Tag

gobiernos

Browsing

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) informó este miércoles sobre la conversación telefónica que sostuvo con la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, quien fue designada por el presidente Joe Biden la como encargada de atender el asunto migratorio en Centroamérica.

A través de sus redes sociales, el mandatario indicó que planteó a Harris la importancia de atender el asunto migratorio en Centroamérica, además de que refrendó la disposición de México para sumar voluntades en programas de combate al tráfico de personas, orientación, bienestar y protección de los derechos humanos, particularmente de niñas y niños.

Durante la conversación, AMLO estuvo acompañado del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon.

La conversación se da en medio de una campaña del gobierno estadounidense para enfrentar la migración, especialmente desde el llamado Triángulo del Norte, conformado por El Salvador, Guatemala y Honduras.

Recordemos que esta semana, el enviado especial de Biden al Triángulo Norte de Centroamérica, Ricardo Zúñiga, realiza una gira por Guatemala y El Salvador destinada a abordar el aumento vertiginoso de la migración. El lunes sostuvo una reunión con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei.

Y es que la región vive una gran ola migratoria hacia Estados Unidos desde la llegada del demócrata a La Casa Blanca, tras su promesa de llevar a cabo una política migratoria más laxa y ayudar a miles de solicitantes de asilo varados en la frontera mexicana.

Al respecto, se informó que las autoridades estadounidenses detuvieron a 100,441 indocumentados en febrero, frente a los 78,442 registrados en enero. Se estima que las cifras de marzo sean todavía mayores. Miles de ellos son migrantes menores de edad no acompañados.

Ayer, el gobierno de Biden anunció el despliegue de un equipo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para atender «necesidades humanitarias urgentes» en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Finalmente, La Casa Blanca confirmó la llamada de la Vicepresidenta Kamala Harris con López Obrador y dijo que acordaron continuar trabajando juntos para abordar las causas fundamentales de la migración desde los países del Triángulo Norte.

La presidencia de Estados Unidos indicó que durante la llamada también se discutió la importancia de atacar el tráfico de personas y la trata de personas.

Arturo Sarukhán

EL UNIVERSAL

 

Las crisis, como las guerras o el colapso económico, revelan las fortalezas y debilidades de las sociedades y modifican el marco de referencia sobre cómo pueden y deben organizarse. Con el arranque de la pandemia en 2020, muchos analistas argumentaron que ésta expondría la irracionalidad y fragilidad del sistema económico global moderno; sin embargo, en realidad acabó poniendo de relieve la asombrosa resistencia del capitalismo esgrimido por el Estado solidario y, sobre todo, la diferencia seminal -más allá de orientación ideológica o resiliencia democrática- entre gobiernos eficaces e ineficaces.

Pero el Covid-19 también demostró que es el Estado benefactor en sí el que necesitaba modernizarse. Este nació en un momento y orden social diferentes y para protegerse de riesgos distintos a los de hoy. Mientras que la seguridad social en Europa nació a principios del siglo XX, la estadounidense surgió en respuesta a la Gran Depresión. Pero fue la Segunda Guerra Mundial la que condujo al nacimiento del moderno Estado de bienestar europeo, con beneficios universales para protegerse contra la pobreza y brindar atención médica universal y educación. Hoy el contexto es otro. La pandemia que estalló hace más de un año con el teletrabajo y el cierre de escuelas, estadios, cines, teatros y lugares de espectáculos y que ahora acaba de cumplir su doceavo mes desde que se impusieran en casi todo el mundo medidas de contención y mitigación, ha obligado a reevaluar el contrato social al interior de muchas naciones, en particular con la pregunta de cómo se debe asumir y repartir el riesgo entre ciudadanos, empresas y el Estado. El descontento social estaba aumentando antes de la pandemia: en 2019, menos de una de cada cinco personas en 26 países alrededor del mundo afirmaba que “el sistema” estaba beneficiándolos y la mitad dijo que estaba fallando, según el Barómetro de Confianza de Edelman. En un nuevo libro sobre el contrato social, Minouche Shafik, directora de la London School of Economics, anticipa que “la agitación política que observamos en muchos países es solo un anticipo de lo que nos espera si no repensamos lo que nos debemos mutuamente” al interior de las sociedades y entre ciudadanos y el Estado.

Estamos atestiguando en este momento un movimiento pendular crucial con respecto a la responsabilidad de los gobiernos. Los paquetes de estímulo fiscal para confrontar los efectos económicos y sociales del Covid-19 a lo largo de este periodo no solo han hecho que las intervenciones gubernamentales de rescate ante la crisis financiera mundial de 2008-09 parezcan peccata minuta; podrían representar un parteaguas para las políticas públicas y el perfil y papel del Estado durante las próximas décadas. Y es que la expansión en curso del Estado benefactor en la mayoría de las naciones industrializadas y en muchas economías de renta media ha sido la más grande en más de medio siglo. Los rescates gubernamentales de ciudadanos, en lugar de rescates a bancos o la industria automotriz (por mencionar a dos de los sectores clave a los que el Estado lanzó un salvavidas después del naufragio económico global en 2008) podrían marcar un nuevo capítulo en la historia contemporánea.

Después de 1929, votantes y gobiernos de los países industrializados reformularon la relación entre el Estado y sus ciudadanos, un proceso que duró más de tres décadas. Ahora, la pandemia ha destruido los paradigmas y las viejas reglas sobre el gasto social que se impusieron con el arranque de la década de los ochenta y los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que se convirtieron en punta de lanza de ese cambio de dirección. En Estados Unidos, los gobiernos de Franklin D Roosevelt y de Lyndon B Johnson empujaron el péndulo -con los programas de asistencia social del New Deal y la Great Society, respectivamente- hacia un gobierno más muscular e intervencionista. Con Reagan, el péndulo osciló al otro extremo a partir de 1980, adelgazando al gobierno y su papel en la sociedad y las políticas públicas, privilegiando a los mercados. Ese arco pendular hoy parece estar alejándose de esa posición extrema de anorexia gubernamental. Estamos ante la expansión más grande del gobierno federal estadounidense en una generación, un reajuste de recursos, prioridades y responsabilidades detonado por la pandemia y por la deplorable gestión de la administración anterior. Más de tres cuartas partes de los estadounidenses apoyan la ley de estímulo de $1.9 billones de dólares impulsada por el presidente Joe Biden -y que incluye cheques de $1,400 para la mayoría de los adultos- así como el paquete de inversión en infraestructura propuesto de $3 billones. Y en el presupuesto presentado el 3 de marzo, el gobierno británico extendió un plan para pagar los salarios de los trabajadores en licencia hasta septiembre, incluso cuando la deuda pública alcanzó su nivel más alto desde 1945.

Sin duda estos 12 meses han sido testigo de un experimento salvaje en el gasto social. El mundo lanzó al menos 1,600 nuevos programas de protección social en 2020. Los países ricos han gastado en promedio un 5.8% del PIB para ayudar a un número récord de trabajadores. Las deudas gubernamentales se están acumulando, pero hasta ahora las bajas tasas de interés significan que su servicio es barato. Tal audacia en las políticas públicas indudablemente conlleva peligros: los gobiernos podrían estirar las finanzas públicas al límite, sobrecalentar la economía, distorsionar incentivos y crear sociedades escleróticas. Pero también encierran la oportunidad de crear nuevas políticas de bienestar social que sean asequibles y que ayuden a trabajadores y ciudadanos en general a prosperar en una economía que enfrenta disrupciones tecnológicas profundas. Y aquí no puedo dejar de apuntar la gran ironía que representa todo esto para México, con un gobierno que se autoidentifica como “progresista” pero que se ha negado sistemáticamente a articular programas de estímulo y rescate económico y social. La magnitud de la inyección fiscal no tiene precedente en EU, sobre todo desde la llegada al poder de Biden. Y es a través de transferencias directas -y el concomitante aumento en las remesas- y el impacto que muchos de esos recursos canalizados a pequeñas y medianas empresas tendrá para las cadenas integradas de valor entre nuestras dos naciones, lo que ha provisto a nuestro país de una tablita de la cual agarrarse y flotar, mientras que el “estímulo” total del gobierno mexicano en 2020 no representó siquiera un punto del PIB.

Hoy el paradigma parece ser más y mejor gobierno. Fue a muchos gobiernos democráticos y a organismos multilaterales en todo el mundo a los que les salieron las cosas peor de lo que la mayoría podría haber imaginado hace un año. Para encarar los enormes desafíos que se ciernen en las próximas décadas, incluido el cambio climático y el resurgimiento del autoritarismo, debemos tomarnos muy en serio las razones por las cuales Estados diversos, muchos de ellos democracias consolidadas, hicieron tan mal su trabajo. Si hemos aprendido una lección de la pandemia es que la mayoría de los Estados-nación en su actual encarnación no gobiernan bien a nivel global o local. Resolver estas crisis gemelas de gobernanza -y de la ineficacia e ilegitimidad que en muchos casos las ha acompañado- no será cosa fácil. Requiere de una reconcepción y reestructuración fundamentales de nuestras instituciones de gobierno así como del papel que el Estado debe jugar; un Estado más fuerte y más eficaz, pero que a la vez sepa delegar tantas funciones de gobernanza como sea posible en instituciones más cercanas a las personas a las que sirven y a las correas de transmisión entre ciudadanos y las políticas públicas. En un mundo con comunidades diversas con necesidades, deseos, culturas e historias diferentes, la subsidiariedad promete mejores resultados y una mejor legitimidad institucional. Pero es completamente posible (algunos dirían probable) que la sospecha mutua, el liderazgo incompetente, la polarización y contratos sociales quebrados, la ignorancia o la pura mala suerte se combinen para producir un futuro más pobre y más peligroso de lo que se podría haber construido pospandemia.

Tal como lo adelantó esta mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el canciller Marcelo Ebrard ofreció un mensaje para dar más detalles sobre el acuerdo que se alcanzó con Estados Unidos sobre las vacunas del COVID-19.

A través de un videomensaje compartido en sus redes sociales, Ebrard indicó que el acuerdo fue, en general, sobre la coordinación y cooperación para hacer frente a la pandemia de COVID-19, que incluyen diversos puntos que tienen que ver con sincronizar medidas y acciones definir políticas comunes, y lo más importante, el acceso a las vacunas.

Recordó que en los encuentros virtuales que han sostenido, AMLO le planteó dicha solicitud a Biden pues es una prioridad para México el acceso a las vacunas, además de que Estados Unidos es uno de los productores más importante del mundo.

Ebrard Casaubón indicó que en las pláticas que ha tenido con el Secretario de Estado, Antony Blinken, le propuso acceder a las vacunas de AstraZeneca, pues son necesarias para aplicar las segundas dosis a quienes ya han sido inmunizados con esa vacuna. Justificó ante su homólogo estadounidense dicha necesidad ante los retrasos en el mercado internacional pese a tener los contratos y compromisos con las farmacéuticas.

«Acordamos que se permitiera a AstraZeneca de Estados Unidos enviar a México 2.7 millones de dosis que llegarán la próxima semana a nuestro país y que permitirán, como ya dije, aplicar esa segunda dosis y seguir adelante con el plan de vacunación que está caro el sector salud; nos va ayudar mucho y tiene ese significado», expuso Ebrard.

Enfatizó que lo que implica el acuerdo, es que la farmacéutica adelanta a México las 2.7 millones de vacunas, del total de las que ya se compraron 77.4 millones de dosis). Recordó que será dentro de poco más de un mes que se tendrán listas las vacunas que se envasan en México de AstraZeneca y que servirán para utilizar tanto en México como en América Latina.

Sobre los cuestionamientos que surgieron ayer cuando se conoció el acuerdo, sobre a cambió de qué se enviarán las vacunas de EUA a México, que reconoció el canciller es una duda lógica, dijo que más allá de haber algo a cambio, lo que se busca construir una relación muy cercana entre ambos países; por lo que la decisión de EUA es significativa, ya que México y Canadá serán los primeros países con los que se compartirán las vacunas.

«Me parece muy positivo; es un renacimiento o una recuperación de la dimensión de la región Norteamérica para hacer frente a problemas que son comunes», añadió el titular de la SRE.

Dijo que ambos gobiernos siguen en conversaciones sobre otros puntos de interés mutuo como lo es la inversión que AMLO propuso para países de Centroamérica, y que permita que la gente no migre a Estados Unidos. Otro tema que hay en la mesa es la recuperación económica, que señaló, será necesario un esfuerzo conjunto para que le economía de toda la región retome el crecimiento después del «tremendo impacto» que la pandemia trajo consigo.

«Más que pensar en si cada movimiento lo vamos a tener que negociar por otra cosa, lo que estamos construyendo es el andamiaje de una muy buena relación de cooperación con una visión común de mediano plazo», remató Ebrard al indicar que las dosis de la vacuna llegarán al país la próxima semana.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) celebró esta mañana la decisión de su homólogo estadounidense, Joe Biden, de detener la construcción del muro en la frontera entre ambos países.

Ayer, La Casa Blanca publicó una carta de Biden a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en la que notificaba al Congreso el fin de la «emergencia nacional» que su antecesor, Donald Trump, declaró a fin de usar dinero del Pentágono para levantar un muro en la frontera con México.

Y aunque dejó claro su rechazo a la construcción del muro, AMLO dijo que dicha acción no solo fue del gobierno de Trump, sino que incluso se había dado en gobiernos demócratas.

«Estamos muy de acuerdo en que se cancele la construcción del muro. Es un tema que celebramos porque el muro se ha venido construyendo desde hace algún tiempo (…) han construido sus tramos de muro tanto los presidentes demócratas como los presidentes republicanos», dijo López Obrador. «Es un hecho histórico», agregó en la mañanera.

Adicional, recordó el compromiso que el demócrata hiciera sobre regularizar la situación de los migrantes, de aquellos que  viven y trabajan en Estados Unidos desde hace algún tiempo.

Otros de los compromisos de EUA que recordó, es que ya no se va a mantener a migrantes esperando su autorización de asilo en nuestro país como sucedía hasta ahora, sino que van a tenerlos en territorio estadounidense esperando a que les resuelva su trámite; en ese sentido recordó que actualmente México tiene al rededor de 6 mil migrantes esperando.

Sobre el tema, pidió que no se piense que están abiertas las puertas de la frontera norte de nuestro país, pues enfatizó que no se están autorizando ingresos. «La política es de apoyar a los migrantes, pero en los hechos todavía no hay nada concreto y siendo honestos pues va llevar tiempo la aplicación de la nueva política migratoria».

Y es que se informó que el gobierno de Joe Biden ha decidido que los solicitantes de asilo que esperan en México sus audiencias ante tribunales de inmigración, puedan ingresar a Estados Unidos mientras sus casos se resuelven.

Según lo informado, los primeros de los 25 mil solicitantes de asilo que se estima permanecen en nuestro país con casos abiertos podrán pasar a Estados Unidos el próximo 19 de febrero. Se hará mediante dos pasos fronterizos, que procesarán, cada uno, a hasta 300 personas al día, y por un tercero en el que se prevé sea menor el número de casos que se procesen al día.

AMLO resumió lo que espera cumpla el gobierno de Estados Unidos: que se apoyen a los pueblos de los países centroamericanos para que nadie se ve obligado a migrar, y que ésta sea optativa y no forzada. Recalcó que México ya está haciendo lo que le corresponde.

Indicó que si los recursos del llamado Plan Mérida los quieren destinar a programas para el desarrollo, son bienvenidos, pero dicho plan no debe continuar como hasta ahora limitándose a enviar instrumentos bélicos.

El segundo compromiso que espera se concrete, dijo AMO, es que se vaya resolviendo en Estados Unidos un canal de recepción de migrantes de forma legal, pues recordó que el país vecino necesita la fuerza de trabajo de los migrantes.

«No nos desesperemos, hay que dar tiempo. Está llegando el nuevo gobierno, entonces vamos a esperar», remató López Obrador.

Pese a que ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) descartó que fuera a entablar comunicación con el nuevo presidente de Estados Unidos, incluso llegando a decir que no había urgencia, el canciller Marcelo Ebrard informó este viernes que los mandatarios sostendrían una llamada telefónica esta tarde.

«Les comparto que los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joseph Biden sostendrán hoy por la tarde conversación telefónica. La relación bilateral avanza a partir de la comunicación y el entendimiento», tuiteó el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Por su parte la portavoz de La Casa Blanca, Jen Psaki, confirmó en su rueda de prensa diaria que Biden conversaría con López Obrador, después de hablar con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, pues como ya se había informado, el canadiense será el primer líder extranjero con que el demócrata tendrá comunicación.

Ayer, López Obrador insistió en que no hacía falta una llamada con Biden, pues dijo que los funcionarios de ambos gobiernos ya estaban en contacto y coordinando acciones.

“No hace falta, le deseamos lo mejor y con nosotros no va a haber problema. Lo sabe y nosotros sabemos que no vamos a tener ningún problema con su Gobierno”, expresó el mexicano.

Recordemos que López Obrador habló por teléfono con Biden el pasado 19 de diciembre después de que fuera declarado presidente electo; indicó que en esa llamada reafirmaron el compromiso de trabajar juntos por el bienestar de las naciones.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció este viernes que dará autorización para que gobiernos locales y empresas puedan comprar vacunas contra la Covid-19, compras que hasta ahora estaban en manos del gobierno federal.

«He dado instrucciones al secretario de Salud, Jorge Alcocer, para que hoy mismo se emita un comunicado estableciendo de que cualquier empresa o gobierno local que quiera adquirir vacunas para aplicarlas en México tiene autorización», dijo el mandatario en su conferencia de prensa matutina.

Con más de 500,000 dosis de vacunas aplicadas a personal de salud, había prohibido hasta ahora a los gobernadores de los 32 estados comprar vacunas para no interferir en el plan de vacunación federal ante la escasez mundial de fármacos.

Sin embargo, López Obrador decidió este viernes autorizarlos para que el asunto «no se preste a la politiquería» y puso como condición que presenten una solicitud anexando el contrato de compra, la farmacéutica en cuestión y la población a la que se aplicará.

El presidente dijo que «no hay ningún problema» si los gobernadores quieren llevar a cabo su propio plan de vacunación, aunque recordó que el gobierno federal tiene un plan para que en 2022 estén vacunados los 130 millones de mexicanos.

«Nosotros vamos a cumplir el compromiso de vacunar a todos los mexicanos. Es universal y gratuita, ese es nuestro compromiso y estamos aplicando ese plan y adquiriendo las vacunas. Es más, ya se tienen los contratos y el presupuesto», dijo el presidente sobre el plan de vacunación federal, que arrancó el 24 de diciembre pasado.

Este anuncio del presidente llega un día después de que la misma Secretaría de Salud federal se expresara en contra de descentralizar la vacunación en los gobiernos estatales, algunos de los cuales han sido muy críticos con el plan del gobierno federal.

«Desde el punto de vista técnico, el lineamiento es recomendar que eso no se haga porque entonces cada quien va por la suya y entonces no hablamos de una estrategia de Estado», dijo el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, ayer en su conferencia vespertina.

Parte del sector privado también ha reclamado en las últimas semanas tener acceso a la compra de vacunas para su comercialización.

A pesar de la autorización para que adquieran vacunas, López Obrador avisó a los gobiernos estatales y a las empresas que «no es fácil» comprar las vacunas «porque no hay producción suficiente en el mundo».  Recordó que en marzo el gobierno federal prevé haber vacunado a todos los adultos mayores, por lo que la mortalidad caerá un 80%, estimó.

«Si en mayo o en junio consiguen la vacuna y quieren hacerlo (que lo hagan). Ya nosotros para entonces vamos a estar casi por terminar», dijo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aseguró esta mañana que ve «muy bien» el plan migratorio que firmó la tarde de ayer su homólogo estadounidense, Joe Biden, y celebró que este no haya mandado «ninguna amenaza» contra México.

«No tenemos nosotros nada que objetar, al contrario. Coincidimos que eso es lo que debe hacerse. Lo vemos bien, muy bien», expresó López Obrador en su conferencia de prensa matutina.

Entre las primeras medidas tomadas por Biden el miércoles al llegar a La Casa Blanca, están la congelación de la construcción del muro fronterizo con México, salvaguardar el programa DACA para indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños e incluir a los migrantes indocumentados en el censo de población.

López Obrador subrayó este jueves que el presidente demócrata quiere «regularizar a los residentes mexicanos y de otras nacionalidades que están viviendo en Estados Unidos» y celebró que «va a dar facilidades» para que los 38 millones de mexicanos que viven en ese país tengan «la doble nacionalidad».

Pese a haber asegurado que había una muy buena relación con Donald Trump, AMLO celebró que «no hay ninguna amenaza en contra de México» de parte del nuevo gobierno de Estados Unidos.

«Para dejarlo claro, a los que están apostando a que nos vamos a enfrentar con el gobierno de Estados Unidos, se van a quedar con las ganas», expresó López Obrador, quien dijo que es «muy buena la relación» con Biden, a quien conoció cuando este era vicepresidente de Barack Obama.

Descartó que por el momento vaya a sostener comunicación con el demócrata, pues dijo, los equipos ya se encuentran en contacto y trabajando, aunque dijo, si hay necesidad de hablar por teléfono se hará, aunque por el momento dijo, «no es necesario».

López Obrador aseguró que «con nosotros no va a haber problemas, él (Bide) lo sabe. Y nosotros también lo sabemos, no vamos a tener problemas con su gobierno. Todo está muy claro, habrá respeto mutuo, respeto a la soberanía».

ARTURO SARUKHÁN

EL UNIVERSAL

 

En 1651, un filósofo inglés que sobrevivió a la sangrienta guerra civil en su país huyendo a Francia y que admitía que “el miedo y yo nacimos gemelos”, publicó uno de los textos sobre la naturaleza del gobierno más importantes de las ciencias políticas. Si Tomás Hobbes estuviese vivo hoy, se sentiría reivindicado. En todo el mundo, el miedo avanza a galope como respuesta a la pandemia, y Leviatán se consolida como el factor central para garantizar nuestra seguridad. Pero hay una tensión innata entre el papel turbocargado del Estado y el de los gobiernos y sus propias vulnerabilidades, las internas y las que nacen de sus inescapables nexos con la globalización. Por cada síntoma de resiliencia y resistencia a la pandemia, incluidas las cadenas de suministro de alimentos, el sistema financiero y, sobre todo, la ciencia y la investigación, ha habido síntomas de fragilidad estructural, social y geopolítica. Pocas naciones, si es que alguna, saldrán indemnes de esta crisis de salud global, no porque el virus estuviera fuera de nuestro control, sino porque la mayoría de los gobiernos no ejercieron el liderazgo debido y sus ciudadanos la autodisciplina social necesaria para controlar la pandemia hasta que las vacunas estuviesen plena y ampliamente disponibles.

El Covid-19 ha vuelto a hacer que el Estado sea trascendental. No solo poderoso, sino también vital: es crucial si el país en el cual uno vive tiene un buen servicio de salud, burócratas competentes y finanzas sólidas. Hoy, el buen gobierno es la diferencia entre vivir y morir. En todo el mundo, los ciudadanos se dieron cuenta que tener un gobierno que funcione realmente importa. Debe ser competente, profesional, eficaz, creativo, ágil y enfocado a resolver problemas concretos. Sociedades y gobiernos alrededor del mundo necesitarán aprender en 2021 de países que manejaron el virus mejor que otros. Se tendrá que fortalecer el trabajo de servidores públicos y se necesitará construir un mejor sector público: más Estado, más eficaz. Y no ha habido correlación entre el sistema político de un país y su desempeño en el manejo de la pandemia. A algunas democracias y autocracias les ha ido bien, a otras miserablemente mal. Lo que más ha importado es el liderazgo y el diseño y ejecución de políticas públicas. Con la pandemia, la fisura fundamental en el mundo no fue -ni será- entre regímenes autoritarios o democráticos o entre gobiernos de izquierda y de derecha; es entre gobiernos eficientes y gobiernos ineficientes. Países como Alemania, Dinamarca, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Singapur o Taiwán ciertamente han marcado el camino.

También deberíamos reconocer cómo la rápida intervención de gobiernos, al son de billones de dólares en todo el mundo, evitó el colapso económico de naciones y del sistema financiero internacional. Afortunadamente, la austeridad fue dejada de lado en casi todos lados, con lo cual las ideas y postulados del economista John Maynard Keynes cobrarán nueva pertinencia en la discusión sobre políticas públicas. Y hay que elogiar a esos gestores de cadenas de suministro y de valor y a tantos trabajadores y jornaleros que hicieron maravillas este año al asegurarse de que el resto de nosotros teníamos acceso a lo imprescindible. Las innovaciones instrumentadas sobre la marcha serán instructivas para el futuro y por ende habría que subrayar la importancia de que esos empleos a lo largo y ancho de esas cadenas de valor sean bien remunerados y tengan mejores condiciones laborales. Indudablemente, también habrá que aprender del hecho notable de que la ciencia y la investigación, la inversión -pública, privada y combinada- y los recursos dedicados a esos sectores, produjeron vacunas contra el coronavirus con una velocidad inédita y asombrosa.

La pandemia se ha convertido rápidamente en uno de los principales factores de estrés en nuestro ya frágil sistema internacional, exponiendo vulnerabilidades, magnificando debilidades y disparidades y exacerbando problemas de larga data. Con el Estado en el corazón del debate, la acumulación de crisis seguirá alimentando la discusión sobre cuáles son los motivos que hacen que algunos países o sociedades estén mejor preparados para hacer frente a la pandemia y sus efectos: autoridad, cohesión o valores. En el nivel más básico, este momento difícil ha puesto de relieve lo mal equipados que están nuestros sistemas de salud, lo cual ha obligado a muchos países a tomar decisiones éticas devastadoras para determinar quién de sus ciudadanos merece más atención médica. Además, en lugar de construir una renovada coalición mundial para luchar contra esta terrible enfermedad, muchos gobiernos se han basado en políticas aislacionistas. Esto ha dado lugar a respuestas poco sistemáticas y eficaces a medida que los casos vuelven a resurgir como tsunami en varias partes del mundo. En realidad, la pandemia representa una serie de problemas transnacionales interconectados y complejos que exigen soluciones multilaterales y holísticas arropadas por liderazgo internacional. Esto podría constituirse para los Estados en una “polipandemia”: junto a la regresión en materia de desarrollo, pobreza y hambruna, un aumento de la represión, la fragilidad de algunas instituciones estatales y el arraigo de distintas formas de violencia. Para afrontar cuestiones como la necesidad de una recuperación económica mundial, es realmente imperativo que busquemos fortalecer, no debilitar, nuestro orden internacional compartido y basado en reglas. Ante la tentación de parapetarse detrás de fronteras, con visiones chovinistas y nacionalistas de las relaciones internacionales, los gobiernos, las sociedades y los sectores privados tendrán que hacer más por dejar de lado conceptos vetustos y apostar por la cesión selectiva de soberanía en aras de metas comunes y la construcción de bienes públicos globales, con un paradigma sencillo pero fundamental: cooperar globalmente para resolver localmente. Esto es algo que el ilustrado gobierno neozelandés ha entendido bien.

Toda pandemia es por definición un problema global por excelencia que, en última instancia, exige alguna forma de gobernanza internacional. La cooperación entre naciones no es opcional aquí. Es absolutamente esencial. Y si particularmente las democracias no logran asumir este tipo de visión de futuro mancomunado para el sistema internacional, habrán fracasado. Las epidemias y pandemias siempre son fenómenos sociales con raíces históricas. El coronavirus tendrá un impacto duradero en nuestros imaginarios globales y nuestras visiones del mundo del siglo XXI. Nos ha hecho ver más claramente nuestra tensa existencia común, los retos inherentes a la interdependencia, los costos de la cooperación internacional fallida, las virtudes de un gobierno competente, la fragilidad de las instituciones democráticas y el ineludible hecho del destino común de la humanidad. A juzgar por el pobre desempeño hasta el momento de la gran mayoría de los mandatarios del mundo y los organismos internacionales, la pandemia también ha dejado al mundo menos capaz de enfrentar el futuro y hacer frente de manera coordinada y eficaz a los problemas transnacionales que nos afectan a todos, como el cambio climático, nuevas pandemias, la desigualdad y las brechas sociales, la ciberseguridad o el terrorismo. Si bien la ciencia finalmente nos salvará, no veo esperanzas de una acción coordinada contra el virus, y de nuestra recuperación cabal, sin liderazgo internacional. Y qué duda cabe que en 2021 será el caos, más que China, lo que ocupe el vacío que Estados Unidos ha dejado en el mundo bajo la gestión de la Administración Trump.

La perspectiva más positiva para 2021 es el desarrollo exitoso de vacunas contra el coronavirus. Estas encierran la promesa de devolver cierto sentido de normalidad a nuestra vida social, familiar y laboral así como a los procesos económicos y políticos alrededor del mundo, sobre todo si los gobiernos pueden garantizar que se inmunice a una cantidad suficiente de su población. Pero contar con vacunas no equivale a lograr una vacunación eficaz. A la ilusión de poder vencer al virus y de recuperar parte de la normalidad perdida, se le sobrepondrá el malestar de sectores importantes de la población, aquellos que queden rezagados en la salida de la crisis y, en los casos más extremos, la rabia de para quienes la herida sanitaria, económica y social de la pandemia siga abierta. Dado que ésta no será la última pandemia ni la peor de ellas, el mayor desafío este año es garantizar que la vacunación eficaz se dé no solo en el mundo industrializado sino también de manera equitativa e igualitaria en los países de renta baja y media. Este es el gran reto del Estado, y la cooperación entre Estados, cara al 2021.

 

Columna completa en El Universal

Pobre AMLO, tan cerca de Trump…y tan lejos de Joe Biden. El presidente López Obrador que se había acomodado tan bien con el xenófobo, misógino, antimexicano de Trump y de pronto ya no lo tendrá más en La Casa Blanca. ¿Qué le espera a la relación bilateral a partir del próximo 20 de enero que asuma el poder Joe Biden?

Empezando por lo complicado, la relación arranca con tensiones en materia de seguridad y política energética. En seguridad lo más complejo estará, desde el primer minuto, en la cooperación. La Ley de Seguridad Nacional que envió el presidente al legislativo el 7 de diciembre y que ya fue aprobada en el Senado y Cámara de Diputados tomó por sorpresa al gobierno de EUA – primer problema. Esta ley generará ganancias para los grupos criminales que verán poca cooperación entre ambos países por las prohibiciones y reglas que impone en el trabajo conjunto de inteligencia.

En política energética, a La Casa Blanca llega el equipo más preocupado y dispuesto a ocuparse en lograr que EUA sea un país que utilice energías limpias y renovables y deseche las fósiles, sucias y caras. Biden ha decidido crear un nuevo puesto en el gabinete para John Kerry como zar para el cambio climático. Esto anticipa un choque de trenes con un Andrés Manuel López Obrador y su política energética que es el exacto opuesto: enfocada en rescatar a Pemex vía la refinación y llevándose entre las patas a la CFE a la cual obliga a producir energía con el combustóleo que nadie más le compra a Pemex.

Entre los puntos de convergencia está el comercio y la migración. Entre todos los principios neoliberales, el único que el presidente López Obrador no ha decidido tachar de su lista es el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC. La convergencia que se ha logrado en esta área entre México y EUA es tan grande que por más que Trump quiso deshacerse del tratado original, el TLCAN, no pudo y lo reacomodó.

Biden va a ser, de entrada, un presidente más institucional. En el ámbito comercial esto significará que dejaremos de ver las políticas nacionalistas de “America First” que llevaron a Trump a imponer tarifas y aranceles de forma abrupta y unilateral, muchas veces simplemente anunciadas a través de twitter. Con Biden ya no veremos esto lo que será una primera buena señal, aun tomando en cuenta que el próximo presidente deberá hacer buen malabarismo para empujar y apoyar el libre comercio con México y darle gusto a los votantes de cuello azul de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania que le ayudaron a ganar la elección y sienten que el TLCAN y ahora el TMEC son la causa de la caída en su nivel de vida y desempleo.

Lo mismo puede decirse en migración. Ya no veremos la amenaza sorpresiva de imponer tarifas arancelarias a cambio de que México haga el trabajo sucio. Biden ha anunciado que buscará un camino legar para los Dreamers. Entre ellos, la mayoría son méxicoamericanos. Más allá de estos migrantes, Biden ha anunciado que las deportaciones van a ser revisadas lo mismo que la política de asilo que incluye el ‘Remain in México’ que ha complicado tanto la zona fronteriza del país al no tener la capacidad de recibir y mantener a los centroamericanos que se quedan atorados en lo que se resuelve su situación.

Las áreas de oportunidad estarán en combate a la corrupción y respeto a los Derechos Humanos. Con Biden en La Casa Blanca a AMLO le llega la hora de probar que sus promesas de acabar con la corrupción y luchar por los derechos humanos en México no son solamente retórica.

 

Columna completa en El Universal

La alianza «Vacunas para la Gente» integrada por diferentes organizaciones con presencia internacional han alertado que los países más ricos del mundo han acaparado dosis suficientes de vacunas contra el coronavirus para vacunar casi tres veces a toda su población.

Las organizaciones han indicado que casi 70 países pobres sólo podrán vacunar a una de cada diez personas contra e Covid-19 el año que viene si los gobiernos y la industria farmacéutica no toman medidas «urgentes» para garantizar la producción de dosis suficientes.

«Las naciones más ricas han comprado dosis suficientes para vacunar casi tres veces a toda su población antes del final de 2021 si se aprueba el uso de las vacunas que están actualmente en la fase de ensayos clínicos», han dicho.

Canadá encabeza la lista con vacunas suficientes para vacunar cinco veces a cada canadiense. Además, los datos actualizados muestran que los países ricos, que representan sólo el 14% de la población mundial, han comprado hasta el 53% de las vacunas más prometedoras hasta la fecha.

Las organizaciones, que forman parte de una alianza que reclama una ‘vacuna del pueblo’, utilizaron datos recopilados por la empresa de información y análisis científicos Airfinity para analizar los acuerdos alcanzados entre países y las ocho primeras vacunas candidatas, comprobando que 67 países de ingresos bajos y medianos bajos podrían quedarse atrás mientras que los países ricos avanzan hacia la salida de esta pandemia.

De estos 67, cinco: Kenia, Myanmar, Nigeria, Pakistán y Ucrania, han notificado en total casi 1.5 millones de casos de coronavirus en el mundo.

«Nadie debería quedarse sin una vacuna que salva vidas por el país en el que vive o por la cantidad de dinero que tiene en el bolsillo. Pero, a menos que algo cambie radicalmente, miles de millones de personas en todo el mundo no recibirán una vacuna segura y efectiva contra el Covid-19 en los próximos años», declaró la responsable de Políticas de Salud de Oxfam, Anna Marriott.

Del mismo modo se ha pronunciado la portavoz de Global Justice Now, Heidi Chow, quien ha señalado que todas las grandes empresas farmacéuticas e instituciones de investigación que están trabajando en una vacuna contra el Covid-19 deben compartir la ciencia, los conocimientos tecnológicos y la propiedad intelectual relativos a su vacuna para que se puedan producir suficientes dosis «seguras y efectivas».

Se detalló que hasta ahora, todas las dosis de Moderna y el 96% de las de Pfizer/BioNTech han sido adquiridas «por países ricos». En cambio, Oxford/AstraZeneca se ha comprometido a proporcionar el 65% de sus dosis a poblaciones de países en desarrollo. Sin embargo, las organizaciones han señalado que Oxford/AstraZeneca ha suscrito la mayoría de sus acuerdos con algunos de los grandes países en desarrollo, como China e India, mientras que la mayoría de estos países «no han firmado ningún acuerdo» y tienen que compartir entre ellos las vacunas del fondo común del COVAX.

Han instado a los gobiernos que hagan «todo lo que esté en su mano» para garantizar que las vacunas contra la Covid-19 sean un «bien público mundial gratuito» para la población, distribuido equitativamente y basado en las necesidades. Un primer paso, a juicio de las organizaciones, sería apoyar la propuesta que han hecho esta semana Sudáfrica e India al Consejo de la Organización Mundial del Comercio de renunciar a los derechos de propiedad intelectual de las vacunas, ensayos y tratamientos contra el Covid-19 hasta que toda la población esté protegida.

«Los países ricos tienen dosis suficientes para vacunar a todo el mundo casi tres veces, mientras que los países pobres ni siquiera tienen para llegar a los profesionales sanitarios y personas de riesgo», lamentó la doctora de la alianza, Mohga Kamal Yanni.

La alianza «Vacunas para la gente», está conformada por organizaciones como Oxfam, Amnistía Internacional, Frontline AIDS, Global Justice Now.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó que muchos pacientes con Covid-19, hayan o no estado hospitalizados, pueden experimentar efectos graves a largo plazo.

Y es que, aunque no se sabe cuántas personas que han superado el Covid-19 siguen experimentando efectos graves de la enfermedad,  Tedros ha recordado que muchas personas padecen complicaciones «persistentes» por el Covid-19 a largo plazo.

«Es realmente preocupante el amplio espectro de síntomas que fluctúan con el tiempo, los cuales a menudo se superponen y pueden afectar cualquier sistema en el cuerpo», dijo el director general de la  OMS.

Indicó que los síntomas van desde la fatiga, a la tos o dificultad para respirar, hasta inflamación y lesión de los  principales órganos, incluidos los pulmones y el corazón, e incluso efectos neurológicos y psicológicos.

Por ello, y tras escuchar el testimonio de varias personas que superaron el Covid-19 pero que padecen secuelas importantes por el virus, Tedros ha pedido a los gobiernos de todo el mundo que sean conscientes de que el Covid-19 puede tener efectos graves a largo plazo y garanticen el acceso a la salud a todos los pacientes, incluyendo los servicios de Atención Primaria, especializada y rehabilitación.

«Este virus plantea un riesgo importante y estas personas necesitan una atención a largo plazo para recuperarse completamente, lo que evidencia que la inmunidad de grupo no es eficaz y provocaría un número muy importante de personas que tendría que enfrentarse a una larga recuperación», añadió.

La pandemia del nuevo coronavirus ha provocado al menos un millón 182 mil 840 muertos y más de 45 millones de contagios en el mundo.

Desde el comienzo de la epidemia más de 45 millones 105 mil 670 personas contrajeron la enfermedad. De ellas al menos 30 millones 209 mil 500 se recuperaron, según las autoridades sanitarias.

Ayer se registraron en el mundo 7,040 nuevas muertes y 547,647 contagios. Los países que más fallecidos registraron según los últimos balances oficiales son Estados Unidos con 1,021, India con 563 y Brasil con 513.

La cantidad de muertos en Estados Unidos asciende a 228,675, le siguen Brasil con 158,969 muertos, la India con 121,090 muertos, México con 90,773 y Reino Unido con 45,955.

Jorge Suárez-Vélez

Reforma

 

Las grandes crisis, como esta pandemia, nos fuerzan a cambiar y a salir de nuestra cómoda inercia. Por eso, son momentos cruciales para también detonar cambio deliberado; cambio difícilmente asequible en medio de la comodidad propia de la estabilidad y la rutina.

Las crisis resaltan lo peor y lo mejor de la humanidad. El esfuerzo por desarrollar una vacuna en tiempo récord ha incitado cooperación sin precedente entre nuestras mejores mentes; empresas biotecnológicas, gobiernos, universidades y farmacéuticas están por lograr lo impensable, pues la vacuna que más rápido se había logrado -para las paperas- tomó cuatro años en la década de los sesenta. Pero también asoman la cabeza la ignorancia, las teorías de conspiración, los supremacistas blancos, los fanáticos religiosos, los políticos sin escrúpulos y los populistas a quienes parece importarles más acumular poder -desdeñando la pandemia- que proteger la vida humana.

Si aprovechamos este momento de cambio, ¿a qué mundo podemos aspirar?, ¿a qué tipo de sociedad?, ¿a qué país? Esta crisis nos recuerda que una cadena es sólo tan fuerte como su más frágil eslabón. No importa qué tan ricos sean los más ricos, si no logramos proteger e inocular a los más pobres, éstos esparcirán un virus que impedirá que los primeros normalicen sus vidas. Esta pandemia puede volverse el mayor impulsor de desigualdad entre países y entre individuos, la gobernabilidad estará en riesgo si no diseñamos políticas públicas para evitarlo.

Hoy entendemos que la devastación de áreas naturales provoca que los seres humanos convivan con especies animales capaces de desencadenar terribles contagios. Cuidar el medio ambiente es una prioridad impostergable. Hoy confirmamos que la inversión en ciencia no es un lujo elitista, sino una prioridad para todos. Entendemos que desarrollar sistemas de salud pública eficientes e incluyentes es indispensable, e imposible lograrlo de la noche a la mañana, cuando se enfrenta una amenaza clara.

Tendremos el reto colosal de reincorporar a la fuerza laboral a los más de 33 millones de mexicanos hoy desempleados o subempleados. Corremos un riesgo potencialmente devastador si nuestra respuesta a esta brutal crisis -que quizá ha costado 200 mil vidas- es regresar a un pasado que nunca fue lo que nos dicen, en vez de abrazar al futuro con convicción para acelerar cambios que urgen para volvernos un país menos desigual, más próspero, más justo, más seguro, capaz de ofrecer las oportunidades que nuestros jóvenes merecen.

Démosle la espalda a toda narrativa -de izquierda o derecha, conservadora o liberal- que acentúe lo que nos diferencia, que quiera convencernos de que quien piensa diferente es nuestro enemigo y merece nuestro odio. Respetemos nuestras diferencias para mejor buscar propósitos comunes, para encontrar soluciones realistas a los colosales retos que enfrentamos.

Esta crisis confirma que convocar a las mejores mentes en la búsqueda de soluciones concretas rinde espléndidos resultados, que la atención médica y la educación a distancia son posibles, que podemos reencauzar recursos y esfuerzos para resolver problemas urgentes, y que los gobiernos y bancos centrales tienen herramientas que pueden usarse con responsabilidad en casos de emergencia para detonar cambios apremiantes.

Urge que este gobierno se dé cuenta de que insistir en el rescate del Pemex que hoy conocemos es suicida, pues necesitamos esos recursos para insertarnos en un mundo que cambió. Urge que invirtamos en energías limpias, para las cuales de hecho tenemos ventajas importantes. Urge que entendamos que es indispensable revolucionar nuestro paupérrimo sistema de educación pública. Hoy debe ser obvio que es grave gastarnos en campañas políticas los pocos recursos que encauzábamos a investigación científica.

Como país podemos optar por perder el tiempo en penachos y buscando culpables de errores pasados, o ver el futuro con la determinación y certeza de que podemos provocar cambios que nos permitan participar en el nuevo mundo que surgirá después de la pandemia.

 

Columna completa en Reforma

En una semana dieron dos discursos dos presidentes muy similares. Donald Trump, en el que fue su aceptación de la candidatura del partido republicano para su reelección y Andrés Manuel López Obrador en su 2º Informe.

Los discursos fueron para cumplir con formas y tradiciones de ambos países pero realmente fueron reiteraciones más que un agradecimiento, en el caso de Trump, o un informe, en el caso de López Obrador.

Ambos destacaron por hablar sobre una verdad alternativa.

En el caso de Trump, su discurso se enfocó en decir que él es el presidente de la ley y el orden, aun cuando al estar en La Casa Blanca usando un edificio de gobierno para un evento de campaña, rompió la ley y no acató el orden.

Dijo que su gobierno ha sabido lidiar perfectamente bien con la pandemia, utilizando la ciencia y escuchando las recomendaciones de los científicos…ante mil 500 personas reunidas, la mayoría sin cubrebocas, contraviniendo las dos premisas básicas para evitar la propagación del coronavirus.

En el informe de Andrés Manuel López Obrador escuchamos las mismas contradicciones. Un presidente que dice en la misma oración que promoverá una consulta para enjuiciar a los ex presidentes de México y presume la fortaleza e independencia del Fiscal General.

Tanto Trump como AMLO son dos Jefes de Estado que han dicho que ellos solos pueden resolverlo todo; quieren todo el poder y se molestan con los contrapesos. Cuando algo sale mal, la culpa es de alguien más.

Trump dice que la violencia en su país es culpa de los ultra liberales demócratas y que Biden es su títere. AMLO dice que es culpa de los gobiernos anteriores; los neoliberales que le antecedieron.

Trump culpa por las muertes del COVID a los gobernadores demócratas por haber actuado tarde, aun cuando fue él quien declaró que el virus desaparecería por arte de magia y se negó a utilizar mascarilla hasta el mes de julio.

AMLO culpa a los empresarios que producen comida chatarra de los muertos del COVID en México y sigue negándose a utilizar la mascarilla. En cuanto a la vacuna, hace caravana con sombrero ajeno al presumir el acuerdo entre la Fundación Carlos Slim con Aztra Zeneca y la Universidad de Oxford como una iniciativa personal.

También se cuelga la medalla de las remesas sin reconocer que su crecimiento se debe a que en EUA el gobierno ha dado un cheque a cada ciudadano y por eso los paisanos tiene como ayudar a sus familiares en México.

Trump presume que ha cumplido sus promesas de campaña. Menciona el muro en la frontera con México. Lo que Trump no dice es que lo poco que se ha hecho, solo 24 kilómetros de los 300 que tienen algún tipo de barrera, ha sido pagado por el gobierno estadounidense, no el mexicano.

AMLO presume que ha cumplido 95 de sus 100 compromisos. Una revisión de éstos deja ver que esto no es cierto. No hay medicinas (compromiso #13); hay desabasto. Se olvida mencionar que el Banco del Bienestar sigue sin sucursales (compromiso #30); El compromiso 55 dice que habrá auténtico Estado de Derecho y el 56 que se acabará con la impunidad. Ahí está Rosario Robles en prisión; su hermano Pío López Obrador no está siendo investigado y Ovidio Guzmán fue liberado.

Lejos de impulsar fuentes renovables de energía (compromiso #73) éstas se han inhibido. Lejos de prohibir proyectos que afecten el medio ambiente (compromiso #76) su gobierno construye la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya que lo devastan.

Aunque AMLO habla español y Trump inglés, ambos recurren al idioma universal del populista.

 

Columna completa en EL UNIVERSAL

México lamentó este viernes «la falta de voluntad concreta» de Estados Unidos en la lucha contra el tráfico ilegal de armas.

En entrevista concedida a la agencia EFE, al cierre de una reunión de Naciones Unidas en Viena, Fabián Medina, jefe de la oficina del canciller Marcelo Ebrard, reconoció que el «principal problema» que tiene México es la fragilidad en la larga frontera que comparte con Estados Unidos.

«Compartimos una frontera de más de 3,000 kilómetros. Por ahí pasan muchas cosas y el problema de México es que las armas con las que se surte la delincuencia organizada en México provienen de allí», señaló el funcionario.

Medina ejerció esta semana como presidente del grupo de trabajo sobre armas de fuego en la conferencia de la Convención de la ONU contra el crimen organizado.

«En México hay un estudio de la Secretaría de Defensa de que entre 2.5 y 3 millones de armas han entrado en el país en los últimos 10 años. Esto implica más o menos un flujo anual de 230,000 a 250,000 armas al año. Estamos hablando de 667 armas diarias, sin hablar de cartuchos. Eso es una barbaridad», añadió Medina.

La mayor parte de las armas ilegales que llegan a México proceden de Estados Unidos, el mayor fabricante y el mercado más grande del mundo que, además, tiene una normativa muy blanda a la hora de la compra y la posesión.

Detalló que a través de la frontera con EUA llega el 70 % de las armas del país, mientras que el resto procede en su mayoría de fabricantes de seis países europeos: Alemania, Austria, Bélgica, España, Italia y Rumanía.

Sin embargo, también los fabricantes europeos producen en Estados Unidos para ese lucrativo mercado, por lo que «prácticamente se convierte en un problema del 100 % proveniente de los EUA», señaló Medina.

Aunque reconoció cierta voluntad de diálogo por parte de Washington, afirma que cuesta mucho trabajo avanzar en las medidas que exige México, como un mayor control sobre la venta de armas y una mejor cooperación en diferentes campos.

«Nosotros queremos frenar al cien por cien el tráfico de armas. Nos va a costar trabajo, y más por la falta de voluntad concreta de EUA pero nosotros en México lo estamos haciendo», precisó el funcionario.

Indicó que si Estados Unidos está interesado en que México detenga el flujo ilícito de drogas hacia su país, deben estar interesados en que nuestro país desarticule las bandas criminales, y afirmó que las bandas criminales se desarticulan quitándoles capacidad de fuego.

«Lo que queremos ahí (en la frontera) es la participación de las fiscalías estatales, de las policías estatales de ambos lados de la frontera para sellar las rutas», indica.

Lamentó que el gobierno de Estados Unidos se ampare en la Segunda Enmienda de su Constitución para no atender el problema de la proliferación de cualquier tipo de armas.

«Estoy de acuerdo que se pueda adquirir un arma, una pistola, ¿pero necesitas un (fusil automático) R-15 que puede disparar 60 o 70 balas en 30 segundos?», pregunta Medina.

Sostuvo que el objetivo del gobierno mexicano es no es cambiar la Segunda Enmienda, sino que se venda con mejores prácticas.

Finalmenre, Medina mostró su preocupación porque en EUA se detectó un aumento en las ventas de armas durante la pandemia de COVID-19, con largas colas ante las armerías de algunas ciudades.

El Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, hizo un llamado a la población de todo el país, a atender las indicaciones de los gobiernos estatales, esto al reconocer que entidad federativa ajusta los indicadores del semáforo federal a las particularidades que se presenten.

«Que no le distraigan estas discusiones totalmente infundadas de que hay un semáforo federal que conflictúa con el semáforo estatal, no. Hemos dicho desde el principio, nuestra responsabilidad desde la federación es tener un esquema general con una misma metodología que identifique los estados de acuerdo a su nivel de riesgo», explicó López-Gatell.

El también responsable de la estrategia nacional contra la pandemia del Covid-19, aseguró que la autoridad sanitaria estatal es completamente competente para adaptar el semáforo federal a las características específicas de su entidad, e incluso puede dividir el estado en regiones específicas.

Indicó que desde la Secretaría de Salud federal se respaldan las decisiones de todas las entidades federativas, en las adaptaciones que se hagan del semáforo epidemiológico.

«Respete, atienda, siga las indicaciones de su gobierno estatal y todas y todos contribuyamos al mismo propósito, que es disminuir los contagios», sostuvo López-Gatell.

Explicó que la Secretaría de Salud federal produce el semáforo todas las semanas, independientemente de que entre en operación semanal o quincenal como lo han solicitado los gobernadores.

Sobre las diferencias con los gobiernos estatales en cuanto a la implementación del semáforo, López-GatellLo aclaró que el instrumento no se negocia con los estados, «no está sujeto a negociación».

Explicó que el semáforo es un instrumento técnico, por lo que la SSA lo presenta a los gobiernos estatales para que cada uno sepa qué es lo que se identifica en cada entidad.

Ejemplo de ello dijo, una vez que el semáforo se presenta a los gobiernos estatales, algunos le han llegado a informar a la autoridad federal la puesta en marcha de hospitales Covid-19, con lo que buscan algún tipo de ajuste en el indicador; sin embargo, como no actualizaron la información en el sistema único oficial, no se puede tomar en cuenta al momento, hasta que se introduzca el dato por la vía indicada y así pueda verse reflejado en la calificación que se le asigna a cada estado.

«No es que de súbele, bájale, no hay negociación alguna, es un instrumento técnico», remató López-Gatell.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) informó esta mañana que se logró establecer una «estrategia conjunta» con el gobierno de Guanajuato, para combatir la violencia en el estado, ya que recordó que es el que más homicidios registra en el país.

«El gobernador ha decidido participar en la estrategia conjunta, independientemente de las diferencias que tenemos», dijo el presidente en la conferencia de prensa matutina, que hoy se realizó desde Irapuato, Guanajuato.

AMLO visita así el municipio donde a inicios de mes, un grupo armado atacó un centro de rehabilitación asesinando a 27 jóvenes.

López Obrador celebró el inicio de «una nueva etapa» en la relación entre las autoridades federales y estatales, pues reconoció que lo faltaba para lograr resultados en materia de seguridad, era una mejor coordinación.

«Como autoridades, tenemos la responsabilidad con el pueblo y en este caso, en vez de estarnos echando la culpa unos a otros, lo que se ha decidido es sumarnos para darle seguridad al pueblo de Guanajuato», dijo el presidente.

Por su parte, Rodríguez confirmó que tomó la decisión de asistir todas las mañanas a la reunión de seguridad estatal, para coordinarse con las autoridades federales mediante el análisis de la situación de violencia en el estado.

«Nos queda claro que es a través del Gobierno federal, en cuanto mas unión y comunicación haya, más resultados se pueden dar en detenciones de grupos delincuenciales. Por eso mi cambio de postura. Yo mencioné que no asistía ni asistiría a las mesas de seguridad», dijo el gobernador, quien admitió que su rechazo a participar en las mesas de coordinación «no abonaba nada a la construcción de la paz».

Diego Sinhue informó que desde el pasado 5 de julio, «cambió de postura», y ya acude a las reuniones de seguridad.

Sostuvo que el gobierno federal y el estatal están «más unidos que nunca» y que la presencia del presidente en Irapuato es una «gran muestra» de la preocupación por resolver el problema de la violencia.