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No está México ni los mexicanos en la polémica. Tampoco Rusia. Ni Hillary Clinton, Arnold Schwarzenegger o la reportera Megyn Kelly. En esta ocasión Trump se fue en contra de la identidad misma de los estadounidenses al poner en igual plano moral a los neo-Nazis, Ku Klux Klan, racistas, antisemitas que se manifestaron en Charlottesville, Virginia, con los contra manifestantes que se juntaron en repudio a estos supremacistas.

 

Sabemos que Trump ha sido muy rápido en atacar, criticar, desdeñar aquello que no le parece. En el caso de los supremacistas que dejaron a una mujer de 32 años muerta, la condena tardó 48 horas y después se desdijo alegando que había radicales de ambos lados y buenas personas entre los dos grupos.

 

El resultado ha sido una nueva catástrofe para Donald Trump quien, mediante esta actuación se ha generado una nueva crisis auto infligida que lo deja de nueva cuenta aislado con su nivel de aprobación bajando (está en 34%); peleado con los líderes republicanos en el congreso; con los medios de comunicación (incluyendo a Fox News cuyos conductores – como Shepard Smith, han confesado que no pueden encontrar a un solo republicano para salir a defender a Trump al aire); líderes mundiales, en especial los europeos que vivieron los horrores del nazismo; afro-americanos; líderes militares que expresaron su repudio a Trump; gobernadores (el de Arizona, Greg Stanton, le pidió vía twitter a Trump que reconsidere postergar el rally que tiene programado para el día 22 en Phoenix) y hasta miembros de su staff en La Casa Blanca que han filtrado a la prensa que no están contentos con las expresiones de su jefe.

 

 

Columna completa en El Universal

Foto: Archivo APO

JORGE SUÁREZ-VÉLEZ

REFORMA

 

En una democracia, las elecciones permiten que el pueblo legitime a las élites en el poder. Los electores podrían aprovechar las de 2018 para castigarlas. Motivos sobran.

La XXII Asamblea Nacional del PRI dio el marco para que miles de militantes “doblaran la rodilla” ante Peña Nieto quien elegirá a su sucesor, cuya divina unción le ratificará lealtad incondicional. Se inicia “La Cargada”, el acuerdo tácito en la lealtad estructural priista. Doblar la rodilla garantiza absolución de todo pecado, hacerlo implica abstenerse de cualquier crítica o alianza contra colegas y partido. AMLO replica precisamente ese ritual. Él decide, él escoge, nadie critica y, a cambio de lealtad incondicional, él absuelve. AMLO es el epítome del priismo, su manifestación más pura.

Al día siguiente, se supo más sobre los pagos de la empresa brasileña Odebrecht a Emilio Lozoya. Éstos son una pequeña parte de los 450 millones de dólares de coimas repartidas por la constructora a gobiernos en la región, a cambio de contratos. A diferencia de la expedita reacción en Perú, Colombia y otros países, en México ha habido mínima reacción. ¿Será que parte de esos recursos financiaron la campaña de EPN? ¿Será otra investigación como la de Duarte en Veracruz donde el salvoconducto proviene del incómodo destino de parte de lo malversado? Éste es sólo un caso más en el que Lozoya intermedió para transas como las de OHL, Fertinal, Fertimex y Oceanografía. Otro compinche “leal” como Ruiz Esparza.

La élite de los partidos de oposición brilla por su ausencia. Han hecho todo menos oponerse. No han sido el contrapeso indispensable. A cambio de moches y de margen de maniobra para sus propias corruptelas, dejan de hacer lo que les toca.

Los empresarios son otra élite que claudicó. Los más poderosos aplauden y guardan silencio, ante el riesgo de que denunciar o exigir ponga sus privilegios en riesgo. Cuando nos preguntamos por qué no hay grandes empresas nuevas en México y por qué emprendemos tan poco, la respuesta empieza aquí. Demasiados empresarios están más consternados por hacer alianzas para mantener lo que tienen, que por realizar nuevos emprendimientos. Además, corrompen sin ambages si se requiere.

Pero la vida cotidiana de la gente se deteriora. Sufren de inseguridad, mal transporte público, mala infraestructura, basura, pésima educación, extorsión, trámites engorrosos, etcétera. La prosperidad es un distante espejismo para la mayoría, quien ve los grotescos desplantes de élites que restriegan el producto de la impunidad en sus caras.

Las élites cometen un error de cálculo. En la narrativa de Enrique Ochoa, presidente del PRI, el populismo de AMLO es el enemigo. Es cierto que su Presidencia sería la puntilla para México, llevándonos a un subdesarrollo perenne, en el mejor de los casos. Los empresarios prefieren no hacer olas ni exigir demasiado, porque cualquier crítica fortalece al mesías tabasqueño. Ambos se equivocan, su principal enemigo no es AMLO sino la impunidad flagrante.

Chávez no surgió solo, la élite empresarial venezolana y los partidos (AD, COPEI) le pusieron la mesa. La única forma honesta de bloquearle el acceso a cualquier populista es exigiéndole a quien contienda por la Presidencia que presente una propuesta detallada y realista de gobierno. Ésta tiene que incluir con precisión cómo va a crear un sistema de procuración de justicia profesional, eficiente, bien fondeado, con dientes, y claramente autónomo del Poder Ejecutivo. Esa fortaleza institucional, no la promulgación de leyes que nadie cumplirá, es la única forma para empezar a vencer una impunidad grotesca que ofende cada día más.

Si las élites no lo entienden y no lo exigen, los electores votarán sólo para castigarlas, aunque al hacerlo se acaben haciendo más daño. Al menos, tendrán compañía en su desdicha.

 

 

@jorgesuarezv

 

 

Me duele de México la inseguridad en que se vive, la pobreza que hay.

 

Si tuviera cinco minutos para hablar con todo México le diría que es momento de ser un país grande, de unirnos, de ayudarnos unos a otros, de ser leales con nosotros mismos y con nuestro país, que necesitamos dejar de ser egoístas, necesitamos gente triunfadora, personas que quieran progresar y no perjudicar, gente honesta, gente que fomente los buenos valores dentro de una familia. Es momento de dejar de ser mediocres, pensar y sentir que somos un país importante.

 

Quisiera ver un país más seguro, donde podamos vivir tranquilos. Quisiera ver un país fuerte económicamente y respetado a nivel mundial. Quisiera también ver a mi país sin tanta contaminación ni pobreza y lleno de personas exitosas. Porque tenemos muchos recursos para lograrlo, porque somos un gran país con muchas riquezas y porque los mexicanos tenemos un espíritu luchador.

 

Estos párrafos los tomo del capítulo que escribió Rafa Márquez para el libro Uno + Uno. 32 líderes sumando por México que coordinamos Carlos Mota y yo durante el año 2010. Son palabras del futbolista, escritas de su puño y letra…

 

 

Columna completa en El Universal

Foto: Twitter @RafaMarquezMX

Jorge Alcocer

Reforma

 

 

Cuentan que en septiembre de 1996 el secretario de Gobernación marcó la red presidencial para informar al primer priista que la XVII Asamblea Nacional se había salido de control. Los delegados habían aprobado lo que la prensa denominó “candados”; requisitos estatutarios que dejaban fuera de la sucesión presidencial de 1999 a dos prospectos muy cercanos a los afectos presidenciales.

 

Hay quienes creen que una llamada semejante podría tener lugar al concluir la Mesa de Estatutos de la XXII Asamblea Nacional del PRI. Dejando de lado la imaginación, es evidente que dentro del antaño disciplinado partido tricolor se manifiestan abiertamente voces que claman por impedir el regreso a la tradición del dedazo presidencial, tan eficaz durante muchas décadas. Aunque todo por servir se acaba.

 

Algunos insisten en ver al tricolor como a un enfermo terminal con fecha cierta de ingreso a terapia intensiva. Sin embargo, si a los votos, no a los deseos de sus adversarios, atendemos, el PRI será uno de los tres competidores centrales en la contienda que dará inicio el 8 de septiembre próximo. Cosa que, por cierto, no puede presumir el desfalleciente PRD, extraviado en la búsqueda de una alianza con el PAN, con la que espera arañar los votos que lo salven de bajar a las ligas menores.

 

Si la pelea de esta semana es por los candados, los rijosos están un poco confundidos; les haría bien releer los Estatutos de su partido antes de protagonizar pírrica batalla campechana. En efecto, aunque quitar el requisito de los 10 años de militancia parece indispensable para dos aspirantes cercanos a los afectos presidenciales, podría tratarse de una mala lectura.

 

De Aurelio Nuño se rumoró, hace 2 años, que no aparecía en el padrón de afiliados del PRI, pero eso siempre se puede corregir con la credencial oportuna y la fe de erratas certificada por fedatario; no sería la primera vez que así ocurre. El caso de José Antonio Meade Kuribreña es más polémico ya que el hoy secretario de Hacienda (lo fue también de Felipe Calderón) ha reconocido públicamente que no está afiliado a ningún partido, así que en su caso la credencial no funcionaría. Lo que sí funciona son las normas del artículo 196, en relación al 7 y 8, de los actuales Estatutos del PRI, que contemplan los casos de aspirantes a una candidatura, no afiliados al tricolor, en caso de alianza electoral. Si usted pensó en un destapador verde acertó, aunque también serían útiles para el caso el PANAL o el PES, que salen más baratos, al menos hasta hace pocas semanas.

 

Así que dejar el requisito de 10 años de militancia podría ser inocuo para esos dos aspirantes; a menos que los conversos a la democracia, como los ex gobernadores Murat y Ruiz, pretendan imponerles otros requisitos imposibles de cumplir. Aunque otros aspirantes están blindados ante casi cualquier cambio estatutario, no es el caso del ex rector de la UNAM, José Narro, al que sacarle del archivo muerto el requisito de haber tenido previamente un cargo de elección popular provocaría el mismo efecto que la kryptonita a Superman. De prosperar esa pretensión la inevitable pregunta será ¿de parte de quién? Creo que no será necesaria.

 

Tampoco parece tener futuro la pretensión de que la Asamblea tricolor acuerde que el método de selección de su candidato presidencial sea la consulta abierta a todos los ciudadanos. Por la experiencia previa (1999) los delegados al cónclave tricolor harían bien en leer la entrevista publicada en este diario a Francisco Labastida, ex candidato presidencial.

 

Inyectar en el cuerpo del casi nonagenario partido una sobredosis de democracia podría provocarle un síncope de consecuencias dramáticas para su salud. No le funcionó hace 18 años; nada indica que ahora lo haría. Menos aún cuando la capacidad de conducción del actual primer priista está lejos de la que tenía en aquel momento su inmediato antecesor (del PRI).

 

Posdata. Estarán unidos, hasta que el candidato los separe. El vaticinio es de Gustavo Madero.

 

 

Foto: Archivo APO

No se hagan bolas, podría arrancar diciendo el presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, el próximo 12 de agosto cuando el partido celebre su 22 Asamblea Nacional. No se hagan bolas respecto a los candados de los estatutos y la tan traída y llevada cantaleta de la necesidad de reformarlos para ampliar la baraja de posibles candidatos. Y es que, estando como están los estatutos, todos caben en la ecuación para ser el próximo candidato del partido a la presidencia.

¿Qué requisitos son necesarios para poder ser postulado para cualquiera de estos mecanismos?

Luis Videgaray, Aurelio Nuño, Miguel Angel Osorio Chong, Eruviel Ávila cumplen con los requisitos para ser candidatos de acuerdo con su militancia de más de diez años en el partido y demás puntos contenidos en el artículo 166 de los estatutos.

Se ha dicho que Narro y Meade no cumplen con el requisito de militancia. Falso. Narro fue presidente de la Fundación Siglo XXI, antecesor de la hoy Fundación Colosio, en 1993 lo que lo hace afiliado al PRI desde entonces (más de diez años) y parte de la Asamblea, de acuerdo con el artículo 21 de los estatutos del partido. Quien va a la Asamblea es dirigente y por lo tanto cumple con el requisito de ser militante y cuadro del PRI.

 

Columna completa en El Universal

Foto: Archivo APO

El diario El Financiero y Alejandro Moreno publican una nueva medición sobre la percepción que los mexicanos tienen sobre el presidente de Estados Unidos, la relación entre ambos países y el interés que despierta en México lo que sucede en el país vecino.

 

Al cuestionar a los encuestados qué tanto les interesa lo que sucede en Estados Unidos, un 31% indicó que “poco”, mientras que sólo un 19% respondió que “mucho”. 21% indicó que “algo” y 26% “nada”. Con estas cifras, se observa que poco o nada impera en las respuestas.

 

Al medir cómo son las relaciones entre México y Estados Unidos, la percepción registró un cambio respeto al mes anterior, ya que ne junio 67% indicó que “malas/muy malas”, mientras para julio sólo 57% mantuvo la misma opinión, siendo una diferencia de 10 puntos los mismos que aumentaron en las respuesta que consideran que “ni buenas ni malas”, ya que en junio registró un 10% y en julio aumentó a 20%.

 

En cuanto a la opinión que se tiene sobre el mandatario estadounidense, se detalla que un 88% opina de manera desfavorable mientras que un 3% indica que es favorable.

 

 

Con información de El Financiero / Foto: Archivo APO

JOSÉ WOLDENBERG

REFORMA

 

 

 

 

Vivimos en el reino de la opinión. Cada quien tiene una. Y los comentaristas políticos no somos una especie ajena a ello. No podemos serlo, el oficio, al parecer, demanda veredictos sucintos y contundentes. El “pequeño” problema es que los hechos han empezado a ser prescindibles y las percepciones ocupan su trono. La “realidad” -lo que a estas alturas quiera decir- con sus complejidades, pliegues, embrollos, dificultades, puede ser exorcizada del discurso siempre y cuando uno tenga adjetivos suficientes para conjurarla. Es más sencillo reforzar prejuicios que intentar explicar o siquiera narrar lo que sucede. Malos tiempos, como quizá lo sean todos.

 

Vayamos al espinoso tema de la fiscalización de los recursos de los partidos durante las campañas electorales. Solo, por lo pronto, a las cifras que ilustran la magnitud y complejidad del asunto. Un piso de información (creo) necesaria. 3,254 campañas debieron ser fiscalizadas: 335 de diputados locales por el principio de mayoría relativa, 51 de diputados de representación proporcional, 22 gobernadores, 1848 presidentes municipales y 998 regidores. Esa fiscalización de campañas locales es una nueva encomienda para el INE fruto de la reforma del 2014. ¡Y prepárense para lo que viene!: en junio hubo elecciones en 4 estados, el próximo año además de las federales, habrá votaciones en 30 entidades.

 

El tope de gastos de campaña que no fija el INE -sino que se encuentra establecido en una fórmula en cada legislación local-, fue para los candidatos a gobernador en Coahuila de 19.2 millones de pesos, en el Estado de México de 285.6 y en Nayarit de 20.5. Si tomamos en cuenta que el número de electores en cada uno de esos estados era, respectivamente, de 2.1 millones, 11.3 millones y 814 mil, el gasto por elector autorizado era de 9.32, 25.24 y 25.13 pesos en cada uno de esos estados. No resulta extraño entonces que el rebase del tope fuera más probable en Coahuila que en los otros dos.

 

En Coahuila los partidos reportaron como gastos las siguientes cifras (para todas las elecciones: gobernador, Congreso y presidencias municipales): Coalición PAN 39.8 millones de pesos (todas las cifras han sido redondeadas); Coalición PRI 32.1 y PRI solo 17.3; PRD 4.4 y Morena 12.2. Pero el INE detectó que la coalición en torno al PAN había omitido gastos por 6 millones de pesos; la coalición en torno al PRI 4.6 y el PRI 2.3; PRD 101 mil pesos y Morena 2.6 millones.

 

En el Estado de México, donde solo hubo elección para gobernador, los partidos reportaron como gasto lo siguiente: PAN 95.8 millones; Coalición PRI 116.1; PRD 56.3; PT 18.0 y Morena 122.3. No obstante, el INE encontró gastos no reportados por los siguientes montos: PAN 59.2 millones; Coalición PRI 52.1; PRD 71.4; PT 10.8 y Morena 16.1.

 

Si uno suma los resultados de gastos no reportados de todas las elecciones -aquí solo hemos presentado una pequeña muestra- el monto crece hasta 270 millones de pesos que los partidos no incluyeron en sus informes y que el INE -auxiliado por los institutos locales- encontró y puede documentar (no a “ojo de buen cubero”). ¿Cómo lo hizo? Monitoreando la publicidad en la vía pública, en los medios impresos, realizando visitas de verificación a los eventos de los partidos, a sus respectivas casas de campaña y atendiendo quejas de los partidos.

 

La tarea de fiscalización -en su nuevo formato- no es sencilla. Los legisladores decidieron centralizar en una sola institución (INE) lo que en el pasado realizaban 33 institutos (el Federal y 32 locales). Esa tarea debe hacerse en un tiempo muy ajustado (45 días) porque además la misma reforma (2014) estableció como causal de nulidad de la elección el rebase del tope de gasto de campaña en un cinco por ciento, siempre y cuando la diferencia entre el primero y segundo lugar no fuera superior al 5 por ciento de los votos.

 

Leo una conmovedora novela de Ian McEwan, La ley del menor (Anagrama, 2015). El personaje central es una juez del Tribunal Superior británico que desahoga conflictos familiares. Es una mujer sabia, sensible, con temple, acostumbrada a lidiar con las contrahechuras de la existencia, y sabe por experiencia propia que la ley, a la que rinde tributo -porque sin ella la vida en sociedad sería una jungla-, en ocasiones es también una “serpiente venenosa”.

 

JUAN IGNACIO ZAVALA

EL FINANCIERO

 

 

 

Cuando se piensa que ya no se puede estar peor, llega alguien a recordarte que la decadencia no tiene límites, que siempre se pude estar más abajo. Es el caso del secretario Ruiz Esparza. Todo alrededor de él huele a corrupción y desprecio hacia los demás. En medio del escándalo, el hombre tiene una actitud que deja en evidencia por qué este gobierno es el peor calificado de la historia. A la falta de sensibilidad del presidente –que protege a su gente sin ninguna consideración del daño político que le ocasionan–, se suma la patanería propia del secretario.

 

Ya era indignante el manejo de la comunicación promoviendo las carreteras cuando la recién inaugurada no sólo era un fracaso, sino un peligro mortal para los usuarios, o el mensaje de que habían rescatado un coche, pero que lamentablemente los usuarios habían muerto, cuando al secretario se le ocurre decir que indemnizarán a la familia por el “mal rato” que pasaron. Se necesita ser estúpido para expresarse de esa manera cuando se representa a un gobierno.

 

Pasar un mal rato dice el secretario. Es la tontería, la indolencia de un gobierno que el único esfuerzo que hace es para alejarse de los ciudadanos. La muerte como un “mal rato”. La corrupción como actividad para pasar “buenos ratos”. Es el sentido que tienen de la vida: un rato. Puede ser un mal rato, como la muerte en un accidente o un buen rato como la es la certeza de la impunidad. 

 

Si para ese gobierno la tragedia se resume en pasar un mal rato, este sexenio ha sido uno de los peores ratos que hemos pasado. Por eso la renuncia de Ruiz Esparza es un asunto de importancia: se trata de que nos eviten pasar más malos ratos con malas caras y tener que soportar la insolencia de un individuo corrupto y prepotente como es el secretario de Comunicaciones y Transportes. Nada lo conmueve, nada le sorprende. De la misma manera en que se burla de un padre y un hijo que mueren por la negligencia de quienes no atendieron las quejas de los vecinos, defendió a capa y espada la licitación de la construcción y puesta en marcha de un tren a Toluca –lugar del que salieron la bola de rufianes que nos gobierna–, pero le dio lo mismo cancelar esa construcción el mismo día que la defendió. 

 

El gobierno del presidente Peña puede caer más –aunque ellos no lo crean–. Están generando un ambiente de repudio y de rabia. Anuncian investigaciones que no irán a ningún lado, piden la renuncia de funcionarios menores y creen que con eso convencen a los demás. ¿Cómo va a investigar la autoridad si el principal encubridor es el secretario? Tan sólo para poder tener una investigación transparente es necesaria la renuncia de Ruiz Esparza. Nadie lo culpa de haber hecho el hoyo, pero sí de no tener la vergüenza pública de retirarse. Al contrario, el tipo sigue exhibiendo su capacidad para decir babosadas. 

 

Que se vaya Ruiz Esparza. Es necesario, deseable, exigible, justo. Si este gobierno pasará a la historia como uno de los más corruptos de la historia, el titular de SCT es la cara de esa corrupción. Atrás de ese rostro indolente está OHL, Higa, la ‘casa blanca’, las licitaciones amañadas, la falta de transparencia. Eso quedará para la historia, aunque se quede en su puesto. Por eso tiene razón el monero Magú cuando dice que Ruiz Esparza es un So-cabrón.

 

Twitter: @JuanIZavala

 

JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ

REFORMA

 

 

 

La obra pública es un foso de muerte. No es metáfora. El piso pavimentado es una trampa. Bajo la oblea de concreto recién aplanado, se abre un abismo que puede cazarnos en cualquier momento. No pasaron tres siglos ni los cuarenta años que se ofrecieron como garantía al atajo. Llovió, y de pronto, la calle se tragó a dos hombres. Los servicios de rescate tardaron 9 horas para sacar el coche de la gruta. No murieron por la caída del vehículo sino asfixiados, enterrados vivos. Una segunda negligencia los mató. Tras caer al precipicio, el abandono. Un mal rato, dijo el ministro, sacando la chequera. Así creerá él que se resuelve todo. Así creerá él que se mide todo, así creerá él que se compra todo.

 

Desde el punto de vista de quien murió o ha sufrido las consecuencias, durante esos minutos el universo se cayó, se derrumbaron los planetas. Fue una catástrofe cósmica: galaxias desplomándose, hoyos negros devorando el espacio entero.

He regresado a las líneas que escribió José Emilio Pacheco en 1985, tras el terremoto de septiembre: “Absurda es la materia que se desploma”. La sorpresa de la caída súbita, la calle convertida de pronto en lápida. Pero la tragedia que puso fin a la vida de Juan Mena López y de Juan Mena Romero no es recordatorio del absurdo de la materia sino de los crímenes del poder. Esta tragedia tiene marca humana, sólo humana. El caos que nos estrangula es la corrupción. La corrupción asesina. Asfixia niños, envenena ciudades, engaña enfermos, sepulta paseantes. La tragedia reciente no fue una traición del subsuelo, una súbita rebelión de lo fijo. Estas dos muertes son acusación a un gobierno incapaz de garantizar una obra segura y confiable. Estas dos muertes son denuncia de una empresa criminalmente negligente. Colusión letal de gobierno y empresa.

 

Vale recordar que la obra no era un puente a Hawái. No se abrió un túnel entre océanos. La obra que el propio Presidente presumió como ejemplo de su benéfica Presidencia era la ampliación de un camino. Un acelerador. Eran menos de 15 kilómetros que se entregaron tarde y con un sobreprecio que duplicó el presupuesto original. Esa fue la obra que pavoneaba el gobierno repitiendo aquello de que lo bueno cuenta y cuenta mucho. Fue una obra que provocó, durante el largo proceso de construcción, más de 250 accidentes y ¡más de 20 muertos! Antes de que la obra fuera inaugurada por el presidente de la República se habían prendido las señales de alarma. Funcionarios de protección civil y vecinos alertaban de las visibles fallas de la obra. En un documento de la Ayudantía Municipal de Chipitlán que se difundió después de la tragedia puede advertirse el convencimiento del peligro: por el mal trabajo realizado en la obra, “el muro que se levantó está a punto de colapsarse”. No es necesario decir que nadie respondió al grito.

 

El gobierno que hace unas semanas presumía la obra como una catapulta de la competitividad sólo acierta a sacrificar a sus peones. Un funcionario menor, un delegado regional ha sido destituido. El secretario de Comunicaciones y Transportes culpabiliza a la lluvia y la basura. No ha presentado aún su renuncia. El Presidente pide que no se apresuren juicios ni condenas. No ha destituido aún al secretario de Comunicaciones. El Presidente tiene razón, por supuesto, si se refiere a las responsabilidades penales. Habrán de fincarse porque la muerte de estas dos personas no fue un acontecimiento fortuito. Pero se equivoca el Presidente y de manera grave al desentenderse del principio elemental de la responsabilidad política. El secretario de Comunicaciones y Transportes no necesita haber estado en el lugar de la desgracia dando las indicaciones explícitas que provocaron el hundimiento. Era el responsable político de la obra y debe, en consecuencia, asumir las consecuencias de su desatención. Exigir la renuncia del secretario de Comunicaciones no es pedir hoguera para las brujas. Es defender el principio elemental de la legitimidad democrática: un funcionario público es políticamente responsable de lo que ocurre en su esfera de poder. El presidente de la República debe ser el primer interesado en honrar este criterio. No hace falta esperar un segundo más para advertir las funestas consecuencias de la negligencia.

 

http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

PABLO HIRIART

EL FINANCIERO

 

 

Un severo tapabocas recibieron los detractores de la reforma energética al darse a conocer el hallazgo del yacimiento petrolero más grande de este siglo en México.

 

Se trata de una espléndida noticia para el país pues en ese yacimiento, ubicado a 60 kilómetros de la costa de Tabasco, se estima que haya entre mil 400 y dos mil millones de barriles de crudo.

 

Fue un descubrimiento del sector privado, a partir de la reforma energética, esa que tanto torpedearon desde hace años los sectores de izquierda y particularmente el partido Morena.

 

De las utilidades operativas que se obtengan de ese campo, 70 por ciento será para México, de acuerdo con el concurso que en su momento ganó el consorcio formado por las empresas Talos, Sierra y Premier.

 

La exclusiva que dio a conocer el miércoles en su nota principal de EL FINANCIERO, firmada por Jonathan Ruiz, significa un ingreso multimillonario para el Estado mexicano.

 

En concreto, Enrique Quintana expuso en sus Coordenadas de ayer que durante la vida útil del yacimiento el fisco podría recibir alrededor de 36 mil millones de dólares.

 

Cada año las arcas del país van a obtener, de ese yacimiento, unos 50 mil millones de pesos.

 

Y toda esa ganancia se habrá obtenido sin invertir un solo centavo.

 

En efecto, sin meter un peso de gasto, el país obtendrá 36 mil millones de dólares, aproximadamente.

 

¿Qué pasó? ¿No que la reforma energética era un mal negocio para México?

 

De no haber entrado el sector privado a las aguas del Golfo, México no contaría con ese ingreso. 

 

Ahora sí los tendrá.

 

Lastimosos resultan los argumentos de los legisladores de Morena para desprestigiar el hallazgo de las compañías privadas. Siguen con la cantaleta de que fue un “regalo” para las grandes empresas. Nada más falso.

 

Rocío Nahle, coordinadora de los diputados de Morena, expresó que fue “una burla y un engaño” el descubrimiento, pues “Pemex ya sabía de su existencia y se entregó a empresas extranjeras parte de nuestras reservas estratégicas”.

 

Desde luego que se sabía que por esa zona podía haber petróleo: por eso se subastan los bloques en áreas específicas. Y hay que invertir, explorar, buscar, sin la certeza de encontrar.

 

Si no fuera así, se sacarían a concurso bloques en el Océano Pacífico o en el desierto de Sonora.

 

México no gastó en exploración ni va a gastar en explotación. Ni un peso. En cambio va a recibir 70 ciento de las utilidades operativas (después de gastos) de ese yacimiento. Negocio redondo para la nación.

 

Con la visión estatista de Morena, habría que endeudarse para explorar, sin saber el resultado. En caso de que se acierte, como fue en este caso, sería preciso tomar recursos prestados para explotar, con un costo inmenso en el enorme aparato burocrático de Pemex más el pago a contratistas. Y cualquier movimiento brusco en el mercado internacional nos toma endeudados y nos manda a una crisis como la de 1981.

 

Nada de eso va a ocurrir. La inversión y el riesgo los asume el sector privado. Sólo dinero contante y sonante va a recibir el Estado para financiar proyectos sociales o de desarrollo.

 

Entonces, ¿era mala la reforma energética?

 

¿La van a echar abajo si ganan?

Twitter: @PabloHiriart