JORGE SUÁREZ-VÉLEZ

REFORMA

 

El Jenga se juega tratando de desplazar las piezas que arman una torre, evitando que ésta se colapse al prescindir de la parte movida. López Obrador lleva rato jugando. Como en esa frágil torre, los mexicanos hemos ido poniendo piezas para armar un país con aspiraciones de altura, que se construye a partir de instituciones nuevas, y por ende frágiles, de prácticas democráticas que garantizan que el acceso al poder pase por las urnas, de separación entre iglesia y Estado, y de una relación de respeto con Fuerzas Armadas agnósticas a ideologías políticas. Una a una, el Presidente quita esas piezas arriesgándonos al colapso.

En lo económico, México ganó credibilidad internacional, que se tradujo en inversión y acuerdos comerciales, gracias al desarrollo de una capaz tecnocracia profesional, mucha de la cual pasó por la escuela de Banco de México, quizá el banco central más respetado entre los de economías emergentes. Construir esa reputación tomó décadas, desde los días de Don Miguel Mancera, primer gobernador del banco central -autónomo desde 1994- y epítome de lo que un banquero central debe ser: inteligente, humilde, honesto y austero.

Cuando Alejandro Díaz de León deje de encabezar la junta de gobierno el último día de este año, por primera vez en ésta no habrá un sólo funcionario formado en Banco de México. Más aún, quizá desde la salida de Manuel Ramos Francia no ha habido un subgobernador con clara especialidad en política monetaria. Si bien no es necesario que todos la tengan, sería recomendable contar con ella. Tendremos el banco central más débil justo cuando enfrentamos la inflación más alta de este siglo, y cuando la Reserva Federal está por cambiar el rumbo que mantuvo desde 2008. Mal momento para poner el timón en manos inexpertas. Construir esa institución tomó décadas y generaciones de funcionarios capaces, destruirla toma medio sexenio.

En lo político, a diferencia del resto de América Latina, por décadas nuestras Fuerzas Armadas se mantuvieron al margen de la lucha política. Las desafortunadas declaraciones del general Luis Cresencio Sandoval arrodillándose ante el gobierno actual terminan con tan bienvenida separación entre poder civil y militar. Su querencia es más inoportuna porque ocurre cuando investigaciones hechas por el equipo de Carlos Loret revelan la opacidad y la seria sospecha de corrupción en las obras a cargo del Ejército, tal y como ya ocurrió con la barda perimetral del NAIM. La falta de rendición de cuentas del Ejército nos recuerda que en arca abierta el más justo peca. Decenas de miles de millones de dólares de presupuestos y la ausencia total de transparencia, sin contrapesos, corromperán a las Fuerzas Armadas hasta la médula, demoliendo la credibilidad que por tanto tiempo gozaron.

¡Y qué decir del decretazo! ¿Por qué es bueno para el pueblo esconder lo que el gobierno hace con sus recursos? ¿Cuál es la lógica de reservar esa información por años, como previamente se hizo con los Segundos Pisos? Si, los trámites para hacer una inversión son engorrosos para todos, algunos son incluso absurdos. Si es así, ¿por qué dispensar de éstos sólo a las obras capricho del Presidente? Recordemos que si no se hubieran saltado el estudio de impacto ambiental, que por ley les tocaba hacer en Dos Bocas, no hubieran hecho el colosal error de arrasar el manglar que parcialmente los protegía de fenómenos meteorológicos que ahora hacen que la obra viva inundada. ¿También detendrán las lluvias por decreto?

Decía el Presidente que «al margen de la ley nada». Hoy, él, sus obras, sus decretos y su Reforma Bartlett lo están. ¿Por encima de la ley nadie? Lo están él, su familia, su equipo y el Ejército. Pero, cámaras y cúpulas empresariales siguen en silencio. Dicen que corren el riesgo de que AMLO se radicalice si protestan. Quizá habría que preguntarles qué entienden por ese término, porque esa radicalización ya ocurrió y apenas vamos a medio sexenio.

Dice Enrique Krauze que «no se aprecia la libertad hasta que se pierde». Espero no reaccionemos cuando ya sea demasiado tarde.

@jorgesuarezv

Ana Paula Ordorica es una periodista establecida en la Ciudad de México. Se tituló como licenciada en relaciones internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y tiene estudios de maestría en historia, realizados en la Universidad Iberoamericana.



Escribe un comentario