrantes que crucen indocumentados la frontera desde México, situación que distintos sectores temen pueda aumentar en los próximos meses.

El Post cita un correo electrónico enviado por Russell Hott, alto funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en el que notifica al personal sobre el plan de procesamiento rápido y advierte que para este año se espera que la llegada de menores inmigrantes no acompañados y familias alcance «las cifras más altas observadas en más de 20 años».

Consultada sobre la llegada de niños inmigrantes, la portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, admitió que hay una gran cantidad de menores no acompañados que cruzan la frontera.

«Creemos que el enfoque humano es tratar a estos niños con humanidad y garantizar que tengan un lugar seguro donde estar», agregó la portavoz, que se abstuvo de confirmar el porcentaje de ocupación de los espacios destinados para albergar a estos pequeños.

Recordemos que en 2019, durante la administración de Donald Trump, un total de 851,508 inmigrantes fueron detenidos por las autoridades estadounidenses después de que cruzaran la frontera de forma irregular, entre ellos 76,020 menores de edad. Mayo de ese año marcó un récord de detenciones, con 132,856 casos.

Esta situación llevó a Trump a declarar una emergencia en la frontera y a implementar una serie de medidas como la separación de familias y la devolución de los solicitantes de asilo a México que, combinadas con el denominado «Título 42», una disposición emitida como parte de la respuesta de su gobierno a la pandemia de la Covid-19, lograron frenar el flujo de migrantes.

El diario estadounidense detalló que en el correo Hott advirtió que si los funcionarios fronterizos continúan acogiendo a más de 500 familias al día y que el plan de usar los centros de detención para el procesamiento de estas personas «puede no ser suficiente». Añadió que las personas que no puedan ser llevadas a los centros de procesamiento rápido podrían ser trasladadas a hoteles en McAllen y El Paso, en Texas, así como Phoenix (Arizona).

El Post también reveló igualmente que el Gobierno de Biden quiere utilizar la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) en el sur de Texas para ayudar a hacer frente a la creciente entrada de niños y adolescentes inmigrantes.

Arturo Sarukhán

EL UNIVERSAL

 

 

“Las naranjas se acomodan solitas”, solía sentenciar el embajador Jesús Silva-Herzog -con quien colaboré en la embajada mexicana en Estados Unidos en los años noventa- cuando se nos presentaba un reto complejo en los procesos de toma de decisiones del gobierno mexicano con respecto a la agenda bilateral. Y de alguna manera, las naranjas efectivamente se han venido reacomodando en las últimas semanas, por lo menos del lado estadounidense, con el arranque de la gestión de Joe Biden, el retorno a un manejo normal de la relación bilateral con México por parte de Washington y la primera reunión entre los mandatarios de ambas naciones este lunes. Como escribí hace poco en esta página de Opinión acerca del potencial y bienvenido relanzamiento de la relación que se abre con la Administración Biden, lo que no está claro aún es si el presidente mexicano aprovechará o no ese reacomodo para recalibrar sus posiciones y decisiones de política pública que impactan a la relación con EE.UU. Por el momento, los signos al respecto son aún contradictorios y, en algunos casos puntuales, parecen ir a contracorriente.

Los acontecimientos de esta última semana -y sobre todo su secuenciación en Washington- iluminan de manera nítida este dilema. Primero, Biden sostuvo su primer encuentro con otro mandatario al reunirse virtualmente con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. En la conversación figuraron de manera prominente los temas de cambio climático, la economía verde, las energías renovables y la eficiencia energética y la manera en la cual EE.UU y Canadá podrían generar sinergias en esos temas en foros multilaterales como el G20; los esfuerzos de mitigación y control de la pandemia y de vacunación; y la reactivación económica y la competitividad -y los retos comerciales y tecnológicos- con China. Y ambos líderes hablaron de la necesidad de reactivar la Cumbre Norteamericana, la cual no se celebra desde 2016, para abordar todos estos temas desde una perspectiva regional. Acto seguido, Biden firmó un decreto presidencial instruyendo que se efectúe un estudio acerca de las oportunidades y retos para EE.UU en sus cadenas de suministro, sobre todo con respecto a insumos como superconductores, baterías eléctricas o dispositivos médicos, y sectores esenciales y estratégicos como el farmacéutico y de salud pública, defensa, tecnología de la información, transporte, energía y producción de alimentos. Cuarenta y ocho horas después, el secretario de Estado Antony Blinken daba la vuelta de tuerca de este proceso a través de sendas reuniones virtuales con ministros del gabinete canadiense y los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía de México, y precedido esa mañana por declaraciones de Katherine Tai, la nominada para ocupar la Oficina de Representante Comercial de EE.UU (durante su primera comparecencia de ratificación al cargo en el Senado) y de la subsecretaria adjunta interina para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, en las cuales ambas dejaban patente, de manera pulcra y respetuosa pero a la vez meridianamente clara, que la nueva administración estará vigilando el cumplimiento cabal de los compromisos de México al amparo del TMEC en los temas laboral, ambiental y energético. Y finalmente, ese mismo día la Casa Blanca cuadraba el círculo -en ese retorno a la normalidad diplomática estadounidense contemporánea con las primeras interacciones de forma y fondo de un nuevo mandatario estadounidense al norte y sur con los dos socios y vecinos norteamericanos- anunciando la primera reunión bilateral con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero no se requiere ser Henry Kissinger para entender lo que todo esto implica para la relación con EE.UU ni tampoco tener clarividencia para percatarse de por qué el paradigma de nacionalismo y soberanía del cual abreva López Obrador y con el cual encara al mundo en general y a nuestro socio comercial en particular (tal y como quedó demostrado cuando respondió en su conferencia de prensa a las aseveraciones estadounidenses sobre la Ley de la Industria Eléctrica) chocará, tarde o temprano, con la manera en la cual la relación bilateral con EE.UU se ha transformado en las últimas dos décadas y media.

El presidente mexicano persiste en no querer entender que esa división a rajatabla que él concibe entre los temas de política interna y los de política exterior con EE.UU no existe. Desde hace dos décadas y media la profunda transformación de la relación bilateral -y nuestra interdependencia económica, social y estratégica- ha borrado la línea divisoria entre lo interno y lo bilateral. Los temas de política interna y los de política exterior ya no existen en compartimentos estanco separados; están entreverados y son verdaderamente ‘intermésticos’, este termino con el cual empecé a describir la relación durante mi gestión como embajador: los temas de política interna son bilaterales, y viceversa. Pretender lo contrario es no solo querer tapar el sol con un dedo; conlleva problemas de fondo en el manejo de la relación y uno que otro lance de incongruencia. Si efectivamente, como postula López Obrador, los temas de política doméstica son asuntos internos, ¿en qué tesitura se coloca cuando, por ejemplo, él o su gobierno hablan, como ya lo han hecho en días pasados,  sobre medidas en Estados Unidos para impedir el trasiego de armas hacia el sur, sobre un nuevo acuerdo de trabajadores temporales o las implicaciones que conlleva la iniciativa de reforma migratoria presentada por Biden en el Congreso la semana pasada y que afectará el bienestar de cinco millones de mexicanos indocumentados en ese país? Estos son temas que al amparo de la segunda enmienda constitucional o de las leyes migratorias de ese país, configuran sin duda algunos de los temas de política interna estadounidenses más polarizantes y de trato más endiablado.

Con la secuencia de acciones diplomáticas de la última semana y media, la Administración Biden ha puesto en marcha el camión de la relación bilateral con México y del encuadre que ésta tiene con el contexto regional y global más amplio. La reactivación del Diálogo Económico de Alto Nivel entre los dos países acordada en la reunión virtual entre los dos mandatarios el lunes -y un retorno a privilegiar la re-institucionalización de la relación vía mecanismos del andamiaje bilateral- es un primer paso en la dirección correcta. Pero una vez que las naranjas se empiecen a reacomodar en la zona de carga del camión como resultado de este movimiento, cómo acabe respondiendo a ello el Presidente López Obrador determinará en gran medida el rumbo y tono muscular de la relación más importante para México en el mundo  durante los próximos cuatro años.

Sin libertad de expresión, no hay democracia.

Mi solidaridad con los medios y colegas que

han sido agredidos desde Palacio Nacional

por el simple hecho de ejercerla.

Dejemos la censura e intimidación

en el pasado.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador quiere, como dice el dicho anglosajón, tener su pastel y comérselo también. Y esto, evidentemente no se puede. O tienes el pastel o te lo comes. O quieres ser parte de Norteamérica y todo lo que implica haber firmado el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, o puedes optar por el discurso de la autosuficiencia y el nacionalismo.

Quizás en ese intento de tener y comer el pastel es que en la primera reunión que sostuvieron AMLO y Biden, en formato virtual, no se tocaron los temas delicados de la relación bilateral. No se habló de seguridad, ni de vacunas. Tampoco de la cancelación de inversiones a empresas estadounidenses. Aunque se habló de cambio climático y el presidente presumió que Biden lo invitó a participar en la cumbre que sostendrá EUA en abril sobre el tema, nada se dijo sobre la intención de López Obrador de que el país recurra a energías sucias y caras para la generación de energía eléctrica.

Un tema que López Obrador había dicho que quería tocar con Biden era el de las vacunas. Ahí está la acusación de acaparamiento que AMLO ha hecho a los países desarrollados en general y a EUA en particular. Lo que no toma en cuenta el presidente de México es que EUA invirtió más de 12 mil millones de dólares en un programa que llamó ‘Warp Speed’ para lograr vacunas que hoy permiten a Biden presumir que para mayo van a tener suficientes dosis para vacunar a todos los estadounidenses.

La Operación ‘Warp Speed’ se ideó y financió todavía con Donald Trump en la presidencia. Trump, que al igual que AMLO siempre minimizó el coronavirus en el discurso, supo ser bastante práctico a la hora de identificar en donde meter el presupuesto federal.

En México el presidente López Obrador no modificó un ápice sus política una vez que se vio el alcance y la gravedad de la COVID19. Siguió metiéndole dinero a Dos Bocas y a Santa Lucía, por ejemplo, como si eso fuera a salvar vidas de los mexicanos, e ignoró la necesidad de aumentar el presupuesto en salud y en ayudas para mitigar los impactos económicos del confinamiento. Ahora quiere que los estadounidenses nos regalen vacunas.

Por ello, y porque Biden ya aclaró que no va a regalarle vacunas a México, es que el tema ni se tocó en la conversación del lunes.

En materia de seguridad, el Canciller Marcelo Ebrard ha dejado en claro que una prioridad de México debe ser buscar trabajar con el gobierno de EUA para frenar el tráfico de armas de norte a sur. El tema no fue abordado en esta primera reunión bilateral, quizás para no desviarse a otras complicadas aristas en la materia, como la exoneración del General Salvador Cienfuegos sin una investigación exhaustiva de parte del gobierno mexicano.

De qué sí se habló: migración y combate a la corrupción. No son temas menores y son áreas en las que ambos gobiernos están alineados, cuando menos en el discurso.

Apostilla: la extorsión, intimidación y censura que ejerce el actual gobierno para tapar la realidad y que ésta se apegue a su discurso no se restringe solo a empresarios, medios y periodistas. Ahora Pemex ha decidido cancelar el contrato con Fitch Ratings para su participación en el proceso de calificación de la empresa. En lugar de trabajar para que Pemex se gane una mejor calificación crediticia, les es más fácil cancelar a la calificadora que ha tenido la mano más firme para con la empresa productiva del Estado.

Columna completa en El Universal

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) habló esta mañana sobre la reunión virtual que sostuvo la tarde de ayer con su homólogo estadounidense Joe Biden. Dijo que le expresó al demócrata que es apodado el «presidente migrante» por sus políticas, lo cual ha generado «muchas expectativas».

«Le causó risa porque le dije que generó muchas expectativas porque le ven como el presidente migrante», dijo AMLO. López Obrador dijo a Biden que los migrantes mexicanos son «héroes» porque ayudan a sus familiares en México.

«Los puse de ejemplo de cómo en una situación tan difícil en donde ellos tienen que salir del país a buscar algo que mitigue su hambre, su pobreza, a buscar una vida mejor, arriesgándolo todo, salen adelante. Y ahora nos están ayudando. Ahora que más lo necesitábamos», apuntó.

López Obrador recordó que el año pasado enviaron 40,600 millones de dólares en remesas, una cifra récord; en ese sentido, AMLO agradeció el «acierto» de querer regularizar a los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

El mandatario quien propuso un acuerdo para que trabajadores de México migren de forma legal a Estados Unidos, dijo que se trataron todos los temas «con absoluta libertad» y fue una «muy buena reunión bilateral» por lo que se debe «seguir en comunicación».

El presidente indicó que Biden propuso destinar 4,000 millones de dólares al desarrollo de Centroamérica y el sur de México.

AMLO calificó el encuentro como «amistoso, respetuoso y con mucho énfasis en la cooperación para el desarrollo», además dijo que no hubo ninguna discrepancia; y aunque reconoció que no se cerraron acuerdos, la reunión virtual dejó las puertas abiertas para seguir dialogando.

Sobre el tema de las vacunas contra el COVID-19, un tema que había causado mucha expectativa, dijo que «los equipos de los dos países van a explorar todas las posibilidades de cooperación para ver «qué es posible y cuándo».

Garantizó que hubo «muy buena disposición» por parte de Biden y dijo que no está cerrada la posibilidad de que México tenga vacunas de Estados Unidos aunque reconoció que es posible que Biden tenga que cumplir primero sus compromisos de inmunizar a gran parte de su población.

López Obrador expresó que en la reunión si se abordó el tema energético y la autosuficiencia energética que busca para México.

«El sector energético, se lo planteé, le comenté que estamos limpiando de corrupción a Pemex, a la Comisión Federal de Electricidad, hablé de que habían sido saqueadas estas empresas, que estamos poniendo orden y que queríamos la autosuficiencia», indicó.

Cuestionado por la respuesta de Biden a su planteamiento de autosuficiencia energética, López Obrador dijo que solo «escuchó». Dijo que recibió una invitación para acudir a una reunión en abril sobre cambio climático, pero después aclaró que podría ser virtual o que podría mandar una delegación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard.

López Obrador también anunció la creación de un grupo de alto nivel «para atender todo lo relacionado» con el T-MEC, agilizar trámites, evitar obstáculos y resolver conflictos.

El mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, dijo este lunes que tratará a México como un «igual» porque ambos países son «más fuertes» cuando trabajan juntos, esto al inicio de la reunión virtual que comenzó esta tarde con cerca de media hora de retraso con el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

«Vemos a México como un igual, no como alguien que está al sur de nuestra frontera (…) ustedes son nuestros iguales, y lo que ustedes hacen, y el éxito que tengan, tiene un impacto drástico en lo que ocurra en el resto del continente», añadió el demócrata.

Sentado entre una bandera estadounidense y una mexicana en el salón Roosevelt de La Casa Blanca, Biden aseguró estar «encantado» de conversar con López Obrador, que se convierte en el segundo líder entranjero con el que se reúne virtualmente desde que llegó al poder en enero.

La semana pasada sostuvo un encuentro virtual con  el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

«Estados Unidos y México son más fuertes cuando trabajamos juntos. No hemos sido vecinos perfectos el uno con el otro, pero somos más seguros cuando trabajamos juntos», subrayó.

Biden recordó que, cuando fue vicepresidente de Estados Unidos entre 2009 y 2017, hizo cuatro visitas a México, y consiguió «conocer un poco el país y su gente», y comentó que tiene en el Despacho Oval un busto del líder sindicalista con raíces mexicanas César Chávez.

Uno de los periodistas que tuvieron acceso al comienzo de la reunión preguntó a Biden si Estados Unidos enviará vacunas a México, y el presidente estadounidense respondió: «Vamos a hablar de eso», un tema que reveló AMLO esta mañana, le planteó en su llamada telefónica de hace poco más de un mes.

Sin embargo, la portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, dijo en su rueda de prensa diaria que Biden no tiene intención de compartir con México parte del suministro de vacunas contra la CVID-19 de , ya que primero quiere garantizar que son suficientes para inmunizar a todos los estadounidenses.

En tanto, López Obrador agradeció a Biden el “que haya igualdad en nuestra relación», así como respeto en la soberanía; resaltó que México y Estados Unidos tienen que cooperar para el desarrollo con independencia y con autonomía.

AMLO retomó una frase atribuida a Porfirio Díaz, solo que con un ligero cambio “Bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos” (la frase original es «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”), lo que llevó a sonreír al Biden.

López Obrador aseguró que «hay voluntad para mantener buenas relaciones” por parte de su gobierno, esto al recordar que es importante mantener buenas relaciones y poder dialogar sobre asuntos bilaterales periódicamente.

En la reunión estuvieron presentes los secretarios de Estado y Seguridad Nacional de Estados Unidos, Anthony Blinken y Alejandro Mayorkas, respectivamente; además del asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, y la asesora del presidente para seguridad interna, Elizabeth Sherwood-Randall.

Completaron la delegación estadounidense la coordinadora de la frontera sur en La Casa Blanca y exembajadora estadounidense en México, Roberta Jacobson, y el encargado de Latinoamérica en el Consejo de Seguridad Nacional, Juan González.

Por parte de México asistieron, entre otros, el canciller Marcelo Ebrard; la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier; la titular de Seguridad de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez; el subsecretario de Defensa Nacional, André Georges Foullon Van Lissum; y el subsecretario de la Armada, Eduardo Redondo Arámburo.

El presidente de Estado Unidos, Joe Biden, no tiene intención de compartir el suministro de vacunas contra la COVID-19 de su país con México, pese a que el presidente López Obrador se lo planteó en su pasada comunicación, y dijo, esperaba recibir una respuesta en la conversación que comenzó hace unos minutos.

Preguntada sobre si Biden estaba considerando compartir con México parte del suministro de vacunas contra la COVID-19 de Estados Unido, la portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, respondió con un «no» rotundo, en su rueda de prensa diaria.

«No, el presidente (Biden) ha dejado claro que está centrado en garantizar que las vacunas sean accesibles para todos los estadounidenses. Ese es nuestro objetivo», indicó la funcionaria.

Indicó que el siguiente paso es la recuperación económica, y eso será garantizando si México y Canadá manejan la pandemia de manera similar a la de EUA, de forma que puedan abrir las fronteras y hacer frente a la situación. «Pero nuestro foco, el foco de la Administración es asegurarse de que todos los estadounidenses estén vacunados».

Psaki añadió que una vez que el gobierno estadounidense haya cumplido su objetivo, estarán «contentos de hablar de pasos más allá de eso», en referencia a considerar una propuesta como la que hiciera López Obrador.

Y es que esta mañana, López Obrador informó que estaría a la espera de una respuesta sobre el tema en su primera reunión bilateral con Biden, puesto que reveló que ya lo había solicitado a Biden con anterioridad.

Específicamente AMLO pidió que EUA permita que las farmacéuticas estadounidenses distribuyan la vacuna a México, que tiene contratadas, como es el caso de las de Pfizer, que son 34.4 millones de dosis.

«Sí, y a lo mejor ya hay una respuesta, si él considera que debe tratarse el tema porque también nosotros no queremos imponer agenda, tenemos que ser respetuosos, pero sí es un tema que nos importa mucho, como se comprende», dijo AMLO en su conferencia de prensa matutina.

Durante el primer encuentro que ya ha comenzado, los mandatarios estarían abordando temas como la pandemia, migración, seguridad, cambio climático y el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC.

Recordemos que el gobierno de México ha cuestionado que las vacunas que se adquirieron de Pfizer y BioNTech se produzcan en una planta en Bélgica, porque Estados Unidos ha exigido a sus farmacéuticas reservar la producción para dentro de su territorio.

«Aunque Pfizer también produce vacunas en Estados Unidos, estas nos las mandan de Europa», recordó López Obrador.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) indicó esta mañana que le pedirá a su homólogo estadounidense, Joe Biden, que Estados Unidos abra la venta de vacunas contra el COVID-19, esto durante la primera reunión bilateral virtual que sostendrán esta tarde.

López Obrador reveló que le externó dicha solicitud a Biden en la primera conversación que tuvieron semanas atrás, para que permita que las farmacéuticas de Estados Unidos distribuyan la vacuna contra el coronavirus a México, principalmente las que el gobierno mexicano ha adquirido con Pfizer.

“Sí, y a lo mejor ya hay una respuesta, si él considera que debe tratarse el tema porque también nosotros no queremos imponer agenda, tenemos que ser respetuosos, pero sí es un tema que nos importa mucho, como se comprende», expresó López Obrador al ser cuestionado sobre si plantearía el tema de las vacunas.

Las declaraciones de AMLO se producen horas antes de su primera reunión virtual con Biden, con quien dijo hablará del acceso a la vacuna contra la COVID-19, migración, seguridad, cambio climático y el nuevo Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Recordemos que López Obrador y Biden sostuvieron su primera llamada telefónica el pasado 22 de enero, dos días después de que el demócrata asumiera el poder, cuando trascendió que AMLO le pidió acceso a las vacunas de COVID-19 que se producen en Estados Unidos, algo que hasta esta mañana no había sido confirmado.

“Vamos a hablar de varios temas, desde luego de las vacunas, pero queremos recibir respuesta de una petición que ya hicimos, y si lo considera el presidente Biden nos puede dar respuesta en la conversación, en la plática, de las vacunas», detalló.

López Obrador ha cuestionado que las vacunas que México adquirió de Pfizer y BioNTech se produzcan en una planta en Bélgica porque Estados Unidos ha exigido a sus farmacéuticas reservar la producción para dentro de su territorio.

«Aunque Pfizer también produce vacunas en Estados Unidos, estas nos las mandan de Europa», recordó este lunes.

Además de las dosis de Pfizer, México tiene comprometidos 79.4 millones de la británica AstraZeneca, 35 millones de la china CanSino, 24 millones de la rusa Sputnik V, 10 millones de la china Sinovac y 51.4 millones del programa Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La semana pasada, durante la visita del presidente Alberto Fernández, México y Argentina, anunciaron una alianza para pugnar en las Naciones Unidas por una distribución equitativa de las vacunas.

Por otro lado, López Obrador reafirmó que planteará en la reunión bilateral un acuerdo para que los trabajadores mexicanos y centroamericanos puedan migrar a Estados Unidos de forma legal similar al Programa Bracero que hubo en el marco de la Segunda Guerra Mundial para compensar el déficit de mano de obra.

“Para todos, incluso ya hay visas de trabajo de dos tipos, para trabajadores agrícolas y para trabajadores en general, y queremos incluir desde luego a profesionistas”, explicó AMLO.

El mandatario se comprometió a informar esta misma tarde sobre lo que se hable en la reunión con Biden. Además adelantó que mañana se ofrecerán mayores detalles del tema.

El canciller Marcelo Ebrard aseguró que México ve «con muy buenos ojos» el plan migratorio propuesto por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, esto durante la reunión virtual que sostuvo con el secretario de Estado del país vecino, Antony Blinken.

«Reconocemos, en primer lugar, las iniciativas del presidente Biden, que ha tomado muchas iniciativas que vemos con muy buenos ojos en México, con mucha empatía de reconocimiento a la comunidad mexicana, de protección a las y los trabajadores en Estados Unidos», subrayó Ebrard durante el encuentro.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) dijo que México y Estados Unidos tienen preocupaciones que son comunes como el tráfico de armas y las condiciones laborales, y reivindicó la necesidad de un plan de desarrollo para el sur de México y para Centroamérica.

«Vamos a avanzar en propuestas que México quiere compartir con Estados Unidos, de manera muy señalada el desarrollo del sur México y de los países de Centroamérica que permitan que tengamos mejores condiciones de vida y la gente no tenga que migrar por pobreza, por condiciones de inseguridad», añadió el funcionario mexicano.

Por su parte, Blinken, en un breve mensaje al inicio del encuentro, dijo que es difícil pensar en una relación más importante que la de Estados Unidos y México, y deseó poderse reunirse personalmente con Ebrard pronto.

Este encuentro virtual con su homólogo mexicano, se enmarcó en una visita virtual que Blinken hizo a México y Canadá, y que en el caso de nuestro país incluyó un recorrido telemático por el puesto fronterizo de El Paso-Ciudad Juárez, en el que reiteró el compromiso del gobierno del presidente Joe Biden de reformar el sistema migratorio.

«A cualquiera que esté pensando en embarcarse en ese viaje, nuestro mensaje es ‘no lo haga’. El presidente Biden está comprometido con una reforma de nuestro sistema migratorio y con garantizar un procesamiento seguro, ordenado y compasivo en nuestra frontera. Estas cosas toman su tiempo», indicó el secretario de Estado.

Recordemos que el gobierno de Biden canceló recientemente el programa que instauró Donald Trump «Remain in Mexico» (Permanecer en México), que obligaba a los migrantes a esperar en territorio mexicano sus citas en cortes migratorias estadounidenses.

Las reuniones virtuales de Blinken también incluyeron una reunión con la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier.

«Venimos saliendo de la reunión muy relevante y sobre todo productiva con el secretario Blinken, a quien agradezco su visita virtual para charlar e intercambiar puntos de vista para profundizar la integración productiva y el fortalecimiento de la competitividad de la región», expresó Clouthier en Twitter.

Economía indicó que ambos secretarios compartieron su preocupación sobre la interrupción de las cadenas de suministro por la pandemia de Covid-19 y consideraron «una efectiva herramienta» el tratado comercial T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá, vigente desde el pasado julio.

Estados Unidos regresó este viernes, de manera oficial, al Acuerdo de París. El gobierno del presidente Joe Biden prometió hacer de la batalla ambiental una prioridad máxima de su administración.

Un mes después de asumir el gobierno, la principal economía del mundo y segundo mayor emisor de carbono regresó formalmente al acuerdo de 2015 que busca combatir el calentamiento climático.

El acuerdo tiene como objetivo limitar el aumento de la temperatura global a 2 ºC, por encima de los niveles preindustriales, y continuar el esfuerzo para bajarlo a 1.5 ºC.

El reingreso de Washington significa que el Acuerdo de París vuelve a incluir virtualmente a todas las naciones del mundo luego de que Donald Trump un aliado de la industria de los combustibles fósiles, retirara a Estados Unidos del pacto argumentado que era injusto con el país.

«El cambio climático y la diplomacia científica nunca podrán volver a ser ‘agregados’ en nuestras discusiones de política exterior», dijo el secretario de Estado, Antony Blinken, en un comunicado en el que saludó el regreso de Estados Unidos al acuerdo.

Indicó que abordar las amenazas reales del cambio climático y escuchar a los científicos está en el centro de sus prioridades de política nacional y exterior.

Tras elogiar el Acuerdo de París, negociado por el expresidente Barack Obama, Blinken dijo que la diplomacia climática será crucial.

Biden planea una cumbre climática para el 22 de abril, en coincidencia con el Día de la Tierra. John Kerry, exsecretario de Estado y ahora enviado climático de Estados Unidos, pidió al mundo que aumentara sus ambiciones en las conversaciones sobre el clima de la ONU que tuvieron lugar en Glasgow en noviembre pasado.

Biden se comprometió a que el sector energético estadounidense esté libre de polución para 2035 y que el país pase a ser una economía de emisiones cero para 2050.

Recordemos que en su primer día en funciones, Biden firmó un decreto para anular la salida ordenada por Trump. El gobierno de Trump había anunciado su retiro del Acuerdo de París en 2019, pero éste se hizo efectivo el 4 de noviembre de 2020, al día siguiente de la elección, debido a las disposiciones del pacto.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo ayer que el reingreso estadounidense «es de por sí muy importante», como lo es el anuncio de Biden de que Estados Unidos volverá a proveer ayuda climática a países pobres como prometió en 2009.

«Se trata del mensaje político que se emite», dijo Christiana Figueres, exjefa de la agencia climática de la ONU, una de las principales participantes en la elaboración del acuerdo de 2015.

El proyecto de ley con el que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, busca concretar su ambiciosa reforma migratoria, la cual otorgará una vía a la ciudadanía para 11 millones de indocumentados, llegó este jueves al Congreso, con el respaldo del senador de origen cubano Bob Menéndez y la legisladora Linda Sánchez, de raíces mexicanas.

Menéndez, el latino de más alto rango en el Legislativo estadounidense, y Sánchez son quienes impulsan la Ley de Ciudadanía Estadounidense 2021, propuesta bandera con la que la administración de Biden busca reorganizar el sistema de migración de su país, que desde hace más de 30 años no aprueba una reforma de este tipo.

La iniciativa busca garantizar una solución a largo plazo para los soñadores, como se conoce a los inmigrantes llegados al país siendo niños y amparados por el programa DACA; y a los beneficiados por el Estatus de Protección Temporal (TPS), que en su mayoría proceden de Centroamérica, así como a los trabajadores agrícolas inmigrantes.

Amplía además los visados de diversidad de 55,000 a 80,000, promueve cambios en el sistema de inmigración basado en el empleo y tiene entre sus prioridades mantener a las familias inmigrantes unidas.

Recordemos que un esfuerzo similar fue liderado en 2013 por el entonces presidente Barack Obama, cuando Biden era vicepresidente, pero no logró el respaldo en la Cámara de Representantes pese a haber conseguido la aprobación del Senado.

Para convertirse en realidad, la propuesta de Biden deberá contar con la totalidad de los votos demócratas en el Senado, 50, y asegurarse diez republicanos. De lo contrario, estará condenada a fracasar como ha sucedido con los intentos de regularización en los años anteriores.

«Estamos aquí porque el pasado noviembre 80 millones de estadounidenses votaron contra Donald Trump y contra todo lo que representaba. Votaron para restaurar el sentido común, la compasión y la confianza en nuestro gobierno», dijo Menéndez en una conferencia de prensa virtual. «Y parte de ese mandato es arreglar nuestro sistema de migración, que es la piedra angular del odioso espectáculo de horror de Trump».

Al dirigirse a sus colegas republicanos, aseguró que el voto latino no es propiedad de ningún partido y destacó que los hispanos son «la mayor minoría racial y étnica del país».

En su intervención, Sánchez recordó que es hija de inmigrantes mexicanos, un mecánico industrial y una maestra de escuela primaria, y afirmó que por ello se ha dedicado a construir un sistema de inmigración «que permita a la gente vivir sin miedo».

Ambos políticos estuvieron acompañados por los legisladores de la Cámara Baja Zoe Lofgren, Lucille Roybal-Allard, Nydia Velázquez, Judy Chu, Raúl Ruiz, Yvette Clarke y Yvette Clarke, así como por los senadores Amy Klobuchar, Alex Padilla y Ben Ray Luján, que prometieron su respaldo a la iniciativa.

El proyecto prevé un proceso de ocho años para que los indocumentados puedan alcanzar la ciudadanía. Previamente, quedarán amparados por un estatus temporal y, después de cinco años, podrán optar por una tarjeta de residencia permanente, conocida por su nombre en inglés «green card».

Para los soñadores, los beneficiarios del TPS y los trabajadores agrícolas inmigrantes, la iniciativa propone una residencia legal de «inmediato» y tres años más tarde la ciudadanía. erá un requisito fundamental para estas personas «haber estado en el país antes del 1 de enero de 2021».

El proyecto de ley deroga además la prohibición de reingreso para quienes hayan permanecido de forma irregular en territorio estadounidense, elimina los topes por país para los visados basados en el empleo y aumenta de 10,000 a 30,000 los cupos para los visados U, que se otorgan a víctimas de abuso físico o mental.

Asimismo, elimina el plazo mínimo de un año para que quienes se encuentren en el país puedan solicitar asilo, reemplaza el término «extranjero» por «no ciudadano» y promueve la reunificación de familias, en especial de los grupos familiares LGBTQ+.

Por otro lado, aborda las causas de la migración al financiar un plan de la Administración de Biden para aumentar la asistencia a El Salvador, Guatemala y Honduras, de donde procede la mayoría de inmigrantes que buscan cruzar a Estados Unidos desde México.

También crea opciones para que las personas que buscan protección puedan solicitar un estatus legal en Centroamérica; restablece el programa de menores centroamericanos que permite reunir a los pequeños con sus padres que residen en EUA; y destina recursos para el uso de la tecnología en las fronteras.

Un 58% de los estadounidenses creen que el expresidente Donald Trump debió haber sido condenado en el Senado por incitar a la insurrección, un porcentaje similar al recabado antes del ‘impeachment’.

Y es que el sábado pasado, 57 senadores se pronunciaron a favor de condenar a Trump, entre ellos siete republicanos. Aunque fueron mayoría, la causa demócrata no logro alcanzar los 67 votos que se necesitaban, por lo que Trump podrá presentarse en unas futuras elecciones si así lo decide.

Antes del ‘impeachment’, un 56% de los ciudadanos se mostraba partidarios de la condena y el dato ha permanecido
prácticamente constante (dos puntos más) tras la finalización del juicio, según un sondeo elaborado por Ipsos para la cadena ABC News.

Entre los simpatizantes republicanos, solo un 14% lamenta la absolución, mientras que si solo se tiene en cuenta a los demócratas el dato asciende al 88%. Más de ocho de cada diez republicanos aseguran incluso que el juicio nunca debía haberse celebrado.

Tras la absolución, Trump proclamó victoria reivindicándose como «campeón incansable del estado de derecho» y advirtió de que seguirá en política. Recordemos que el día que abandonó La Casa Blanca advirtió que «volveremos de alguna manera».

Al respecto, el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoció que la absolución de Donald Trump en el juicio político demostró que la «democracia es frágil» y, por ello, pidió a todos los estadounidenses «defender la verdad y derrotar las mentiras».

Solo usando la verdad, argumentó Biden, Estados Unidos será capaz de acabar con la «guerra no civil» entre demócratas y republicanos y «curar el alma de la nación».

El senador republicano Lindsey Graham, uno de los principales aliados políticos del expresidente Donald Trump, aseguró que éste sigue siendo «la fuerza más potente» del Partido Republicano tras superar su segundo ‘impeachment’.

«El movimiento Trump está vivo y bien. Todo lo que puedo decir es que la fuerza más potente del Partido Republicano es la del presidente Trump. Necesitamos el plus de Trump», dijo Graham en declaraciones a la cadena Fox News.

El presidente estadounidense Joe Biden puso fin de manera oficial a la «emergencia nacional» que su antecesor, Donald Trump declaró a fin de usar dinero del Pentágono para construir el muro a lo largo de la frontera con nuestro país.

La Casa Blanca publicó este jueves una carta de Biden a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en la que notificaba al Congreso que había rescindido la proclama de febrero de 2019 hecha por sel republicano.

Se trató de una formalidad, dado que Biden ordenó detener la construcción del muro fronterizo poco después de haber asumido la presidencia.

En su carta, el presidente dijo que la declaración de emergencia nacional hecha por Trump había sido «injustificada» y que él había dado la instrucción de que «ni un dólar más de los contribuyentes estadounidenses sea destinado a construir un muro fronterizo».

También ordenó una revisión de todo el dinero gastado en el proyecto hasta la fecha.

Y es que aunque Estados Unidos ha estado construyendo muros fronterizos por décadas tanto en gobiernos demócratas como republicanos, Trump hizo del muro un tema central de su primera campaña presidencial, y prometió construir uno que abarcara la frontera entera. Además aseguró que México pagaría por él.

Trump se hizo de cerca de 6,000 millones de dólares de fondos militares bajo la emergencia nacional que él mismo declaró después que el Congreso se negó a aprobar el monto que deseaba para el muro, llevando al paro de actividades del gobierno más largo en la historia del país.

Adicional, el presidente Joe Biden informó este jueves que su gobierno cerró acuerdos para adquirir 200 millones de dosis adicionales de vacunas contra el Covid-19.

«Justo esta tarde, firmamos contratos finales para 100 millones más de dosis del laboratorio Moderna y 100 millones más de vacunas de Pfizer», dijo tras recorrer la sede de los Institutos Nacionales de Salud cerca de Washington.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aseguró esta mañana que el gobierno federal protege los derechos humanos de los migrantes, al hablar por primer vez en público de la masacre que se registró en Tamaulipas, donde aparecieron 19 cuerpos calcinados, la mayoría de ellos migrantes de origen guatemaltecos.

«Nosotros cuidamos a los migrantes, no se auspicia la violación de los derechos humanos, y lo segundo es que, si se dan casos como este, tan graves y lamentables, se busca hacer justicia, que no haya impunidad, como se actuó en el caso de estos migrantes guatemaltecos», manifestó el mandatario en su conferencia matutina.

Recordemos que el pasado 22 de enero se reportó de la masacre en Camargo, municipio fronterizo con Estados Unidos, donde se han identificado a 16 de las 19 personas fallecidas, dos de nacionalidad mexicana y 14 ciudadanos de Guatemala, incluyendo al menos un menor de edad.

Por el crimen, adjudicado a cárteles de la droga, están detenidos doce agentes de la Policía estatal y se investiga a ocho funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) por su presunta participación. Al respecto, el presidente indicó que se ha avanzado en el caso.

«Ya hay detenidos, en efecto policías del Estado de Tamaulipas, hay cesados y también están sujetos a proceso funcionarios de migración, servidores públicos y no va a haber impunidad para nadie, y tenemos una relación constante con los familiares de las víctimas», añadió López Obrador.

Las autoridades mantienen la línea de investigación que apunta al crimen organizado y el tráfico de personas como causantes de esta masacre, que la ONU ha comparado con la de San Fernando del 2010, cuando asesinaron a 72 migrantes en la misma región; el gobierno ha rechazado estas comparaciones al insistir en que no habrá impunidad.

Pese a los esfuerzos que se hace desde el gobierno federal, el presidente reconoció la violencia que padecen los migrantes que van al norte del país, especialmente a Tamaulipas con la intención de cruzar a Texas, Estados Unidos.

«Es lamentable decir esto, pero los antecedentes que se tienen es que los migrantes corren más peligro en los estados de la frontera norte, en particular en Tamaulipas, por todo lo que sabemos, entonces fue siempre un argumento de nuestra parte decir: necesitamos cuidarlos, protegerlos», admitió.

Arturo Sarukhán

EL UNIVERSAL

 

 

El arranque y la más que bienvenida transición a una nueva administración en Estados Unidos, encabezada por Joe Biden, está preñada de oportunidades para un retorno a la normalidad y para nuevas sinergias y colaboración bilaterales con México. El presidente y su equipo buscarán rápidamente revertir los efectos perniciosos del vandalismo diplomático de Trump estos últimos cuatro años y también intentarán apuntalar y relanzar relaciones bilaterales clave con aliados y socios que fueron dañadas y socavadas en el proceso. Ello incluso ya quedó de manifiesto desde un primer momento con el retorno a los ‘usos y costumbres’ de la diplomacia contemporánea estadounidense cuando Biden, seguido de su secretario de Estado recién confirmado, efectuaron como primer contacto con sus homólogos en el mundo, sendas llamadas con los vecinos y socios estadounidenses, Canadá y México.

Como ningún otro inquilino de la Casa Blanca, Biden llega -producto de sus años en el Senado y su papel como enviado de Obama a Latinoamérica particularmente en los últimos cinco años de su gestión como vicepresidente, con un bagaje de conocimiento y experiencia granulares sobre México y la relación bilateral con el que predecesor alguno en el cargo ha contado. Por si esto fuera poco, el período de dos años de México como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU ofrecería, en circunstancias normales, una legión de oportunidades para crear densidad en la colaboración regional y global entre EE.UU y México y sinergias para promover un sistema internacional basado en reglas. Y dado que Brasil en gran medida ha decidido arrinconarse, tanto en términos de sus ambiciones de política exterior como por el resultado de las políticas de afinidad y el apoyo de Bolsonaro a Trump, esto podría abrir una ventana de oportunidad singular para que México se posicione como el socio estratégico privilegiado de EE.UU en América Latina y el Caribe.

Desafortunadamente, es más fácil decir esto que hacerlo. Para empezar, reinicializar la relación Biden-López Obrador no será fácil, a pesar de las mejores intenciones en Washington y los esfuerzos deliberados de algunos funcionarios del gobierno mexicano. Como en la mayoría de las cosas en la vida, se necesitan dos para bailar el tango o, en el caso de nuestras dos naciones, quizá danzón. Por un lado, el Presidente López Obrador parece empeñado en pintar su raya -e incluso socavar- un relanzamiento de las relaciones con EE.UU. Y por el otro, lo que al principio de su relación con Trump podría haber sido explicado y justificado por algunos como pragmatismo o reflejo de la asimetría de poder entre ambas naciones, al final parece algo mucho peor. Solo hay que ponerse en los zapatos de los Demócratas y del equipo de campaña y transición de Biden para entender cómo se percibe el efecto cumulativo de la larga lista de acciones hostiles y miopes del mandatario mexicano a partir del verano pasado: su tozudez de viajar a Washington para reunirse con Trump en plena campaña electoral estadounidense, su decisión de no reunirse con líderes Demócratas del Congreso y sus declaraciones zalameras en la Casa Blanca; su obstinación en no felicitar (junto con Putin y Bolsonaro, dos lideres que jugaron abiertamente a favor de la elección y reelección de Trump) al presidente electo Biden hasta el 14 de diciembre y su hosca carta de felicitación (sobre todo si se le compara con la meliflua epístola de cuatro páginas enviada a Trump después de su triunfo en la elección mexicana de 2018) trazando líneas en la arena sobre la no intervención y la soberanía nacional; su oferta de asilo a Julian Assange, el hombre que hackeó la campaña Demócrata en 2016; su rotundo silencio y falta de repudio a la intentona de autogolpe de Estado el 6 de enero; y su defensa de Trump luego de que éste fuese expulsado de redes sociales.

Pero Biden no tiene gatos en la panza y su gobierno seguramente va a tener retos mucho mayores con México que potencialmente guardar rencor. Los próximos cuatro años podrían transformarse en una serie de tensiones y desafíos al sur de la frontera con un presidente mexicano que ve a su nueva contraparte con resquemor, sospecha y un dejo de resentimiento (por el hecho de que en su particular visión del mundo, los Demócratas debieran de haberlo apoyado en sus impugnaciones a los procesos electorales de 2006 y 2012). Ya sea en materia de derechos humanos y el Estado de derecho; la criminalidad y procuración de justicia; la erosión de contrapesos, equilibrios e instituciones autónomas; la falta de un piso parejo para empresas estadounidenses con inversiones en México; disputas ambientales y laborales en el TMEC; y políticas y paradigmas energéticos del pasado y basados en combustibles fósiles: todos estos temas que, a diferencia de Trump, ocuparán y preocuparán al gobierno estadounidense, podrían derivar -ya sin el temor pero también la empatía que el ex mandatario estadounidense generó en López Obrador- en posiciones espinosas y chovinistas desde Palacio Nacional en la relación con la nueva administración en Washington. Y por si fuera poco, la arquitectura e institucionalización de la relación bilateral -el andamiaje de mecanismos y protocolos que se han construido en las últimas dos décadas- que permiten que una de las relaciones bilaterales más complejas, fluidas y dinámicas en el mundo mantenga la tracción, el tono muscular y la capacidad de resolución de problemas, se ha ido desgastando durante los últimos cinco o seis años. Ciertamente comenzó con el gobierno de Peña Nieto, pero se ha profundizado con el de López Obrador.

Para un presidente que persiste en subrayar que la mejor política exterior es la política interna y que ve con recelo la posibilidad de que el nuevo gobierno estadounidense se pronuncie, en público o privado, sobre temas que él considera de política interna, la gran paradoja estriba en que son precisamente las debilidades internas -y muchas de sus políticas públicas- las que se erigen en flancos de presión desde el extranjero, particularmente desde Estados Unidos. Y pensar que en el siglo XXI se puede separar en compartimentos-estanco lo interno de lo externo en ambos países es no entender cómo se ha transformado la realidad de la relación entre México y EE.UU en las últimas dos décadas.

El refrán popular sugiere que no se puede mamar y dar de topes. Qué bien que el presidente subraye, con el inicio de la Administración Biden y los primeros contactos con quien será su homólogo durante el resto de su sexenio, que buscará una relación constructiva con EE.UU. Pero entonces sus acciones, decisiones y declaraciones -y las de algunos de sus colaboradores- tienen que ser congruentes con ello. Oportunidades para la sinergia y la colaboración real y efectiva, basada en el paradigma de responsabilidad compartida y en múltiples áreas de la agenda, desde la migración, la competitividad regional, las cadenas productivas y el manejo común de recursos acuíferos transfronterizos hasta la mitigación de la pandemia, la recuperación económica y la seguridad común, abundarán con este nuevo gobierno estadounidense, pero solo si se saben reconocer y aprovechar.

 

Columna completa en El Universal

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, acordó con su homólogo ruso, Vladimir Putin, mantener vigente, por cinco años más, el tratado de control de armas nucleares Nuevo START.

«Especialmente en tiempos de tensión, los límites verificables de las armas nucleares de alcance intercontinental de Rusia son de vital importancia», dijo en una declaración el secretario de Estado, Antony Blinken, al anunciar el acuerdo.

Según Blinken, esta prórroga garantiza a Estados Unidos tener «límites verificables para los misiles balísticos intercontinentales, los SLBM (misiles balísticos lanzados desde submarinos) y los bombarderos pesados rusos hasta el 5 de febrero de 2026».

El Nuevo START limita el número de armas nucleares estratégicas, con un máximo de 1,550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos para cada una de las dos potencias, en tierra, mar o aire.

Casi desde su toma de posesión, Biden había comunicado a Moscú su disposición a extender durante cinco años este tratado, el último de desarme que queda vigente entre ambas potencias nucleares.

La portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, afirmó que el presidente Biden había dejado claro durante mucho tiempo que el Nuevo START estaba en el interés nacional de Estados Unidos, aunque no dejaban de lado otros asuntos que preocupaban a su país.

Biden quiere trabajar con Putin, éste también debe «rendir responsabilidades por sus acciones imprudentes y conflictivas», dijo la portavoz.  Entre estas «acciones conflictivas» están asuntos como el envenenamiento y condena a prisión del líder opositor Alexéi Navalni, la interferencia rusa en las elecciones, la oferta de recompensas a los talibanes por la muerte de soldados de Estados Unidos, y otros como la anexión rusa de Crimea.

Se sabe que Biden pidió a las agencias de inteligencia de Estados Unidos hacer una evaluación a fondo de estos temas, sin aclarar si su intención es mantener la política de sanciones aplicada por su antecesor republicano, Donald Trump.

Respecto al tema del control de armas, Biden, al igual que Trump, tenía la opción de buscar una solución temporal para el tratado y prorrogarlo durante un corto periodo de tiempo, pero abogó por extenderlo durante cinco años, tal y como se estableció en el pacto cuando se firmó originalmente en 2010.

En los últimos meses de su Gobierno, Trump intentó sin éxito encontrar una solución temporal y prorrogar el acuerdo, pero no se llegó a materializar ningún trato con el mandatario ruso, Vladímir Putin, quien en octubre pasado llegó a proponer una prorroga de un año.

El principal punto de fricción entre las dos potencias fue la insistencia del Gobierno de Trump para que China formara parte de las conversaciones, a pesar de que el gigante asiático se negó a sentarse en la mesa de negociaciones al considerar que tiene muchas menos armas nucleares que Washington y Moscú.

«Estados Unidos usará el tiempo de una extensión de cinco años del Nuevo START para buscar con Rusia (…) un control que aborde todas sus armas nucleares. También perseguiremos el control de armas para reducir los peligros del moderno y creciente arsenal nuclear de China», dijo Blinken en su declaración.

Por su lado, Rusia sostiene que si las negociaciones deben ampliarse a otros países, deberían incluir a Francia y el Reino Unido, las otras dos potencias nucleares declaradas que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Expertos temían que el vencimiento del Nuevo START sin un acuerdo llevase a una nueva carrera de rearme nuclear, ya que por primera vez desde 1972 no habría ningún acuerdo de control de armas atómicas en vigor entre Rusia y Estados Unidos, que tienen un 90% de todas armas nucleares que existen en el planeta.