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Una nueva variante que se propaga con gran rapidez del SARS-CoV-2, el coronavirus que causa el Covid-19, ha sido identificada en el Reino Unido, anunció este lunes el ministro británico de Sanidad, Matt Hancock.

En una declaración ante la Cámara de los Comunes, Hancock aseguró que en los últimos días los científicos británicos han detectado «una nueva variante de coronavirus que puede estar asociada a la propagación más rápida en el sur de Inglaterra».

El ministro anunció en esa misma comparecencia que Londres, así como partes de los condados de Essex (este de Inglaterra) y Hertfordshire (al norte de la capital), pasan al nivel máximo de restricciones, por lo que a partir del miércoles deberán cerrar bares y restaurantes salvo para entregas a domicilio.

Todavía se desconoce hasta qué punto el incremento de contagios en todas las franjas de edad se debe a la nueva cepa, pero la situación hace necesarias «acciones rápidas y decisivas», enfatizó Hancock.

Hasta el momento se han identificado más de mil casos de esta nueva variante, especialmente en el sur de Inglaterra, y las autoridades británicas ya lo han notificado a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hancock añadió que no hay ninguna prueba de que la variante tenga efectos más nocivos sobre la salud de los enfermos y consideró «muy improbable» que las vacunas desarrolladas contra el Covid pierdan efectividad con la nueva cepa.

El consejero médico del Gobierno británico, Chris Whitty, detalló por su parte en una rueda de prensa que esta nueva cepa «contiene bastantes más mutaciones que otras» conocidas, por lo que los científicos se han tomado su vigilancia «particularmente en serio».

Con todo, indicó que sería «sorprendente» que quedara fuera del alcance de las vacunas investigadas hasta ahora, dado que todavía no se han inmunizado al grueso de la población y no ha habido «presión selectiva» sobre el virus en ese sentido.

Whitty no descartó que la cepa se haya extendido ya por otros países, aunque el Reino Unido haya sido el primero en detectarla.

Por otro lado, la decisión del Gobierno de meter a Londres en el nivel 3 de restricciones (riesgo muy alto) llega menos de dos semanas después de que terminase el confinamiento de un mes al que Inglaterra estuvo sometida hasta el pasado 2 de diciembre.

La medida implica que no podrá haber ningún tipo de reunión social bajo techo y que sólo se permitirán encuentros entre gente de diferentes hogares en el exterior, y con un máximo de seis personas. También conlleva el cierre de toda la hostelería, salvo comidas para llevar o entregas a domicilio, y la recomendación de evitar cualquier viaje fuera de la zona sometida a esas restricciones.

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, ha pedido también al Ejecutivo que se cierren de inmediato los colegios de educación secundaria, entre cuyos estudiantes se registra un rápido crecimiento de casos.

Por su parte la responsable técnica de la gestión de la pandemia de COVID-19 en la Organización Mundial de la Salud (OMS), Maria Van Kerkhove, ha señalado que «hasta ahora no hay pruebas» de que la nueva cepa del  virus de COVID-19 detecta en Reino Unido «se comporte de manera
diferente».

En rueda de prensa, Van Kerkhove ha resaltado que esta variante ya ha  sido analizada por el Grupo de Trabajo de Evolución de Virus de la  OMS. «Ha surgido en el contexto de las variantes de visón identificadas en otros lugares», ha asegurado.

En esta misma línea, el director ejecutivo del programa de  emergencias de la OMS, Mike Ryan, ha apuntado que este tipo de mutaciones son en realidad bastante comunes.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que entró en cuarentena este viernes tras dar positivo a Covid-19, ha restado importancia a la pandemia durante meses, se ha mostrado renuente a usar cubrebocas y a dejar de realizar enormes eventos públicos, pese a las recomendaciones de los expertos.

El republicano ha recibido duras críticas por su respuesta y manejo de la pandemia; aunque él se ha empeñado en defender su actuación y decisiones.

Pero, ¿Qué ha dicho Trump sobre la emergencia sanitaria? Estas son algunas de las afirmaciones y comentarios más polémicos del mandatario respecto al Covid-19

  • 22 de enero, a la cadena CNBC: «Lo tenemos totalmente bajo control. Se trata de una persona que llegó desde China y lo tenemos bajo control. Vamos a estar bien».
  • 23 de febrero, a periodistas: «Estamos muy involucrados. Estamos muy conscientes de todo lo que está pasando. Lo tenemos bastante bajo control en este país».
  • 27 de febrero en La Casa Blanca: «Va a desaparecer. Un día, será como un milagro, desaparecerá».
  • 10 de marzo tras una reunión con senadores republicanos: «Esto fue inesperado (…) y golpeó al mundo. Y estamos preparados, vamos a hacer un gran trabajo en esto. Y se irá. Simplemente estén en calma, desaparecerá».
  • 15 de marzo en una conferencia en La Casa Blanca: «Este es un virus muy contagioso. Es increíble. Pero es algo sobre lo que tenemos un enorme control».
  • 18 de marzo en Twitter: «Siempre traté el virus chino con mucha seriedad y he hecho un buen trabajo desde el principio, incluyendo la decisión muy temprana de cerrar ‘fronteras’ desde China, en contra de los deseos de la mayoría».
  • 3 de abril en conferencia en La Casa Blanca: «Respecto a las mascarillas (cubrebocas), realmente serán de uso voluntario. Puedes usarlas, pero no tienes que hacerlo. Yo decido no hacerlo, pero algunas personas sí y está bien. Ya que siempre estoy saludando a presidentes, primeros ministros, dictadores, reyes y reinas (…) no lo veo para mí, simplemente no».
  • 23 de abril en la Casa Blanca: «Veo el desinfectante (cloro) y me pregunto si habrá alguna forma en que podemos usarlo como una inyección o algo, ¿como si fuera una limpieza?… Porque ves que (el virus) llega a los pulmones así que sería interesante revisar este asunto». Consultado después sobre estas declaraciones, Trump dijo que no estaba alentando a las personas a ingerir desinfectante y que sus comentarios fueron sarcásticos.
  • 21 de mayo durante una visita a planta de Ford: «Yo llevé mascarilla en el área trasera (del complejo). No quería darle el gusto a los medios de verme usándola».
  • 12 de julio antes de llevar mascarilla en público por primera vez: «Cuando estás en un hospital, en especial en esa ocasión particular en la que estás hablando con muchos soldados, personas que en algunos casos acaban de salir de una cirugía, creo que es genial usar una mascarilla».
  • 21 de junio, al anunciar cambio de opinión: «Les pedimos a todos que cuando no puedan mantener la distancia social lleven una mascarilla, úsenla. Ya sea que les guste o no, éstas tienen un impacto enorme, tienen un efecto y necesitamos que todos los que puedan (…) la usen (…) todo lo que puede ayudar, es bueno».
  • 19 de septiembre, previo a que EUA superara las 200 mil muertes por coronavirus: «No afecta virtualmente a nadie. Es increíble. Afecta (…) a personas mayores con problemas cardíacos u otras condiciones de salud, si tienen otros problemas, ahí es cuando va a afectarles, eso es todo».
  • 29 de septiembre en el debate presidencial, luego de sacar una mascarilla de su bolsillo: «Yo uso mascarillas cuando se necesita», dijo intentando ridiculizar a su rival por emplearlas regularmente. «Yo no llevo mascarillas como él. Cada vez que lo ves, tiene una mascarilla. Podríamos estar hablando a 50 metros de distancia y él se aparece con la mascarilla más grande que hayamos visto».
  • 29 de septiembre, cuando se le preguntó en el debate si le preocupaba la propagación del virus durante mítines de campaña: «Bueno, hasta ahora no hemos tenido ningún problema. Se hacen en el exterior, esa es la gran diferencia según los expertos. Y los hacemos en el exterior, tenemos multitudes enormes, como pueden ver (…) y no hemos tenido ningún efecto negativo. No tenemos efectos negativos, hemos tenido a 35,000 o 45,000 personas juntas en esos mítines».

Donald Trump tiene «síntomas leves» y permanece «de buen humor», dijo este viernes su jefe de gabinete, Mark Meadows.

«No sólo está de buen humor, sino que también tiene mucha energía», dijo Meadows, quien se mostró «optimista» sobre una «rápida recuperación» del presidente.

Por su parte Melania Trump utilizó sus redes sociales para asegurar que se sentía «bien» a pesar de tener «síntomas leves»; se dijo confiada en tener una «rápida recuperación».

«Gracias por el cariño que nos envían. Tengo síntomas leves, pero en general me siento bien. Espero una rápida recuperación», escribió en Twitter.

Este viernes también se informó que el candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, y su esposa, Jill, dieron negativo a la prueba de COVID-19, horas después de que se anunciara que serían sometidos al test, ante la noticia del contagio del presidente.

“El vicepresidente Joe Biden y la Dra. Jill Biden se sometieron hoy a la prueba de PCR para la COVID-19, y la COVID-19 no fue detectada”, señaló el médico Kevin O’Connor, en un comunicado difundido por la campaña electoral del demócrata, quien coincidió con Trump el martes en un debate electoral en Cleveland, Ohio.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó hoy que aún está en manos de la humanidad contener la pandemia de Covid-19, que se aproxima ya a los 20 millones de afectados y las 750,000 muertes.

«Hay brotes verdes de esperanza, y para cualquier país, región, ciudad o pueblo no es aún tarde para darle la vuelta a la pandemia», subrayó Tedros en la rueda de prensa desde Ginebr, Suiza.

La semana pasada fue la primera desde mediados de mayo en que no se batieron récords de infecciones diarias (el máximo histórico, casi 300,000 infecciones en una jornada, se alcanzó el 1 de agosto), por lo que la curva global de contagios semanales ha bajado por primera vez después de meses de continuo ascenso.

El experto etíope aseguró hoy que tras las cifras de contagios y víctimas mortales «hay grandes dosis de dolor y sufrimiento» en «un momento difícil para el mundo», pero subrayó que hay ejemplos en todos los continentes que demuestran que la epidemia se puede contener.

«Países en la cuenca del Mekong (sureste de Asia), Nueva Zelanda, Ruanda o muchos países en el Caribe o el Pacífico pudieron suprimir de forma temprana el virus», citó Tedros.

Añadió que Francia, Alemania, Corea del Sur, España, Italia o Reino Unido sufrieron grandes brotes, pero también pudieron frenarlo adoptando determinadas acciones, que están continuando con la llegada de rebrotes.

«Las cadenas de transmisión se han roto combinando la identificación rápida de casos, un completo rastreo de contactos, adecuado tratamiento de pacientes, distanciamiento físico, uso de mascarillas, higiene regular de las manos o el toser lejos de los demás», resumió.

Sobre los rebrotes en regiones como Europa, el director de Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan, agregó que los gobiernos ahora tienen que diseñar respuestas «lo más localizadas posible» para evitar tener que recurrir a medidas más generales como los confinamientos, que dijo, generaron tantos problemas económicos.

«Aunque disminuya la presencia del virus va a haber de todas formas rebrotes y la actuación ante ellos dependerá de lo que se haya invertido en identificación de casos o rastreo», afirmó.

La directora técnica de la OMS en la respuesta contra la pandemia de Covid-19, Maria Van Kerkhove, apeló no sólo a los gobiernos sino a la ciudadanía para reducir la transmisión: «las comunidades deben entender la función que les corresponde, y que deben gestionar sus propios riesgos».

Van Kerkhove recordó además que el 15% o 20% de las personas contagiadas en el planeta son responsables de hasta el 80% de las infecciones.

Ante la inminente llegada del nuevo curso escolar en muchos países, Tedros declaró que «todos queremos que las escuelas se reabran, pero para ello hay que garantizar que estudiantes y personal estén seguros».

El máximo responsable de la OMS recordó que el organismo y las entidades de investigación con las que trabaja requieren 100,000 millones de dólares para el desarrollo de vacunas, tratamientos y diagnósticos contra Covid-19, pero que por ahora sólo han recibido una décima parte de esa financiación.

Los problemas cerebrales causados por el Covid-19, desde alucinaciones a accidentes vasculares mortales, podrían ser más habituales de lo que se creía hasta ahora y afectar incluso a los pacientes con síntomas benignos, indicó un estudio presentado este miércoles.

Un equipo de médicos británicos del University College de Londres (UCL) estudió los síntomas neurológicos de 43 pacientes hospitalizados debido a una infección confirmada o sospechosa de Covid-19. Entre estos, hallaron 10 casos de disfuncionamiento cerebral temporal, 12 de inflamación cerebral, ocho accidentes vasculares cerebrales (AVC) y ocho de lesiones nerviosas.

La mayoría de los pacientes aquejados de una inflamación fueron diagnosticados de encefalomielitis aguda diseminada (ADEM), una enfermedad rara generalmente observada en niños tras sufrir una infección viral.

«Hemos identificado un número más elevado de lo previsto de personas aquejadas de problemas neurológicos (…), no siempre relacionados con la gravedad de los síntomas respiratorios», la principal manifestación del virus, dijo Michael Zandi, del Instituto de Neurología Queen Square del University College de Londres.

El estudio, publicado en la revista especializada Brain, señala que en ninguno de los pacientes diagnosticados con problemas neurológicos el virus SARS-CoV-2 estaba presente en el líquido cefalorraquídeo, lo que sugiere que este no atacó directamente el cerebro.

«Dado que la enfermedad existe solo desde hace varios meses, todavía no sabemos cuáles son los daños que puede provocar el Covid-19 a largo plazo», indició Ross Paterson, del mismo Instituto de Neurología.

Pero los «médicos deben ser conscientes de los efectos neurológicos posibles, puesto que un diagnóstico precoz puede mejorar los resultados sobre la salud de los pacientes», agregó.

Los expertos subrayaron a la vez que sus conclusiones no deben interpretarse como una afirmación de que las lesiones cerebrales son muy corrientes. «Es muy poco probable que haya una gran pandemia paralela de lesiones cerebrales inhabituales relacionadas con el Covid-19», según Anthony David, director del Instituto de Salud Mental del UCL.

De acuerdo al corte más reciente del monitoreo epidemiológico que realizan las autoridades sanitarias federales, al día de hoy se tienen 231,770 casos confirmados de Covid-19 en el país, de los cuales, 24,734 son casos activos.

Se da seguimiento a 75,005 casos sospechosos, mientras que se han descartado 289,142 casos adicionales. Desde que inició el seguimiento sanitario, han sido estudiadas 595,917 personas.

Sobre el número de muertes asociadas al virus, se tiene el registro de 28,510 defunciones confirmadas y 2,204 defunciones marcadas como sospechosas.

En las últimas 24 horas, México sumó 741 nuevas muertes y 5 mil 681 nuevos casos de Covid-19.

Con estas nuevas cifras, México superó a España, uno de los países que se vio más afectado en Europa por la pandemia, quien registra 28,364 muertes vinculadas al virus.

José Luis Alomía, director general de epidemiología, actualizó la cifra de personal de salud que ha ha sido contagiado por Covid-19: 46 mil 013 casos acumulados, mientras que el el número defunciones aumentó a 683. Del total de fallecidos, 41% fueron enfermeros y enfermeras; 29% médicos; 27% corresponde a otros grupos; 2% a laboratoristas y 1% a dentistas.

Los estados que más casos acumulados de coronavirus presentan son, la Ciudad de México con 48 mil 568; el Estado de México con 34 mil 953; Tabasco con 10 mil 921; Puebla con 10 mil 719, y Veracruz con 10 mil 518.

El Covid-19 ya estaba presente en las aguas residuales de las ciudades de Milán y Turín, norte de Italia, en diciembre de 2019, dos meses antes de que se registrara oficialmente el primer paciente, según las conclusiones de un estudio publicado este viernes.

El estudio del ISS, un instituto público de referencia, examinó 40 muestras de aguas residuales recogidas entre octubre de 2019 y febrero de 2020.

«Los resultados, confirmados por dos laboratorios diferentes con dos métodos distintos, confirmaron la presencia del ARN», el ácido ribonucleico o información genética del SARS-Cov-2, nombre del nuevo coronavirus, «en las muestras recogidas en Milán y Turín el 18 de diciembre de 2019», según un comunicado del instituto.

También se encontraron trazas idénticas en aguas residuales de Bolonia el 29 de enero de 2020, aunque el primer caso de un paciente con coronavirus en Italia se detectó hasta el 20 de febrero, en la localidad de Codogno, cerca de Milán.

El ISS precisa, no obstante, que no hay rastro del nuevo coronavirus en las muestras recogidas en octubre y noviembre de 2019.

«Esta investigación puede ayudar a entender el inicio de la circulación del virus en Italia y suministra informaciones coherentes con respecto» a los análisis llevados a cabo en Francia, en muestras de pacientes hospitalizados que dieron positivo en diciembre de 2019.

Estas conclusiones corresponden a las estimaciones de científicos chinos que barajan que el virus apareció a mediados de diciembre en un mercado de Wuhan que vendía animales salvajes, aunque Pekín ha dado a entender que el virus habría podido llegar a China procedente del extranjero.

El ISS también cita un estudio español que identificó rastros del nuevo coronavirus en las aguas residuales de Barcelona a mediados de enero, es decir unos 40 días antes de la identificación del primer caso en España.

«Nuestros resultados confirman la evidencia existente a nivel internacional de la importancia de vigilar el virus en las muestras recogidas en las aguas residuales y a la entrada de las instalaciones de depuración» de las aguas, asegura en el estudio Luca Lucentini, un directivo del ISS.

El hecho de haber encontrado trazas del virus no implica automáticamente que las primeras cadenas de transmisión hayan empezado con estos primeros casos, subrayó Lucentini, al estimar que «una red de vigilancia en el territorio puede resultar muy útil para controlar la epidemia».

Según Lucia Bonadonna, otra directiva del ISS, en julio se iniciará un proyecto piloto para vigilar las eventuales trazas del virus en las aguas negras en las localidades turísticas.

China calificó este jueves de «desinformación», el estudio de Estados Unidos que apunta a que el nuevo coronavirus habría surgido en el país en agosto pasado, meses antes de lo que se pensaba hasta ahora.

El estudio preliminar de investigadores de las prestigiosas universidades de Boston y Harvard indica que la epidemia pudo surgir en el verano de 2019 en Wuhan, basándose en las imágenes de satélite que muestran una afluencia inhabitual en los estacionamientos de los hospitales desde agosto del año pasado.

Asimismo, muestra el aumento de las consultas de la palabra «tos» en el motor de búsqueda chino Baidu.

Este estudio, que todavía no ha sido publicado en ninguna revista científica, podría ser la prueba de que China habría escondido al mundo durante varios meses la existencia del nuevo coronavirus.

Pero el ministerio chino de Relaciones Exteriores consideró que el estudio está «lleno de deficiencias» y «burdamente fabricado».

La portavoz del ministerio, Hua Chunying, ve en el mismo la prueba de la existencia de una campaña en Estados Unidos para «crear y diseminar deliberadamente desinformación contra China».

«Responsables políticos y medios estadounidenses actúan como si hubieran descubierto un tesoro, como si tuvieran la prueba de que China escondió la epidemia», dijo la funcionaria.

Según las autoridades chinas, el nuevo coronavirus fue detectado en diciembre y China compartió a principios de enero su código genético con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estados Unidos y China se han enfrascado en los últimos meses en una batalla sobre el origen del virus. Las autoridades estadounidense sugieren que pudo escapar de un laboratorio en Wuhan, mientras que Pekín ha dado a entender que pudo haber sido traído por soldados estadounidenses.

El virus SARS-CoV-2 pudo haber estado propagándose en China desde agosto del año pasado, sugiere una investigación de Harvard Medical School, en Estados Unidos.

Los resultados están basados en las búsquedas en internet de los distintos síntomas de la enfermedad Covid-19 y en imágenes satelitales de los estacionamientos de hospitales de la ciudad china de Wuhan, donde parece que se registró el primer brote; el análisis de estos estacionamientos ha dado pistas a los científicos de los patrones de viaje de los ciudadanos a los centros hospitalarios.

En el artículo, publicado en un repositorio de la propia Universidad de Harvard, los investigadores muestran tanto un aumento del tráfico en los estacionamientos de los hospitales como de las búsquedas en la red de los síntomas de la enfermedad, meses antes de diciembre de 2019, cuando se documentó el inicio de la pandemia.

«Aunque no podemos confirmar si el incremento del volumen estaba directamente relacionado con el nuevo virus, nuestra evidencia apoya otros recientes trabajos que demuestran que la emergencia ocurrió antes de que se identificara en el mercado de mariscos de Wuhan».

En este sentido, insisten, se observa «una tendencia al alza» en el tráfico hacia los centros hospitalarios y en el volumen de búsquedas en internet «a partir de finales del verano y principios del otoño de 2019».

Mientras que las búsquedas del síntoma respiratorio de la tos muestran fluctuaciones estacionales que coinciden con las temporadas anuales de gripe, la diarrea es un síntoma más específico del Covid-19 y sólo muestra una asociación con la epidemia actual, indican los autores en su escrito.

Para llegar a sus conclusiones, el equipo de científicos recogió 111 imágenes de satélite de Wuhan (múltiples sitios por imagen) desde el 9 de enero de 2018 hasta el 30 de abril de 2020.

Entre el período analizado hubo una tendencia general al alza de aumento de la ocupación de los hospitales; en concreto, a partir de agosto de 2019 se detectó un incremento en la ocupación de los estacionamientos, culminando con un pico en diciembre de ese año.

Si bien los hospitales tienen, tanto en otoño como en invierno, días de alto volumen relativo, entre septiembre y octubre, cinco de los seis hospitales analizados mostraron diariamente su mayor número de ocupación. Esto coincide además con los elevados niveles de consultas en el buscador chino Baidu de los términos «diarrea» y «tos».

Los autores también apuntan que se ve una gran disminución del volumen de ocupación de hospitales y de los datos de las consultas de búsqueda tras el cierre sanitario de Wuhan el 23 de enero de 2019.

Estos hallazgos corroboran asimismo la hipótesis de que el virus emergió de forma natural en el sur China, concluyen los autores.

Por su parte, Pekín calificó como «ridículo» el estudio publicado; científicos dijeron que la investigación no ofrecía pruebas convincentes sobre cuándo comenzó el brote.

Paul Digard, virólogo de la Universidad de Edimburgo, afirmó que el uso de búsquedas en internet e imágenes de satélite sobre tráfico en los hospitales para detectar brotes de enfermedades «es una idea interesante con alguna validez». No obstante, indicó que los datos son solo correlativos y, como destacaron los científicos de Harvard, no pueden identificar la causa.

«Es un trabajo interesante, pero no estoy seguro de que nos haga avanzar mucho», dijo Keith Neal, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en la Universidad de Nottingham.

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, afirmó que «creo que es ridículo, increíblemente ridículo, llegar a esta conclusión basado en observaciones superficiales como el volumen de tráfico».

Arturo Sarukhan

EL UNIVERSAL

 

 

A lo largo de la historia, el orden internacional ha tendido a cambiar gradualmente al principio y de pronto se acelera y cristaliza. A manera de ejemplo, si bien desde el período de entreguerras Estados Unidos ya había rebasado al Reino Unido como la principal potencia global, en 1956 una intervención fallida en el canal de Suez puso al descubierto la degradación del poder británico y marcó su capítulo final como potencia global. Hoy Estados Unidos sigue siendo la principal potencia en el mundo, pero desde hace ya una década China, como la gran potencia retadora, ha venido nivelando el terreno de juego, y si Washington no reacciona a tiempo, el COVID-19 bien podría marcar otro “momento Suez” de inflexión geopolítica mundial.

La relación entre Estados Unidos y China parece encontrarse en este momento en una espiral descendente y refleja en la actual coyuntura de la pandemia, una especie de historia dickensiana de dos naciones. Por un lado, el papel de EE.UU como líder global en las últimas siete décadas se construyó no solo sobre su riqueza económica, su poderío militar y diplomático y su capacidad de innovación e reinvención singulares, sino que se fincó también en la legitimidad que fluía de sus instituciones democráticas y su gobernanza interna, así como -de tiempo en tiempo- de la provisión de bienes públicos globales, su contribución a un orden internacional basado en reglas y la capacidad y disposición para coordinar respuestas globales a la crisis del momento. El nuevo coronavirus está poniendo a prueba estos factores del liderazgo estadounidense y hasta ahora, la Administración Trump está reprobando de manera estrepitosa ese examen. Por el otro, hasta hace unos meses China parecía estar tambaleándose bajo el impacto de la pandemia. Su economía estaba en caída libre y la muerte de un médico en Wuhan que había denunciado el manejo de política de salud pública de Beijing había desatado una revuelta en línea contra las autoridades del país. Desde entonces, China había estado buscando una oportunidad para cambiar la narrativa como la nación que encubrió y permitió la propagación acelerada del virus a la de una potencia global magnánima que ofrece liderazgo en un momento de pánico y peligro en buena parte del resto del mundo. A medida que Washington vacila, Beijing se mueve rápida y hábilmente para aprovechar el boquete creado por los errores de Donald Trump, llenando el vacío para posicionarse como el líder mundial en la respuesta a la pandemia. China está tratando de convertir su crisis de salud en una oportunidad geopolítica, mostrándose como una potencia responsable (amén de lo que pueda ocurrir en Hong Kong) tal como lo hizo después de la crisis financiera de 2008, cuando su estímulo económico ayudó a elevar la demanda global, suministrando -vía el andamiaje de La Franja y la Ruta- equipos médicos, asesoramiento y, en algunos casos, personal, a países de África, Oriente Medio, Latinoamérica y el Caribe e incluso Europa. Pero mientras que durante la gran recesión Beijing coordinó sus esfuerzos con los de EE.UU, esta vez está combinando sus donaciones humanitarias a países afectados con retórica antiestadounidense (en gran medida en el marco de su guerra comercial bilateral y como respuesta a las diatribas de Trump y a su intento xenófobo por colocarle sello de ‘Hecho en China’ al virus). La sensación que queda con este círculo vicioso es la de una superpotencia en ascenso que intenta mostrar a la superpotencia del estatus quo cuál de las dos naciones es la más importante.

¿Podrán ambas naciones escapar en esta coyuntura lo que el internacionalista Graham Allison llama la trampa de Tucídides? En su “Guerra del Peloponeso”, el historiador y general griego describe que fue el ascenso de Atenas y el temor que eso inculcó en Esparta lo que hizo que la guerra fuese inevitable. En el pasado, cuando potencias retadoras y del estatus quo evitaron la guerra, se requirió de ajustes enormes y dolorosos en las actitudes y acciones no sólo de la nación retadora sino también de la retada. Históricamente en las relaciones internacionales, suelen coincidir tres atributos que convierten una emergencia internacional en una reconducción pacífica del realineamiento geopolítico: la existencia de una alianza en tiempos de conflicto o volatilidad que se transforma en una coalición de paz o estabilidad; un final identificable, marcado y claro de la crisis con el que comienza un nuevo capítulo en el sistema internacional; y la presencia de un país poderoso y visionario para guiar el esfuerzo. Hoy, esos
tres atributos están ausentes, y la relación entre Estados Unidos y China se ha deteriorado al nivel más bajo desde la masacre de Tiananmen en un momento particularmente desafortunado, cuando los dos países deberían unir fuerzas para mitigar los estragos sociales económicos y financieros -y eventualmente los geopolíticos- causados por la pandemia. Después de más de 40 años de interacción entre Estados Unidos y China, las dos superpotencias no han podido salvar el abismo ideológico que las separa. Una pandemia global podría haber servido como una ocasión para una mayor cooperación: en realidad, solo ha hecho que la brecha sea más patente.

Si bien el conflicto no es inevitable y esta nueva era de rivalidad geopolítica puede diferir en aspectos importantes de las tensiones de Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1947 y 1991, las diferencias irreconciliables en los valores políticos y las ambiciones estratégicas entre China y EE.UU están destripando la confianza mutua. La competencia estratégica seguirá siendo el paradigma dominante, una competencia que tiene, además, implicaciones directas para México en virtud de nuestra vecindad con EE.UU y la interdependencia de nuestras economías. La pregunta es si esa rivalidad creciente, esa “Guerra Fría 2” como muchos analistas ya la están bautizando, se inclina hacia una hostilidad permanente y total y un cambio estructural del foco de poder global.

Mucho dependerá -más allá de las megatendencias y cálculos geopolíticos- de lo que suceda políticamente tanto en Washington como en Beijing. Pensar simplemente que esta polarización estratégica existe solo porque está Trump en el poder sería confundir síntoma con enfermedad; en la última década se ha dado un realineamiento bipartidista en Estados Unidos (https://www.eluniversal.com.mx/articulo/arturo-sarukhan/nacion/aguila-co…) hacia una relación de mayor dureza y realismo con China. Pero por ahora, ciertamente la ruta más directa y la mejor esperanza para el resto del mundo para impulsar en el mediano plazo la cooperación global ante la pandemia y evitar que la dislocación geopolítica entre ambas naciones sea aún mayor es la derrota de Trump en las urnas en noviembre.

Un estudio realizado por el Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas de Singapur y la Academia de Medicina de ese país, afirma que los pacientes de Covid-19 dejan de ser infecciosos después de 11 días de haber contraído la enfermedad, aunque den positivo a las pruebas.

Según los datos de la investigación, el período infeccioso del SARS-CoV-2 en individuos sintomáticos puede comenzar alrededor de dos días antes del inicio de los síntomas, y persiste durante aproximadamente siete a 10 días después de la aparición de estos.

Por lo que la replicación viral activa cae rápidamente después de la primera semana, y, conforme a los resultados, no se encontró un virus viable después de la segunda semana de la enfermedad, a pesar de la persistencia de la detección de ARN.

Además, los hallazgos respaldados por datos epidemiológicos, microbiológicos y clínicos, sugieren que los recursos pueden enfocarse en evaluar a las personas con síntomas respiratorios agudos y sospecha de Covid-19 en una etapa temprana, esto a su vez permitiría una intervención y contención de salud pública más oportuna.

El análisis tuvo como objetivo establecer la comprensión actual de la infección en pacientes infectados con el virus, para informar estrategias útiles para los servicios de salud.

Conforme a los datos publicados en la investigación, basados en un análisis de 766 pacientes, indicaron que para el día 15 desde el inicio de la enfermedad, el 30 por ciento de todos los pacientes con COVID-19 son negativos a la técnica científica por hisopo nasofaríngeo; para el día 21 aumenta al 68%; al día 28 en un 88% y para el día 33 en un 95% de todos los pacientes son negativos.

“Si bien la duración de la eliminación viral por PCR (reacción en cadena de la polimerasa), puede extenderse a un mes y, a veces, más para un pequeño grupo de pacientes, y varias jurisdicciones, incluida Singapur, lo han estado utilizando para guiar las políticas de des-aislamiento y alta, es importante tener en cuenta que la detección de ARN viral por PCR no equivale a infecciosidad o virus viable», describen los investigadores en el escrito.

A pesar de los hallazgos, los científicos concluyen resaltando que hacen falta datos sólidos sobre la infecciosidad de individuos asintomáticos y presintomáticos, además de la cantidad de infección asintomática que impulsa la transmisión. No obstante, las personas asintomáticas pueden tener patrones similares de eliminación viral.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), criticada por Estados Unidos por no haber reaccionado rápidamente ante el nuevo coronavirus, pidió este viernes a China que lo invite a participar en las investigaciones sobre el origen animal del patógeno.

«La OMS desearía trabajar con los socios internacionales y, a invitación del gobierno chino, participar en la investigación sobre los orígenes animales» del virus, indicó el portavoz de la organización, Tarik Jasarevic.

La OMS, que hasta ahora ha elogiado la gestión de la crisis hecha por Pekín, explicó el viernes que «estimaba que un cierto número de estudios que desean entender mejor el origen de la epidemia en China estaban previstos o en marcha».

Pero «la OMS no participa actualmente en estos estudios en China», subrayó el portavoz en entrevista con la agencia AFP.

Recordemos que a finales de enero, una delegación de la OMS dirigida por su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, viajó a Pekín para reunirse con el presidente Xi Jinping y organizar la visita a China de un equipo internacional de científicos, en el que la OMS estaría incluida.

Días antes, la OMS pudo realizar una visita a Wuhan, cuna del patógeno.

Muchos países han dado su apoyo a la OMS pero otros, como Estados Unidos, han manifestado sus dudas o críticas sobre la gestión de este organismo de la ONU. Washington decidió suspender su contribución financiera a la institución por considerar que su quehacer es demasiado condescendiente con Pekín.

Según la OMS, las investigaciones en marcha se centran en enfermos cuyos síntomas comenzaron a manifestarse en Wuhan y sus alrededores a finales de 2019, en muestras tomadas en mercados y granjas de regiones donde se identificaron los primeros casos en seres humanos, y en especies salvajes y animales.

Los resultados de estos estudios son «esenciales para prevenir nuevas introducciones del virus que ha causado la COVID-19 desde los animales hacia el ser humano», explicó el portavoz.

El presidente Donald Trump insistió en que ha visto evidencia que vincula al Covid-19 con el Instituto de Virología Wuhan, con lo que reaviva el enfrentamiento con China.

Trump aseguró que China pido haber contenido el virus pero prefirió dejar que se propagara, tras asegurar haber visto pruebas que muestran que el patógeno se originó en un laboratorio de la ciudad de Wuhan.

«Podrían haberlo parado, ellos (China) son una nación muy brillante, científicamente y en otras cosas. Se escapó, digamos eso, y ellos podrían habérselo guardado, podrían haberlo parado, pero no lo hicieron», dijo Trump a los periodistas en La Casa Blanca, sin especificar a qué tipo de prueba se refería.

Horas antes, el director de la oficina de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Richard Grenell, descartó que el nuevo coronavirus fuera una creación artificial.

«La comunidad de Inteligencia coincide con el amplio consenso científico de que el virus COVID-19 no es ni artificial ni genéticamente modificado», destacó el jefe de la agencia federal en un comunicado, oponiéndose así los dichos de Trump.

Agregó que la comunidad de Inteligencia continuará examinando rigurosamente la información y los datos que surjan para determinar si el brote comenzó a través del contacto con animales infectados o si fue resultado de un accidente en un laboratorio en Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia.

De acuerdo con el diario The New York Times, altos funcionarios de la administración Trump han presionado a las agencias de espionaje estadounidenses para que busquen evidencia que respalde una teoría sin fundamento de que un laboratorio del gobierno chino en Wuhan fue el origen del brote de coronavirus.

El presidente Trump intensifica una campaña pública para culpar a China de la pandemia de COVID-19, que ha infectado a más de un millón de personas en Estados Unidos, y ha causado más de 63 mil muertos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo este miércoles que habían «preocupantes tendencias al alza» en las primeras etapas de la epidemia de Covid-19 en regiones de África, América Central y del Sur, además de que advirtió que la reapertura de los viajes a nivel global debía gestionarse con cuidado.

«La mayoría de los países aún se encuentran en las primeras etapas de sus epidemias y algunos que se vieron afectados al comienzo de la pandemia están comenzando a ver un resurgimiento de los casos», dijo en una conferencia virtual en Ginebra el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

El Jefe de la OMS llamó a los gobiernos de todo el mundo a no equivocarse y subestimar la pandemia, pues dijo, aun queda un largo camino por recorrer. «Este virus estará con nosotros durante mucho tiempo».

Tedros Adhanom recordó que a nivel mundial se registran más de 2.6 millones de casos de COVID-19, así como más de 180,000 muertes.

«No hay duda de que las órdenes de quedarse en casa y otras medidas de distanciamiento físico han inhibido con éxito la transmisión en muchos países. Pero este virus sigue siendo extremadamente peligroso», enfatizó el director de la OMS.

Advirtió que la mayoría de la población mundial sigue siendo susceptible al virus, lo que significa que la epidemia pueden volver a reaparecer fácilmente.

Al reconocer el frustramiento de las personas con las medidas de confinamiento, pues quieren continuar con sus vidas, la OMS dijo que el mundo no volverá ni puede volver a ser como era antes de la aparición del nuevo coronavirus; dijo que debe haber una «nueva normalidad»: un mundo más saludable, más seguro y mejor preparado.

Indicó que las medidas de salud pública que se han estado implementando a raíz de la pandemia deben seguir siendo «la columna vertebral» en todos los países.

Tedros Adhanom rechazó las críticas a su gestión de la pandemia del COVID-19, surgidas especialmente en EUA, y subrayó que seguirá trabajando «día y noche» centrado en luchar contra el coronavirus.

«Vendrán críticas de todos lados, pero yo no tengo energías para responderlas, prefiero concentrarme en salvar vidas», declaró Tedros.

Tras el anuncio la semana pasada del presidente Donald Trump de que EUA suspendería la contribución a la OMS, algunos congresistas republicanos han sugerido pedir la dimisión de Tedros como condición para reanudar la aportación nacional.

El experto etíope respondió al respecto que durante sus tres años en el cargo ha trabajado por la reforma del organismo y ahora sigue haciéndolo día y noche, «porque es una bendición tener este trabajo y la responsabilidad de salvar vidas».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó hoy que pronto publicará una guía estratégica actualizada para apoyar a los países y regiones en la toma de decisiones sobre el momento en el que pueden levantar las actuales restricciones sociales y económicas para la contención de la Covid-19.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo en una conferencia de prensa virtual desde Ginebra que la nueva estrategia resumirá lo que el mundo ya ha aprendido sobre el nuevo virus. «Las decisiones se deben basar antes que nada en proteger la salud humana y en lo que sabemos del virus y cómo se comporta» , dijo el jefe de la OMS.

Explicó que la nueva guía estratégica incluirá seis criterios para los países que consideren la suspensión de las restricciones.

  • Que la transmisión haya sido controlada.
  • Que el sistema de salud tenga capacidad de detectar, examinar, aislar y tratar todos los casos, además de rastrear todos los contactos.
  • Que los riesgos de brote sean minimizados en ubicaciones especiales como centros de salud o asilos.
  • Que se implementen medidas preventivas en sitios de trabajo, escuelas y otros lugares a los que sea esencial que las personas acudan.
  • Que los riesgos de importación se puedan manejar.
  • Que las comunidades estén plenamente informadas, comprometidas y empoderadas para ajustarse a la «nueva normalidad» .

«Todos los países deben implementar un conjunto integral de medidas para desacelerar la transmisión y salvar vidas, con el fin de alcanzar un estado firme de nulo o bajo nivel de transmisión» , añadió el jefe de la OMS.

Fue en ese punto cuando Tedros Adhanom reconoció que la nueva cepa del coronavirus es 10 veces más mortifera que el virus responsable de la gripe AH1N1, surgido en 2009.

«Solo podemos decir lo que sabemos, y solo podemos actuar sobre lo que sabemos. La evidencia de varios países nos está dando una idea más clara sobre este virus, cómo se comporta, cómo detenerlo y cómo tratarlo. Sabemos que COVID-19 se propaga rápidamente, y sabemos que es mortal, 10 veces más mortal que la pandemia de gripe de 2009″. sostuvo.

Detalló también que un grupo de científicos, médicos, financiadores y fabricantes prometieron fortalecer sus esfuerzos y «ayudar a acelerar la disponibilidad de una vacuna contra la COVID-19».

Señalaron que aunque el desarrollo de una vacuna para uso general requiere tiempo, una vacuna podría en última instancia resultar decisiva para controlar la pandemia mundial.

«Mientras tanto aplaudimos la implementación de las medidas de intervención de la comunidad que reducen la propagación del virus y protegen a las personas, incluyendo a las poblaciones más vulnerables, y prometemos usar el tiempo ganado con la adopción generalizada de tales medidas para desarrollar una vacuna tan rápidamente como sea posible», indicó el director de la OMS.

La crisis sanitaria por el COVID-19 nos agarra a los mexicanos en un escenario de debilidad económica y división social tremenda. El presidente López Obrador, lejos de ser un líder para todos lo mexicanos, ha sido quien ha alimentado este discurso de división. Su falta de claridad respecto a los riesgos de que muchos mexicanos nos contagiemos al mismo tiempo y con ello desbordemos el de por si precario sistema de salud, aumentando el número de muertes, ha generado la idea entre la población de que el COVID-19 es un virus que solo afecta a los fifís que viajan.

Sin duda en México se debe tomar en cuenta las miles de carencias que sufren más de 60 millones de mexicanos para quienes eso del “home-office” es una idea profundamente irreal por varias razones. Partiendo de que no hay acceso a internet hasta que la oficina en casa es inviable si tu sustento es lavando y estacionando coches en la calle o vendiendo quesadillas en la esquina afuera del metro.

Además, esto de lavarnos las manos durante 20 segundos puede sonar sumamente sencillo para quienes tenemos agua con solo abrir la llave del baño, pero para un 46.4 por ciento de los mexicanos no hay suministro de agua de manera cotidiana dentro de su vivienda, según datos de Coneval.

La manera como podemos enfrentar el COVI-19 varía de forma importante dependiendo de la situación económica en que nos encontremos y eso es algo que las autoridades tendrán que tomar en cuenta al momento de idear respuestas para hacerle frente a la pandemia.

El presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que su gobierno se va a enfocar en proteger a los débiles y a los pobres del COVID-19. “Nada de rescates al estilo del periodo neoliberal, que les daban a los bancos y a las grandes empresas. No, que ni estén pensando en que habrá condonaciones de impuestos.”

No quiero defender los rescates que han hecho los gobiernos de México en el pasado por que varios de ellos han ayudado a pocos con el dinero de todos los mexicanos. Pero esos errores del pasado no son excusa para no darnos cuenta de la importancia de sacar adelante a los más desfavorecidos a través de, entre otras palancas de desarrollo, los empresarios. Pequeños y grandes.

El gobierno claramente no puede solo. Pero el presidente y varios de quienes le escuchan viven bajo la impresión de que todas las empresas y todos los empresarios son unos egoístas depredadores que se enriquecen a costa del pueblo bueno. En esta visión maniquea se olvidan que los empresarios invierten, generan empleos y pagan impuestos.

En estos días de pandemia, se hizo viral que una empresa que es dueña de, entre otras marcas, las cafeterías Starbucks, había tomado la decisión de no pagarle a los empleados que decidieran dejar de ir a trabajar. En seguida vinieron ataques en redes sociales para la empresa depredadora. Los comparativos de lo que Starbucks está haciendo en Estados Unidos no se dejaron esperar. Allá, entre otras medidas, Starbucks le mantiene el sueldo a quienes no acudan a trabajar y se lo están aumentando a los empleados que sí se presenten.

¿Por qué en EUA lo pueden hacer y en México no, aun cuando en ocasiones son las mismas marcas? Porque el gobierno estadounidense está ideando un paquete de ayuda federal de 2 billones de dólares para familias y empresas (que fue parte del motivo de la fuerte alza de los mercados financieros ayer).

Entiendo la diferencia de tamaño de las economías. Pero eso no es excusa para que el plan del gobierno mexicano, anunciado un día después de la cancelación ilegal de la planta de Constellation Brands, sea presumir que tenemos en caja 400 mil millones de pesos extras producto de “ahorros” derivados de la no corrupción.

Columna completa en El Universal

Se ha criticado mucho la falta de acción de parte del gobierno mexicano ante la pandemia del COVID19. Aquí quiero documentar dos errores garrafales y claros del actual gobierno.

Error 1: Asumir que una vez que tienes COVID19, te vuelves inmune al virus.

Durante la conferencia mañanera del lunes, el Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, declaró a la pregunta de si el presidente López Obrador se va a realizar la prueba del COVID19 que “casi sería mejor que padeciera [el presidente López Obrador] coronavirus porque lo más probable es que él, en lo individual, como la mayoría de las personas, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune y entonces ya nadie tendría esta inquietud sobre él”.

Sorprende que quien está al frente de la tarea de enfrentar la pandemia en México haga una declaración tan irresponsable. La ‘estrategia’ de López Gatell es similar a la que Boris Johnson consideró para Inglaterra y que ya ha demostrado estar sumamente equivocada. Se llama “inmunidad en manada” e implica dejar que la población menos vulnerable a morir o enfermar gravemente del virus, como los menores de 60 años, se contagien ahora del COVID19 para generar inmunidad al virus y así, en un segundo brote que la mayoría de los médicos considera llegará con más fuerza en otoño, los servicios de salud no se verán desbordados.

Suena bien, pero hay dos problemas. El primero es que el COVID19 es un virus nuevo y nadie sabe si realmente generamos inmunidad al enfermarnos. De hecho ya van varios casos documentados de pacientes que se enfermaron del coronavirus; se recuperaron y han vuelto a contagiarse. Los detalles se pueden consultar aquí: https://www.independent.co.uk/news/world/asia/japan-coronavirus-test-positive-recover-a9404056.html

Y lo segundo es que al tener 66 años, el presidente no es precisamente el demográfico menos vulnerable de sufrir consecuencias graves si se contagia de COVID19.

Error 2: No dar seguimiento adecuado a pacientes con casos confirmados de COVID19.

En mi podcast Broojula entrevisté a un paciente que salió positivo en la prueba del COVID19. En su testimonio, Jorge -utilizamos pseudónimo – relató que el martes 10 de marzo regreso a la Ciudad de México procedente de Vail, Colorado, a donde pasó unos días de vacaciones con su esposa y amigos. Jorge tiene 50 años; su esposa 48. Ambos comenzaron a sentirse mal llegando a la Ciudad de México. Él primero que ella. Fue al médico el miércoles 11 de febrero y, al hacerle una primera revisión, el doctor lo bajó de inmediato a un área especial del hospital ABC de Observatorio en donde le hicieron la prueba tanto del H1N1 como del COVID19.

La prueba del H1N1 salió negativa en menos de 24 horas. El viernes 13 recibió los resultados de la prueba del COVID19. Resultado positivo. Su esposa acudió al médico pero ya no le hicieron la prueba. Presentaba claramente los mismos síntomas y por lo tanto decidieron no sacrificar usar una prueba que le puede servir a alguien con caso más severo. Jorge relató que hasta ayer, martes 17 a las 4:30pm, ninguna autoridad de salud lo ha contactado ni para preguntarle en qué vuelo llegó a la CDMX. Resulta que él y su esposa tomaron dos vuelos: uno de Denver a San Diego y otro de Tijuana a la Ciudad de México.

Si las autoridades no conocen sus vuelos, es imposible que contacten a quienes estuvieron en los mismos aviones. Si las autoridades no saben del caso de la esposa de Jorge, es imposible que tengan un conteo adecuado de los contagios de COVID19 en el país.

 

Columna completa en El Universal